Se proyectarán tres películas recientemente digitalizadas sobre el movimiento estudiantil y la crisis de la democracia de los 60 y 70

IMÁGENES DEL PASADO

En Uruguay no existen políticas públicas para la restauración del patrimonio audiovisual. Las películas que quedan en el archivo de la Cinemateca uruguaya o en el Archivo General de la Universidad de la República (AGU), están, en su mayoría, en muy mal estado. Sin embargo, desde 2007, el AGU está recuperando y digitalizando varias de estas películas.

El jueves 21 de setiembre a las 18.oo van a proyectar tres de ellas en el callejón de la universidad, en un evento denominado “Primavera Estudiantil“. En orden cronológico, “Me gustan los estudiantes” (1968) de Mario Handler, “La bandera que levantamos” (1971) de Mario Jacob, y “En la selva queda mucho por hacer” (1974) de Walter Tournier. Se trata de un homenaje a estos tres cineastas y también a Walter Achugar, quien fue el productor de todas estas películas, cuando hacia fines de los años 60 decidieron crear un fenómeno pionero para el nuevo cine latinoamericano: la cinemateca del tercer mundo. También se exhibirán fragmentos que no están constituidos en obras, que incluyen escenas callejeras referidas al movimiento estudiantil. Luego de la proyección, se abrirá un debate con los autores referido a este tema y a cómo estas imágenes nos permiten reflexionar sobre el presente.

Equipos recuperados por AGU. Foto: Joaquín Di Lorenzi

 

Para hablar sobre este proyecto, SdR conversó con Isabel Wschebor, historiadora y docente con Dedicación Total del Área de Investigación Histórica del AGU.

-¿Cómo surge este proyecto de restaurar y digitalizar el patrimonio fílmico nacional?

En Uruguay nunca había existido un sistema que posibilitara recuperar estos materiales en alta definición. En 2016 hicimos un acuerdo con el ICAU [Instituto de Cine y Audiovisual del Uruguay], Cinemateca, el Sodre y la Universidad Católica, lo que llamamos Mesa Interinstitucional de Patrimonio Audiovisual (MIPA), y logramos que se trajeran unos equipos que habían quedado embargados por el Banco República, a raíz del quiebre de una empresa. No se sabía mucho porque habían estado parados cuatro años, pero en caso de poder reactivarlos permitían hacer transferencias de película cinematográfica a video en SD. Cuando pasaron a estar bajo las dependencias del AGU, un equipo de trabajo se dedicó a ver cómo reconfigurar el uso de ese equipo para poder digitalizar en 2K. Sobre eso hicimos una primera experiencia, en el marco de lo que llamamos Plan Nitrato (las películas de nitrato son de las más viejas en la historia del cine), y por ese motivo, esa mesa [la MIPA] se propuso desarrollar un plan, que se inició con una primera digitalización. Por otro lado, empezamos a desarrollar proyectos que tuvieran que ver con otros aspectos de la historia del patrimonio fílmico nacional, que ha sido desatendidos por las políticas públicas. Ahí largamos una línea de trabajo más universitaria que refiere al periodo en el que se empieza a configurar un campo cinematográfico de autor en Uruguay, más asociado a las décadas del 60 o 70. Para eso hicimos una alianza en colaboración con el colectivo Memorias Magnéticas, que se formó a partir de un curso que yo di en la Facultad de Información y Comunicación (FIC) el año pasado, sobre el cine producido en Uruguay que se refería a la lucha contra la impunidad. Estos estudiantes decidieron conformarse como un grupo para generar espacios de difusión y debate sobre el cine uruguayo que de una forma u otra no se conoce, porque no hay una política publica concreta para rescatar el patrimonio fílmico.

-Y estas películas que rescatan ahora serían un antecedente.

