La Sala Zitarrosa, un espacio "para todos pero no para todo", según su director

INCLUSIÓN ARTÍSTICA

 

Sala Zitarrosa / Foto: Intendencia de Montevideo

Desde folklore hasta rock, desde tango hasta candombe, desde artistas de larga trayectoria hasta bandas emergentes, todas confluyen en un mismo lugar: la Sala Zitarrosa. “No es que la gente está abierta a la diversidad, la gente es diversa”, dijo a SdR Jorge Schellemberg, cantautor, gestor cultural y director de la sala. Schellemberg considera que la música “hace a la vida de un país”, por lo que apunta a llevar la programación de la Zitarrosa bajo la lupa de la diversidad y la calidad, sin descuidar al artista, al público y a la emoción de lo que allí sucede.

En lo que respecta a los grandes terrenos nacionales donde los aristas suelen pisar fuerte, a la Sala Zitarrosa se le suman el Auditorio Nacional del Sodre y el Teatro Solís. Todos ellos cuentan con un perfil distinto y con el desarrollo de diferentes tipos de arte para satisfacer la demanda del público.

Sin embargo, los espacios culturales fueron recientemente cuestionados por el lugar que le otorgan a ciertos géneros artísticos, como es el caso de la música tropical, a raíz del rechazo al cantante tropical Fabián “Fata” Delgado para presentarse en el Teatro Solís.

Dada esta polémica, Schellemberg opinó que se debe a “una cultura histórica que identifica a éste como un lugar de glamour”. “Dada la magnificencia patrimonial y ciertos patrones eurocentristas bajo los cuales la mejor música es la europea, entonces ir allí es sinónimo de ser bueno”, continuó.  Según Schellemberg, si los artistas son rechazados por no tener el perfil que requiere el teatro, ello se toma como si se les dijera que no tienen “calidad”. En este sentido, Delgado sostuvo a SdR que su interés por actuar en el Solís radica en el prestigio que le puede a dar a nivel internacional y la posibilidad de abrir nuevos mercados.

En lo que respecta a la gestión de la Zitarrosa, el director sostuvo que con frecuencia rechaza propuestas de artistas y que “el cien por ciento de las veces el artista se va ofendido, pero esto no es un vale tuti”. Schellemberg contó que al principio de su gestión, en el año 2013, creía que no era necesario llevar  conjuntos de música tropical, ya que pensaba que eran los que más presentaciones tenían, mientras otros, como los de folklore, no contaban con tantas posibilidades para actuar. Esta visión cambió cuando en un evento organizado por la Intendencia de Montevideo en ese mismo año, bandas de cumbia actuaron en lo que se llamó “Montevideo Tropical”. Schellemberg recuerda las palabras del vocalista de Sonora Borinquen, Carlos Goberna, que lo impactaron: “esta es la primera vez que somos tenidos en cuenta por un gobierno”.  “La ovación fue tan grande que me cuestioné: ¿quién soy yo para negarle la entrada a estos tipos? Fue una instancia de mucho aprendizaje”, rememoró Schellemberg.

Schellemberg definió a la sala que dirige como un espacio “para todos pero no para todo”. “No se trata de negarle la entrada a nadie sino de ver cuál va a ser la propuesta del músico, con qué banda va a tocar y cuál va a ser su estrategia de venta de entradas, ya que de no tener en cuenta esto se estaría haciendo un mal uso de los fondos públicos”, remarcó.

Stephanie Galliazzi