DÍA DE MIÉRCOLES

La madre procesada salta el cerco cuando le impiden la salida de la escuela. Foto: facebook Daisy Iglesias

Día normal. Es miércoles, pero podría ser martes, o lunes. Camino unos metros, la escuela está cerca. A mi lado van dos de mis hermanos más chicos. Estoy un poco cansado. Anoche me quedé hasta tarde cargando bidones para llevar agua a casa porque nosotros no tenemos, nos la cortaron. No recuerdo hasta qué hora me quedé despierto en esa contienda. Pero acá estoy, entro a clase y espero a que sea la hora del recreo, como todos.

 

El recreo, momento sagrado, si los hay. Pero este es distinto. El recreo de miércoles está raro. Huele mal. Me dijeron que llamaron a mamá para pedirle que empiece a venir a las reuniones cuando la citan. Cuando llaman a tus padres es porque te estás portando mal, creo. Pero no la llamaron para rezongarme. La llamaron para rezongarla a ella. No sé, eso dicen. Cuentan que mamá se enojó cuando le dijeron que yo no podía estar cargando los bidones de noche, parece que no es lo mío. Dicen que agarró a mis hermanos y se los quería llevar a casa. A mí también me buscaba pero yo no estaba, no me encontró. Dicen que se llevó todo por delante, hasta a una maestra. Le pegó, le pegó feo, dicen.

Estoy asustado. Mamá se llevó a mis hermanos a casa y está enojada. Está enojada con la directora que le dijo que yo no puedo estar en la calle de noche y está enojada porque no me encontró. Tengo miedo, ¿qué me va a decir cuando me vea? Voy a ir con la directora.

Creo que era una posibilidad. Vuelve. Y viene con su novio. Entra a la dirección y me dice que nos vamos. No me quiero ir, quiero quedarme en la escuela. Tengo miedo. La directora le dice lo que me pasa. ¿Para qué? Habían discutido antes y esa era la razón por la que se enojó ¿Qué hacía pensar que le tendría mayor simpatía ahora? Se la agarra con ella también. La hace de goma. Le digo que pare. Le insisto que pare. “Ya está mamá”, le repito varias veces. Y después de pegarle se quiere ir. Y se va. Pero me niego a volver a casa con ella. Está mal, está enojada. Voy a esperar. Tengo miedo.

Vino la policía. Qué loco. La policía está en la escuela por mi madre. Y pensar que la habían llamado para reunirse con la directora y eso siempre es para rezongarnos a nosotros, a los gurises. Pero esta vez era para ella. Y tanto que tuvo que venir la policía. Pero son las 5, ya está. Tengo que irme a casa. Ya se le debe haber pasado.

Llego a casa, llamo a la puerta pero el novio de mamá no me abre. Insiste en no abrirme y empiezo a pensar que mamá no está en casa. Pero si éste no me abre no puedo entrar. Y si no puedo entrar me voy a la escuela. Pero ya se deben haber ido todos. No sé, ¿qué está pasando? Me siento mal. Es una mezcla de tristeza, angustia, enojo y otro montón de cosas que no sé cómo describir. Llego y sí, hay alguien. Está la policía todavía.

Siento la necesidad de que esto termine. Quiero estar bien. No sé si es lo mejor pero una de las policías dice que tengo que volver a casa y ella me acompaña para intentar convencer al novio de mi madre. Convencerlo de que me deje entrar en mi casa. No parece muy normal. El día no fue normal, al fin y al cabo. No fue como el martes, ni como el lunes.

Y los días pasan. Como todo. Mamá sigue con la policía. No parece que la vayan a dejar volver a casa. Dicen que no es la primera en pegarle a una maestra, y no solo le pegó a ella. Dicen que con mi madre se tiene que dar el ejemplo y llevarla a la cárcel para que no pase más. Todo el mundo habla de mi madre, pero no sé que va a pasar conmigo, ni con mis hermanos.

Se confirma. Hoy es viernes. Mamá está presa y va a seguir así por un tiempo. Creo que tampoco es un día normal. Tenemos que irnos de casa.

La madre de seis hijos, tres de los cuales van a la escuela 251 de Montevideo, fue procesada con prisión por agredir a una maestra y a la directora de la institución. La imagen de la mujer saltando las rejas del local para poder ingresar por segunda vez a la escuela ante la estupefacta mirada de los escolares recorrió los portales informativos.

Dos de los seis hijos quedarán bajo la tutela del INAU: una bebé hija del actual novio de la mujer y el más grande de todos. Los cuatro hijos del medio quedarán con su padre y abuela paterna.

Según dijo a El Observador el juez Pablo Dalera, del Juzgado de Familia Especializado, hubo “violencia intrafamiliar” y eso fue fundamental a la hora de tomar la decisión. Además, pidió asistencia psicológica para los seis niños.

Federico Laitano

LOS DESCARGOS DE LA MADRE
Extracto de las declaraciones de Viviana B. ante el juez penal que la interrogó y la procesó (diario El País, jueves 7).
Juez Álvarez: ¿Cómo explica que tanto la maestra como la directora manifiesten que no le plantearon situaciones vinculadas al comportamiento de su hijo sino que procuraban desde hacía tiempo que usted atendiera necesidades del niño para desarrollar las tareas físicas en la escuela (gimnasia, natación)?
Viviana B.: No me hablaron de eso. Lo único que me decían es que no asistí a una reunión.
Álvarez: ¿Cuál fue la razón que la llevó según su relato a insultarlas?
Viviana B.: Cuando la directora me dijo que mis hijos iban a la escuela sucios, que pasaban de noche en la calle, que era mala madre. Que los mataba a palo, que pasaban hambre. Me enojo porque levantó el teléfono y me dijo que me podían sacar a mis hijos.
Ante la Policía, Viviana B. explicó: “Pegué a la directora y a la maestra porque no soy una mala madre. Corté un reproche que hacían ellas todo el día”.
Álvarez: ¿Usted tuvo conocimiento de episodios anteriores de que madres agredían a maestros?
Viviana B.: Veía en la tele.
Álvarez: ¿No llegó a reflexionar eso?
Viviana B.: Obvio que no se puede hacer, pero yo tampoco me voy a dejar pegar e insultar de la nada.
Fiscal Gómez: ¿Qué le pareció el hecho? ¿Está arrepentida?
Viviana B.: Obvio, porque hay niños de por medio, hice algo que está mal.