Para Rolando Arbesún, orientaciones del gobierno sobre criminología "se han puesto a tono con una lógica de pensamiento de derecha"

ENTRE LA APATÍA Y EL ESTANCAMIENTO

Rolando Arbesún. Foto: Facultad de Psicología UDELAR

Rolando Arbesún es cubano, graduado en la Facultad de Psicología de la Habana en 1985. Llegó a Uruguay en 1994 y se puso a trabajar en la Facultad de Psicología de la Universidad de la República, donde se desempeñó durante 20 años. Desde 2006 hasta 2008 dirigió el equipo técnico del Comisionado Parlamentario para el Sistema Penitenciario. En 2009 fue responsable del Sistema de Ejecución de Medidas a Jóvenes en Infracción del Instituto del Niño y el Adolescente del Uruguay. Cinco años después, el Ministerio del Interior lo llamó para dirigir la cárcel de Punta de Rieles, considerada modelo en el sistema penitenciario uruguayo. En 2015 asumió como coordinador de la zona metropolitana del Instituto Nacional Rehabilitación. Fuera del país trabaja en tres universidades: la Universidad Nacional del Litoral (Argentina), la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, y la Universidad César Vallejo de Trujillo (Perú), en la especialización de psicología forense.

- En los últimos días fue noticia que se ha batido récord del número de presos en Uruguay.

La cifra de presos va a seguir creciendo. En 2008, cuando trabajábamos juntos con Álvaro Garcé [el ex Comisionado Parlamentario para el Sistema Penitenciario] hicimos una proyección al 2016 del aumento de la población penitenciaria, y si el accionar de la lógica punitiva seguía en aumento – en ese momento estaba aumentando un 10% anual- Uruguay iba a tener una población de 16.500 presos. Hoy tenemos 11.500, así que tan lejos no estuvimos. Lisa y llanamente, hay una fuerte intolerancia a nivel social, lo que se conoce como punitivismo, es decir, que la gente cree que encerrando personas se solucionan los problemas. No importa cuántas cárceles construyas, siempre están llenas antes de que se inauguren.

-Desde el gobierno siempre se celebra la apertura de más plazas penitenciarias.

Eso está bien porque significa que las personas que estén privadas de libertad no van a estar viviendo en condiciones infrahumanas. Las últimas leyes y proyectos de leyes del Ministerio del Interior (y por tanto del gobierno del Frente Amplio) han sido leyes de endurecimiento de las condiciones para poder acceder a la libertad anticipada.

-¿A qué creés que se debe eso?

Creo que se debe a que el pensamiento del gobierno en materia de criminología se ha puesto a tono con una lógica de pensamiento de derecha. Increíblemente, un gobierno de izquierda apuesta a medidas que son esperables por gobiernos de derecha, o que históricamente se dieron en gobiernos de derecha. Los argumentos que se dan son bastante simplones, como que “se atiende la demanda de la gente”. [El presidente de la República] Tabaré Vázquez cuando asumió dijo: “seremos implacables con el delito pero seremos más implacables con las causas que llevan al delito”. Ello no es coherente con lo que hace ahora. Todo esto se concreta de una manera muy dramática con la creación de un régimen especial de seguridad en un sector del sistema, que no está sustentado por ninguno de los mecanismos legales que tiene Uruguay. En el único momento histórico donde eso ha pasado fue en la dictadura. Esto es un régimen especial de seguridad que está hecho para aquellos delincuentes que el Ministerio del Interior (MI) considera muy peligrosos para que estén con otras personas. Esto es ilegal porque el MI no es una entidad judicial y por tanto, no puede tomar otras decisiones más allá de las que toma la justicia. La única normativa legal que hay en Uruguay con relación a las prisiones es de la época de la dictadura, concretamente el decreto de ley 14.470 de Juan María Bordaberry, de 1975. Eso vive y lucha. A nadie se le ha ocurrido cambiarlo, es un decreto que tiene algunas trampas desde el punto de vista del reconocimiento de los Derechos Humanos (DDHH), bajo ese decreto se manejaron las cárceles, incluso con presos políticos en Uruguay. Lo que mi experiencia me indica a partir de las vivencias en prisiones, de los desencuentros, de las discusiones con el propio ministro del Interior, es que el Frente Amplio ha ido en una formalización bastante importante del reconocimiento de los DDHH que es solo eso: una formalización, algo políticamente correcto. Antes y después de la reforma siguen sucediendo más o menos las mismas cosas. Algunas incluso hasta más graves, porque en los años de la reforma, durante un motín en el [ex] Comcar, se produjeron lo que en la jerga carcelaria se denomina “dos ejecuciones para-policiales”. Los policías fusilaron a dos presos porque estaban usando munición letal, cosa que está prohibida.

