Antropóloga planteó que el cine latinoamericano se ve poco en América Latina

OTRAS PANTALLAS

 

Panelistas de la charla. Foto: Verónica de Franco

La antropóloga mexicana Ana Rosas Mantecón acudió semanas atrás a la Facultad de Información y Comunicación (FIC) para dar una conferencia sobre el cine latinoamericano y su desarrollo, al que ella califica como emergente de una post-crisis. Además, presentó su último libro, Ir al cine: antropología de los públicos, la ciudad y las pantallas, donde habló detalladamente sobre la investigación acerca del público y el cine en América Latina.

La antropóloga comenzó por describir las nuevas invenciones del cine, tras la crisis que sufrió la producción latinoamericana el siglo pasado. Según dijo, a partir del siglo XXI se dio un auge en la diversificación de las productoras cinematográficas latinoamericanas, que de hecho, han comenzado a tener mucho más reconocimiento internacional. Según añadió, desde ese momento no solo aumentaron las productoras en países que ya solían producir, sino que también se crearon productoras en lugares donde antes no existían.

A su vez, informó con datos estadísticos sobre la mejora de productoras inexistentes o precarias. Según dijo, las productoras que tradicionalmente cuentan con más contenidos audiovisuales son de Argentina, Brasil y México, pero en los últimos tiempos se han sumado países como Colombia, Perú, Venezuela y Chile. Estos países se han recuperado tras una gran crisis en el Siglo XX, que llevó a descontinuar los productos de cine, explicó la académica, quien añadió que esta creciente productividad es paulatina y que a causa de ciertas restricciones, la producción no ha podido competir en el mismo nivel que productoras internacionales de Estados Unidos como Universal, Twentieth Century Fox y Disney.

Según Mantecón, las razones del crecimiento lento tienen que ver con la monopolización de las pantallas en las que se proyecta cada película, además de las limitaciones que existen en cada nación al momento de distribución del producto, la desigual infraestructura de cada país, y el desencuentro con el público.

Para la autora, no todos los países están en las mismas condiciones respecto a las condiciones de sus instalaciones de servicios de cine. De acuerdo a su relato, en muchas ocasiones, el cine más cercano para determinada población puede encontrarse a más de 10 kilómetros de distancia, lo que hace que no todos puedan llegar fácilmente. Según la antropóloga, también debe analizarse el costo de la entrada para ver la película o la cantidad de salas en las que se proyecta.

Además, planteó que no siempre las películas latinoamericanas son proyectadas en múltiples salas de manera simultánea, principalmente porque no existe garantía de que la película vaya a ser vista por una cantidad considerable de personas. Para comprobarlo, realizó varias comparaciones, como la del estreno de una película estadounidense como Batman vs Superman (2016), estrenada en 80 países y la argentina El Clan (2016), estrenada en 19 países.

Poco espacio

Por otra parte, Mantecón dijo que el tema de la distribución de las películas latinoamericanas se ha restringido y trabajado poco. Según planteó, sólo en algunos países existen políticas específicas para darle un espacio a sus propias producciones cinematográficas y a las latinoamericanas. La investigadora agregó que las políticas se relacionan con “las cuotas de pantalla, las garantías  de continuidad de que una película una vez estrenada permanezca  aunque sea una semana en cartelera”, y también habló de “espacios específicos para recibir el cine nacional”, por ejemplo en Argentina a través del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales.

Otra restricción de las que habló fue la no exhibición de películas latinoamericanas en países vecinos, como el caso de El abrazo de la serpiente (2015), que según consideró, “pasó desapercibida prácticamente por la mayoría de los países latinoamericanos”. “También hay excepciones, que son interesantes de contar, para comprender cómo llegaron a concluir este problema, como Las sietes cajas (Paraguay) o Relatos Salvajes (Argentina). La suerte que tuvieron ambas películas se relaciona con la distribución y el papel inteligente para la publicidad y para su puesta en escena en muchos países”, aseguró. Sobre El abrazo de la Serpiente, nominada a los premios Óscar recientemente, Mantecón también planteó que se trató de una producción simultánea entre Colombia, Venezuela y Argentina, y dijo que este formato de asociación ha favorecido en gran medida a la industria cinematográfica latina, porque cuando la película es de dos o tres países, resulta fácilmente accesible la distribución o co-distribución.

La investigadora también abordó el cine online, del que dijo que comenzó a aparecer desde finales de la década de los noventa y que en la actualidad cada vez son más los usuarios que utilizan plataformas del estilo de Netflix, Hulu, Amazon TV o Filmin. Para Mantecón, esta es una nueva forma de aprovechar la exhibición de las series o películas, aunque consideró que su popularidad aún no es comparable con la de plataformas de música online como Itunes, Spotify o Google Play Music.

Rosario Radakovich, docente de la FIC, y Hugo Achugar, ex-Director Nacional de Cultura, fueron los encargados de comentar el libro de Mantecón. Radakovich planteó la importancia que el libro tiene para la Licenciatura en Comunicación de la FIC. Por su parte, Achugar repasó la historia del cine uruguayo y lo comparó con países donde la industria se desarrolló mucho más rápido como México. El académico eligió repasar momentos determinados de la historia del cine uruguayo y lo comparó con países donde esta industria se desarrolló mucho más rápido. Principalmente lo contrastó con México, ya que Mantecón habla en la obra específicamente de su país. “1946, una fecha muy fuerte que tiene que ver con la industrialización y cómo esto permite crecer la industria de cine mexicana. Lamentablemente Uruguay no acompaño eso. Lo decía la generación de 1945 en Uruguay, que contribuyó a crear lo que durante muchos años se dijo, de que prácticamente no se hacía cine, porque era un país de críticos. No éramos capaces de producir, éramos capaces de criticar  y penalizar”, expresó el escritor.

Verónica De Franco