Con Juan Miguel Petit, comisionado parlamentario para el sistema penitenciario

EL SISTEMA PENAL “ES MUY DURO”

Petit reunido con los familiares de los fallecidos en el incendio de la Cárcel de Rocha. Foto: Parlamento

Asumió la conducción de la oficina del comisionado parlamentario para el sistema penitenciario el 27 octubre de 2015 y estará al frente de esa repartición estatal hasta el 26 de octubre de 2020. De profesión abogado y periodista, Juan Miguel Petit sostiene, contrariamente a los argumentos que reclaman aumentar las penas, que el sistema penal “es muy duro” y dice estar trabajando en busca de alternativas a la reclusión con la ayuda de técnicos y profesionales de cara a una mayor integración social de las personas que viven en prisión.

Interrogado sobre el panorama que le dejó el anterior comisionado, Álvaro Garcé, Petit se muestra cauto y habla sobre el presente: “Por un lado tenemos que tener en cuenta que somos una pequeña oficina que tiene la capacidad de tener hasta 10 personas en comisión, pero con una fuerte amplitud de competencias”, y por otro, “se debe analizar cómo este dispositivo influye en el sistema penitenciario y los organismos de interacción social”. También afirma que “encontramos un sistema mejor que el de hace unos años”, pero con “enormes carencias sobre las cuales debemos seguir trabajando. Seguir la tarea que Garcé había trazado y gracias a eso profundizar otros aspectos para tomar nuevas acciones”.

En referencia a los debes en los que la oficina está poniendo sus esfuerzos, explica que más allá de anuncios concretos, lo “importantes es que en estos momentos se haya logrado visualizar con mayor detalle la gravedad de la situación que vive el sistema, en especial los tres grandes centros de reclusión metropolitanos que son Libertad, Comcar y la Cárcel de Canelones”. En este momento “hay tres eslabones que no están del todo presentes o faltan totalmente: uno es el trabajo con las adicciones, que son uno de los factores presentes en buena parte de los delitos”, el segundo “son los problemas de salud mental”, y el tercero y tal vez el más importante, “la ausencia de trabajo con las familias de los presos, terriblemente palpable en los centros de reclusión”, porque “rearmar una vida pasa por los aspectos más cercanos a la persona”. Esas tres cosas “deben estar presentes en la tarea y una pista es que la política penitenciaria se enganche con las políticas sociales globales”.

No es lo que parece

El comisionado sostiene que el sistema penal “es muy duro”, mucho más que lo que muestra la idea que está instalada en buena parte del imaginario colectivo, sobre el que se apoyan quienes reclaman un aumento de penas para los delincuentes. “Estoy totalmente en desacuerdo con esa impresión, lamentablemente por distintos motivos en algunos sectores de opinión se sostiene que el sistema penal es benigno o suave y no es así, el sistema es muy duro, con penas muy fuertes y las condiciones del sistema son muy severas”, dice, y agrega: “Existe un régimen de libertades que funciona acotadamente, a veces puede haber un caso que puede llamar la atención, pero es una excepción en un marco severo”.

“No es casualidad que en 221 países en el mundo, Uruguay esté en el puesto 32 entre los que tiene más cantidad de presos en proporción a su población”. En este marco, “agregar más presos y cárceles lo único que puede generar es más violencia”. Petit entiende que la base de la acción debe ser “integrar a estas personas a las instituciones para que formen parte de la sociedad”, porque “el camino va para otro punto cardinal al que algunos plantean”.

Consultado sobre si se le puede atribuir intencionalidad política a los reclamos de endurecimiento de penas, entiende que en esas opiniones “puede haber muchas líneas de trabajo y bibliotecas. Nuestro papel como oficina que asesora al Parlamento es informar sobre la realidad, sacar la fotografía lo más clara posible y aportar información y después que cada uno en su campo tome la posición que crea pertinente”.

