Se cumplen tres años de los desaparecidos de Ayotzinapa

SIN RESPONSABLES, EL PEZ POR LA BOCA NO MUERE

Marcha en conmemoración del tercer aniversario. AFP PHOTO / Guillermo Arias

Los Santiago Maldonado no son nuevos. Al igual que en los períodos dictatoriales que marcaron el siglo XX en Latinoamérica, la metódica de la desaparición forzada realizada por los Estados, son un elemento de terror recurrente. En la noche del 26 y madrugada del 27 de setiembre de 2014, estudiantes mexicanos de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa fueron atacados en la ciudad de Iguala, Guerrero, por la policía en presunto apoyo de organizaciones criminales. A tres años de este episodio, 43 normalistas siguen desaparecidos.

El colectivo Contraimpunidad y varios sindicatos se sumaron a la acción global por Ayotzinapa y proyectaron un audiovisual, además de promover un debate. Los expositores desarrollaron las hipótesis que se manejan sobre las causas del ataque. Se destacó como posible motivo que uno de los ómnibus tomados por los estudiantes contuviera una carga de heroína del cártel Guerreros Unidos, y mediante el brazo armado de la policía, procuraron recuperarla. Esta hipótesis se apoya en que, según el informe de expertos de la OEA, uno de los autobuses utilizados no fue atacado sino detenido por policías y desalojado.

También subrayaron la posibilidad de que directamente haya sido un intento de amedrentar y hacer desaparecer este tipo de instituciones educativas, antiguo bastión de la pedagogía marxista rural. Ya en 2013, la iniciativa de reforma educativa propuesta por el presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, contemplaba expresamente la desaparición de Ayotzinapa, al considerarla una instancia improductiva y conflictiva.

Cualquiera sean las causas que motivaran el ataque, los hechos son irrefutables.  El 26 de setiembre, unos 80 estudiantes normalistas se dirigieron al norte del Estado de Guerrero para participar en la conmemoración de los estudiantes asesinados el 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco, Ciudad de México. Sobre las 7 de la tarde se encontraban en las afueras de la ciudad de Iguala. Dos horas y media más tarde, salieron de la terminal de ómnibus de Iguala en cinco autobuses.

Cuatro ómnibus (Costa Line 2012 y 2510, Estrella de Oro 1568 y 1531) partieron rumbo al norte, hacia el centro de Iguala. El Estrella Roja 3278, por su parte, salió hacia el sur. Diez minutos más tarde, cuando el grupo llegaba a la esquina de la calle Galeana, patrullas de la Policía Municipal de Iguala intentaron bloquearlos y dispararon balas hacia el aire. Por este motivo, el Estrella de Oro 1531 se separó y dobló en dirección al Este. Los autobuses restantes siguieron hacia el norte, hacia la calle Juan Álvarez.

El escenario de Juan Álvarez y Periférico Norte

Finalmente, el grupo de tres ómnibus fue bloqueado en la intersección de la calle Juan Álvarez y Periférico Norte. Por el frente, impidiendo el paso, se encontraban cuatro patrullas de la Policía Municipal de Iguala (números 02, 11, 19, 26) y tres de la Policía Municipal de la ciudad de Cocula (números 302, 305, 306). En la parte de atrás, bloqueaban la salida seis patrullas (números 17, 18, 20, 22, 27, 28). Los autobuses fueron baleados por ambos lados y dos normalistas fueron heridos. El estudiante “J” recibió un tiro en la mano, mientras que Aldo Gutiérrez recibió un disparo en la cabeza cuando intentaba mover la patrulla 02. Actualmente, Gutiérrez sigue en coma.

La policía también disparó sobre la parte de atrás del Estrella de Oro 1568, donde el estudiante “FM” fue herido. Quienes estaban en ese ómnibus se entregaron rápidamente. Los policías pusieron a todos los estudiantes sobre el piso y luego los subieron a la parte trasera de seis (o siete) patrullas. Si bien no se conoce el número concreto, entre 20 y 30 normalistas del Estrella de Oro 1568 fueron subidos a los vehículos y posteriormente desaparecidos.

