Modelos educativos alternativos en Uruguay

OTROS CAMINOS

Colegio Ceni. Foto: Lucía Carnales

Una gran ronda de alumnos y maestros en el salón principal, un verso, una meditación grupal. Esa es la forma de dar inicio a la jornada del colegio Rudolf Steiner para conseguir ese estado de ánimo que se necesita para arrancar el día.

En este colegio, al que concurren alrededor de 140 alumnos, no se utiliza uniforme y no hay pruebas de rutina. Aquí no se enseña educación física desde lo competitivo, sino la Euritmia, el “arte del movimiento”. Tampoco la informática tiene lugar. Son las artes quienes ocupan un rol protagónico.

En Uruguay existe una normativa que establece que los colegios privados pueden funcionar de forma habilitada o autorizada. Mientras los colegios autorizados tienen libertad en el diseño del programa educativo, en la forma de aplicarlo y en la evaluación, los habilitados se deben ajustar al sistema público. Actualmente, en Montevideo existen 10 colegios autorizados, además de otros tantos que están en trámite para su autorización.

El consejero de Educación Primaria, Héctor Florit, señaló a SdR que los colegios autorizados solamente son supervisados a los efectos de higiene, orden y seguridad pública. El control, fundamentalmente, se realiza sobre el local y los docentes, ya que se requiere que estén titulados. Además, a los estudiantes se les exige dar el examen de egreso para ingresar a la educación media. Pero existen muchísimos colegios, explicó Florit, que tienen autorizaciones provisorias por razones edilicias, ya que para las instituciones es difícil cumplir con todas las exigencias del sistema. En esos casos se les da un tiempo mientras las alcanzan, y en ese transcurso se puede dar clase.

Este es el caso del colegio Rudolf Steiner. Alejandra Franco, maestra de la escuela y madre fundadora, indicó en diálogo con SdR que el colegio, ubicado frente al Estadio Charrúa, ha crecido mucho en cantidad de alumnos y eso hizo necesario incrementar también los espacios físicos. Por esta razón, al día de hoy el colegio está en trámites de autorización. Allí se utiliza la pedagogía Waldorf, que en 2019 cumple sus 100 años de existencia. Fundada por el científico y pensador austríaco Rudolf Steiner, la pedagogía actualmente tiene presencia en varios países de todos los continentes. En Uruguay está presente desde 1969.

Cuando los alumnos llegan a sus aulas se hace una ronda para comenzar con la hora principal,  denominada “época”. En este espacio, que dura la primera hora y media de cada clase y se extiende durante semanas, se aborda una sola asignatura, por ejemplo, matemáticas. Luego, se rota de materia para permitir que los niños se acerquen a otra temática.

Colegio Rudolf Steiner. Foto: Colegio Rudolf Steiner

Los niños aprenden a leer y a escribir en 1er año, pero de forma muy lenta. Cuando llegan a esa instancia, sólo conocen las letras mayúsculas y las cuatro operaciones del 1 al 10. Recién en 2do año se introduce la minúscula, y en tercer año se enseña la cursiva. Franco señaló que el proceso de enseñanza es muy diferente al de otras instituciones, porque esperan a que el niño esté maduro para aprender ciertas cosas. También agregó que trabajan con un médico escolar para determinar ciertos cambios de madurez en el niño, como puede ser el cambio de dientes y el manejo del equilibrio.

“Nosotros trabajamos con individualidades, no con grupos sino con niños”, destacó Franco. A cada niño lo vemos con las características que tiene, prestamos atención a su temperamento, a su comportamiento social, a su relacionamiento, concluyó.

Los niños, al principio, tampoco utilizan lápices de escribir, usan crayolas para dar énfasis al color. Además, sus cuadernos no tiene renglones. Se utilizan todavía las pizarras negras para que el maestro pueda dibujar con colores y la letra llegue al niño desde el color. Y hay un cuidado muy especial del ambiente, los empleados siempre son materiales nobles y no se utiliza el plástico.

Además, se hace mucho hincapié en el arte. Los niños tocan instrumentos desde 1er año de escuela. Empiezan aprendiendo a tocar la flauta pentatónica, y terminan conformando una orquesta al final de la primaria.

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Otro colegio autorizado en Montevideo es el Centro de Educación Natural e Integral (CENI), ubicado en el barrio Brazo Oriental. Este centro de enseñanza utiliza el Método Natural e Integral creado por Cledia de Mello de Tourné, una maestra uruguaya que inició su carrera dando clase en escuelas públicas rurales y, al palpar las carencias y contradicciones del sistema educativo, sintió la necesidad de generar grandes cambios.

De Mello planteaba que los niños del campo de pronto tenían que estudiar algo que nunca habían visto, como el mar, y sin embargo no sabían nada de la tierra que los rodeaba, señaló a SdR la coordinadora del colegio Nelly Cáceres. Por esto, De Mello comenzó a pensar en otra manera de construir el conocimiento, desde una base que fuera más práctica y que tuviera en cuenta no sólo lo cognitivo, sino también lo emocional y lo social. “Había un montón de niños con un montón de conocimientos, de intereses y con una avidez propia de la edad, que de repente se trancaban, lo que generaba el fracaso escolar”, indicó Virginia Bosco, tallerista de música y bibliotecóloga del colegio.

