Deber primario: reconstruir lo roto

“MAMÁ, YA NO TENGO MÁS ESCUELA”

Destrozos en la escuela 13 de San Carlos por el tornado de diciembre. Foto: SdR / Claudia Barrios

“Juan creyó que no iba a poder ir más a la escuela”, contó una mamá. Es que el pequeño pudo ver y sentir lo que sucedió esa noche y los efectos que tuvo en el lugar donde estudia. En la madrugada del 23 de diciembre de 2016 una fuerte tormenta azotó a Maldonado, específicamente a la ciudad de San Carlos. Muchos, incluyendo meteorólogos brasileños, afirmaron que se trató de un tornado.

La escuela N°13, ubicada en el barrio “La Estación”, fue uno de los espacios maltratados por el fenómeno. Dentro del edificio fueron afectadas tres áreas que sufrieron voladura total de techos; además en el resto del local hubo unos 30 vidrios rotos, árboles caídos y materiales de construcción liviana pertenecientes a viviendas de los alrededores.

En estos espacios funcionaban los niveles cuatro y cinco, las clases de inglés mediante videoconferencias y el espacio de uso común, lo que involucra a un total de 90 alumnos aproximadamente.

Sala de Redacción se acercó al lugar, donde una de las tres maestras que dieron sus testimonios -pero prefirieron conservar sus identidades- contó que “las primeras autoridades en visitar el lugar fueron parte del cuerpo de inspección de Maldonado, la inspectora departamental Ana Celia Le Pera y el arquitecto de Primaria, quienes concurrieron el mismo día”. En esa oportunidad fueron informadas por primera vez que se solicitarían dos áreas móviles, una cuadrilla de limpieza y un vidriero que estaban por llegar “a la brevedad”.

Debido a la intensidad de la tormenta, gran parte de la ciudad quedó sin electricidad durante un mes, por lo que la escuela quedó sin servicio de alarma por dicho tiempo. El 26 de diciembre se presentó el consejero Hector Florit y dispuso un guardia de seguridad en el turno nocturno, que trabajaría hasta el 6 de marzo, cuando iniciaban las clases. El día anterior la escuela había sufrido el robo de un televisor, un dvd y parte del equipo de videoconferencia. La misma docente afirmó que en esa oportunidad, Florit reiteró “que estarían llegando a la brevedad las aulas móviles”.

Un resumen de los daños concretos: de las aulas afectadas se perdió casi todo, gran parte de las paredes se derrumbó, la estructura sufrió un gran movimiento; material didáctico, sillas, mesas, pizarras, pantallas, micrófonos y parlantes… todo quedó mojado, sin chance de poder ser utilizado.

“Los alumnos y docentes se han manifestado impactados, tristes por el cambio brusco referido a la transformación del entorno. Se fueron de vacaciones en diciembre y cuando volvieron, en marzo, tuvieron que adaptarse a un ritmo de trabajo diferente, espacios reducidos, cambios en las rutinas, además viendo el entorno de las aulas que ocuparon muchos de esos alumnos en sus inicios, en un estado lamentable”, afirmó otra maestra.

Agregó que no pudieron comenzar las clases con normalidad, ya que el área destruida “fue cercada recién el 6 de marzo; la cerca fue hecha con malla sombra. Las aulas móviles llegaron unas semanas después y el mobiliario a fines de abril”.

Vecinos se ofrecieron a reconstruir el lugar; sin embargo, Primaria lo rechazó: el motivo era que la institución era la encargada de hacerlo. Sin embargo, maestros y alumnos siguen conviviendo en zonas con peligro de derrumbe, riesgoso también para quienes rondan la zona.

Hoy, a fines de mayo, Primaria no ha comenzado las obras en el lugar y la pregunta sigue siendo: “mamá, ¿voy a ir a una escuela rota?”. Cientos de viviendas fueron destrozadas, pero sus ocupantes lograron reconstruirlas y para ellos hoy el tornado es sólo una anécdota… Mientras, los niños de la Escuela 13 siguen esperando.

Claudia Barrios