Cree que la problemática de la inseguridad tiene múltiples causas. “Los más veteranos notamos cambios en la sociedad, observamos hechos que no pasaban hace 20 años, fenómenos sociales nuevos”, pero por más que eso esté instalado, no considera que estemos ante una pérdida de valores. Petit dice que la regla es la presencia de personas que “quieren trabajar y hacen tareas dentro del propio establecimiento carcelario, a veces no existe información afinada sobre la realidad penitenciaria y el impacto de la prisión”.

“Lo que pasa en las cárceles es lo mismo que ocurriría en un hospital, donde si se sobrepasa la capacidad de internados pueden aparecen problemas de contagios. El hecho de que haya tantos privados de libertad hace que muchos problemas sociales no se puedan cauterizar de la manera correcta”, sostiene.

Tormenta perfecta

Reflexionando precisamente sobre la población carcelaria, explica que el número de reclusos sigue creciendo. Indica que hasta hace dos años “había entrado en fase de meseta pero ahora rompió la barrera de los 10 mil internos y tenemos 10.500 personas que están privadas de su libertad”. En este marco asegura que “esa idea de que nadie va preso o que el crimen se ha convertido en una oferta posible se cae cuando se observa en la entrada de los penales que las personas ingresan en ómnibus, cuando antes lo hacían en camionetas o en coches porque el número era menor”.

Petit sostiene que la clave para entender la problemática está en que, en menos de 20 años, “se triplicó la población”, y a modo de ejemplo se pregunta: “¿Qué pasaría con la gestión de la ciudad de Montevideo si la población se triplicara y bajaran los recursos?, o si pasara eso mismo con la matricula en Secundaria y que los alumnos que entraran vienen con problemáticas sociales mayores a las de antes. Estamos ante la tormenta perfecta. Ahora hay que buscar una respuesta potente”.

Zonas críticas

Otro punto que destaca el comisionado parlamentario es el del estado en que se encuentran los establecimientos carcelarios. Resalta que tres lugares son los que muestran mayores dificultades en la propuesta socioeducativa, pero “no quiere decir que no haya una búsqueda de respuestas”.

“El problema es la falta de técnicos y de personal para desarrollar actividades. El Penal de Libertad con unos 1.200 internos, el Comcar con 3.300 reclusos y la Cárcel de Canelones con 1.400 presos son cerca del 70 por ciento de la población que está en problemas”, explica.

Otras zonas problemáticas, debido a la falta de actividad y de programas integradores, “está dispersa por el país. Dos terceras partes están con mucha carencias de respuesta y no preparan a los ciudadanos recluidos para la integración y reinserción”.

En proceso

En las últimas semanas “comenzaron a hacerse movimientos” en un tema que estaba pendiente desde hace un buen tiempo: “La situación de los módulos 8, 10 y 11 del Comcar”. El tema viene siendo seguido de cerca. “Hemos entrevistado a internos todsa la semanas, se trata de un punto de la reclusión nacional que debe cambiar y que requiere muchos recursos”, explica.

“Se están tomando medidas, por ejemplo el centro tiene una nueva dirección, se está haciendo la revisión de las carpetas de los internos, abriendo otro módulo para descongestionar y se va a apuntar a profundizar los programas socioeducativos y actividades deportivas y culturales”, añade.

A su vez, la oficina del comisionado inició una investigación, caso a caso, de las muertes que han tenido lugar en lo que va del año dentro de los establecimientos de reclusión. Al respecto el jerarca explica que, de lo que se ha relevado, “hay casos de muertes naturales, no todas fueron violentas”, y añade que entre las medidas necesarias para modificar esta realidad está “cambiar el ambiente de la cárcel” que al día de hoy “da la impresión que está fuera de su tiempo. A las cárceles hay que normalizarlas, tratar de que sean lo más parecidas al afuera”, como forma de “bajar la violencia y la cantidad de potenciales muertes”.

Petit asegura que este año “no ha sido récord en materia de fallecimientos, probablemente fue de los años altos pero no el mayor”. La falta de datos es un problema y explica que todo el aspecto estadístico está por construirse. “Tenemos mucha tarea por delante para tener un sistema penitenciario como el que Uruguay se merece, estamos bastante lejos y hay que empujar mucho, se necesita un proyecto, consenso y tiempo además de continuidad”.

Martín González