El fútbol que está de moda

NO ES CUENTO CHINO

El argentino Carlos Tévez al momento de su incorporación al club Shangai Shenhua de la Liga China de Fútbol. Foto: AFP PHOTO / STR

Situada en Asia Oriental, con 1.369.811.000 de habitantes distribuidos en 9.596.960 de km2 y un Producto Interno Bruto de U$S 17,63 billones, está en el puesto número 1 mundial en términos de paridad de poder adquisitivo, pero 80 lugares más abajo en el ranking FIFA.

República Popular desde 1949 con un estado socialista con economía de mercado, miembro del G20 y miembro permanente del Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas, con su Gran Muralla, el Monte Everest y el Mandarín como lengua oficial, así es China, una potencia que quiere hacer de su fútbol un imperio mundial.

Si bien este país cuenta con una asociación de fútbol desde 1924, debieron pasar 70 años para que el deporte rey tuviera su primer campeonato profesional. Este fue la Liga Jia-A disputada entre 1994 y 2003 y refundada en 2004 con el nombre de Superliga.

Aunque cueste creer que esto suceda dentro de la población más grande del mundo, el fútbol no siempre fue un deporte popular; cuando la selección no clasificó al mundial Francia 1998, las tribunas llegaron a tener 10 personas.

Lejos de eso, hoy se juega con entradas prácticamente agotadas en estadios de primer nivel como es, por ejemplo, el Centro Deportivo Olímpico de Nankín, un escenario con capacidad para 65.769 espectadores que cuenta además con un natatorio, un centro de tenis y un centro de información tecnológica, ubicado en una ciudad en la que se destacan las universidades.

Este crecimiento comenzó con el repunte de la selección nacional que, de la mano del entrenador serbio Bora Milutinovic, clasifico a la Copa del Mundo Corea – Japón 2002 y continuó con la incorporación de grandes estrellas que hacen del fútbol chino un espectáculo.

Hoy al menos ocho de los dieciséis equipos cuentan con algún jugador de renombre dentro de los cinco extranjeros que pueden inscribir en su plantilla, la mayoría de ellos sudamericanos.

Ezequiel Lavezzi, mundialista en 2014 con la selección argentina, juega en Habei China Fortune desde 2016. Si bien hasta el momento su nivel no fue el esperado, el delantero se ubicó cuarto en la última lista que sacó la revista France Football de los futbolistas que más dinero ganan con un total de 28.5 millones de euros anuales.

Esta institución creada hace un año cuenta además con el entrenador más reconocido de la liga: el ingeniero Manuel Pellegrini, ex entrenador de Manchester City y Real Madrid, entre otros equipos.

Jianan Suning cuenta en sus filas con los brasileños Ramires y Alex Teixeira, quienes militaban en Chelsea de Inglaterra y Shakhtar Donetsk de Ucrania, respectivamente. Por el primero abonaron 28 millones de euros mientras que por el segundo la cifra fue de 50 millones de euros ocupando el tercer lugar en el podio de los jugadores más caros que llegaron a China.

Otra escuadra con refuerzos de lujo es Tianjin Quanjian. Para la temporada 2017 se sumaron el belga Axel Witsel y el brasileño Alexandre Pato, además del entrenador Fabio Cannavaro, campeón del mundo como jugador con la selección italiana en 2006.

Renato Augusto, titular indiscutido en la selección brasileña, juega en Beijing Gouan desde 2016. Su ficha fue comprada a Corinthians de Brasil a cambio de 7.3 millones de euros.

Paulinho, uno de sus compañeros en el centro del campo de “la canarinha” llegó a Guanghzou Evergrande en 2015 desde Tottenham Spurs de Inglaterra por 14 millones de euros, cifra que lo coloca como el décimo pase más caro en la historia de la Superliga.

Junto a él, disfrutan de la aventura asiática otros dos conocidos, su compatriota Ricardo Goulart, goleador de la última temporada, quien arribó desde Cruzeiro de Brasil, a cambio de 15 millones de euros, y el colombiano Jackson Martínez quien el 2 de febrero de 2016 partió a China desde Atlético de Madrid a cambio de 42 millones de euros, convirtiéndose en el cuarto pase más caro.

Con estos refuerzos, Guangzhou busca ganar su séptimo campeonato consecutivo, ya que lo viene haciendo desde la temporada 2011; pero, sin dudas, este año tendrá una fuerte competencia desde Shanghái.

Esta ciudad cuenta con dos de los equipos más conocidos y que mejor se reforzaron para la nueva temporada: el Shanghái Greenland Shenua y el Shanghái SIPG.