Sí, nosotros generamos otra línea de trabajo, que se llama “Cine y Política”. El eslogan es “traer imágenes del pasado para debatir los temas del presente”. Si bien con Memorias Magnéticas habíamos trabajado en películas de la post dictadura, nos pareció que podía existir un escenario nuevo e interesante al trabajar con películas de imágenes documentales que se hubieran generado en la época de la crisis de la democracia y los antecedes del golpe de Estado. Esta exhibición está directamente relacionada con eso. Estamos teniendo apoyo de la Fundación Friedrich Ebert (Fesur), a quienes les pareció que estaba bueno que a través del cine se empezaran a debatir temas como el pasado traumático, la violación a los derechos humanos, la radicalización política o la crisis de la democracia. Debatir estos asuntos a partir de imágenes cinematográficas nos permite tomar contacto con el pasado, o con la experiencia del pasado, que genera otras posibilidades de reflexión en las generaciones más jóvenes, que son nativas digitales, y para las cuales el lenguaje del audiovisual está totalmente incorporado. Poder llegar a debatir estos asuntos a partir de una película tiene un efecto mayor que si lo hacemos a través de un texto escrito, porque su mundo es audiovisual. Esta es una de las razones por la que estamos desarrollando todos estos trabajos de rescate del patrimonio audiovisual: porque en la historia contemporánea, buena parte de la forma en la que producimos mensajes y sentido sobre la realidad están asociadas a lo audiovisual. Es un tipo de archivo que no podemos dejar que desaparezca porque estaríamos destruyendo las mismas prácticas por las que construimos sentido.

Hay distintas dimensiones que desembocan en este homenaje: de archivo, o sea de nuestra contribución a la búsqueda de generar políticas nacionales para la preservación del patrimonio fílmico -una noción que tiene que ver con el debate público, y ahí entran Fesur, Memorias Magnéticas y este evento, que no es solo la exhibición de la película, sino plantear un debate a posteriori con los autores sobre lo que vemos-. También hay una dimensión que implica que el patrimonio fílmico en sí no es una cosa especifica, sino un saber que puede dar respuestas a una cantidad de aspectos que tienen que ver con cómo recuerda la sociedad contemporánea, dado que esta está totalmente invadida por imágenes en movimiento. Todo eso es lo que une a estos grupos.

Fotograma digitalizado de una película de 8mm. Foto: Joaquín Di Lorenzi

-¿Cómo es el proceso de digitalización de las películas?

En el mundo de la preservación de imágenes existen distintas tendencias. Una que vende mucho más, la de la remasterización, que le pone muchísimo peso a la postproducción digital. Esa no es nuestra perspectiva de trabajo. Nosotros tenemos materiales que a veces están muy deteriorados, y nuestro principal objetivo es generar una pieza digital que sea lo más fiel posible al original. Es importante tomar en cuenta que estas son películas que fueron perseguidas y censuradas, que se tuvieron que esconder o mandar al exterior, no se sabía ni dónde estaban. Después de la dictadura surgió la posibilidad de que muchas quedaran en el depósito de Cinemateca Uruguaya, pero nunca hubo una medida pública de decir: “vamos a crear un archivo que albergue estos materiales que son el tesoro del cine nacional”. No ha habido eso. Entonces hay una orfandad en materia de custodia, y eso se ve en el material original, hay películas muy deterioradas, y eso tiene que ver con la historia de un material que no fue valorizado, sino perseguido o censurado. Para nosotros, en la digitalización es importante preservar esa historia, porque no nos parece menor el hecho de que esas películas, por su contenido y por el contexto en el que fueron producidas, fueron censuradas. Nuestra perspectiva de trabajo es de investigación y de tratar de que a través del proceso de digitalización, que siempre es una interpretación, exista un dialogo con la obra. Por otro lado, existe un respeto a la voluntad de los autores, que están todos vivos. En el caso de “En la selva…”, los colores se han ido desvaneciendo. El azul, por ejemplo, desapareció de la copia que tenemos. Va a haber una restauración de color, guiados por la voluntad de Walter [Tournier]. Por un lado, guardamos un máster, fiel a lo que se digitalizó, y para la exhibición tomamos en cuenta la opinión del autor. Este es el protocolo de actuación. Que no es porque sí: refleja nuestra concepción. Cada uno de los autores aporta su granito para ver qué consideraciones tienen en los ajustes que esto pueda tener en la postproducción.

Joaquín Di Lorenzi