Entrevista con dos fanáticos

PEÑAROL, LUEGO EXISTO

AFP PHOTO / PABLO PORCIUNCULA

El encuentro fue pactado en la casa de uno de ellos. Imposible no reconocerla, su fachada era atravesada por una bandera amarilla y negra que decía “traigan vino que copas sobran”. No era un día más para Alejandro y Bruno*, era lunes, el reloj marcaba las cuatro y media de la tarde y faltaban cuatro horas para que empezara el clásico. A las ocho y media jugaba el cuadro de sus amores, jugaba Peñarol y eso se sentía. “Hoy me levanté feliz solo porque juega Peñarol, nunca me levanto feliz un lunes”, dijo Alejandro. Distinto era el caso de Bruno que no puede entrar a los estadios de Uruguay. Lo voy a ver por televisión pero es diferente a tener esa adrenalina de que vas a estar ahí adentro”, lamentó.

Bruno estuvo implicado en los incidentes del clásico del 14 de junio de 2015. El partido estaba en alargue y Nacional ganaba 3-2 cuando algunos hinchas de Peñarol empezaron a tirarle todo lo que estaba a su alcance a la policía, incluyendo las butacas. Para Bruno ese día significó estar seis meses privado de su libertad. También estaba ahí Alejandro. “Me la vi venir y dije, voy a estar tranquilo, Peñarol inteligencia, me voy a quedar acá sentadito en mi butaca sin arrancarla”, bromeó.

En la misma camioneta que me llevaron a la cárcel iban dos personas que habían robado y yo, que salí en un par de fotos en el Estadio (Centenario) sin robar, sin matar, sin nada, que rompí una maldita butaca, estuve seis meses. La gente compra lo que la prensa muestra. La gente mayor dice ah, mirá, ya está, estos pichicomes ya fueron presos‘, pero no ven lo que está detrás de las personas”.

Bruno estuvo en una de las cárceles de San José. “Estaba de vacaciones, no estaba preso, estaba privado de mi libertad”, expresó, y agregó: “comía asado todos los jueves, tenía para trabajar, tenía todo, era tranquilo”. Para Bruno, el peor castigo es no poder estar en la cancha. “Hoy ya lo miro por tele o ni lo miro. Me junto con los gurises un rato, quedo como loco y ya está, me quiero matar”. Pero cuando Peñarol juega fuera del país ahí sí puede ingresar sin ningún problema. El año pasado viajó cuatro veces al exterior para verlo.

Alejandro cree que los incidentes que ocurren en la hinchada de Peñarol son culpa de la policía que “siempre empieza provocando, hablando mal, basureando o empujando, y después el culpable es el hincha. Dicen que son los inadaptados de la tribuna pero es mentira, eso solo lo sabe la gente que va a la tribuna”, explicó. Para Alejandro las drogas y el narcotráfico “no tienen nada que ver”. “Obvio que hay gente que hace de todo, que se droga adentro y afuera de la cancha. Pero los problemas no son por eso”, manifestó, y añadió que “violencia hay en cualquier lugar, en un recital, en los bailes… Es un problema social, no tiene nada que ver con el fútbol”. Bruno opinó que la violencia siempre estuvo en el fútbol pero “antes no resonaba como ahora porque no había tantos comentaristas de problemas”.

“A la gente de Peñarol se la ve más violenta que a la de Nacional y en realidad violentos hay en todos los cuadros”, afirmó Alejandro. La hinchada de Peñarol “es de las zonas marginales de Montevideo, de los barrios más pobres y capaz que por eso se la ve como más agresiva. Nunca vas a ver a una persona con una remera de Nacional arriba de un carro de caballos, nunca he visto en mi vida”. Para Bruno, “las dos tribunas tienen violencia, tienen lista negra y tuvieron asesinatos” pero siempre se apunta a Peñarol porque “una dirigencia tiene más lavada de cara que otra”. “Si vos asociás la dirigencia de Peñarol con la dirigencia de Nacional, (Juan Pedro) Damiani es un mafioso y (José Luis) “el Puma” Rodriguez es un presidente”, explicó. “Es así, y punto”.

Tanto Alejandro como Bruno han tenido peleas por Peñarol. “Me he peleado con mi hermano que es de Nacional a golpe de puño por un clásico”, contó Bruno, y Alejandro explicó: “a uno le tira Peñarol, hace cosas inconscientes cuando es adolescente, no sabe del peligro ni nada y lo hace por seguir la corriente a los demás”. “Capaz que ahora ya somos más grandes -interrumpió Bruno- y vemos una persona para pelearnos y la pensamos dos veces”.

Ninguno de los dos pertenece a la barra brava de Peñarol, pero aclararon que eso no los hace menos fanáticos. Alejandro explicó que este grupo de hinchas “vive de Peñarol, cobra sueldos. La directiva lo premia de alguna manera, le da cosas por estar ahí, por controlar la situación. Ellos no disfrutan el partido, no lo están mirando, están de espaldas a la cancha, viendo que todo esté en orden, que no haya quilombo, que estén tocando bien los bombos o que las banderas estén bien colgadas. A nosotros más que nada nos gusta ir a ver a Peñarol”.

A Bruno lo hizo hincha el abuelo. Su padre es de Peñarol pero conoce el Estadio “de pasar por Ricaldoni”, mientras que su madre es de Nacional pero fue solo dos veces a verlo jugar. “Nací con una bandera de Peñarol”, relató, y agregó: “es más, tengo la foto”.

Entre las locuras que hizo por su cuadro recordó la vez que se fue a Paraguay a verlo. Al día de salir de Uruguay, lo llamó la madre y le preguntó dónde estaba. “Le dije en Paraguay y no podia creer”. “Me fui sin avisar, surgió porque se había bajado alguien. Estaba saliendo de trabajar, me llamaron que se iban y me subí al ómnibus. Me acuerdo, con 30 pesos uruguayos fui”.

Alejandro iba al Estadio de chico, con sus padres y también con sus abuelos. Cuando era un poco más grande empezó a ir con los gurises del barrio y después solo. Confiesa que nunca pudo dejar de ir. “Tengo que estar internado porque hasta enfermo voy”. “El lema es cero falta”, dijo Bruno, y entre risas le recordó a Alejandro que la semana pasada no fue al partido que jugó Peñarol contra Estudiantes de la Plata por ir al liceo. “Arranqué el liceo y no podía faltar los primeros días. Pero era un amistoso igual, si es partido por Libertadores se deja el liceo, se deja el trabajo, se pide el dia libre, se hace todo lo posible para estar, eso seguro”, justificó Alejandro.

Para ir a ver a Peñarol a otro país estuvo todo un mes sin ir a bailar, sin salir a comer una pizza, cosas que también le gustan hacer. “Pasás comiendo arroz”, explicó. “He conocido cosas peores, un compañero le vendió la moto al padre para viajar, sin que se enterara”.

Alejandro concluyó: “no sé si Peñarol es mi vida o mi vida es Peñarol. Es difícil de explicar, es tan grande el sentimiento que no se puede decir con palabras. A veces tenés problemas en la vida y vas a la tribuna y en las dos horas que estás ahí te olvidás de todo, te encontrás con vos mismo. Te levantás feliz solo porque juega. Para mí es todo Peñarol, si no existiera no sé cómo sería mi vida, no me imagino”.

Anaclara Trengone

*Seudónimos que llevarán los dos hinchas de Peñarol para mantener su identidad en reserva.