Rafael Henzel, el periodista que sobrevivió a una tragedia aérea

HAY VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE

Rafael Henzel, en la conferencia que brindó en la Intendencia de Montevideo. Foto: SdR / Santiago Carbone

Periodista. Apasionado de la profesión. Nacido el 25/8/73 y el 29/11/16”. Con esas palabras se autodescribe en su biografía de la red social Twitter Rafael Henzel, uno de los seis sobrevivientes de la tragedia del equipo brasileño Chapecoense, donde 71 personas murieron en un accidente aéreo.

El martes 25 de marzo, invitado por el Círculo de Periodistas Deportivos del Uruguay (CPDU), Henzel brindo una conferencia en la Intendencia Municipal de Montevideo, en la que entre otras cosas, hablo de lo sucedido en noviembre de 2016, cuando el avión que transportaba al plantel se estrelló cerca de Medellín, y de la forma de encarar una vida que, sin dudas, le regaló una segunda oportunidad.

Si bien el portugués no es un idioma difícil de entender para los hablantes del castellano, sobretodo cuando se habla pausado, Henzel comienza disculpándose por su español el que, afirma, “fue adquirido en 15 días de CTI (Centro de Tratamientos Intensivos) en Colombia”.

Como periodista que es, dice que no se acostumbra a estar del otro lado, pero pese a esto, no deja de mostrar la alegría por estar brindando la conferencia y por los asados comidos en Uruguay.

Reafirmando las palabras que lo describen en la red social del pajarito celeste, Henzel dice tener 146 días de vida, cuenta que trabaja desde los 20 años en el periodismo deportivo y que cubrió Juegos Olímpicos, Panamericanos y 200 o 300 juegos de campeonato brasileño.

Desde 2011, acompaña con sus transmisiones a la Asociación Chapecoense de Fútbol, lo hizo en tercera división, en segunda y en primera. El año pasado, el equipo jugó una gran Copa Sudamericana y tras eliminar en semis a San Lorenzo de Argentina se clasificó finalista.

Respecto a ese momento Henzel cuenta: “Lo de Chapecoense era inexplicable. Estábamos todos muy felices (los periodistas) de poder estar en ese momento”. Hoy reflexiona que lo sucedido fue “un sueño interrumpido para 21 compañeros”.

No piensen que es fácil para mí hablar de esto porque nosotros estábamos muy cerca todos, literalmente cerca en el momento de accidente”. Henzel señala tres sillas y explica que iba sentado en un asiento de a tres junto a dos compañeros; ambos fallecieron. Luego de eso se pregunta: “¿Cómo es posible?”, y enseguida responde: “Solamente un milagro, no existe otra explicación”.

Del accidente cuenta: “Cuando desperté la primera vez pensé que era un sueño, dije no es posible, es un sueño. Ahorita estaba adentro de la aeronave, me volví a desmayar. Cinco horas después fui abordado por una voz. Ahora cuando vuelva a Medellín quiero conocer la cara de una persona que me despertó para siempre y decirle gracias.”

La persona que me encontró llamó a los socorristas, yo estaba muy bien, estaba perfecto. Tenía mis piernas, mis brazos, estaba consciente. Cuando me sacaron tenía las costillas quebradas”.

Después de eso me colocaron en una camioneta, 10, 15 o 20 minutos. Yo siempre acredité que iba a vivir, jamás pensé que podía morir allí o en el hospital”.

Simplemente como una anécdota, Henzel cuenta que trabajando en un partido de fútbol una persona le pregunto si no tuvo miedo de morir, a lo que respondió: “Jamás”.

Recuerda que al llegar al hospital un socorrista le dijo: “Ustedes son muy pesados”, y él no lo niega, dice que en ese momento pesaba 104 kg, dos menos de los que cree estar pesando ahora.

Si bien pensó que la estadía en el hospital iba a ser corta, esto no fue así, tenía costillas fracturadas, neumonía, además de dedos y pies machucados. Por dos o tres días se le hizo difícil, pero luego, al notar que en 15 o 20 podía salir entendió la necesidad del tratamiento: “Un día decidí que si paraba mi vida por 30, 40, o 50 días iba a poder vivir 30, 40 o 50 años más”.

Henzel cuenta que mientras estuvo en Colombia, las noticias en su país afirmaban que el periodista sobreviviente tenía su pierna quebrada y que había hablado con su esposa. Él aclara: “No hable con mi familia y no se me quebré la pierna. Yo no hablé con mi familia porque perdí mi celular en el accidente, solo quedé con el pasaporte”. El boletín médico siempre se lo daban al mediodía: “nosotros hicimos un grupo (de WhatsApp) de familia para publicar el informe médico porque la prensa daba muchas cosas”.

Si bien relata que fue muy difícil prepararse para el vuelo de vuelta, la psicóloga fue clara y le dijo que podía llorar o lamentarse, pero la realidad era que se encontraba a 7 mil quilómetros de la casa y que la única forma de volver era en avión.

15 días después (del accidente) estábamos saliendo de Medellín para 9 horas de vuelo (…). El capitán me dijo: ‘Rafael, lo llevo a Brasil a ver a su hijo’”. Henzel cuenta que “en medio de la tragedia mi hijo le dijo mi esposa que mi corazón latía en su pecho, que yo estaba vivo”.

Henzel retrocede una vez más en el tiempo hasta el del 28 de diciembre y, al hablar de este vuelo de regreso, recuerda las turbinas y las luces del avión apagadas, para luego soltar unas palabras que marcaron su conferencia: “El sonido del silencio es muy doloroso. El silencio tiene mucho sonidos”.

Cinco meses después de la tragedia, el periodista afirma que nunca tuvo sueños o pesadillas del accidente. Sobre su forma de encarar la situación, dijo: “El dolor va a existir siempre, pero el sufrimiento es opcional, no es necesario. Si vamos a sufrir por los amigos, los 29 son muy especiales, los partidos de Chapecoense son muy especiales, pero el sufrimiento es opcional, muchas veces nos agarramos del sufrimiento y no miramos hacia adelante”.

Puedo llorar por las personas que se fueron, lágrimas; y puedo imaginar que el dolor va a existir para siempre, pero tengo que vivir, por eso es que estoy aquí, viviendo”. Pero afirma que el ciclo aún no está cerrado, y que para que esto suceda debe ir a Medellín, algo que hará en pocos días: “Sé que va a ser emocionante y que va a cerrar el ciclo de la tragedia de la Chapecoense; para que este ciclo se cierre la Chapecoense debe llegar a Medellín a jugar”.

Tomando este viaje como una excepción, Henzel dice que ya no hace planes lejanos, que sus planes de hoy son para mañana, no piensa en noviembre o diciembre, solo quiere estar con su familia.

Ahora que, a diferencia de antes, ya no se preocupa por cosas que no son importantes, sabe que todos los días tiene un desafío nuevo.

Santiago Carbone