-¿El régimen especial en las cárceles se implementó a través de un decreto?

No, es una orden del ministro del Interior.

-¿Y qué marco legal lo sustenta?

-Es algo fuera de la ley. Y cuando uno ve que esta reforma va para adelante y para atrás, que está llena de ambigüedades, se puede decir que esto es más de lo mismo.

-Estuviste en el proyecto y en la creación de la experiencia del Penal de Punta de Rieles (PPR).

-Sí. Punta de Rieles es una cárcel considerada especial en el sistema penitenciario uruguayo. Yo la ideé, pero no porque fuera un genio. En algún momento me reuní con los presos y les dije “ustedes son mi ejército, vamos a donde ustedes quieran”. Cuando asumí, el único compromiso que hice fue que en ese lugar, donde habían sido torturados y maltratados mas de 800 uruguayos y uruguayas [durante la última dictadura], nunca más iba a haber malos tratos. Lo único que hacemos allí de distinto a lo que se hace en otras prisiones es no hacer lo que siempre se ha hecho en las prisiones, que ha fracasado. ¿Para qué vamos a seguir haciendo lo mismo?

-¿El sistema de la cárcel es benficioso para la rehabilitación y la reinserción de los presos en la sociedad?

-Eso es otro problema. No creo en el concepto de rehabilitación. Yo no trabajo para rehabilitar a nadie. Mi trabajo es crear condiciones que aseguren que esa persona no sea maltratada, que no sea vejada, que los derechos de esa persona se reconozcan. Después, lo que quiera hacer con su vida es su problema. Yo no soy quién para juzgar.

-O sea que estás en contra del concepto de rehabilitación.

-No solo estoy en contra, sino que me parece que es una reverenda estupidez, es algo metafísico, una cosa falsa. Suponiendo que la rehabilitación exista, ¿cómo vas a rehabilitar a alguien en un lugar donde ese alguien no va a vivir? Es artificial. El problema no está dentro de la prisión, está afuera. Hay un problema de selección clasista de los que cometen algún tipo de delito porque siempre son más o menos los mismos. Los más pobres, los que viven en los barrios más marginales. Los que te dicen que la pobreza no tiene nada que ver con el delito, sin dudas nunca han estado en una prisión, nunca han estado en un barrio pobre, nunca han visto la vida de estas personas. Además, yo me opongo a cualquier idea de rehabilitación por razones teóricas, y creo que no corresponde ponerse en el lugar de algo que es modelo. Eso es una concepción bastante judeo-cristiana: Jesús es el modelo de todos los hombres, entonces todos se tienen que comportar como Jesús. Yo soy muy ateo. No creo tampoco en el hombre nuevo porque es una sustitución no atea de la imagen salvífica de Jesús y el paraíso. Creo que es posible trabajar con los hombres. En ese sentido, soy muy marxista. Mi trabajo consiste en trabajar con los hombres sin ninguna esperanza, yo no quiero que ellos se parezcan a mí porque yo no soy ejemplo de nada.

