Con Paulina Szafrán, próxima directora del Instituto de Información de la FIC

RELEVOS Y DESAFÍOS

Paulina Szafrán. Foto: SdR

La andadura iniciada en la Facultad de Información y Comunicación (FIC) arrancó con nuevas instalaciones y también con relevos en sus respectivas direcciones. El Instituto de Información (II) eligió a la única candidata, propuesta por docentes y estudiantes. Se trata de la bibliotecóloga Paulina Szafrán, docente grado tres de larga trayectoria y magister en Gestión Cultural, que asume con el desafío de relevar a uno de los docentes más identificables con la antigua Escuela Universitaria de Bibliotecología y Ciencias Afines y con la labor fundacional de la nueva Facultad, Mario Barité. SdR conversó con la nueva directora sobre las líneas de trabajo que se propone llevar adelante en su gestión, que será interina.

En el plan de trabajo que acompañó su candidatura se refiere al desafío de consolidar la estructuración del Instituto por departamentos, introducida por el Plan 2012 pero nueva todavía. ¿Qué dificultades ha encontrado el tránsito desde una currícula construida sobre asignaturas singulares anuales hacia la departamentalización y los cursos semestrales?

—Teníamos una estructura por departamentos, pero no funcionaba como tal. Por otra parte, las nuevas definiciones llevaron a construir departamentos conjuntos entre las carreras de Archivología y Bibliotecología, que antes no se cruzaban. La visión actual requiere que los docentes trabajen por áreas, lo que no se compadece con que yo venga a dictar mi materia —como dicen varios— y me marcho. Esa tarea de construir departamentos implica la labor de investigación —obviamente, dentro de la carga horaria que nos corresponde— e involucramiento del docente en las funciones universitarias, en el marco de su expansión. Con el plan de estudios nuevo —”nuevo” aunque sea de 2012, en tanto aun no tenemos egresados por este plan— esa visión se traslada también a la visión de los estudiantes, en la medida en que implica que cuenten con actividades de extensión y de investigación que otorgan créditos. Para esto el funcionamiento del departamento con el necesario involucramiento docente es fundamental y refiere a la necesidad de una formación continua. Es todavía reciente la incorporación de las funciones de posgrado y, si bien los más jóvenes que se están formando tienen clara esa necesidad, en otros persiste la visión anterior por la que, alcanzado un grado tres, la formación está completada. De modo que hay mucha adaptación pero persiste allí una brecha que el proceso de la nueva facultad en el nuevo local va a facilitar reducir. También concurre a ese proceso el que los estudiantes estén reclamando cosas: “necesitamos un docente que nos oriente en esto”, que vaya más allá del espacio de aula. Y eso se contagia, también; promueve planes y reuniones de trabajo, planes por departamento que, antes, como instrumento no estaban.

Los estudiantes también están obligados a construir su carrera por áreas o módulos, a redondearla de manera más particular y orientada a sus propios intereses.

—Sí, y está bien que se reclame una orientación. No obstante, ha surgido también, en distintas actividades, por ejemplo en las jornadas de extensión, un reconocimiento: Muchos nos quedamos esperando a que nos vengan a solucionar, cuando acá ahora se ofrece mayor independencia para definir los trayectos individuales. El docente está disponible para orientarlos en función de su perfil. Pero esa flexibilidad nueva en los planes tiene este juego [para el estudiante]. Recuerdo que en las jornadas de discusión del plan y en el Claustro se anticipaba que los planes iban a ser muy caros y laboriosos de instrumentar, pero ahora vamos viendo lo nuevo de la instrumentación sobre la marcha, y ya estas nuevas generaciones nos agarran de otra manera. Desde el primer semestre proponemos que tengan el plan de estudios siempre a mano y que generen un diálogo. Y sí, ha sido un proceso al que a nosotros también nos ha costado acostumbrarnos.

¿Se ha previsto un ciclo de materias iniciales comunes para ambos institutos?

—Sí, está planteado, pero, paradójicamente, tenemos problemas de información y comunicación: no sabemos qué hacemos, respectivamente. Y a menudo, no solamente entre institutos sino entre un departamento y otro. De modo que el punto de arranque es conocer qué hace cada departamento y se ha comenzado a poner en pie el diseño de una modalidad de trabajo común. Por ejemplo, con los estudiantes, se piensa en proyectos conjuntos en las convocatorias a proyectos de extensión e investigación estudiantiles. Hay experiencias de trabajo conjunto, pero se debe poner más acento en esos procesos, más allá de los cursos, así como trabajar en los otros ámbitos.

