UTAA retoma la bandera de Sendic

LUCHA INCLAUDICABLE


Movilizaciones de cañeros reviven reclamos de Raul Sendc. Foto: SdR / Leonardo Silva

Las boinas se imponen al frio imperante, el clima recuerda más a un invierno de junio que al calor de abril; sin embargo varios se reúnen en la Plaza Libertad. La mayoría, acusados por el pelo blanco, vivieron las marchas que los cañeros de Bella Unión realizaron entre el 60′ y el 70′. Cincuenta años después, los peludos marchan de nuevo. Es 10 de mayo.

La masa avanza con la prisa del que lleva más de 60 días acampando, a la espera de una resolución. El bombo constante rompe la sinfonía que propone la ciudad, los estruendos de las bombas hacen lo propio. Un grito irrumpe con más voluntad que fuerza, y pregona: “Tierra pal que la trabaje, por la tierra y con Sendic”. Propios y ajenos solo se dignan a observar. Desde afuera se oye un: “Pero ¿son todos de Artigas?”. Cuadras más adelante cae, desde lo alto de un edificio, un huevo de gallina. Los caminantes avanzan y casi al llegar a la Plaza Independenci, una camión se cruza haciendo sonar la bocina, la mano del conductor se alza haciendo el signo de la victoria y genera una algarabía.

La marcha presiona en busca de respuestas frente a la Torre Ejecutiva. Jesús Gerez, uno de los cañeros que realizó una huelga de hambre, toma la palabra. “Queremos una respuesta de este gobierno ya, hace dos meses y seis días que estamos acá en Montevideo acampando (…), no puede pasar esto, compañeros. Arriba los que luchan, UTAA y el “Bebe” Sendic”, impone con vehemencia. La frase “Sendic vive, la lucha sigue”, conquista el lugar.

La tierra productiva en Uruguay se vuelva cada vez más concentrada y mas ajena. La marcha de los cañeros permite recordar la solución propuesta por Raúl Sendic a la salida de la dictadura.

El plan del “Bebe”

“La lucha contra la extranjerización de la tierra, por la entrega de las que están a disposición del Banco Central y se están ofreciendo en el exterior o aún por las miles de hectáreas negadas (…) merecen una movilización, que lleve en si encendida la llama de la indignación, indignación por tanta burla e injusticia”, escribió Raúl “Bebe” Sendic, en una publicación de las tantas que hizo para “Mate Amargo” luego de ser liberado en 1985, tras 12 años preso por la dictadura. Conmemorado recientemente un nuevo aniversario de su muerte, el 28 de abril de 1989, sus reflexiones y luchas por la reforma agraria siguen vigentes, y no han perdido su carácter de impostergables.

En la creación de la Unión de Trabajadores Azucareros Artigas (UTAA), cuando pasó a la clandestinidad, o estando preso, desde que asumió la lucha por la tierra como suya, mantuvo la firme convicción de que la tierra es para quien la trabaja. Bajo esta premisa gestó, desde la cárcel, los planteos sobre el Movimiento por la Tierra, el Plan contra la pobreza, el No pago de la deuda externa, la Reforma Constitucional y la creación de un Frente Grande. En un inicio de la década de los 80′, signada por la crisis económica luego del quiebre de la “tablita”, y con un régimen militar por demás desgastado por su propia inoperancia, el “Bebe” Sendic ya pensaba por fuera de los muros.

Estando Raúl preso por la dictadura, Uruguay entró en una crisis económica sin precedentes. En el período desde diciembre de 1979 a marzo de 1982, el total de los créditos concedidos por bancos y casas bancarias a familias y empresas residentes, casi se triplicó, y alcanzó una cifra equivalente a 3.000 millones de dólares. No pasó mucho para que algunos de los principales bancos extranjeros radicados en Uruguay, hicieran saber a las autoridades que probablemente tuviesen que retirarse de la plaza si la situación no cambiaba drásticamente. El Estado asumió un papel intervencionista y en junio de 1983 la dictadura concretó una operación por la que el Banco Central (BC) adquirió las carteras de deudores de algunos de los bancos extranjeros, que eran totalmente incobrables. De esa forma, se sumaron al endeudamiento uruguayo, unos 1.141 millones de dólares producto de negocio de las “carteras pesadas”.

