Segunda Guerra Mundial: el peligro de lo absoluto

LAS CARAS DE LA HISTORIA

¿Victimario o víctima?

No hay una sola versión de los sucesos históricos. Muchas veces la complejidad de las causas y los efectos queda enmascarada por la necesidad de la síntesis. Y por si fuera poco, la historia generalmente la escriben los ganadores. La lectura del libro de Michael Walsh “Testigo de la Historia”. publicado por CreateSpace Independent Publishing Platform en 2015, dispara un ejercicio de navegar entre conceptos antagónicos, que cuestionan el conocimiento común de las cosas. Por ejemplo:

¿Qué hubiera pasado si la Segunda Guerra Mundial no la hubiese provocado Alemania?

Michael Walsh, periodista, locutor e historiador, plantea  una nueva cara de la Historia, un nuevo enfoque, algo que nos induce a los lectores a pensar.

Alemania pagó caro su comportamiento en la Primera Guerra Mundial, sellando su derrota y su actuación con el Tratado de Versalles, en Francia. Este tratado significó para Alemania la pérdida de varios territorios, entre ellos  Alsacia y Lorena, todo el armamento de guerra, prohibiéndosele su fabricación, y el pago de grandes indemnizaciones a los Estados victoriosos. También debió reconocerse como el culpable y responsable de provocar el conflicto.

El país alemán permanecía tranquilo y restaurándose, cuando Hitler asumió el poder en 1933.  Personas que lo conocieron, vieron una cara distinta del que luego se convirtió en el dictador y aniquilador del pueblo judío. Según Walsh,  el mismo Hitler dejó que los que quisieran emigrar de Alemania podrían hacerlo sin ninguna objeción, y aquellos que se quedaran no tendrían el menor problema de circular libremente por el país.

Harold Sidney Harmsworth, Vizconde de Rothermere, señaló sobre Hitler, según el libro: “él cree que Alemania tiene un llamado divino y que el pueblo alemán está destinado para salvar a Europa de los ataques revolucionarios del Comunismo. Valora la vida familiar muy favorablemente, considerando que el Comunismo es su peor enemigo. Ha limpiado completamente la moral, y la vida ética de Alemania, ha prohibido la publicación de libros obscenos, y la presentación de obras y film cuestionables”.

El principal objetivo de Hitler era limpiar a Alemania, restaurarla, que su pueblo pudiera vivir cómodo y mejorar la economía del país. “El objetivo y la política de Hitler se dirige hacia lograr su meta sin pérdida de sangre (…) Austria fue anexada sin que se disparara ningún tiro. La revuelta en Palestina costó más vidas durante los últimos cinco años que en Alemania y Austria desde la introducción y el establecimiento del régimen de Hitler”, publicaba el Daily Mail el 20 de mayo de 1938.

El historiador afirma que el problema central de Hitler radicaba en los comunistas y el bolchevismo, que, en su amplia mayoría, eran judíos, pero en lo personal no tenía nada en contra de la judería: “…hemos combatido el Bolchevismo porque sus líderes habían planeado para nosotros una carnicería al estilo ruso y español. Tal es la diferencia entre la Revolución Bolchevique y la revolución Nacional Socialista. Una transforma a países prósperos y pacíficos en un desperdicio de ruinas y devastación, mientras que el otro, reconstruye un Reich destruido y en estado de miseria a un estado sólido y próspero económicamente”, dijo Hitler  en el Congreso de Honor de Nuremberg, en el discurso cierre del Fuhrer.

Luego de varias instancias por la preservación de la paz, Hitler sucumbió ante la guerra, siendo los ingleses quienes se negaron a negociar y dieron comienzo a otra catástrofe mundial, según el periodista, quien afirma que “el 31 de marzo de 1936, Hitler formuló un plan de paz de diecinueve-puntos que incluía la reducción de armas, y llevar la guerra aérea bajo la protección de la Convención de Ginebra. Sus propuestas fueron ignoradas”. Pero la Historia es eso, son hechos pasados que marcaron una época, y sin dudas Hitler lo hizo. Esos sucesos parecen depender de por quién o quiénes sean narrados.

Eric Hobsbawm, reconocido historiador inglés, señala en su libro, “Historia del siglo XX”, que “con muy raras excepciones, ningún historiador sensato ha puesto nunca en duda que Alemania, Japón y (menos claramente) Italia fueron los agresores (…) Si se pregunta quién o qué causó la segunda guerra mundial, se puede responder con toda contundencia: Adolf Hitler”.

Pero, ¿qué lado de la Historia es el verdadero? ¿Es en su totalidad responsable Hitler? ¿Hubo más responsables y nunca se dijo? ¿La Historia es una sola o es un conjunto de cosmovisiones y cada uno lo cuenta según su visión? Lo cierto es que nadie es inocente, pero tal vez el culpable supremo no sea el absoluto responsable por la masacre y el exterminio de los judíos. Para el autor, Reino Unido, Francia y Estados Unidos (desde 1941) son tan culpables como Italia, Japón y Alemania, que no quería entrar en guerra pero se vio forzada a hacerlo.

