El Fondo Social de la Construcción, una conquista de los obreros uruguayos

LAS HERRAMIENTAS ESTÁN

 

Fondo Social de la Construcción / Foto: Facebook FSC

Es fácil reconocer a los hijos del trabajador de la construcción en una escuela o liceo. Todos llevan la mochila, que año a año cambia el color y el diseño, pero siempre reza “Fondo Social de la Construcción” (FSC) . La iniciativa es uno de los cuatro fondos conquistados por el Sindicato Único Nacional de la Construcción y Anexos (SUNCA), y se mantiene mediante el aporte bipartito de empresarios y obreros activos del sector.

SdR conversó al respecto con Enrique “Toto” Núñez, referente del Fondo de Capacitación de la Construcción (FOCAP) y Leonardo Molina, Secretario General del FSC. “Los cuatro fondos tienen funciones diferentes, aunque todos apuntan a lo mismo: mejorar las condiciones de vida y de trabajo. Algunas son reivindicaciones históricas y otras fueron surgiendo a través de las luchas“, explicó Núñez.

El Fondo de Vivienda de los Trabajadores de la Construcción (FOSVOC) se creó por convenio colectivo en 1967. Con la instauración de la dictadura, su objetivo se vio truncado. Sin embargo, en 1970 surgió la experiencia de la cooperativa de ayuda mutua Covisunca, que aún existe, y donde viven 520 familias. Según José Ignacio Otegui, presidente de la Cámara de la Construcción y del FOSVOC, en tres años se podrá llegar a 4500 préstamos para refacción y construcción de viviendas.

En 1993, durante el gobierno de Luis Alberto Lacalle y en protesta contra medidas de corte neoliberal, se llevó a cabo una huelga histórica del SUNCA que duró 83 días. Los reclamos eran la reanudación de la negociación colectiva, la modificación de las pautas salariales y la creación de un Fondo Social en el que aportaran trabajadores y empresarios para generar políticas sociales.

Primero se relevó qué era lo que más se necesitaba, que resultó ser odontología y computación. Esos fueron los primeros beneficios del fondo. Después se sumaron los sets de útiles pero sin mochila“, acotó Molina.

Pero a causa de la última crisis económica se fijaron otras prioridades. “En 2002 empezamos a dar una canasta de víveres con esos fondos, inclusive a los desocupados“, recordó Núñez. “Pero después que se superó esa crisis empezamos a agregar más beneficios como ópticas, psicólogos, excursiones donde el fondo paga 70% de la locomoción”, agregó Molina.

Actualmente hay cerca de 45000 aportantes al FSC y los beneficios se han multiplicado. Se entregan entradas para el cine todas las vacaciones de julio, se dictan talleres culturales como canto, guitarra, percusión, acrobacias en tela, teatro para niños y adultos, y clases de danza. Se imparten clases de artes marciales, boxeo, y existen acuerdos por departamentos con diferentes clubes deportivos.

El Fondo financia 50% de la atención psicológica, odontológica, oftalmológica y de ortodoncia para quienes la necesiten. También existe un acuerdo con una empresa de terapia convencional y alternativa del dolor y una clínica para el tratamiento del consumo problemático de sustancias psicoactivas. Las trabajadoras también reciben una orden de compra en pañales y productos para el bebé por seis meses. Además de los obreros en actividad y su núcleo familiar, pueden acceder a los beneficios todos los jubilados del rubro y sus cónyuges. “Las herramientas están”, señaló Núñez con ahínco.

Además del FSC y del FOSVOC existen otros dos fondos de gestión bipartita conquistados por el SUNCA: uno de ellos es el Fondo de Cesantía y Retiro (FOCER), logrado en 2008. Núñez cuenta que su creación se debe a que “los trabajadores, cuando terminaban la obra, no tenían el derecho a despido”. Por esa razón, “se crea un fondo por ley, donde participan las cámaras [empresariales], el sindicato y el gobierno. Los empresarios están obligados a aportar para que si el obrero se queda sin trabajo, el fondo funcione como un despido“. Y acotó: “un despido es un 8% [del ingreso anual]. Se ha llegado al 5%, pero estamos peleando para que ese fondo cubra un despido completo“.

Otro de los fondos, el FOCAP, tiene por objetivo “la transferencia de conocimientos, la actualización tecnológica y de habilidades que sirvan para facilitar salidas laborales o generar nuevos empleos“. Hasta ahora han sido capacitados a través del programa alrededor de 1200 trabajadores, al tiempo que más de 100 jubilados están capacitados como instructores y se dictan 120 cursos por año, según información oficial.

Nosotros también tenemos un convenio entre el FOCAP y el Instituto Nacional de Rehabilitación (INR) para capacitar a presos. Hacemos cursos en las cárceles para que el preso pueda salir con un oficio”, agregó Núñez. “El INR te da una selección de presos para capacitar. El curso que ellos hacen dentro de la cárcel lo dan jubilados de la construcción y se les entrega un certificado que les permite conseguir trabajo afuera, pero también generar una cultura diferente y que no vuelvan a delinquir“.

Verónica Pellejero