Javier Valdez es el sexto periodista asesinado en México en lo que va del año

NOS ESTÁN MATANDO

Colegas del periodista Javier Valdez depositan flores y prenden velas frente a la catedral de Culiacan, Sinaloa, durate el entierro. Foto: AFP PHOTO / YURI CORTEZ

En 2016 fueron once los periodistas asesinados en México. Este año ya van 6. Javier Valdez, periodista especializado en narcotráfico y fundador del semanario “Riodoce”, que investiga el crimen organizado en el Estado de Sinaloa, fue asesinado de doce tiros en el centro de la ciudad de Culiacán, en pleno día.

“El silencio gana. Reportear es no investigar y más. O menos. Es quedarse callado, mirar para otro lado”, narró Javier Valdez en su libro “Narcoperiodismo” (2016). La violencia contra trabajadores de los medios es un problema que no parece suavizarse en México. Es el tercer país más peligroso del mundo para la libertad de prensa, luego de Siria y Afganistán, según Reporteros Sin Fronteras: el año pasado el número de asesinatos a periodistas, once en total, batió el record nacional.

Según cifras de la Fiscalía para la Atención de Delitos Cometidos contra la Libertad de Expresión (FEADLE), el 99,75% de las agresiones contra periodistas no tienen consecuencias y quedan en la impunidad.

Para presionar al gobierno Mexicano, que no parece tomar medidas proporcionales a los hechos, sindicatos de periodistas y medios del país se organizaron en busca de justicia para los colegas asesinados y contra la amenaza de la labor periodística en general: con “hashtags” como “nos están matando” y “un día sin periodismo”, los medios mexicanos hicieron un paro nacional el martes 16 de mayo, acompañado de manifestaciones y discursos en el Ángel de la Independencia, símbolo de la capital del país.

Como homenaje personal y muestra de su dolor, el periodista Alejandro Almazán publicó en “El País Internacional” una conmovedora carta dirigida a Javier Valdez:  “en vez de ir trepados en tu carro, serpenteando por las calles dementes y feroces de tu Culiacán; en vez de estar comiendo tacos de asada en la Zapata y hablar del narcoestado que juega a la guerra y a las ejecuciones masivas; en vez de estar frente a estudiantes de comunicación y soñar junto con ellos que el periodismo nos salvará del horror (…); en vez de todo eso, carnal, estamos llorándote en la San Martín para que te lleves algo de nosotros”.

¿Con cuantas balas se mata a la verdad?

Sala de Redacción (SdR) se comunicó con la periodista Eliana Gilet que trabaja en México desde octubre de 2015. Actualmente ejerce de forma independiente junto al fotógrafo Ernesto Álvarez, con quien colabora para varios medios; entre ellos el semanario Brecha, donde publicó una entrevista que realizó a Javier Valdez en febrero de este mismo año.

-¿Qué efectos tiene la violencia contra los trabajadores de los medios en la prensa mexicana?

-El primero es el efecto mortal, que no separa a los periodistas de lo que viven las demás personas en México. Mucha gente asesinada, desaparecidos. Pero los periodistas se han vuelto un blanco porque tienen la responsabilidad o capacidad de difundir, o de investigar y hacer preguntas, que es, básicamente, lo que la violencia, el crimen organizado y el gobierno intentan impedir. Otro efecto es una especie de manto de silencio que se cubre sobre los hechos, que hace que haya mucho que no sabemos o no podamos entender, y eso genera una sensación de aturdimiento, donde uno no entiende bien qué pasa. Es precisamente ese aturdimiento parte de lo que la violencia busca: que uno simplemente viva atormentado y sobre todo, con miedo.

-¿Por qué cree que hay tanta impunidad con respecto a los asesinatos a periodistas?