Aproximadamente a las 11 de la noche, una vez que los policías se retiraron del lugar, los normalistas que quedaban comenzaron a proteger las evidencias del ataque. A pesar de que varias agencias de seguridad en todos los niveles del gobierno ya sabían de los hechos y que el cuartel militar estaba a minutos de distancia, ninguna agencia se acercó a ayudarlos o a procesar la evidencia. Varios periodistas y maestros que habían escuchado de los ataques se aproximaron al lugar.

Mientras que los estudiantes daban una conferencia de prensa en la calle, en la que declararon que pasaron por el lugar dos patrullas de la policía y una patrulla de Protección Civil pero no les ofrecieron ayuda, sufrieron un tercer ataque. En el mismo (perpetrado por hombres fuertemente armados sin uniforme) fueron asesinados los estudiantes Daniel Solís Gallardo y Julio Cesar Nava, mientras que el normalista Edgar Andrés Vargas resultó gravemente herido. Otras dos personas también fueron heridas.

Palacio de la Justicia

Al otro lado de la ciudad, casi al mismo tiempo en que ocurrían los hechos en Juan Álvarez y Periférico Norte, el ómnibus Estrella de Oro 1531 era bloqueado debajo de un puente vehicular, casi a la altura del Palacio de la Justicia. En el lugar también se encontraban cuatro patrullas de la Policía Municipal de Iguala que comenzaron a agredir a los estudiantes que se encontraban dentro del autobús. A esta escena se le sumó una patrulla de la Policía Ministerial.

Usando gas lacrimógeno, obligaron a los normalistas a salir. Entre 12 y 15 estudiantes fueron golpeados y subidos a varios vehículos de la policía. Los llevaron hacia el sur, en dirección a Chilpancingo. Después los desaparecieron. Testigos aseguraron que tres patrullas involucradas en el ataque eran de la policía municipal de la ciudad de Huitzuco.

A unos 150 metros de ese lugar, el Estrella Roja 3278 fue detenido por dos patrullas no identificadas, pero los estudiantes lograron huir a pie y se dirigieron a la Colonia Pajaritos. Más tarde, algunos retornaron al puente vehicular y vieron que el ómnibus, en el que anteriormente se encontraban sus compañeros, estaba vacío y rodeado de varias patrullas. Luego de haberse retirado del lugar, dos patrullas intentaron, sin éxito, atropellarlos. Vehículos de la Policía Ministerial también los persiguieron, mientras corrían hacia Periférico Norte. Y funcionarios de la Policía Municipal hicieron lo propio, a los disparos, a la altura de la Colonia 24 de Febrero.

A la 1 de la mañana, varios de los estudiantes que se encontraban en el escenario de Periférico Norte, junto a un profesor, buscaron asistencia médica en el Hospital Cristina. Al ser intimidados por miembros del Ejército debieron ir a otro hospital. Mientras tanto, el estudiante Julio Cesar Mondragón, presente hasta el último ataque en Periférico Norte, era torturado y luego asesinado por personas no identificadas.

Finalmente, alrededor de las 6 de la mañana del día 27, los estudiantes comenzaron a reunirse y testificar en la procuraduría local.

A la luz de las investigaciones

Esta recreación de los hechos ocurridos en la ciudad de Iguala, el 26 y 27 de setiembre de 2014, es posible a partir de los dos informes realizados por el Grupo Interdisciplinario de Expertas y Expertos Independientes -surgido del acuerdo entre la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, los representantes de las víctimas y el Estado mexicano- y por la plataforma cartográfica interactiva plataforma-ayotzinapa.org, un proyecto elaborado por Forensic Architecture, comisionado y llevado a cabo en colaboración con el Equipo Argentino de Antropología Forense y con el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, según se detalla en la plataforma.

Captura de la plataforma cartográfica interactiva

Las investigaciones, marcadas por las constantes trabas, el rechazo a compartir documentos por parte del gobierno mexicano, la obstaculización a la realización de entrevistas y el espionaje a los propios investigadores, se desataron contra esta asistencia técnica para la búsqueda de los 43 estudiantes desaparecidos, que también busca encontrar responsables y, de igual forma, otorgar asistencia a los familiares de los estudiantes. En ellas, se permite observar la relación de los eventos ocurridos esa noche, sus actores y su nivel de coordinación, y se detallan las inconsistencias e irregularidades en las investigaciones oficiales llevadas a cabo por el Estado Mexicano.

Luciano Costabel