Homenaje a las "Muchachas de abril"

ESPÉRENNOS EN ABRIL

Placas de las "Muchachas de abril". Foto: Sdr / Lucía Carnales

Placas de las "Muchachas de abril". Foto: Sdr / Lucía Carnales

Eran las cinco y media de la tarde e iba caminando por la calle Ramón Márquez hacia Mariano Soler, en el barrio Brazo Oriental. No sabía con qué me iba a encontrar cuando llegara al 3098 de esa calle, pero de lo que sí estaba segura es de que iba a ser algo muy movilizante y emotivo. En esa dirección, Mariano Soler hace un curva y es allí donde me encontré con un pequeño escenario, alrededor de cincuenta sillas dispuestas frente a él y unas siete u ocho personas ultimando detalles. Recostadas al frente del escenario, había tres placas: cada una con la fotografía en blanco y negro del rostro de Diana Maidanik, Silvia Reyes y Laura Raggio, conocidas como “las muchachas de abril”.

“Soy periodista de Sala de Redacción”, me presenté a una señora que se disponía a colocar folletos sobre cada una de las sillas. Me miró, me sonrió y me preguntó “¿Te manda Samuel Blixen, no?”. “¿Habrá algún familiar con quien pueda hablar?”, pregunté. Me llevó con Alicia.

Alicia es una mujer de no más de un metro cincuenta y cinco de altura, pelo lacio por los hombros, ojos color miel y una sonrisa tímida. Es prima hermana de Laura, quien junto con Diana y Silvia, fueron asesinadas la madrugada del 21 de abril de 1974 por las Fuerzas Conjuntas, en un operativo militar que tenía como objetivo capturar al militante del Movimiento de Liberación Nacional (MLN), Washington Barrios, marido de Silvia.

Homenaje a las "Muchachas de abril". Foto: Sdr / Lucía Carnales

Homenaje a las "Muchachas de abril". Foto: Sdr / Lucía Carnales

“Estaban durmiendo, no tuvieron cómo salir”, afirmó Alicia, y agregó que “no fue un enfrentamiento, como dicen muchos militares y la prensa; a mi prima y a sus compañeras las masacraron”. Miró al suelo por unos segundos, pero rápidamente levantó la mirada y la dirigió a mis ojos. Esa mirada era suave y fuerte a la vez, era la mirada de alguien resiliente que transformó la furia por la injusticia en lucha. “Los tiempos de la justicia no son los nuestros”, dijo. “Hace 43 años que esto sucedió y sin embargo el expediente sigue viajando de escritorio en escritorio y no se concreta nada ni se ha imputado a nadie”, continuó. Si bien la madre de Washington identificó a las personas que participaron en el operativo que terminó con la vida de las jóvenes, “solamente cinco militares fueron llamados a declarar como indagados, pero ninguno ha sido imputado”.

Además, Alicia contó que se fue exiliada a Buenos Aires en 1973 y que su compañero quedó preso en Punta Carretas. Luego salió y se fue a Argentina a encontrarse con ella, pero la Policía uruguaya lo detuvo, estuvo 45 días desaparecido y, finalmente, apareció muerto en un campo. No pude contener las lágrimas. Ella posó su mano sobre uno de mis hombros, lo frotó cariñosamente, me sonrió y, ante mi pedido de disculpas, respondió que no me preocupara porque “hay que aprender a vivir con eso”.

Ya había llegado una buena cantidad de gente. Algunas personas se sentaron en las sillas frente al escenario, otras se quedaron paradas y un par más colgaron banderas con la leyenda “verdad y justicia”. Estaba el colectivo CRYSON, vinculado a los fusilados de Soca, con un cartel que decía: “¿Dónde están nuestros compañeros desaparecidos?”. Había abrazos de reencuentro y muchos “¡qué alegría verte!”. De fondo, podía escucharse a Alfredo Zitarrosa cantar “no te olvides del pago si te vas pa’ la ciudad”.

El reloj marcó las 18 horas y 29 minutos cuando el periodista Alberto Silva dio comienzo a la oratoria del acto protocolar que organizó el Ministerio de Educación y Cultura (MEC). Silva destacó la presencia de la madre de Diana, una señora de 95 años que estaba sentada en primera fila. “Un aplauso abrazo a esta abuela, señal de identidad, constancia en la pelea y colaboradora en la construcción de la memoria”, dijo el periodista. Los presentes aplaudieron fuerte, por unos segundos quizá, pero que parecieron varios minutos. En ese momento ya había lágrimas en los ojos de algunas personas que, al momento de gritar “¡presente!”, después de que se nombrara una por una a las tres jóvenes, se convirtieron en llanto.

