El efecto de las noticias falsas divulgadas por políticos en Twitter

PIENSO, LUEGO PUBLICO

Captura de pantalla del tuit de Ana Lía Piñeyrúa.

Twitter se ha convertido en una herramienta indispensable de los políticos, para interactuar e influir. La red social  fue creada en 2006 por el estadounidense Jack Dorsey y en la actualidad cuenta con más de 500 millones de usuarios en todo el mundo, lo que la convierte en una de las redes más populares de internet. La principal característica de Twitter es que cada mensaje no puede exceder los 140 caracteres; sin embargo, este límite se compensa con la posibilidad de acompañar el texto con fotografías y vídeos. La inmediatez con la que se pueden recibir y producir mensajes es una de sus principales ventajas, y esta es una de las razones por las que esta red social es una herramienta utilizada por los medios de comunicación: se puede informar sobre un hecho que está sucediendo en cualquier parte del mundo en tiempo real.

Por esta razón, Twitter también fue adoptado como herramienta política. La red social establece un modelo de comunicación bidimensional, lo que significa que los mensajes no solo son producidos por los políticos, sino que los internautas también pueden producir sus textos y debatir para hacer oír su voz. De esta manera, el uso de Twitter puede considerarse como estrategia que le permite a la población ver que el político está interesado por interactuar y escuchar las inquietudes de sus posibles votantes; a la vez demuestra que el mandatario busca mantenerse al día.

Se puede considerar que uno de los factores importantes que atraen al político a utilizar Twitter es la posibilidad de generar mensajes claros y concisos que llegan inmediatamente al público sin la necesidad de pagar por espacios en los medios de comunicación tradicionales (radio, televisión y diarios); también,  la posibilidad de manipular a través de los mensajes.

La campaña de “Yes, We Can” como pionero de la política en Twitter

Uno de los primeros políticos en utilizar las redes sociales para su campaña electoral fue el estadounidense Barack Obama, quien actualmente es el mandatario con más seguidores en Twitter, aproximadamente 90 millones. Con el eslogan “Yes, we Can”, el primer presidente afroamericano llegó a la presidencia de Estados Unidos en noviembre de 2008. Si bien Obama utilizó otras redes sociales como Facebook y MySpace, Twitter fue fundamental a la hora de generar encuentros y comunicar información sobre su campaña. Volviendo a la idea de bidimensionalidad, en 2011, mientras Obama estaba en la presidencia, fue el primer mandatario en realizar una entrevista vía Twitter en el que sus seguidores fueron los que preguntaban.

Gráfico: Sdr

Al analizarse el impacto positivo de esta red social como herramienta política, su uso comenzó a expandirse alrededor del mundo. En Uruguay uno de los primeros dirigentes en utilizar Twitter fue el senador por el Partido Nacional Jorge Larrañaga, quien se unió a la red en noviembre de 2008 (mes en que Obama ganó las elecciones en Estados Unidos). En la actualidad, Larrañaga cuenta con 63.300 seguidores y casi 13.000 publicaciones. Otro de los primeros políticos en abrirse una cuenta en Twitter fue el actual senador por el Partido Colorado Pedro Bordaberry, quien ingresó a la red en julio de 2009 y tiene 68.000 seguidores. Es el político con más publicaciones, casi 55.000 en total.

El político uruguayo más reconocido en la red es el senador por el Partido Nacional Luis Lacalle Pou, quien creó su perfil en 2010 y tiene 91.200 seguidores y 20.500 publicaciones. Un elemento a destacar es que los altos jerarcas del Frente Amplio no frecuentan esta red social: el ex presidente José Mujica no utilizó una cuenta durante su mandato entre 2010 y 2015, a diferencia del presidente Tabaré Vázquez, quien sí se creó una en marzo de 2009 pero hizo dos publicaciones y dejó de utilizarla.

