Vilardevoz, un lugar de encuentro y un estandarte por un nuevo paradigma en salud mental

VOCES QUE PIDEN CAMBIOS

 

Foto: gentileza Vilardevoz

Las veredas seguían mojadas por el chaparrón mañanero y unos tímidos rayos de luz se filtraban entre las densas nubes negras que cubrían el cielo de Reducto. Subiendo por el repecho de la avenida Millán se divisa el lúgubre y abandonado casco de la gran casona transformada en hospital psiquiátrico. Las leyendas reivindicativas tiñen los muros perimetrales y sirven de guía para llegar a la entrada principal. Como cada sábado todos los portones se abrieron de par en par y el movimiento en los patios fue más intenso que en la calle. Contrastando con la penumbrosa esquina de Millán y Santa Fe, el camino que conduce hacia la radio Vilardevoz está muy cuidado y pasa por una antigüa pérgola que jerarquiza un pictórico jardín. Faltaban cinco minutos para que se terminara la mañana y empezara el mediodía, y en la FM 95.1 la fonoplatea abierta ya estaba preparada para disfrutar de la música de Santiago Cutinella.

En el patio exterior de la radio había unas veinte personas. Muchos iban y venían, algunos jugaban al ajedrez y otros espiaban lo que pasaba adentro del estudio radial. Adentro hacía mucho calor y la vestimenta delataba a los visitantes. De afuera llegaban con camperas gruesas o de lluvia, mientras los internados estaban más de entre casa. La buena energía era contagiosa, los que estaban sentados como espectadores preferenciales le hacían preguntas al artista invitado entre tema y tema. La serenidad se rompió brevemente cuando Margarita vio comida tirada en la basura y se indignó con un compañero. Todo se volvió a calmar rápidamente, hasta que un veterano entró gritando con emoción: “¡Joe Cocker!”

Gonzalo

Otro al que le gustaba el rock and roll era a un muchacho de campera de cuero que intercambiaba conceptos efusivamente con Cutinella. Incluso cuando terminó el programa le pidió la guitarra al músico para tocar unos temas. Si bien no tenía el mismo talento del invitado con el instrumento musical, sus canciones desprendían una desgarradora actitud punk. Sus rasposos gritos estaban cargados de angustias y resquemores, que lejos de ser una pose evidenciaban una vida dura y espinosa. Simpático pero desconfiado, verborrágico y evasivo, así de contradictorio se presentaba Gonzalo, que decía ser de Neptunia, paraba en Tres Cruces, se crió en Jacinto Vera, vivió en Carrasco, aunque su lugar en el mundo siempre fue Brasil.

 

Foto: Simón López

El muchacho de treinta y pocos años tenía mucho para contar y reclamar. Estaba un poco enojado con la gente de la radio porque no le daban más participación. Más allá de su carácter irascible, era notorio que tenía la necesidad de descargar todo el equipaje pesado que llevaba a cuestas. Su historia con el ritual de la ayahuasca lo marcó para siempre, esa experiencia fue un punto de inflexión en su vida y el desencadenante de su internación. “Mi familia me traicionó”, dijo Gonzalo, porque su internación fue sin su consentimiento; tampoco sabe muy bien cómo fue su arribo al Vilardebó, hospital donde estuvo casi seis años.

“El gitano”, un argentino que organizó artesanalmente el ritual de la ayahuasca junto a unos franceses, le quería cobrar por la experiencia, pero Gonzalo se negó y luego de una pelea apareció semidesnudo caminando por la ruta en Cumbres de Neptunia. En el medio del viaje y con mucha hambre terminó pidiendo ayuda a un policía que estaba haciendo un asado con su esposa y sus dos hijos. El desenlace de la historia que desembocó en su internación resulta bastante escabroso y difícil de desentrañar; el relato de Gonzalo es confuso y contradictorio, lleno de elipsis y ambigüedades. Hablar de ese momento concreto lo incomoda y le hace incrementar su ira. Lo enfurecen la hipocresía y el estigma social. Los nudillos de su mano derecha estaban heridos por pegarle una piña a un ómnibus, transporte al que se subía a cantar hasta que cambió la guitarra por cocaína. Ahora Gonzalo estaba fisurado, pero esta vez por volver a tocar la viola.

Aparecieron los vigilantes avisando que iban a cerrar los portones. Luego de recorrer un pasillo interno del hospital, Gonzalo y las personas que quedaban en la radio pasaron por un control donde revisaron uno por uno las mochilas y los bolsos. Gonzalo se negó y generó sospecha en dos policías que lo corrieron. Se fue insultando, enojado porque le habían negado un plato de comida. Algunos colaboradores que también salían hablaron con él, se tranquilizó y se fue.

