Estudio muestra actitudes xenófobas de uruguayos frente a la inmigración

¿YO SEÑOR? NO SEÑOR

El fenómeno de la inmigración ha estado presente en Uruguay desde sus orígenes, cuando la mayor parte de Latinoamérica era una colonia española. A partir del siglo XVI, los barcos transatlánticos comenzaron a desembarcar en nuestras costas cargados de españoles, y más tarde de habitantes de toda Europa, especialmente franceses e italianos. Por lo tanto, se puede decir que Uruguay es un país de inmigrantes, especialmente porque el 88% de los uruguayos tiene un parentesco vinculado a un europeo.

En los últimos tiempos, el flujo de movimiento hacia nuestro país ha incluido a personas provenientes de otros países latinoamericanos, en especial Argentina, Brasil y Venezuela; pero también hay registro de un nivel de inmigración proveniente de Cuba, República Dominicana y Colombia que llegan a Uruguay con la ilusión de mejorar su situación económica, o con la esperanza de huir de complicaciones políticas.

Sin embargo, el trabajo realizado por el Grupo de Estudios de Migración e Integración en Uruguay (GEDEMI) obliga a preguntarse si realmente Uruguay sigue siendo un país que acoge a los inmigrantes. Más que por temas económicos o por disposición laboral, la dificultad se ha presentado en la presencia de cierto nivel de rechazo por parte de los nacionales. Publicado en mayo de este año, el sondeo busca retratar la actitud de los orientales frente a esta ola de inmigrantes que se ha presentado en la última década, tanto como frente al retorno de uruguayos del exterior.

A partir de una encuesta realizada telefónicamente a 1064 uruguayos mayores de 18 años y que residen en el país, se llegó a la conclusión de que 44,9% de los encuestados se opone a la frase “en general es bueno para el país que lleguen inmigrantes extranjeros a vivir aquí”. Por otra parte, 39,8% se mostró explícitamente de acuerdo con la llegada de inmigrantes, mientras que 14,4% expresó neutralidad. Un factor a tomar en cuenta es que la resistencia a la población extranjera aumenta a la par de los escalones etarios: 37,8% en la franja de 18 a 29 años, 41,9% entre los 30 y 44 años, 48,0% desde los 45 a 59 años y 52,0% a partir de los 60 años.Otros resultados del estudio reflejan ciertas actitudes xenófobas o racistas de parte del Uruguayo. Un 4,1% de la población encuestada opinó que, a la hora de permitir que un extranjero se instale en nuestro país, es importante que su piel sea blanca. Además, 32,4% cree que el inmigrante debería provenir de un país con tradición cristiana; 61,2% consideró necesario que hable español y 75,4% sostiene que el extranjero debe estar dispuesto a adoptar las costumbres y modo de vida nacionales.

Rechazo en tiempos de crisis

Los consultados también expresaron que en una potencial escasez de trabajos, el uruguayo debería tener prioridad ante los extranjeros para acceder a un empleo. Además, esta actitud de rechazo en tiempos de crisis también se aprecia con respecto a los uruguayos retornados del extranjero. De esta manera, 61,9% de los encuestados opina que los uruguayos que nunca vivieron en el exterior deberían tener preferencia en el mundo laboral ante los que se retiraron en tiempos de crisis.

El científico es más aceptado

Un factor a tener en cuenta es que este rechazo varía dependiendo de la profesión del retornado: los números revelan que la sociedad uruguaya tiende a aceptar más fácilmente al científico. Es posible interpretar que la causa de esta aceptación se debe a que el encuestado puede sentir que su puesto de trabajo no será amenazado. Esto se demuestra cuando se consultó por la posibilidad de “una ayuda económica por parte del estado a uruguayos (que vienen del exterior) no científicos hasta que consigan empleo”. En este caso, los encuestados están de acuerdo en un 38%. Ese porcentaje aumenta, hacia el 54%, cuando los que retornan sí son científicos.

Esto último también se muestra en el último gráfico, pero no con uruguayos, sino con extranjeros. Ante la frase “Política para incentivar la radicación de extranjeros”, 35% se muestra a favor, pero cuando esos extranjeros son científicos la aprobación aumenta en forma considerable, llega al 61%. Sí esos extranjeros, en lugar de científicos fueran comerciantes o artesanos, posiblemente ese porcentaje descendería.

Martina Villar / Rodrigo Guerra / Joaquín Duomarco