Harry Elmer Barnes, historiador estadounidense, dijo que  “virtualmente nada se ha escrito para revelar la verdad sobre la responsabilidad británica por la Segunda Guerra Mundial y sus desastrosos resultados. Si Gran Bretaña no le hubiese dado gratuitamente un cheque en blanco a Polonia, el cual no se necesitaba en lo más mínimo para afianzar la seguridad británica, Polonia con seguridad no habría arriesgado una guerra con Alemania. Con todo esto, aún no habría allí ninguna justificación para la intervención británica en tal guerra o para la provocación de una guerra europea”, afirma Walsh en su libro. Y sin duda alguna, la responsabilidad de la guerra es atribuida en su totalidad a Alemania, cuando parece ser, en parte, de la gran potencia mundial británica.

Barnes responsabilizó a Gran Bretaña de la Segunda Guerra: “la responsabilidad principal y directa por la guerra europea, que creció hasta la Segunda Guerra Mundial, era casi solamente de Gran Bretaña y el grupo de guerra británico, conformado por ambos, Conservadores y Laboristas...”. De hecho, en “Testigo de la Historia”, se presentan estadísticas, tomadas del libro “A Study of War” del profesor  Quincy Wright, que señalan que Gran Bretaña es el país más bélico en la Historia.

Basándonos en el libro, Gran Bretaña no inició la guerra por repudio a Hitler o al Nacional Socialismo; tampoco fue por su compasión hacia el pueblo judío, lo hizo por su salvación: Alemania había crecido mucho a nivel económico con Hitler en el alto mando, el comercio británica estaba descendiendo, la única forma de recuperarla era destruyendo a Alemania, y con ello a Hitler. “Alemania es demasiado fuerte. Debemos destruirla” dijo Winston Churchill, líder político británico, en noviembre de 1936, recogido por Walsh.

¿Sí los propios Judíos fuesen responsables en parte por lo que le pasó a su pueblo?

No solo está la responsabilidad atribuida a Gran Bretaña: Hanna Arendt, filósofa y escritora judía, fue quien escribió “Los orígenes del totalitarismo”, a raíz de los juicios contra Adolf Eichmann, teniente coronel de las SS nazis, capturado por los isaraelies en Argentina, donde sew escondía . Para Arendt, si los judíos hubieran peleado, tal vez no hubiese habido tantas muertes. Así lo afirma Thomas S. Harrington, en Rebelión.org: “determinados líderes de la comunidad judía facilitaron la desaparición de su propio pueblo a través de su participación y cooperación activa con Eichmann y los nazis”.

Según la realizadora alemana Margarethe Von Trotta, en su filme “Hanna Arendt”, Eichmann sostuvo férreamente durante su juicio, en Jerusalén en 1961, que él no había matado a nadie; que simplemente estaba cumpliendo órdenes, “Yo solo los transportaba“, señaló.

Hanna tuvo que afrontar las consecuencias por su “defensoría” al exnazi. Fue acusada de nazista, colegas y amigos le dieron la espalda tras divulgar su punto de vista luego del juicio de Eichmann, y fue despedida de su empleo en la universidad.

El profesor Antonio Pereira, de la Universidad de la República (UdelaR), en consulta con Sala de Redacción, situó tres grandes factores que fueron vitales para el desencadenamiento de la Segunda Guerra Mundial: el primero de ellos fue el impacto propinado por la Primera Guerra Mundial y como secuela el Tratado de Versalles; el segundo fue la crisis de 1929, donde el partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (Nazi) incrementó sus votantes luego del fin de la crisis; y el tercero, la revolución rusa y el desarrollo del comunismo.

Pereira agregó que los procesos históricos no tienen una sola causa, son “multicausales”. De hecho, el Tratado de Versalles original era prácticamente borrar a Alemania del mapa, pero Inglaterra intervino para cambiarlo porque no le convenía que Francia quedase como la “gran potencia” de Europa occidental, afirmó Pereira.

El profesor concluyó diciendo que es ilógico pensar que sólo Inglaterra fue el precursor de la guerra, pero sí discutir que existen varios factores que están asociados a Alemania y explican por qué se terminan tomando las medidas en exceso, desencadenando la contienda. Alemania no podía sustentarse por sí sola, había perdido sus colonias luego de la Primera Guerra Mundial, las colonias servían para colocar productos manufacturados, conseguir materia prima y mano de obra barata. La gran Alemania está asociada al concepto de pangermanismo, ideología política y cultural de la unificación de los pueblos alemanes que también se encuentra fusionada al expansionismo. No solo es una cuestión cultural, porque, a su vez, está vinculado con lo económico.

Romina Castagnaro