El SIPG, dirigido por el portugués Andrés Villas-Boas, sacudió el mercado de pases el 23 de diciembre de 2016 anunciando la contratación del brasileño Oscar quien llegó desde Chelsea a cambio de 61 millones de euros. A esto hay que sumarle la llegada de su compatriota Hulk, desde Zenit de San Petesburgo a cambio de 55 millones de euros, transformándose estos en los dos fichajes más caros de la historia del fútbol chino.

El Shanghái Shenua, dirigido por el uruguayo Gustavo Poyet, no se quedó atrás y movió sus fichas para llevarse a uno de los jugadores más reconocidos de los últimos años a nivel mundial, el argentino Carlos Tevez, quien dejó Boca Juniors a cambio de 40 millones de dólares anuales de sueldo.

El actual entrenador no es el único oriental en la historia del Shenua. En 2002, llego a los 36 años el talentoso volante de Nacional Rúben Sosa, para disfrutan de una nueva experiencia en los últimos años de su carrera profesional.

En declaraciones a Sala de Redacción, “El Principito” dijo que desde ese momento a nivel de infraestructura, todo era muy avanzado; sin embargo, los métodos de entrenamiento eran muy antiguos, se utilizaba un trabajo muy físico donde el esfuerzo era brutal. Describe al jugador chino como un atleta, “todo fibra”, pero esto hacia que muchas veces se olvidaran de la pelota.

Igualmente, en su afán de mejorar, éstos le pedían consejos de cómo patear la pelota en tiros libres y tiros de esquina, lo que mostraba las ganas de mejorar que tenían; “hasta que no bajaba el sol, no paraban”.

Si bien Sosa viajó sin su familia, asegura que la experiencia le encantó pese a no poder conseguir el campeonato.

Sosa contaba con un traductor las 24 horas; sin embargo asegura que esto “era complicado porque al técnico -que era chino- yo le decía lo que pensaba y de repente el traductor, para no quedar mal, afirmaba que estábamos jugando bien cuando yo decía que estábamos jugando horrible”

Sobre el país, afirma: “de día tenes una cosa y de noche tenes otra, edificios que cambian de color, que se arman en cuatro meses”. Para vivir no era necesario tocar el sueldo ya que alcanzaba con el premio del domingo porque “era todo barato”.

Si bien cuando hablamos de China en lo primero que pensamos es en la comida, Sosa dice no haber sufrido este problema. “Es distinta, pero a nosotros nos hacían pollo, te decían que era pollo, yo no sé qué era pero era rico”.

Actualmente ante una hipotética igualdad económica del mercado chino con otro más cerca, como puede ser el mexicano o el argentino, el ex Inter de Milán, entre otros equipos, dice que le recomendaría a un jugador ir sin dudas a Shanghái, “una ciudad hermosa donde todos los días se puede hacer algo nuevo”.

Luego de la salida de Sosa, debieron pasar cinco años para que el Shenua volviera a tener uruguayos: en la temporada 2007 llegaron Diego Alonso y Sergio Blanco de la mano del ex gerente deportivo de la Asociación Uruguaya de Fútbol Osvaldo Giménez, quien entrenó al equipo durante esa temporada.

Actualmente, el fútbol chino cuenta con el apoyo del gobierno encabezado por un fan de este deporte como es el presidente Xi Jimping, quien pretende lograr que su país se convierta antes de 2020 en una potencia continental, y para 2050 en una potencia mundial, como lo es en muchos otros deportes.

Para esto, uno de los primeros pasos fue la construcción de centros deportivos a razón de uno cada diez mil personas. Si se mantiene esa proporción, China construiría 130.000 centros.

A nivel económico el fútbol cuenta con el apoyo de muchas empresas que ya se metieron de lleno en este rubro, no solo a nivel local sino también internacional, como es el caso de Dalian Wanda Group, una compañía dedicada entre otras cosas a los inmuebles y la hotelería, que adquirió el 20% del conjunto español Atlético de Madrid, cuyo estadio además llevará desde el próximo año el nombre Wanda Metropolitano.

Además de esto, Manchester City, Aston Villa, Granada y Espanyol de Barcelona, son algunos de los equipos que también cuentan con capitales chinos.

Lejos de conformarse con las 70 medallas olímpicas obtenidas en Río 2016, que lo colocaron en el tercer puesto del ranking histórico, China quiere dar un paso más al frente y llevar su fútbol a la cima del mundo. Esta misión parece no ser nada fácil pero sin dudas los caminos para conseguirla ya se empezaron a transitar.

Santiago Carbone