Juan Raùl Ferreira recuerda los dìas del golpe.

PROHIBIDO OLVIDAR

Los golpistas allanando el Palacio Legislativo. Foto: focoblanco.com.uy

El pasado martes 27 se cumplieron 44 años del golpe de Estado. Conviene recordar: en 1971, Jorge Pacheco Areco encomendó a las Fuerzas Armadas la tarea de combatir a los tupamaros, creando la Junta de Comandantes en Jefe y el Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas. Tras las polémicas elecciones de noviembre de 1971, resultó electo presidente Juan María Bordaberry. En 1972 el Parlamento votó el Estado de Guerra interno y la Ley de Seguridad del Estado, que permitió lanzar una ofensiva desde el sistema político a la guerrilla.

El 9 de febrero de 1973, en respuesta al nombramiento del general retirado, Antonio Francese como ministro de Defensa, por parte del presidente Bordaberry, los militares emitieron el comunicado N°4 Planteaban la redistribución de las tierras, eliminar la deuda externa y reorganizar el servicio exterior, además de afirmar la lucha contra el Movimiento Tupamaro. El documento fue firmado por los altos mandos del Ejército y la Fuerza Aérea. Al día siguiente, tres ministros intentaron negociar en procura de un acercamiento, para reforzar la debilitada imagen del presidente. Esa misma noche, los militares emitieron el comunicado N°7, reafirmando el anterior; la Armada, que había apoyado a Bordaberry atrincherándose en la Ciudad Vieja, abandonó la posición constitucionalista.

Bordaberry acordó con los militares la creación del Consejo de Seguridad Nacional, integrado por el Presidente, los ministros, y el Jefe del Estado Mayor Conjunto, consagrando la coparticipación militar y civil en el Ejecutivo. En abril de 1973 el gobierno pidió al Parlamento el desafuero del senador del Frente Amplio, Enrique Erro, por eventual vinculación con el MLN. El Senado rechazó el pedido y el 27 de junio fueron disueltas las cámaras, se suspendieron las actividades políticas y se prohibieron a las organizaciones de izquierda. La central obrera CNT, comenzó la huelga general que duró hasta el 9 de julio. Comenzó así un camino de desconocimiento de todos los derechos individuales, con una etapa que marcó la página en 1976, con el asesinato de Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz. El período de facto finalizó en 1985.

Juan Raúl Ferreira recuerda el golpe

Sala de Redacción dialogó con el director de la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo, Juan Raúl Ferreira, hijo de Wilson Ferreira Aldunate. Y brindó un amplio testimonio recordando el episodio y todo el contexto que rodeó el desenlace de la disolución de las cámaras; además lo relacionó con hechos de la actualidad.

Al recordar la sanción parlamentaria del Estado de Guerra Interno, el 15 de abril de 1972, Juan Raúl Ferreira admitió el error cometido por los partidos políticos, aunque señaló responsabilidad de quienes narran la versión de la historia como como si fuera la historia oficial. “Se está reescribiendo la historia, y me refiero a que se está escribiendo con datos que no se ajustan a la realidad. Era un momento de mucha confusión, Bordaberry no podía quedar absolutamente solo, y eso no era lo más peligroso”.

“Eran momentos en que se debían tomar decisiones difíciles y complejas. Cuando se vota el Estado de Guerra, Wilson ya no creía en ninguna credencial democrática de Bordaberry; uno de los puntos de quiebre fundamentales fue el 17 de abril del 73, cuando matan a los militantes comunistas” del seccional 20, aseguró.

 

Foto: presidencia.gub.uy

De todas maneras, un episodio que nunca se recuerda, es que antes del golpe de Estado, el propio Ferreira Aldunate realizó una fuerte autocrítica pública, reconociendo que haber votado el Estado de Guerra fue “un gravísimo error”. “Esa arma no debió ser puesta en manos de Bordaberry, algo que le dio mucho más poder a las Fuerzas Armadas, que sintieron el gustito a poder. En otro contexto histórico, con otra correlación de fuerzas en lo internacional, algo similar está ocurriendo en Brasil. El presidente Temer acaba de aprobar, por decreto, confiarle la seguridad pública al Ejército. Si hay una función que a los militares no les corresponde, justamente es la seguridad interna”, señaló Ferreira.

“De cívico no tuvo nada”

El director de la INDDH se refirió a la versión histórica que habla de esta etapa, como dictadura cívico-militar y aseguró que “no soy afin a denominarlo de esa manera. El régimen no fue cívico-militar, de cívico no tuvo nada. Tuvo civiles que apoyaron la dictadura y fueron aliados, cívico tiene otra connotación, de civismo, de civilidad, de Estado de derecho, y de eso no hubo nada. Sin el Estado de Guerra, Bordaberry hubiera sacado a los militares a la calle de todas maneras, le importaba bastante poco lo que decía el Parlamento y lo interpretaba con una elasticidad constitucional muy grande. El voto de los legisladores le otorgaba legitimidad para realizar sus acciones y eso lo afirmaba en sus discursos”, comentó.