 

Jesús Geréz, uno de los dirigentes cañeros que protagonizaron la marcha. Foto: SdR / Leonardo Silva

El “Bebe” sostuvo que, una vez que terminó el operativo de salvar a los banqueros, vino el turno de los estancieros, el de los grandes industriales y otros empresarios. Sin embargo, según escribió, “se encontraron con que se habían terminado los salvavidas y los náufragos seguían con el agua al cuello”. Visualizó, a través de la expropiación de los latifundios, el reparto de tierras y su explotación mediante cooperativas, una manera de combatir la pobreza y evitar el vaciamiento del campo. Es por ello que en 1985 presentó el “Plan por la tierra y contra la pobreza”. Junto a otras medidas, exigió el pago con tierras de la deuda que los grandes latifundistas mantenían con los bancos (estas ascendían a un monto equivalente al precio de 6 millones de hectáreas). Y auguró: “muchas de esas tierras ya se van a empezar a rematar en los próximos meses y en ese caso pasarían a manos de especuladores que las compran por una bagatela”.

Calculada en moneda constante, la deuda del agro con la banca aumentó en un 278% entre los años 1970 y 1981. De esa deuda, los 612 establecimientos de más de 2.500 hectáreas (un 1,8% del total de propietarios rurales) habían usufructuado el 45% del total del crédito bancario.

Sendic propuso que se expropiara a los expropiadores. Aseguró que existía la posibilidad de un “ahora o nunca” para hacer una gran colonización; y en caso de dejar pasar el momento, el país tendría una estructura agraria peor. “Una parte de esas tierras ya están embargadas por el negocio de las “carteras incobrables”. Pero el Banco Central solo tiene un doceavo de los créditos de la banca contra el campo y de lo que se trata es de que el Estado tenga también acceso a las grandes extensiones “expropiadas” por la banca privada”, formuló.

Según explicó en otras de sus publicaciones, desde 1985 el BC tuvo la alternativa de llevar adelante la ejecución de las hipotecas y embargos sobre los campos y entregarlos al Instituto de Colonización, pero trató de demorar lo más posible ese paso, mientras las embajadas uruguayas en países del exterior se dedicaban a ofrecer secretamente la venta de esos predios.

Para Sendic, el gran terrateniente ganadero fue siempre mas especulador que productor. En uno de sus escritos en “Mate Amargo”, dijo que lo típico era que el latifundista comprara una tropa de novillos a medio engordar que había sido criada por un pequeño propietario que no tenía tierra suficiente, que le pagara con un cheque contra el Banco Comercial, llevara los novillos a su campo, los engordara y los vendiera al frigorífico. “En este negociado el latifundista no desembolsa un centésimo, ya que emplea un crédito que le abre el banco con la garantía de su campo”, sostuvo. Pero advirtió que cuando se dio la restricción del mercado interno y bajó el precio internacional de la carne, la especulación tomó otras formas.

Ejemplificó: “Un latifundista aprovecha la garantía de su campo para sacar 4 millones de dólares de un banco. Los coloca en otro en el exterior, ( Panamá por ejemplo) y pasa a vivir de los intereses que pueden ser cerca de 400 mil dólares por año”. Dicha salida de capital uruguayo al exterior fue calculada en 3.500 millones de dólares en el período dictatorial. Según Sendíc, así se explica cómo en las carteas incobrables de los bancos hubo tantos latifundistas y capitalistas que supuestamente cayeron en la insolvencia, pero que al final, sea por este tipo de inversiones o por otras ajenas a su empresa hipotecada, siguieron siendo ricos.

En 1987 una comisión del gobierno llevó a cabo una estimación de las posibilidades de pago, por parte de los deudores. Declaró a 892 empresas como “inviables” y a 906 con posibilidades de saldar su deuda. Dentro de las insolventes para afrontar su deuda, 500 eran del sector agropecuario. Sendic aclaró:  “la nueva colonización no se puede dar aislada de otras medidas (..) digamos que una reforma agraria hoy día, para hacerse redituable para los que pasen a tener tierras, debe ser acompañada por el aumento del poder adquisitivo de los uruguayos”.

A pesar de la existencia de la coyuntura propicia para encauzar el rumbo hacia una reforma agraria, una coyuntura que ya había resuelto por la vía de los hechos la cuestión de la expropiación, no se llevó a cabo.

La falta de voluntad política hizoque el “ahora o nunca” del Bebe fuera “nunca”, y se dejó pasar una gran oportunidad.

Pese a este aparente fatalismo dicotómico, las manifestaciones de irreverente voluntad que demostraron los cañeros de UTAA y las caprichosas reglas del capitalismo junto a las ambiciones de los grandes productores, pueden convergir nuevamente en escenarios inesperados: la empresa Citrícola Salteña S.A. (Caputto) mantiene deudas por unos 29 millones de dólares con el Banco República, en mora. Los inversores fueron convocados a una asamblea en la Bolsa de Valores de Montevideo, donde se debía definir si ejecutaban la garantía de la emisión (tierras productivas con un valor de remate de 15,7 millones de dólares), según informó el diario El País el 4 de abril. Quizás, al final el “nunca” sea un “tal vez”.

Luciano Costabel