Cómo el juego “La Ballena Azul” nos obliga a reflexionar sobre el uso de las redes

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"La bllena azul", una oportunidad pra hablar sobre temas tabú. Foto: TKM.com

Hace un par de días llegó a un grupo de whatsapp de psicólogos la noticia de que varios jóvenes en Brasil se suicidaron por el juego de ‘La Ballena Azul’”, relató el psicólogo experto en adolescencia Juan Pablo Cibils a Sala de Redacción. “Después me informé por mi cuenta para ver de qué trataba el juego del que estaban hablando, y fue increíble que a los 2 días ya se hablaba de un caso en Rivera”, dijo.

El psicólogo se refería al caso de una adolescente de 13 años que el miércoles 26 de abril llegó al Hospital de Rivera con heridas en el brazo en un intento de completar un “desafío” del juego. Desde que el episodio salió a la luz se han registrado 6 casos de adolescentes entre 10 y 15 años que han participado del juego alrededor del país, la cuenta sigue. A causa de esto se ha desarrollado una extensa cobertura en los medios de comunicación, que es que caifican al juego de una importante amenaza para los adolescentes. “Por un lado siento que es una buena oportunidad para hablar, ya que el tema está sobre la mesa. Como psicólogos o como agentes referentes en el área de la salud está bueno salir a hablar”, dijo Cibils. Sin embargo, el psicólogo también afirmó que es necesario “tener cuidado” con la forma en que se organiza la cobertura por parte de los medios: “En un momento escuchabas tantas campanas, que el error puede ser que se esté ‘infoxicando’. Esto significa que demasiada información para el que está leyendo o mirando el informativo puede ser contraproducente porque, si bien el objetivo es prevenir e informar, se termina generado alarma y asustando a la gente”.

“La Ballena Azul” es un juego surgido en la red social rusa VKontakte y propone que el participante vaya completando una serie de 50 desafíos que le van llegando a través de un mediador, que se esconde bajo un seudónimo. La alarma surge porque estos retos están centrados en que los participantes se agredan a sí mismos y, luego de pasar determinadas horas mirando películas de terror y mirando vídeos de suicidios, los jugadores debe comenzar con las agresiones físicas: cortarse un labio, pincharse las manos, cortarse los brazos con un cuchillo y, finalmente, saltar de un edificio para suicidarse.

No se conoce una fecha exacta del nacimiento del juego, pero se considera que el primer suicidio relacionado con estos retos ocurrió en 2015 en Rusia.

El psicólogo Cibils asegura que en este juego, “que no tiene nada de lúdico”, existe una interacción continua entre el jugador y el “mediador”, que es quién le va dando consignas a la persona y amenazándola en caso de que quiera salir del juego. El psicólogo dijo que hubo un caso en Montevideo donde una adolescente hizo una denuncia porque quería abandonar el juego pero el mediador la había amenazado por Facebook. Inmediatamente, la policía rastreó el IP de dónde salieron las amenazas y pudo descubrir que venían de Brasil. Por lo tanto, planteó que es necesario “reflexionar acerca de qué compartimos y cómo compartimos nuestros pasos en las redes sociales”. El psicólogo opinó: “Lo que hacemos en las redes queda marcado, es como una huella digital. Es muy fácil para alguien que tenés de amigo en Facebook saber de quién sos hijo, dónde vivís o qué cosas te gustan; entonces te pueden extorsionar. La chica de Montevideo se debe haber pegado un susto bárbaro, pero la policía debe haber visto que la persona de Brasil sacó datos de la chica sin tener que venir hasta acá porque vio todo en su perfil de Facebook”.

Cibils propone que lospadres deberían plantearse la interrogante de saber hasta qué punto deberían controlar los pasos de sus hijos por las redes sociales: “Los padres me preguntan hasta dónde van. Es importante informarse; es clave saber qué hace tu hijo y qué tipo de páginas navega, pero tratar de ir siempre por el lado de acercarse, no el de prohibir”, aseguró. El psicólogo dijo que en la actualidad la prohibición ha dejado de ser efectiva porque “el niño puede ir a cualquier plaza y conectarse al wifi”. De esa manera, asegura, lo mejor es “preguntar e informarse” sobre las actividades que realizan los adolescentes y niños en las redes sociales e internet.