El ex legislador recordó ser testigo, a sus 19 años, de reuniones en casa de su padre, en las que participaban, entre otros, Zelmar Michelini. Figura relevante del Frente Amplio pero amigo muy cercano de Ferreira Aldunate, a quien lo advertía sobre el riesgo de votar el Estado de Guerra. “Recuerdo muchas visitas en donde Zelmar, en función de una amistad muy profunda, donde reinaba el respeto político que ambos se profesaron siempre, le advertía a Wilson que el Estado de Guerra podía significar el inicio de todo lo que pasó”.

Ferreira admitió la negociación entre Wilson y el general Líber Seregni. Contó que Héctor Gutiérrez Ruiz fue votado por todo el bloque wilsonista y por el Frente Amplio como presidente de la Cámara de Diputados, y que la izquierda acompañaba al candidato blanco siempre y cuando ese fuera Gutiérrez Ruiz. Además aseguró que esto fue a efectos de contraponer poderes y evitar el control absoluto de Bordaberry en el Parlamento.

“Cuando gana Bordaberry, él le ofrece ministerios a Wilson para poder generar un gobierno de co participación. Algo que Wilson se opone en una reunión que terminó bastante mal. Bordaberry dijo que de todas maneras le iba a ofrecer a otros blancos a título personal y sectorial, varios ministerios importantes. Wilson le aseguró que lo tomaría como una declaración de guerra. Y así fue, los sectores de Herrera – Aguerrondo y el sector de Washington Beltrán aceptaron la propuesta de Bordaberry. Además, mi padre no aceptó la presidencia del directorio del Partido Nacional para no aplastar a los sectores minoritarios”, señaló.

“Fasano evitó la maniobra de Amodio”

Juan Raúl Ferreira no quiso pasar por alto el papel de Héctor Amodio Pérez, el dirigente tupamaro que pasó a colaborar con sus captores, y su rol en vísperas del golpe. “Hubo un intento muy grande, y a veces muy eficaz, de querer desprestigiar al sistema político. Amodio le pidió a (el periodista Federico) Fasano que editara un libro suyo, escrito en el cuartel; actuando con mucho coraje cívico, Fasano dijo que si. Pero después fue a la casa de mi padre, para un encuentro al que asistió también Juan E. Pivel Devoto. Fasano les entrega el manuscrito en el que desprestigiaba al sistema político. Esa maniobra fue en pleno proceso de desafuero de Erro y sorpresivamente, la comisión de Constitución que estaba estudiando el desafuero, pidió para interrogar a Amodio, que estaba detenido aunque nadie sabía donde, pero que figuraba como preso. El Poder Ejecutivo se negó, pero ante la insistencia del Parlamento el mismo Ejecutivo invitó, a través de una nota, a la Comisión para asistir a un interrogatorio en una unidad militar. Por la Comisión concurrieron Dardo Ortíz, Juan Adolfo Singer y Zelmar Michelini. En el cuartel, el mayor Aguerrondo, hijo del candidato por el herrerismo, gneral Mario Aguerrondo, anunció que estaría presente en el interrogatorio el coronel Trabal, algo que a lo que Zelmar Michelini se opus enérgicamente”.

Michelini fue envuelto en una polémica tras sua negativa a participar en el interrogatorio a Amodio Pérez; algunos medios generaron rumores sobre el senador frenteamplista y las eventuales reuniones con el ex dirigente tupamaro. “Eso fue utlizado de manera muy burda contra Zelmar por parte de la prensa de derecha, insinuando que Amodio podía reconocerlo. Si realmente lo hubiera visto, lo denunciaba, interrogado o no. Zelmar era conocido, no quiso participar por una cuestión ética: frente a un coronel no iba a interrogar a nadie”, afirmó.

Los detalles del interrogatorio a Amodio

Ferreira relató su participación en el interrogatorio como “secretario” de Dardo Ortíz, definiendo al dirigente blanco como “un hombre muy conservador pero íntegro y que se jugó mucho por las instituciones”. Afirmó que Amodio fue flojo en sus declaraciones y que en varias ocasiones quedó en blanco ante las preguntas. Sobre todo cuando se lo consultó por el mobiliario de la casa de Erro, donde el ex dirigente tupamaro aseguraba que se había reunido con el senador del Frente Amplio. Ferreira recuerda con mucho humor un comentario de su padre: “Wilson decía en broma que si hay algo fácil de recordar, justamente eran los detalles de la casa de Erro, con lo bohemio que era”.

“En un momento, en pleno interrogatorio, Ortiz hizo detener el proceso y le dijo: ’¿cómo sé yo que usted es Amodio Pérez? Puede ser un preso que nos trajeron, yo jamás le vi la cara’. Tomó un bloc de notas y un bolígrafo y le dijo a Amodio: ‘escríbame algo, por favor? y escribió ‘Soy Héctor Amodio Pérez, estamos en una unidad militar’; entonces Ortiz sacó de su portafolios el manuscrito entregado por Fasano y le dijo: ‘¡es usted Amodio Pérez, ésta es su letra, usted escribió esto, escribió este manuscrito!’”, relató Juan Raúl.