No saber callar

Desde el “Yes, We Can” de 2008 a la política actual, es posible considerar que Twitter se convirtió en la red social más influyente de la política; incluso su uso ha incidido en la agenda política mundial. El ejemplo más claro de este impacto es el de Donald Trump, el actual presidente de los Estados Unidos. Desde el comienzo de su campaña en 2015, Trump ha generado impacto a causa de la gran cantidad de mensajes que publica, donde generalmente ataca a otra persona u organización. Desde que se unió a la red social en marzo de 2009, el actual presidente ha redactado más de 35.100 mensajes (en realidad es poco si se compara con el caso de Pedro Bordaberry en Uruguay, quien se ha unido a la red cuatro meses después pero ha publicado alrededor de 20.000 mensajes más).

Gráfico: SdR

En gran parte de sus mensajes en Twitter, el presidente de Estados Unidos ha acusado a los medios de publicar noticias falsas, ha presionado a las empresas automovilísticas para que inviertan en su país (“Toyota Motors dijo que va a construir una nueva planta en Baja, México, para construir autos Corolla para Estados Unidos. ¡DE NINGUNA MANERA! Construyan plantas en Estados Unidos o paguen un gran arancel”, publicó en enero de este año), ha generado tensión en Medio Oriente y hasta criticado las políticas contra terrorismo de países como Suecia e Inglaterra.

El uso compulsivo del estadounidense en la red social ha llegado a un punto en el que los medios y los internautas están atentos a cada paso que Trump haga en su cuenta. Por esta razón es que hasta un error tipográfico, en el que el mandatario confundió la palabra ‘coverage‘ (cobertura) con ‘Covfefe’, ha recorrido el mundo al ser compartido por millones de personas antes de que sea borrado. Por esta razón es necesario estar atento al factor de la inmediatez de internet y el hecho de que, en cuestión de segundos, un mensaje llega a millones de internautas. Por esta razón es necesario estar seguro de lo que se publica, en especial cuando es una persona pública.

Corroborar antes de publicar

En Uruguay hubo varios antecedentes de políticos que publican información errónea, lo que genera el efecto contrario al buscado. Por ejemplo, el 6 de julio de 2016 el diputado por el Partido Nacional Jorge Gandini publicó en Twitter el mensaje “Disculpe la Molestia. Rossi trabajando para ud. Ruta 20, en Río Negro, hoy” acompañado de una fotografía que mostraba a una ruta en mal estado y donde un camión acababa de desbarrancar. A los pocos minutos de su publicación, sus seguidores le hicieron saber que la foto había sido tomada el 26 de abril de ese mismo año y en realidad correspondía a una carretera del estado de Rio Grande do Sul, en Brasil.

Otro de los errores en Twitter más comentados fue el de la ex ministra de Trabajo y Seguridad Social, y ahora diputada por el Partido Nacional, Ana Lía Piñeyrúa, quien en enero de este año publicó una foto falsa en la que supuestamente se podía ver al actual presidente de la República, Tabaré Vázquez, durante la asunción de Juan María Bordaberry como mandatario en 1972. La ex ministra publicó la foto junto con el texto “¡Pica! Nuestro presidente en la foto. ¡Quién diría!” e inmediatamente fue objeto de burlas por los usuarios de la red social.

El caso más reciente se dio a principios de este mes, cuando el senador por el Partido Colorado José Amorín Batlle difundió en su cuenta de Twitter una falsa solicitud de subsidio para personas transexuales, en la que cuestionaba las preguntas del supuesto formulario desarrollado por el Ministerio de Desarrollo Social (MIDES), donde se hacían preguntas como “Apodo de guerra artístico”, ¿Cuándo fue ‘la primera vez’?” y “¿Cuándo fue violado?”.  Si bien el mensaje de Amorín Batlle estuvo en la red unos pocos minutos e inmediatamente fue borrado, eso no alcanzó para ser pasado por alto. En casos como este se demuestra la necesidad de corroborar la información que se publica en las redes sociales, ya que en cuestión de minutos una gran cantidad de usuarios acceden a ella y, a pesar de borrar el mensaje, el error no desaparece.

Rodrigo Guerra