Entonces, se proponen alguna integración entre docentes…

—Entre docentes también, así como entre estudiantes que interactúan. En concreto, en la definición de las convocatorias a proyectos de extensión comunes y en la integración de la estructura de apoyo a las funciones universitarias. Esa puesta en común no va en desmedro de los ejes disciplinares de las carreras, que son tres licenciaturas desde la puesta en marcha del Plan 2012 (antes Archivología era una tecnicatura).

Los estudiantes de Comunicación no tienen apenas idea, por ejemplo, sobre la carrera y el campo de la Archivología, ni mucho tampoco sobre el de Bibliotecología, más allá del uso de las bibliotecas. Ahora, al menos, la grilla de horarios conjunta las hace más visibles.

—Claro, esta nueva habitación conjunta es otra cosa y nos estamos descubriendo. Yo, al menos, recorría fascinada las instalaciones, por ejemplo el área de audiovisual, viendo cuánto más apropiado es disfrutar de un espacio adecuado para funcionar y también de un lugar de comunicación común en este hermoso edificio. Para empezar, ¡la nueva biblioteca, maravillosa!

Mencionaba en su propuesta la necesidad de aumentar la matrícula en las carreras a cargo del II, trabajando desde la dirección y promocionando las disciplinas. Parece un propósito contrario sensu a lo que sucede en Comunicación.

—Sí, puede ser. Se trata de una línea de trabajo desarrollada desde mucho tiempo atrás, en particular en secundaria: ver qué imaginarios y representaciones circulan en los liceos y transmitir a los liceales cuáles son las actividades profesionales concretas que hemos desarrollado, con un sentido de realidad para las posibilidades de inserción laboral. Para ese desafío, si yo tuviera las herramientas, empezaría por aumentar la oferta de horarios de curso. Bibliotecología se cursa solo en la mañana, desde otra época en que quien estudiaba no trabajaba. Ahora todos trabajan e incluso acceden a empleo en estas áreas ya desde estudiantes, al punto de que algunos suspenden sus cursadas, no por desaliento sino por un conflicto de horarios. Tenemos que instrumentar modalidades para la carrera que no tranquen las posibilidades de cursar. Sabiendo que no tenemos recursos para duplicar los cursos hacia horarios nocturnos.

¿Se podría pensar en trasladar la misma oferta hacia la noche?

—Sí, pero también nos encontraremos con que, si bien este edificio está divino, ya cuesta conseguir salones a partir de las 18. Como sea, el tema de la matrícula preocupa y deberemos mejorar la difusión de estas carreras, y no se trata solo de una tarea de la dirección sino que también debe serlo para el cogobierno, además de la Comisión de II. Ahora contamos con una extensión horaria para un docente, con destino a la promoción de las carreras, pero es una tarea para todos los órdenes, a la vista de que hay una demanda. Hay trabajo, y eso comprende a los estudiantes, por ejemplo mediante las pasantías remuneradas.

Resulta bastante opaca la naturaleza del trabajo de estas profesiones, en particular la de los archivólogos. ¿Sería posible apoyarse en la divulgación con algún material de comunicación?

—Sí, es verdad. Está en la conceptualización de los funcionarios darle otra apertura, pero evidentemente es algo que cuesta. Y en esa dirección puede colaborar la tarea de la facultad, en particular la necesidad de créditos obligatorios en proyectos de extensión e investigación para los estudiantes: el hecho de que deban salir a conocer esas realidades y luego proporcionar una retroalimentación para la sociedad y el trabajo con otras carreras. Eso ya se ha tornado importante, en particular por el plan de estudios: tanto el PAIE [Programa de Apoyo a la Investigación Estudiantil] como los proyectos de extensión de la FIC y luego los centrales. Por otra parte, tenemos las carreras en Paysandú.

¿La carrera está efectivamente radicada en Paysandú?

—Está arraigada, con una permanencia que comenzó en el anterior Centro Universitario de Paysandú y se renueva hoy en el CENUR [Centro Universitario Regional], que tiene ya una buena institucionalización e instalaciones. La formación es equivalente con la de Montevideo y con presencialidad, más allá de algunas capacitaciones a distancia que luego incorporamos. Este año comenzó una nueva generación —es la tercera que se pone en marcha—, con la particularidad de que allí es mucho mayor la incripción en Archivología que en Bibliotecología. Pero es una experiencia que se podría llevar a otras localidades, que se comenzó a desarrollar en Rivera, donde se formó una cohorte. Al principio se trató de experiencias con rotación de los docentes, y ahora tenemos algunos docentes radicados allá, egresados de la primera generación, de 2006, a partir de llamados para tareas de apoyo y articulación, pero integrados en los departamentos. En realidad, es un proceso cuya continuidad tenemos que seguir evaluando, y se discute cómo hacerlo. Los cursos se ofrecían desde semestre par, para balancear el trabajo con Montevideo, y ahora hemos debido comenzarlos en marzo, a partir de una demanda local, aunque con bastante esfuerzo para los docentes que viajamos. Ya disponemos de dos evaluaciones, interna y externa, en torno de eso y veremos cómo continúa, en particular en el contexto de la nueva facultad.

