Los jóvenes, los que se definen de izquierda y quienes tienen educación terciaria, son más progresistas

HAY ESPERANZA

Las gráficas muestran notables diferencias de opinión según sean jóvenes o viejos, de derecha o de izquierda.

“Los uruguayos ante la inmigración: Encuesta de Actitudes de la Población Nativa hacia Inmigrantes Extranjeros y Retornados”, es el nombre del informe final realizado por Martin Koolhas, Victoria Prieto y Sofía Robaina en el mes de mayo. Aquí se recogen los resultados de dicha encuesta que “fue diseñada por el Grupo de Estudios Migración e Integración en Uruguay (GEDEMI) y financiada por la Comisión Sectorial de Investigación Científica de la Universidad de la República (CSIC-UdelaR)”. El documento plantea un enfoque interesante sobre la recepción de inmigrantes en nuestro país, visto no como sucede muchas veces desde la óptica de los inmigrantes, sino de los uruguayos. Entre tantos comentarios de personas en las redes o en la prensa acerca de esta situación -en especial sobre los sirios que llegaron recientemente-, es gratificante poder acceder a resultados certeros a partir de datos sistematizados.

Entre las tantas conclusiones que se desprenden de este trabajo hay una en particular que vale la pena destacar: los jóvenes, los de izquierda y quienes tienen educación terciaria son aquellos grupos específicos que dijeron tener opiniones más positivas respecto a los inmigrantes extranjeros y los uruguayos retornados. Que estos tres grupos sean los más progresistas permite abordar temas que exceden a la inmigración.

Por empezar; que en la encuesta se planteen las categorías izquierda, centro y derecha, y que entre estos tres grupos surjan resultados diversos, desmiente al menos en parte la idea tan difundida en estos tiempos según la cual la ideología no existe; cuestiona también el discurso de nuevos partidos políticos que optan por no incluirse en ninguno de estos grupos. Si bien ya en 1960 Daniel Bell en su libro “El final de la ideología” cuestionaba la validez de estas categorías, en la actualidad cada vez se escuchan más voces que replican esa conclusión. En noviembre del año pasado, el día que se inscribió en la Corte Electoral el Partido de la Gente, Edgardo Novick expresó: “Si querer mejorar la educación, la igualdad de oportunidades de todos los niños es ser de izquierda, entonces sí, somos de izquierda. Pero si querer combatir con energía, con firmeza, la delincuencia, el narcotráfico, es ser de derecha, entonces sí, somos de derecha”. Daniel Bianchi, ex diputado colorado que ahora apoya a este nuevo partido, planteó en una entrevista en El Observador: “no somos de izquierda ni de derecha. La gente ya no está más en derecha e izquierda”. Álvaro Delgado, senador del Partido Nacional, dijo a El País también en 2016: “Ofrecemos menos ideología y más pragmatismo”. Paradójicamente, Bianchi expresó también en la entrevista mencionada, que la obsesión del Partido de la Gente es la educación, porque es lo que iguala.

Pues bien, habría que reparar en que los que poseen una mayor educación formal tienen una mayor amplitud y reivindican una mayor igualdad de derechos entre extranjeros y uruguayos. Sería alentador, ante la crisis de la educación de la que tanto se habla, que otras encuestas confirmen que las instituciones educativas están formando ciudadanos más tolerantes y solidarios, y no solo técnicos. Más aun si se tiene en cuenta que la mayor parte de los estudiantes se forman en la educación pública, aunque va en aumento la cantidad de personas que asisten a centros privados, sobre todo en Secundaria.

Según este informe, entre quienes tienen educación terciaria 70 por ciento está a favor de la frase “La llegada de inmigrantes extranjeros a vivir a Uruguay enriquece la vida cultural de nuestro país”, mientras que entre aquellos con educación media o básica, 55,3% apoya la idea. En el informe puede leerse también que “el nivel educativo es la variable que más segmenta las valoraciones sobre la inmigración. Una eventual política que priorice a los nacionales por sobre los extranjeros recoge menos adhesiones entre la población con estudios terciarios, entre quienes el apoyo desciende casi veinte puntos porcentuales respecto al nivel educativo anterior. Por su parte, se verifican diferencias significativas en dicha opinión entre los que son de izquierda y de derecha, del orden de los once puntos porcentuales”.

Y luego están los jóvenes, históricamente criticados por el resto de la sociedad. Resulta que en más de una pregunta aquellos que tienen entre 18 y 29 años son quienes plantean mayor equidad. A su vez, 45 por ciento de los uruguayos mayores de edad no consideran que la inmigración sea positiva para el Uruguay; y son, junto con quienes se identifican como de derecha o centro – derecha, los más reacios a una posible ley que asegure la igualad de derechos entre uruguayos e inmigrantes extranjeros.

Es un amplio informe que muestra las zonas más grises de la sociedad, pero de donde también pueden extraerse conclusiones optimistas. Quizás lo más positivo es que exista este informe y que haya sido apoyado por la CSIC – UDELAR, que desde 1990 alienta diversos proyectos de investigación.

Virna Aguilar / Sofìa Kortysz