Un tercio de los alimentos en base a soja y maíz deberían estar etiquetados por contener transgénicos

EN LA DULCE ESPERA

La etiqueta usada hasta la asunción del intendente de Montevideo Daniel Martínez, cuando se suspendió la aplicación del decreto.

Los análisis técnicos para determinar si los alimentos deben estar etiquetados, porque contienen más de un 1 por ciento de componentes genéticamente modificados (OGMs), no han parado. Estos análisis se realizan en el Laboratorio de Bromatología de la IM en conjunto con la Facultad de Ciencias. Claudio Martínez Debat, doctor en Biología y químico farmacéutico, es uno de los profesionales que realiza esta labor y afirmó a Sala de Redacción que “de 200 muestras analizadas entre 2015 y 2016, 32 por ciento de los alimentos en base a soja y/o maíz deberían ser etiquetados”. Los datos fueron presentados el sábado 13 de mayo en el Congreso Nacional de Biociencias.

Sin embargo, a dos años de su implementación, el decreto 34.901 para el etiquetado de productos transgénicos sigue aún suspendido y los alimentos siguen sin ser señalados. Las empresas son avisadas de los resultados de los análisis de sus alimentos, pero no son obligadas a identificar sus productos y por lo tanto, tampoco son multadas. Marcelo Amado, responsable del área de Regulación Alimentaria de la Intendencia de Montevideo (IM), afirmó a SdR que el listado de los alimentos que contienen más de 1 por ciento de OGMs sí se suben a la página web de la IM, no obstante, la última actualización es de diciembre de 2016. Está compuesto por 29 productos y se señala también a la empresa que corresponden. La Panificadora Bimbo del Uruguay, Ottonello Hermanos, Supermercados Disco del Uruguay, Papas Chips, Rapenor y Antilur son recurrentes dentro de esta lista.

Amado explicó que “se está elaborando una resolución para modificar la rotulación” porque esta no reflejaba “el espíritu” del decreto. Según Martínez Debat, el decreto no hace una valoración positiva ni negativa sobre los transgénicos, pero sí establece que no son equivalentes. Amado explicó que el logo daba una “sensación de alarma”, y además “no era identificado por parte de los consumidores”. Actualmente se está esperando que Jurídica de la IM redacte ese cambio.

El nuevo logo será redondo, monocromático, tendrá una T y dirá que ese alimento contiene OGMs. Surgió del trabajo conjunto de la sociedad civil, tanto de consumidores como técnicos de la industria y del comercio durante el año pasado. En la resolución se establecerá el tamaño relativo del logo de acuerdo a las dimensiones del paquete del alimento, mientras que antes era de un tamaño único, sin importar las medidas del envase, manifestó Amado. El responsable del área de Regulación Alimentaria estimó que la resolución estará lista a la brevedad, en menos de un mes. “Nosotros somos los más interesados en que salga porque así ya podemos empezar a aplicarla”, aseguró.

El decreto de la IM que obliga a etiquetar los alimentos que contengan transgénicos había sido aprobado durante la administración de Ana Olivera y se comenzó a fiscalizar en enero de 2015. Sin embargo, a partir de la asunción de Daniel Martínez, el etiquetado despareció. Martínez Debat advirtió que es posible que, si el tema se sigue aplazando por parte de las autoridades, “se pueda tomar algún tipo de acción jurídica por parte de la población civil, es una posibilidad que se está manejando a nivel de ciertos colectivos sociales”.

Según Laura Rosano, una de las impulsoras de la iniciativa del etiquetado, “la Intendencia de Montevideo está violando el derecho al consumidor, porque pasó por encima de un decreto aprobado, y el consumidor tiene derecho a saber qué tipo de ingredientes tienen los alimentos”. Para Rosano, esta decisión obedece a “una voluntad política”, porque desde el gobierno hay un fomento muy grande al agronegocio.

Monsanto, multinacional estadounidense de agroquímicos y biotecnología aplicada a la agricultura, no ve con buenos ojos el etiquetado en Uruguay, analizó Rosano. Además, recordó que el Ministerio de Relaciones Exteriores recibió una carta de la Cámara de Industria de Argentina y otra de la Cámara de Industria de Costa Rica pidiendo explicaciones. Rosano explicó que la mayoría de los alimentos industrializados vienen del exterior y gran parte de ellos contienen organismos genéticamente modificados. Como consecuencia, las industrias siempre van a presionar y “si el gobierno no tiene fuerza y no le interesa, va a ceder”, concluyó.

En Uruguay, cada año se siembran más de un millón de hectáreas de cultivos transgénicos de soja y maíz. Por el momento, hay cinco eventos aprobados para el cultivo de soja (el primero, de la multinacional Monsanto, fue habilitado en 1996) y diez eventos transgénicos aprobados para maíz. “Actualmente, la soja es el principal cultivo agrícola de Uruguay, cubriendo más del 85 por ciento del área de cultivos agrícolas de verano”, según el informe “Cultivos transgénicos en Uruguay. Aportes para la comprensión de un tema complejo desde un abordaje multidisciplinario”, de 2016.

El etiquetado de transgénicos no es una medida que se haya tomado solamente en la capital. En Paysandú y Lavalleja también hay decretos. Además, en Canelones hay organizaciones sociales que están planteando este tema, pero la diferencia es que en ese departamento se quiere incluir también a las raciones para animales, mientras que en el resto se aplica solamente a alimentos humanos, explicó Rosano. Sin embargo, es la IM “la que está trancando todo”, ya que es muy difícil que se concrete en el resto de los departamentos si no se aplica en la capital, que tiene mayor cantidad de consumidores. Paradójicamente, a los únicos productos que se le exige etiquetado es a la producción orgánica, que “es la más limpia y la más sana”. Rosano concluyó: “esto es el mundo del revés”.

Anaclara Trengone