Horacio Raggio, hermano de Laura, recordó una anécdota tan conocida como increíble, que se hizo canción en “Laura de las palomas”, escrita por Hugo Giovanetti e interpretada por Gastón Ciarlo “Dino” en la que se refleja el amor incondicional de la familia. Mientras Laura, Diana y otras compañeras estaban presas en Punta de Rieles, “íbamos con mi vieja, mi viejo, y mirábamos por unos télex de cámaras de fotos hacia la cárcel. Entonces cuando ellas salían al recreo soltábamos las palomas. Así era como ellas sabían que estábamos ahí”, contó Horacio. “Era un momento que estábamos con ellas, a la distancia, pero cerca”, concluyó.

Luego de la ovación ante esta anécdota, el micrófono recibió a Alicia, quien leyó un texto en el que recordaba a su prima Laura “con su cabellera larga andando por las calles”, con su risa y sus complicidades de adolescente. Finalmente, leyó la lista de los once militares que estuvieron presentes en el operativo.

Un vecino del barrio de toda la vida contó cómo fue que los militares, de a poco, fueron metiéndose en el barrio: primero se escondían atrás de los árboles en la noche, luego instalaron un centro de espionaje en una camioneta que, según parecía, estaba abandonada. “Quizá pretendieron educarnos en la violencia y en el odio; creo que no lo lograron”, finalizó el vecino y comenzaron, nuevamente, los aplausos.

“Pienso, tratando de saborear este tiempo y aprender a servir, a ser más auténticamente buena, consiguiendo las victorias menudas de saberme dispuesta, todavía, más hondamente dispuesta, a forjarme”. Así comenzaba un poema escrito por Diana, que leyó Leida, nieta de una prima hermana de la joven militante. “Y voy haciendo de estos gestos una gimnasia cotidiana, cuota de elasticidad y de firmeza”, continuó la joven.

En el acto estaba José “Pepe” Mujica, quien durante la lectura de este poema permaneció con los ojos cerrados, como sintiendo en lo hondo de su ser cada una de las palabras. Algunas personas miraban al piso, otras al cielo, otras atentamente a la joven que leía. “Esta intuición vieja de que el mundo se torcía, se pudría, envejecía antes de crecer. Y había que dar la alerta, un grito de alerta, que fuera sumando voces y voluntades hasta dejar sordos a todos los que no querían oír y enmudezca o ahuyente a los débiles silencios para los que nunca es demasiado grave el dolor, siempre y cuando sea ajeno”, concluyó la adolescente ante la emoción y el prolongado aplauso de todos los presentes.

Placa en homenaje a las "Muchachas de abril". Foto: Sdr / Lucía Carnales

Placa en homenaje a las "Muchachas de abril". Foto: Sdr / Lucía Carnales

La placa conmemorativa fue colocada en la fachada de la casa de Mariano Soler 3098 bis, en el marco de la Ley 18.596 que, en su artículo 7, establece que “el Estado promoverá acciones materiales o simbólicas de reparación moral con el fin de restablecer la dignidad de las víctimas y establecer la responsabilidad del mismo”. Además de la placa conmemorativa, se colocarán, en la curva de Mariano Soler, frente a la casa en que las mataron, las tres placas con las fotos de las jóvenes. “Falta un papelito para que se pudiera emplazar allí, pero ya está a aprobado”, dijo el periodista Alberto Silva.

Habrá una distancia de unos dos metros entre una imagen y otra. Quien pase por allí, obligadamente tendrá que saber que estas jóvenes siguen con nosotros y esas placas en la vereda son otra huella imborrable de que, en ese lugar, vivieron tres jóvenes soñadoras. Silvia, Laura y Diana no son tres nombres cualquiera, no son una foto vieja guardada en el fondo de un cajón, sino que por el contrario, son tres personas que están más presentes que nunca en cada abril que pasa, aunque sus verdugos aún no sean condenados.

Para finalizar el acto, se subieron al escenario Cristina Fernández y Washington Carrasco e interpretaron temas como “Laura de las palomas” y terminaron con “La era está pariendo un corazón”, de Silvio Rodríguez. Me fui caminando por Mariano Soler con muchas emociones, pero con la firme convicción de que, de la forma que sea, “las muchachas de abril” aún están presentes.

Patricia Cotelo