En su plan de trabajo propone que la promoción de la carrera docente será un eje importante del trabajo, alentando cambios de grado, efectivización de cargos, la exclusividad y la alta dedicación para los docentes que cuenten con los méritos e interés para ello.

—Eso tiene que ver con las desigualdades a las que hice referencia antes. La igualdad obviamente debe ser promovida, en torno de las múltiples variantes que asume hoy la función docente más allá de concurrir a dar clases para una materia. La carrera docente implica esfuerzos. Antes era más fácil llegar a un grado 3, a partir de los requerimientos que establecimos para los grados 1 y 2. Hoy esto ha cambiado mucho y rápidamente. Por ejemplo, tenemos una maestría y se aspira a que los docentes sean sus propios egresados. Promover la carrera docente es necesario, sí, pero eso está asociado al esfuerzo de la persona, que es acompañado por el esfuerzo institucional. Si no, se generan diferencias que no son coherentes. Por otra parte, la gente apuesta más en esta nueva realidad, que es distinta de la anterior: los grados 5 que tenemos ahora fueron, durante muchos años, grados 3 con 15 horas y llevaban adelante todas las funciones docentes y la institución al hombro. Yo fui grado 1 con seis horas semanales durante ocho o nueve años. Eso fue así porque no había ninguna posibilidad de avance en la carrera docente, por razones económicas. Esa historia también debe ser compartida, porque ha costado mucho llegar a lo actual, aunque veamos su insuficiencia.

¿Sería deseable una diversificación de la oferta a través de alguna experiencia de Universidad de la República atractiva para el II?

—Sí. No quise incluir a Museología en el plan de trabajo para no incurrir en compromisos, pero cuando hablo de las ofertas de grado y de algunas otras de posgrado, podría alentar esa idea. Sería muy interesante contar con esa formación en este contexto, tal como se ofrece en otras universidades, aunque no puedo facilitar un compromiso en esa dirección. Pienso que, a medida que nos vayamos consolidando, mejoraremos la oferta, por ejemplo a nivel de posgrado, con algunas diplomaturas posibles que abren lo transversal. Se estuvo trabajando en una propuesta con el Centro de Fotografía de Montevideo para ofrecer un diploma en Fotografía, y a partir de una articulación entre ambos institutos, con participación de todas las visiones disciplinarias pertinentes.

Todas las carreras cortas tienen una demanda enorme y se transforman en una puerta de entrada a la universidad.

—Claro. Teníamos la tecnicatura en Archivología, que ahora es licenciatura, pero podríamos pensar en una formación que nucleara a las tres carreras. Está disponible la Maestría en Información y Comunicación, cuya primera cohorte es anterior a los nuevos planes de estudio y la facultad, pero deberíamos complementar la oferta de posgrados, y hacia eso puede colaborar la creación de tecnicaturas.

Recoge también en el plan la promoción de líneas de investigación con interdisciplinariedad hacia las líneas de investigación del Instituto de Comunicación, más allá de las existentes en el Programa de Desarrollo Académico de la Información y la Comunicación (Prodic).

—Sí. Allí pasó algo: en el Prodic habían surgido las líneas de investigación que fueron el eje principal que dio lugar a la maestría, pero quedaron al margen otras líneas sugeridas. Ahora debemos definir nuevamente esas líneas y la actual estructura por departamentos debería facilitarlo: tal departamento trabaja en tal tema, por ejemplo. Se tratará de ar­ticular contenidos desde distintos departamentos para poner en pie líneas de in­ves­tigación comunes. Esos nexos necesarios están más claros en el Prodic, donde los equipos ya son de por sí interdisciplinarios.

—¿Toda esa horizontalidad necesaria habla de invertir en mucha comunicación interna?

—Es esa la tarea que se va a tener que hacer: trascender las formalidades y buscar los nexos. Por eso ponía énfasis en el rol articulador de las direcciones de instituto, que ya tienen habilitado un papel diferente de los del decanato. Pueden abocarse a cómo relacionar distintas áreas de conocimiento, cómo vincular las disciplinas del instituto, cómo articular en la interna y, también, cómo articular con el equipo de decanato. Me parece una definición para esta función.

Ariel Collazo