Mario, Oscar y Marcelo

En la entrada del hospital estaba el veterano que entró a la radio gritando por Joe Cocker. Se llama Mario, recién le habían dado el alta y no tenía a donde ir. Su cara denotaba más años que los 64 que declaraba. Había llegado al hospital por su alcoholismo, motivo por el cual también estuvo internado en el Musto décadas atrás. Su historia de encierro empezó en el Penal de Punta Carretas, era un joven rockero que usaba el pelo largo y lo metieron preso por vender el semanario del Partido Comunista “El Popular” en plena dictadura cívico-militar.

Mario estaba preocupado porque no lo admitían en los refugios por su adicción, afuera se puso muy oscuro y empezó a llover. Sentado al lado estaba Oscar, que se sumó a la charla y le dio la dirección de un lugar donde lo iban a aceptar. Al rato apareció Marcelo; ambos venían de la radio donde también colaboran junto a Mario, y estaban esperando para entrar a la reunión de alcohólicos anónimos que empezaba a las 4. Los dos habían estado internados en el Vilardebó algunos años atrás por trastorno de bipolaridad. Todos coincidían en que adentro se aplican sedaciones experimentales y sobremedicación. También los indignaba el abuso de la micronarcosis (electroshocks) sobre muchos de los pacientes del hospital.

Foto: Simón López

“Acá cuando llegás te roban todo”, denunció Mario, y Oscar explicó la diferencia que hay entre las distintas salas. “Los peligrosos” están en la salas 10 y 11, “son los judiciales que no van a la cárcel”. Oscar estuvo en la salas 7 y 8 donde están “los más leves”, pero sabe historias de todo el hospital. Con Marcelo se conocen hace más de 10 años, ahora vuelven para ayudar en la radio y para concurrir a las charlas.

 

Mientras esperaban sentados junto a Mario comparaban las dosis diarias de Quetiapina que tomaban. El robusto Oscar argumentaba que tenía que tomar 600 miligramos por su contextura física, y que “tenés que comer bien antes de tomarlas porque son fuertes”. Marcelo, flaco bonachón, tomaba mucho menos medicación que Oscar y había llegado años atrás al hospital luego de un coma etílico. Ahora estaba fresco y era el más charlatán de los tres. Hasta las 4 de la tarde siguieron hablando de medicamentos como Valcote, Carbamazepina, Litio y Clonazepam.

Estas son algunas de las tantas historias de internación compulsiva, asilamiento y adicción que desde las organizaciones sociales se reclama sean atendidas por un equipo interdisciplinario, desde una perspectiva de derechos humanos, que garantice la libertad individual, la dignidad y la salud mental de todas las personas, con un enfoque prevencionista además de asistencialista.

La radio comunitaria y la comisión

Vilardevoz es un espacio de participación y comunicación integrado por profesionales, colaboradores e internados y trabaja desde 1997 sobre tres ejes fundamentales: la rehabilitación de los pacientes psiquiátricos desde una perspectiva de salud comunitaria, para impulsar la reinserción social. A su vez, la concientización de la sociedad sobre las enfermedades mentales y la promoción de la discusión acerca de la locura, sus dimensiones y sus límites. En tercer lugar, la formación de profesionales de grado y postgrado en el área de salud mental comunitaria.

La FM 95.1 es una de las 54 organizaciones sociales encausadas en la Comisión Nacional por una Ley de Salud Mental (CNLSM), creada en junio de 2016 para luchar por una nueva normativa en clave de derechos humanos, para promover un cambio de paradigma en los sistemas de atención psiquiátrica.

En el ciclo de entrevistas de la radio llamado “Chalecos Rotos” estuvo como invitada semanas atrás Graciela Dede, asesora en derechos humanos de la Organización de Naciones Unidas (ONU). En la charla detalló los puntos observados del proyecto de ley de salud mental elevado al Parlamento. La carta de recomendaciones emitida por el Alto Comisionado de la organización, enviada por Amerigo Incalcaterra a la Comisión de Salud Pública y Asistencia Social de Diputados que discutió el proyecto, contó con el apoyo de la CNLSM y derivó en la postergación de la votación.

El informe emitido mencionaba cinco aspectos fundamentales a considerar o mejorar del proyecto de ley promovido por el Poder Ejecutivo. Algunos de estos puntos observados fueron discutidos, modificados y aprobados en el Parlamento, otros no.