Cuando una persona entra a “La Ballena Azul”, los retos que va completando se comparten en una comunidad cerrada. Según investigó Cibils, el curador “va exigiendo esos vídeos para probar que hiciste los retos”. De esta manera surge la interrogante de la necesidad de compartir todos nuestros movimientos en las redes sociales para sentirnos parte de algo. “El adolescente quiere ser parte de algo, al igual que hace 50 años. Lo que ha cambiado ahora es la plataforma: el adolescente mira cuántos amigos tiene a través de sus seguidores en las redes sociales, qué tantos ‘me gusta’ le da determinada foto o si se comparte algo y se lo ven”, dijo. “Por eso no es casualidad que este tipo de juegos capte y agarre a tipos de chicos que tienen un perfil marcado por estar atravesando una situación de no sentirse integrados o que no pertenecen a un grupo. Es una manera de sumarse a algo, junto con los demás chicos que hacen lo mismo”, aseguró el psicólogo.

Esto de que hoy todo se comparte, todo es twitteable, genera que muchas veces se termine perdiendo el norte: qué es lo privado, qué es lo íntimo, qué vale la pena compartir. Hay chicos que le ven sentido a compartir una imagen lastimándose. Hace no tanto tiempo atrás podríamos pensar que nunca iba a pasar, que solo se compartiría las cosas buenas”, dijo Cibils.

Cómo hablar del suicidio adolescente

Desde el momento en que salió a luz el primer caso de una víctima del juego en Uruguay, se le ha dado gran trascendencia al tema del suicidio adolescente. Según Cibils, esta cobertura tan grande “está muy relacionada con lo que pasó con el asesinato de Felipe, el chico de Maldonado. Como sociedad todos quedamos muy conmocionados con el tema”. Por eso es que el psicólogo cree que a raíz de este caso hay “una necesidad” de estar alerta a todo lo que pueda llegar a pasar, “para no lamentar, como pasó con la muerte del niño”. “Esto se une, y no es casualidad, que todos los adolescentes estén hablando sobre la serie de Netflix, 13 Reasons Why (donde la trama gira en torno al suicidio de una adolescente). Los medios en general están con las señales de alarma prendidas, por eso creo que el juego ha pegado tanto”, señaló.

Cibils plantea que es necesario “aprovechar la oportunidad para informar y acercar a los padres para que hablen con sus hijos sobre el suicidio adolescente”. Incluso aseguró que a partir de 13 Reasons Why pudo charlar “con soltura” sobre el suicidio con un grupo de bachillerato con el que trabaja: “Traté de usar la temática de la serie para reflexionar sobre el tema y, ahí sí, como educador, instalar el tema de que el suicidio no es una alternativa válida para solucionar los problemas de los adolescentes. La serie muestra que la chica va a hablar con un tutor, que es como un psicólogo, pero que no le da mucha pelota. Necesitamos modificar esa idea: contar que eso es parte de la ficción de la serie”.

El psicólogo reconoce que el suicidio adolescente es un tema “muy difícil de hablar” porque en los medios no se informa sobre el tema y el tema parece estar silenciado. Sin embargo, las cifras de auto-eliminación en nuestro país son alarmantes: en 2012 Uruguay registró la cifra más alta de suicidios de América. Por eso, Cibils cree que a partir de estos temas se puede aprovechar la oportunidad para charlar con los niños y adolescentes: “A un padre o un adulto que convive con algún chico que haya visto la serie le recomiendo que la mire para ver qué opina su hijo sobre el tema; lo mismo con el juego: sin necesidad de jugar puede hablar sobre el tema con tu hijo”.

Por otro lado, el psicólogo planteó que la mejor manera de tratar estos temas a nivel estatal es a través de la creación de instancias de prevención en escuelas y liceos. Si bien ya se están generando instancias en varios liceos, Cibls reconoce que “hay liceos en entornos más vulnerables que se encuentran solos en la situación” porque “no existe un equipo psicopedagógico que hable con ellos, así que quedan desamparados”. “En esos lugares es más que necesario generar instancias de prevención: si no hay equipos de psicólogos trabajando ahí, entonces hay que generar reuniones con padres o crear talleres. Es necesario hablar con los chicos”, sentenció.

Rodrigo Guerra