El adolescente que fue al campamento del Nuevo Partido Comunista y nunca regresó

ANDRÉS

Andrés Pereira. Foto: gentileza de Adriana Fernández, madre de Andrés

Tenía 16 años, ojos marrones y pelo oscuro. Era flaco y de altura moderada. El fin de semana del 14 al 16 de febrero de 2014 Andrés Pereira concurrió a un campamento en Punta Espinillo que organizó el Nuevo Partido Comunista (NPC). Su madre y su padre estuvieron de acuerdo en que el adolescente fuera*.

El sábado Andrés fue a la casa de uno de los participantes del campamento porque desde ahí saldría el ómnibus que lo llevaría hacia las afueras de Montevideo. Andrés no había llevado carpa propia, así que durmió con otro compañero que había ido solo. La relación entre ambos durante el campamento fue cordial, sin ningún tipo de inconvenientes.

Andrés participó de las actividades de recreación y de trabajo que se propusieron durante la estadía. El domingo almorzó y aprovechó lo que quedaba del día en Punta Espinillo. Era un día ideal para estar en la playa y Andrés pasó las últimas horas allí.

Calma y serenidad era lo que faltaba en el campamento del NPC. Ni bien llegó Andrés, quien compartía la carpa con él lo acechó y le preguntó si sabía algo sobre una plata que había desaparecido. Su compañero se había dado cuenta de que le faltaban 2.800 pesos, dinero que se destinaría a pagar el transporte de la vuelta. Todas las miradas estaban sobre Andrés y como la plata no aparecía decidieron revisar las carpas y los bolsos de cada uno de los concurrentes.

A Andrés no le gustó nada la situación y se negó a que revisaran sus pertenencias. Decidido, se colgó su morral negro y salió corriendo para la zona de picnic del camping, y aunque varios quisieron detenerlo, ninguno lo logró. Andrés siguió corriendo hacia los pajonales. Corrió y corrió. Los perseguía el cocinero del campamento, un hombre blanco de estatura moderada, junto a Marcelo Sánchez, el secretario del NPC, un hombre pelado y sin remera. Le habían sacado ventaja al resto del grupo que lo perseguía y cada vez estaban más cerca de él. Cuando Andrés llegó a los médanos -que estaban detrás del parador del camping- se apoyó rendido en un árbol y casi enseguida, sin palabra de por medio, recibió una piña en la cara del cocinero, que al mismo tiempo lo revisaba para sacarle la plata. Sánchez también lo golpeó. Andrés sintió la sangre en su cara.

El resto de las personas que lo venían siguiendo también lo estaban por alcanzar. Escuchó que Sánchez y el cocinero decían que ya habían recuperado la plata. Andrés corrió pero el malón de gente lo oprimió. También le pegaron.

El capataz del camping vio la golpiza que le estaban dando a Andrés. Vio cuando hombres y mujeres corrían con la mira en él. Y vio también cuando se tiraron encima de Andrés, y cuando él cayó y en el piso seguía recibiendo golpes, patadas.

La pareja que trabajaba en el parador fue testigo de la violencia que reinó en el lugar. Vio cómo un grupo de diez personas corría detrás de Andrés entre las mesas del parador y cómo le pegaban. Vio cómo Andrés se levantó solo y se fue a los baños.

Una mujer que se encontraba pasando el día junto a su familia también vio cuando el cocinero y Sánchez le pegaron a Andrés en la cara, vio cómo le dieron piñazos, trompadas y patadas hasta que cayó al suelo. Llamó al 911 porque pensó que lo iban a matar. Vio que Andrés se levantó después de la golpiza y que tenía sangre en su cara.

Otra muchacha que estaba en el camping junto a su pareja y amigos también fue testigo de la situación. Vio los golpes que recibió Andrés y escuchó cómo lo insultaban. Luego observó que Andrés intentaba llegar a los baños mientras se iba cayendo.

La funcionaria policial que estaba cumpliendo servicio de 222 fue alertada de la situación y se dirigió a los baños. Encontró a Andrés y vio que estaba lastimado debajo del ojo izquierdo. Andrés le contó que lo culpaban de “rastrillar” pero que él no había robado nada y que, por ese motivo, le habían pegado. La funcionaria le dijo a Andrés que tenía que esperar a que llegara la policía para que se constaran los golpes que había recibido. Andrés no quería esperar, así que resolvió ir hacia camino Las Topas.

La policía le avisó al chofer del ómnibus línea L -que estaba próximo a pasar por las inmediaciones del camping- que no subiera a Andrés. El chofer vio a Andrés caminando pero después no lo volvió a cruzar.

En el campamento del NPC, habían encontrado la plata, pero no la paz. Los organizadores mandataron a dos compañeros a que fueran a buscar a Andrés y le dieran la plata del boleto para que regresara a su casa en un ómnibus de línea. Parecía no importarles demasiado cómo se encontraba Andrés, parecía que no habían comprendido la gravedad de lo que habían hecho.

No encontraron a Andrés. Todos regresaron a sus casas, menos él. Sus padres denunciaron su desaparición el 20 de febrero. Andrés estuvo desaparecido 1.210 días. El 13 de junio encontraron sus restos en Camino Tropero y Camino Alambrador. La pericia antropológica determinó que el cadáver estuvo años en el lugar y que la fecha de la muerte era compatible con la de su desaparición. Si bien no se pudo esclarecer la causa, sí se sabe que su muerte fue violenta. Como consecuencia de los golpes a Andrés le quebraron el molar, sus restos tenían una lesión en el cráneo.

Una pareja que pertenecía al NPC y había concurrido con Andrés al campamento declaró haberlo visto en la zona del Cerro luego de su desaparición. Incluso, la mujer dijo que había hablado con Andrés, le había preguntado si estaba bien y él le había respondido que “todo bien”. Pero ante la aparición del cuerpo admitieron la mentira, y argumentaron que fue para que los “dejaran tranquilos”. El 28 de julio estas dos personas fueron procesadas con prisión por un delito de falso testimonio. Además, gracias a los testigos que lograron reconocerlos, resultaron procesados con prisión el secretario del NPC, Marcelo Sánchez, por lesiones graves, y el cocinero del campamento, que también era militante del partido, por violencia privada.

Tenía 16 años, ojos marrones y pelo oscuro. Flaco y de altura moderada. Ese era Andrés.

Anaclara Trengone

*La reconstrucción de los hechos que se narran en esta crónica surge de la información aportada por la justicia tanto en la vista fiscal de Stella Llorente como en el auto de procesamiento de la jueza María Noel Odriozola.