Las cinco observaciones

Según Incalcaterra, el proyecto de ley de salud mental no conseguía reunir perfectamente los estándares internacionales, “pues estos instituyen la prohibición de manipular terminología despectiva en materia de salud mental”. El representante criticó que se emplee la denominación “trastorno mental”, que hace que se estigmatice y se patologice a las personas que poseen discapacidades psíquicas.

Salvo en el artículo relativo a la interinstitucionalidad, el término “trastorno mental” fue sustituido en el texto por “personas usuarias de los servicios de atención en salud mental”.

El informe de la ONU advertía además que se debe prohibir la institucionalización forzada por motivo de la discapacidad psiquiátrica y proponía que se adopten medidas para abolir la práctica de hospitalización no consentida. “La internación inconsciente ha sido tomada como privación improcedente de la libertad”, por lo que Uruguay debería “tomar todas las estrategias para advertir y corregir las detenciones injustas”.

 

Foto: Gentileza Vilardevoz

Este ítem fue considerado por la comisión parlamentaria y se modificó la terminología “riesgo de daño grave” por la de “riesgo de vida inminente” de propios o terceros.

 

Por otra parte, según el Alto Comisionado el proyecto “no contemplaba interdisciplinariamente los distintos momentos del proceso de atención, conforme a lo determinado en estándares internacionales”. Los pacientes que soliciten atención no deben recoger solamente la opinión de psiquiatras, sino que deben participar también profesionales de la psicología y de las ciencias sociales. Si bien este punto forma parte de la legislación recientemente aprobada, estos cambios en el modelo de abordaje serán celosamente monitoreados desde la CNLSM para garantizar su cumplimiento y desarrollo de aquí en más.

Desde la ONU y la Organización Mundial de la Salud (OMS), se promueve también el cierre de todos los manicomios del mundo para 2020, en pos de dignificar la atención de la salud mental, implementando internaciones cortas en hospitales comunes o centros de salud mental con una atención adecuada.

En referencia a este punto, Olga Azikian, ex interna del Vilardebó y ahora colaboradora activa de la Radio Vilardevoz, manifestó la necesidad de que se apruebe la ley “con nuestros aportes”. “Luchamos por un cambio radical en la forma de tratarnos. Queremos cerrar las salas donde nos maltratan y nadie da una mano”, agregó.

La nueva ley prevé el cierre de todos los centros asilares monovalentes para el año 2025.

Órgano de revisión independiente al Estado

Según la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, las naciones “fundarán, a nivel nacional, un marco que reflejará uno o varios mecanismos autónomos” para controlar la aplicación de la Convención. Por lo que Incalcaterra manifestó que resulta necesario que el órgano supervisor “se forme bajo una organización independiente y franca del Poder Ejecutivo”.

Que el órgano de contralor dependa del Ministerio de Salud es el aspecto que más preocupa a las organizaciones de derechos humanos locales e internacionales, además de muchos legisladores oficialistas y opositores. Estos reclaman que tal órgano debe ser autónomo e independiente y eso no está contemplado en la vigente ley.

Desde octubre de 2016 la ley contaba con media sanción de la Cámara de Senadores y tras las observaciones realizadas por las organizaciones y las recomendaciones enviadas por las Naciones Unidas, el proyecto de ley fue aprobado en Diputados el martes 8 de agosto con algunas modificaciones en el texto presentadas por el legislador oficialista Luis Enrique Gallo.

Finalmente el miércoles 9 de agosto de 2017 el Senado aceptó por unanimidad las modificaciones al proyecto de ley de Salud Mental y sancionó la ley. El texto aprobado sustituye una legislación del 9 de agosto de 1936.

Sensaciones encontradas

Para la CNLSM, si bien el proyecto de ley de Salud Mental sufrió cambios pertinentes en la comisión de Diputados, no llegó a proponer un verdadero cambio de paradigma. Las organizaciones sociales que conforman la CNLSM estuvieron en las barras para hacerse sentir en esta última instancia de la Cámara de Representantes.

Lorena Noya de Proderechos dijo a SdR que las modificaciones realizadas en el Parlamento no cubrieron todas las expectativas de la comisión. Desde Vilardevoz y las otras 52 organizaciones también advirtieron que es difícil avizorar un verdadero cambio de paradigma en materia de salud mental, y compartieron que faltó voluntad política para tener una ley más justa, inclusiva y humanizadora. Las organizaciones nucleadas en la comisión admitieron de todas formas que es un avance tener un nuevo marco jurídico sobre salud mental después de 81 años.

Simón López Ortega