Consultado sobre el llamativo regreso de Amodio Pérez a nuestro país después de 40 años del golpe, con la irrupción polémica, volviendo a doblar la apuesta en sus acusaciones a figuras del sistema político como Wilson Ferreira, Liber Seregni, Zelmar Michelini, entre otros. Ferreira señaló: “Amodio volvió para resucitar el contenido de aquel libro, porque le aseguraron la vida, apareció con un pasaporte español falso. Llegó al Uruguay 40 años después claramente respaldado por alguien”.

“El comando Barneix y los ataques a Mujica y el MPP no son casualidad”

“Hay sectores nostálgicos, que no solo están integrados por gente mayor de edad como muchos creen, que participó del proceso (dictatorial) y que se desahoga en las tertulias del Círculo Militar. También están sus hijos y nietos, porque la carrera militar generalmente viene por tradición familiar, y hay gente que cree en eso, y más en este contexto mundial. No es por casualidad que aparece el Comando Barneix, y sus amenazas de muerte contra activistas por los derechos humanos, que en Uruguay se ha tomando muy a la ligera. Cuando uno ve la campaña sistemática de los mismos medios y los mismos sectores contra Mujica y el MPP .y esta idea que han sembrado de las tupabandas, eso es parte de una estrategia que ahora está tomando fuerza otra vez, por todo lo que pasa en el mundo. Vivimos en un mundo donde los ataques mediáticos, la derecha, la xenofobia, todo ha ganado mucho terreno”. afirmó.

El papel de la prensa, Sanguinetti y la historia oficial

Ferreira fue durísimo con los sectores mediáticos que amplifican una versión histórica y la imagen que el Partido Nacional predica sobre su padre. “Se puede estar o no de acuerdo con la posición de Wilson en la recta final de la dictadura. Pero hay que saber cuál era: después discrepás o no. Escribir un libro, como hizo Gerardo Sotelo, narrando el regreso de Wilson, que no tenía nada que ver con el motivo que se expone el libro, y decir que utilizaba Radio Nederland para mandarle mensajes a los militares para negociar, cuando este era el mecanismo que él utilizaba para que sus compañeros lo escucharan por onda corta todas las semanas, eso es un disparate tremendo”.

El director de la INDDHH también cuestionó la actitud tomada por el Partido Nacional e hizo referencia a archivos omitidos: “¿Por qué, por ejemplo, en todos los recordatorios los 16 de junio parece que el discurso de Concordia es un archivo perdido? El discurso del 25 de mayo del 84 donde anuncia su regreso, le pega un portazo en la nariz a cualquier tipo de negociación, porque cree que eso va a alimentar, y de hecho alimentó, a la movilización popular, porque a esa altura no había nada para negociar. Podría tener razón o no, pero no se puede decir que quería otra cosa. Está todo en los archivos, pero sin embargo no es lo que se cita”, comentó.

“A mí generalmente no me invitan a los homenajes, o me entero por la prensa. El año pasado un dirigente del Partido Nacional dijo que le gustaba recordar a Wilson de manera partidaria; está en su derecho. Pero tiene que recordar que la noche antes del regeso, en Buenos Aires, en conferencia de prensa, pidió que la instancia no fuera partidaria”.

“El libro La Reconquista, de Sanguinetti es otro intento indisimulado de reescribr la historia. Estoy trabajando con historiadores reconocidos en un proyecto ambicioso, consiguiendo documentos de la época, obtenidos en gran gran cantidad, referidos a datos objetivos – no lo que yo quiero recordar- con el objetivo de remitirnos a la verdad de los hechos. Sanguinetti tiene una historia oficial que no ha sido contestada, en la que dice que Wilson era un buen tipo pero era un romántico y no entendía mucho de qué se trataba. Y que la izquierda lo único que hizo fue demorar todo, en una resistencia que implicó alargar la instancia. Sanguinetti dice que fue su capacidad de jugar al ajedrez con los militares lo que derrumbó a la dictadura”, enfatizó. Ferreira recuordó los dichos de Sanguinetti, cuando aseguraba que “a la izquierda la desproscribió el Partido Colorado en el acto del Obelisco del ’83″ .

Aprovechó la oportunidad para volver a reafirmar la diferencia entre el Wilson Ferreira de los archivos perdidos con el que cita el Partido Nacional, narrando un diálogo de Ferreira Aldunate con Seregni. “Hay una conversación de Seregni con Wilson que aparece en los archivos, en la que Seregni le anuncia que se avecina otra crisis (bancaria). Él le contesta que nadie le ha dicho nada. Y le dice que por eso es que sigue teniendo vigencia el planteo de la nacionalización de la banca. ¡Qué imagen distinta a la que promueve hoy el Partido Nacional!”. Y señaló el rol del semanario Brecha en el conocimiento de interpretaciones históricas que rebaten las versiones oficiales no contestadas.

Gonzalo Olivera