TOCAN A UNA, TOCAN A TODAS

Durante la manifestación. Foto: Rebelarte

La muerte de Silvia fue el décimo feminicidio en lo que va del año. Ruben Flores, su ex pareja, la asesinó el viernes 28 de abril, frente a una de sus hijas, y luego se suicidó. La víctima lo había denunciado en el año 2015.

Como cada vez que ocurre un feminicidio, se realizó otra alerta feminista para expresar que “si tocan a una, tocan a todas”,  la canción que entonaban las personas, mientras marchaban por la principal avenida de Montevideo.

Todo sucedía con normalidad: la gente cantaba canciones al ritmo del bombo y alentaba con megáfono. Por otro lado, se frenaba el tránsito mediante cordones humanos, gracias a la organización de la Coordinadora de Feminismos, que siempre se encarga de llevar adelante la manifestación. Había varios niños, algunos hombres y muchas mujeres.

Algunas manifestantes llevaban carteles y pancartas en contra del patriarcado. Estaban los que pedían “por favor, dejen de matarnos”, los que alentaban la revolución feminista y los que hacían alusión a la crianza de los hijos varones: “Yo no crío machitos violentos” y “Hombres serán los del mañana”.

Durante la manifestación. Foto: Rebelarte

Al llegar a la “Plaza de los Bomberos”, se inició una lectura colectiva de la proclama y, una por una, se nombró a las diez mujeres asesinadas. Después se formaron varias rondas que englobaban unas a otras, como símbolo de unidad.

Pero la tranquilidad de la marcha se vio interrumpida, por un hombre de unos cincuenta y pocos años que iba caminando por 18 de Julio. Vestido con un traje color beige, llevaba un maletín. En un momento de silencio, mientras las mujeres formaban las rondas, gritó: “a la rueda, rueda, pero dejate de joder”.

Por unos segundos, la gente quedó paralizada, sin responder, hasta que apareció un grito colectivo de “muerte al patriarcado”, en repudio a las agresiones. “Tenemos que ver cómo es que le permitimos a los varones el ejercicio de la violencia, para corrernos de esos lugares. Esto que pasó ahora, la inacción frente a los agravios del tipo, es una construcción, y ahí es donde tenemos que trabajar”, dijo Ivana, integrante de la Coordinadora de Feminismos, a Sala de Redacción.

La Coordinadora está trabajando sobre el proyecto de ley de Femicidio y analizando el significado de pedirle al Estado que se haga cargo del asesinato de las mujeres, el motivo de que se le llame femicidio y no feminicidio y los resultados de los países en los que ya hay una normativa aprobada. “Lamentablemente no ha disminuido el número de feminicidios, según lo que hemos investigado, porque es un problema estructuralmente patriarcal”, afirmó Cecilia, integrante del colectivo Minervas.

María Delia, integrante de la Coordinadora de Feminismos, dijo a SdR que “en cada alerta se potencia el sentimiento de indignación y de rabia pero también se potencia el hecho de ver que somos muchas, unidas y en la calle. En algún momento y de alguna manera vamos a parar esto”. Aseveró que “más allá de lo que puedan colaborar las herramientas legales, desde la Coordinadora no esperamos nada del Estado, porque el Estado es patriarcal y reproduce todo este tipo de violencia”. Además, consideró más viable apostar al autocuidado, a construir redes de cuidado colectivo y a trabajar con otras mujeres para no llegar a hablar de feminicidio, de modo que “es necesario construir otra forma de relacionarse entre nosotras y con los otros, otra forma de ser y estar en el mundo, que es lo que plantea el feminismo”.

Durante la manifestación. Foto: Rebelarte

Lilián Abracinskas, directora de Mujer y Salud Uruguay, dijo que no alcanza con perseguir a los asesinos, ni con capacitar a la policía, se necesita un cambio cultural que le brinde mayor independencia a las mujeres. Por esto consideró necesario que exista igualdad de oportunidades al acceso laboral, igualdad de remuneración, de derechos y de acceso a los espacios de decisión. Abracinskas reconoció que ¨hay un defasaje en lo que se expresó en la multitudinaria marcha del 8 de marzo y las decisiones que se producen en las instituciones. Por ejemplo, que el Parlamento se resista a dar un tratamiento rápido a la ley integral de violencia de género y hacia las mujeres, o que no se haya votado la ley de cuotas para la representación de mujeres en cargos electivos¨.

Además, afirmó que algunos sectores políticos más conservadores o que ideológicamente están en contra del feminismo, “ejercen una violencia discursiva desde una óptica antifeminista y misógina, porque nosotras no sólo promovemos los derechos de las mujeres, también cuestionamos los privilegios de los varones, sus lugares políticos, sus prácticas, conductas y su autoridad”.

Por otra parte, sostuvo que es muy complejo desestructurar las relaciones de poder. Por ejemplo, la “conciencia de dominación que hace que el hombre le diga cualquier cosa a la mujer cuando va por la calle y se enoje porque supuestamente estamos cuestionando la galantería”. Abracinskas concluyó que no es posible pensar la liberación de la mujer si la sociedad vive una situación de dominación y explotación, y que dentro del feminismo hay que reflexionar sobre las desigualdades que se dan en el mundo de las mujeres.

Nadia Campos