-La impunidad es la constante de cualquier caso, no solo de los periodistas. Hay muchos frentes de búsqueda que han intentado revertir esta impunidad porque la justicia colgó los guantes. Hace poco le pregunté a un judicial por qué le parecía a él que durante tanto tiempo la justicia había sido tan omisa. Él me respondió que por el miedo, que cuando un agente del Ministerio Público recibe una amenaza, si no tiene un vínculo directo con el tema prefiere no investigar. No existen garantías para ninguna de esas personas que pretenden romper la inercia institucional de impunidad.

-¿Qué responsabilidad cree que tiene el Estado mexicano, ya que en general es a los grupos de crímenes organizados a quienes se atribuyen estos casos?

-Yo creo que el Estado mexicano es cien por ciento responsable de la situación que se vive en este país, ya sea por acción o por omisión. Por acción porque se sabe que sus propios agentes policiales y del ejército han sido los perpetradores de los secuestros y las desapariciones forzadas, de una buena cantidad de las personas que hoy faltan en el país. Y más allá de que sus agentes hayan tenido participación directa, también hay una omisión del Estado en proteger a la ciudadanía frente a los grupos de crimen organizado, (que a su vez no son otra cosa que grupos paramilitares). El crimen organizado sirve para que el Estado se oculte de su responsabilidad, que es ineludible en todos los casos,   particularmente con el tema de los periodistas. Luego de lo de Valdez y su repercusión, Peña Nieto se vio obligado a llamar a una especie de acto público donde reunió a todos los gobernadores en la casa presidencial y anunció una serie de modificaciones a los mecanismos de protección y a otro montón de cosas que son absolutamente ineficientes. Muchos de los periodistas que fueron asesinados estaban bajo protección de estos mecanismos. Yo no lo puedo asegurar pero ¿quién nos garantiza a nosotros que no son las propias fuerzas policiales que asesinan a los periodistas?

-¿Qué medidas cree que se pueden tomar para mejorar la situación de vulnerabilidad de los periodistas y el pueblo mexicano en general?

-Lo que imagino que puedo hacer yo desde mi lugar, es seguir contando. En mi caso, siendo una extranjera en México, puedo intentar llamar la atención de afuera, porque supongo que la presión internacional sí podría hacer la diferencia. México solo no puede contra esto. También debemos tener una profunda conciencia de que el Estado no se va a hacer cargo, porque es parte del problema. Se requiere una reflexión crítica muy importante. Según cifras oficiales los desaparecidos son más de treinta mil, las cifras de las familias se acercan a noventa mil, cantidad totalmente comparable con las de las dictaduras; pero en este caso, todo sigue en régimen de legalidad, siguen habiendo elecciones, sigue habiendo sesión en el Congreso. No sé cómo se termina la violencia, la verdad, puede que no se termine, y eso es lo más difícil.

-¿Qué papel deberían tomar los medios en esto?

-La precariedad laboral es el principal factor de inseguridad que tenemos los periodistas. Los medios nos dejan solos, si ellos se hicieran realmente cargo de sus trabajadores muchos de nosotros no pasaríamos por situaciones de inseguridad, no tendríamos que buscarle la manera como hacemos ahora para poder hacer un trabajo decoroso. Creo que los medios también tienen una responsabilidad en la situación en la que estamos, cuando nos atacan ellos no responden como deberían; les hace falta una gran revisión de cómo tratan a sus trabajadores y se debe hacerlos responsables, quizás legalmente, porque ellos también son parte del esquema que nos hace más vulnerables.

Tras conmovedoras historias sobre colegas periodistas que cada vez se hallan más desconsolados ante los hechos, agregó:

- Nosotros, para trabajar, tratamos de no pensar demasiado sobre el peligro, pero sí es necesario que uno analice y sepa dónde está parado. No hay que andar haciéndose el superhéroe por ahí, porque uno realmente está dándose contra una máquina de guerra. Tienes que ponerte bien vivo, bien al tiro, un poco desconfiado, aprender a callarte, a medir las palabras y, sobre todo, a hacer un muy buen trabajo periodístico. Como me decía Valdez: “aquí ser valiente es ser un pendejo”.

Esta filosofía no fue suficiente para salvar a Valdez, bastó con ser periodista.

Martina Vilar del Valle