En 1981, De Mello y la actual directora de la institución, Cristina Etorena, fundaron una escuela “laboratorio” que hasta el día de hoy se tilda de innovadora, porque allí no solo se busca enseñar los contenidos establecidos, sino también canalizar toda la información que ya traen los niños de sus vivencias cotidianas. De Mello siempre decía que no existe la metodología educativa perfecta, pues debe aggiornarse a cada época. El niño está inmerso en una sociedad muy dinámica, por lo tanto los contenidos y las formas educativas tienen que ser igual de dinámicas que la sociedad, señaló Cáceres.

Colegio Rudolf Steiner. Foto: Lucía Carnales

Una particularidad del CENI es que se trabaja con un currículo concéntrico: no hay un tema que sea propio de una edad particular. Cáceres afirma que en otra época la enseñanza pública tenía establecidos determinados temas para cada clase, por ejemplo, en 3er año se trabajaba con el suelo, aunque el suelo los niños lo viven desde que nacen. En 4to año el agua, recién en cuarto, cuando el agua forma parte de su propio cuerpo. El aire en 5to, y nada menos que la luz y la energía en 6to.

La biblioteca en el colegio es algo que forma parte de la vida de la escuela desde nivel 1, por lo tanto la lectura se promueve desde que ingresan. A diferencia del colegio Waldorf, donde el proceso de lectoescritura se trabaja muy lentamente, en el CENI la escritura comienza en jardín 3, aunque es en nivel 5 donde la totalidad de los niños escribe de una forma corriente.

Otra de las características de esta metodología es que es una herramienta muy buena para generar la inclusión entre pares. Cáceres manifiesta que el colegio fue bastante vanguardista en llevar adelante una verdadera inclusión, más allá de la integración. Bosco indica que el 18 por ciento de los alumnos tienen alguna discapacidad.

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No muy lejos del CENI se encuentra otro colegio autorizado, el Instituto Crecer (INCRE). Ubicado en el barrio Atahualpa y fundado en el año 1994, el instituto ofrece una propuesta educativa que tiene en cuenta el cuerpo, la mente, la emoción y el espíritu. Al igual que el colegio Waldorf, el INCRE tiene una forma particular de comenzar el día. Los chicos ingresan 8:15 y tienen un espacio de 15 minutos llamado “armonización”, un espacio que puede ser de juego, respiración o meditación.

En el INCRE no hay timbres. Existe un un recreo de 30 minutos que no es fijo, y varía de acuerdo a la dinámica de cada clase, lo que implica que no se corte un tema a la mitad para salir al recreo, sino que el maestro tenga flexibilidad para manejar los tiempos.

En diálogo con SdR, Juan Kiss, director del área extracurricular del colegio, señaló que la propuesta del INCRE se basa en cuatro pilares: el autoconocimiento, el contacto con la tierra, la alimentación y la expresión, para así trabajar el aspecto emocional. “Nosotros no nos aferramos a ninguna línea de trabajo”, indica Kiss. “Sí tenemos unos pilares en donde tratamos de desarrollar herramientas, desde lo energético principalmente, pero estas son muy dinámicas”, agrega.

Los fundadores del colegio son Miguel Domínguez y Alicia Montes de Oca, que actualmente son maestros jubilados pero siguen siendo parte de la propuesta educativa, dando talleres para padres bajo el nombre de “Ludosofía”. Allí se apunta al crecimiento personal de los padres, para que luego esto se refleje en la educación de los niños.

“En el INCRE buscamos que los niños sean autónomos, reflexivos, que realmente entren en un proceso de autoconocimiento y reconozcan que la solución está en ellos y no en el afuera. Ese es el perfil de niños que buscamos que salga al mundo, no en una burbuja”, señala Kiss.

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Ken Robinson, educador, escritor y conferencista británico, piensa que la creatividad es, en los tiempos que corren, tan importante en la educación como la alfabetización. En la charla TED “¿Las escuelas matan la creatividad?”, Robinson cuestiona la capacidad de los sistemas escolares para cultivar la creatividad y reconocer varios tipos de inteligencia.

Para Robinson, la creatividad es el proceso de tener ideas originales con gran valor, ideas que casi siempre ocurren cuando distintas disciplinas colisionan. Además, para llegar a generarlas hay que estar abierto a equivocarse. No obstante, indica que en la actualidad se están administrando sistemas nacionales de educación en donde los errores son censurados. El resultado de esto es que se educa a la gente para que dejen de lado sus capacidades creativas.

Robinson señala que no existían sistemas educativos antes del siglo XIX, que todos surgieron para llenar las necesidades de la industrialización. De esta forma, y a partir de ese momento, se generó una jerarquía que se basa en dos ideas: primero, que las materias más importantes son las más útiles para el trabajo, y segundo, que existe una “habilidad académica” que, actualmente, domina nuestra visión de la inteligencia. La consecuencia es que muchas personas talentosas, brillantes y creativas piensan que no lo son, porque aquello para lo que eran buenos en la escuela no era valorado o incluso era estigmatizado. Para Robinson, entonces, es necesario cambiar radicalmente nuestra visión de la inteligencia.

Lucía Carnales