Las reformas laboral y previsional brasileras transitan sus últimos pasos

ORDEN Y PROGRESO

Manifestantes durante la huelga nacional del 28 de abril. AFP PHOTO / NELSON ALMEIDA

El proyecto de reforma laboral brasilero llegó al Senado y ya reunió fuertes críticas en una consulta pública abierta, expresada por miles de internautas a través del portal del Senado Federal. De 81 mil, 78 mil desaprobaron más de 100 párrafos de la Consolidación de las Leyes del Trabajo (CLT). Mientras tanto, la reforma del sistema previsional va a ser evaluada en estos días. Los dos proyectos transitan sus últimos pasos para ser legalizados. Por consiguiente, los movimientos sindicales anuncian que van a continuar sus medidas para detener al presidente Michel Temer.

La insatisfacción ganó en Brasil, cuando 35 millones de brasileños se volcaron a las calles para protestar contra el gobierno de Michel Temer y sus reformas. En opinión de expertos representa el mayor retroceso de derechos en generaciones.

Es la mutilación de la legislación laboral y la seguridad social, para cubrir el déficit, a cuenta de la población brasileña”, fueron las palabras del periodista independiente Mauro Santayana mientras cubría las movilizaciones. Este periodista acusa directamente a los medios de comunicación tradicionales de “vender” la huelga como parcial o simplemente una paralización del transporte que imposibilitó a los trabajadores desplazarse. Además menciona que los actos de violencia en ciudades como Río De Janeiro o San Pablo, que se difundieron rápidamente por los medios de comunicación, fueron provocados  por “vándalos infiltrados” o de la propia policía, con el fin de tergiversar el mensaje que se quiere dar a la ciudadanía y desprestigiar el movimiento sindical.

Algunos funcionarios del gobierno salieron a tratar de “vagos” a los manifestantes, mientras Temer sólo informó que se trató de “pequeños grupos que bloquearon autopistas y avenidas”, al tiempo que no piensa frenar su intento de “modernizar” la legislación nacional.

Poco se supo en la región de las características de esta manifestación, varios colectivos y agentes independientes dentro del país también se encontraron molestos por entender que la cobertura fue sesgada y tendenciosa. Actualmente los medios tradicionales están bajo un fuerte escrutinio ante los sonados casos de corrupción y las “alianzas” empresariales que no dejan de aparecer.

Pero la Central Única de Trabajadores (CUT) comparó esta movilización con la de 1989, cuando Brasil paró durante dos días como respuesta al presidente José Sarney y su “Plan Verão”, que congeló precios y salarios, ante una inflación de 1782,9 por ciento a finales de ese año. Ya pasados unos días y con la información recabada, la CUT consideró que fue la huelga general de mayor convocatoria en la historia del país.

Entrada la tarde, los organizadores convocaron por redes sociales a encontrarse en las plazas de las ciudades. En Río de Janeiro tuvo un matiz especial: ni bien llegaron los manifestantes, se encontraron con la Asamblea Legislativa fuertemente custodiada por la policía militar.

 

La policía militarizada disparando en contra de los manifestantes. AFP PHOTO / YASUYOSHI CHIBA

Muchas personas comentaban por Facebook o Twitter que veían el advenimiento de la represión por parte de la policía y los grupos de choque, como un recuerdo oscuro de la dictadura. Monique Scarpellini funcionaria pública que adhirió a la huelga, comentó a SdR: “Los comercios cerraron todos y fue muy pacífico aquí en Joao Pessoa (Paraíba). El único momento tenso fue cuando vino un periodista de Red Globo y las personas comenzaron a gritar ‘abajo Red Globo’.  En mi ciudad (Goiania) no fue así, manifestantes rompieron un vidrio del banco Itaú y la policía vino a reprimir, con el saldo de un estudiante de Ciencias Sociales gravemente herido y hospitalizado”.

Estos manifestantes son los denominados “Black Bloc”, jóvenes con tendencias anarquistas (pero sin ninguna adhesión partidaria) que consideran la destrucción del patrimonio público como forma de protesta. Mientras se desarrollaban las movilizaciones y las consignas de “Fora Temer”, este colectivo y algunos otros ciudadanos sin filiación alguna se separaban de las columnas que marchaban y comenzaban a provocar desmanes: incendiaron ómnibus, rompieron vidrieras y levantaron barricadas en las calles, en varios puntos de Brasil.

Algo anecdótico de la huelga fue la participación activa de algunos sectores de la Iglesia Católica, que se sumaron a los reclamos de la enseñanza, la salud, los funcionarios públicos del petróleo y la banca.

Las reformas implican una flexibilización laboral y del sistema jubilatorio, dando carta blanca a los empleadores para liberar la tercerización de manera irrestricta y el aumento de la edad jubilatoria.

El sociólogo Laymert García Do Santos comentó al sitio Sul21: “No tengo recuerdos de una huelga con este alcance”.

Giselle De Los Santos