-Ahora que ya pasó un tiempo, ¿los resultados de el PPR han sido positivos?

-La primera vez que lo estudiamos vimos que de la gente que sale del PPR, solo 2,7 % vuelve a reincidir y esa cifra cayó en 2010 a 1,7%. Entonces dejémonos de joder, menos de 2 hombres cada cien vuelven a la prisión. Además, si una persona entra por rapiña especialmente agravada y después entra por hurto, significa que las probabilidades de poder trabajar mejor empiezan ahí, cuando un tipo baja la escala del compromiso con la trayectoria delictiva. La gente también se va comprometiendo con las cosas que va haciendo. A algunas personas es como si todavía no les hubiese caído la ficha de que están presas. Hay muchos pibes que están presos, que viven el pasaje por la prisión como un juego. Eso es otro problema: las prisiones uruguayas además de estar llenas de pobres están cada vez más llenas de jóvenes. Este es un país que no ha logrado desarrollar un proyecto que enamore a los jóvenes.

-¿Por qué no se profundizan otro tipo de programas y se acude a las medidas de encierro, que en sí mismas no han tenido ningún buen resultado?

-No hay un compromiso con el país. Uruguay no se merece lo que se encuentra en las cárceles, tanto de jóvenes como de adultos. La historia de este país no se merece esto. Y si tenés una relación fuerte con el lugar donde vivís o el lugar que estás haciendo para tus hijos, no podés ser tan hipócrita de usar al país como algo que te sirva de coartada para ascender, para llegar a ser diputado, senador, ministro. Yo tengo fuertes limitaciones por mi formación ideológica con algunos que dirigen estas cosas.

-¿A qué se debe que hayan aumentado los asesinatos en las cárceles?

-El homicidio no se da en cualquier lugar, se da en ciertos lugares. Cuando tenés encerradas a las personas de la manera en que las tienen, se generan las peores dinámicas. No te podés olvidar que donde se convive también se generan relaciones, y ahí es donde aparecen las posibilidades de que se generen rutinas de organización criminal, donde yo soy el jefe, vos sos mi perra y te mando a hacer cosas. Ahora, ¿quién produce eso? ¿Los tipos que están ahí? No. Eso lo produce el Estado, por la forma en la que los tienen recluidos.

-También se informó que 80% de los presos no tienen condena ejecutoriada.

-Sí, que no tenían por lo menos la primera sentencia. Ese es el otro problema que tienen las prisiones uruguayas. 80% de las personas que están dentro de las prisiones están presas para saber cuánto tiempo van a estar presas. Están procesados, no penados. Pero eso tiene que ver con la forma en que funciona el sistema de justicia uruguayo: es un sistema inquisitorial, escrito, secreto. Vivimos regidos por lo que se llama secreto del presumario que hace que los procesos judiciales sean tan lentos que podés llegar a estar preso tanto tiempo que cuando llega la sentencia, ya estás pasado de tiempo. En este país la división de poderes entre Legislativo, Ejecutivo y Judicial siempre juega en contra del Poder Judicial porque no tiene presupuesto propio, se lo adjudica el Poder Ejecutivo. Si el Poder Ejecutivo está metiendo a demasiadas personas en prisión pero no está dotando al Poder Judicial del presupuesto para poder hacer frente a tantos procesos judiciales, no tiene estructura ni dinámica para poder ir al ritmo de detención que se está yendo.

-¿Qué se podría hacer para revertir la situación? ¿Sos optimista?

-En estos momentos, que estoy muy enojado todavía, no veo nada optimista en el horizonte. Creo que vamos a ir a situaciones más complejas. Acá la única explicación sencilla, que no da para calentarse mucho la cabeza, es que a estos políticos les importa un carajo la vida de estos hombres y mujeres. Ellos se van para su casa muy tranquilos y duermen toda la noche, sin recordar ni por un segundo las condiciones en las que están durmiendo 11.500 personas.

Verónica Pellejero