El escritor cubano Pedro Juan Gutiérrez pasó por Montevideo y conversó con Sala de Redacción

“LA ESCRITURA ME HA AYUDADO A CAMBIAR”

Pedro Juan Gutiérrez / Foto: Marta González, CCE

Pedro Juan Gutiérrez nació en Cuba en 1950, en Pinar del Río, pero creció en Matanzas. Es autor de libros como Trilogía sucia de La Habana, El Rey de la Habana, Animal Tropical y Fabián y el caos, su última novela, publicada en 2015. Invitado por el festival de literatura Filba, cuenta a SdR que esta es su primera vez en Uruguay, y que ya casi no acepta invitaciones a festivales, pero que vino porque este “es un muy buen festival y me interesaba el tema”, que este año es la violencia en la literatura.

Gutiérrez, que ha tenido varias dificultades para publicar sus libros en Cuba y que actualmente reparte su vida entre Centro Habana y España, habla de lo que significó escribir su último libro sobre un amigo de su adolescencia, de cómo su literatura está constantemente atravesada por la violencia, y de cómo a veces debe quitar realidad a la ficción “para hacerla creíble”.

-Fabián y el caos es un libro muy autobiográfico, y Fabián está basado en un gran amigo tuyo, ¿qué significó escribir sobre él?

-Fue un gran problema, porque es un libro muy autobiográfico, basado en hechos que sucedieron realmente con un gran amigo de la secundaria. Y le pasaron esas cosas que yo cuento ahí y mas, hay cosas que las reduje para hacerlo un poco creíble. Estuve 20 años pensando si debía escribir ese libro o no.

-En general se agrega ficción a la realidad, pero vos decís que redujiste algunas cosas que pasaron para hacerlo creíble.

-Sí, sí. Para hacerlo creíble. Fue mucho más cruel todo respecto a lo que cuento en la novela, mucho más despiadado, más difícil. En aquellos años había una línea política contra los homosexuales, contra los vagos, y este muchacho, Fabio, cayó en esa etapa. Logré convertirla en una novela, convertirla en algo potable. Fue una etapa muy difícil, y yo la tenía clavada en el corazón durante muchos años, hasta que al fin encontré unas imágenes iniciales y me decidí.

-¿Por qué sentiste que era una historia que debía ser contada?

-Es una etapa muy triste, la historia de Cuba en los años 60 y 70, toda esta cosa contra los homosexuales: te podían botar de una carrera universitaria, te podían hacer la vida imposible. Yo creo que era un deber mío escribirlo y dejar eso en blanco y negro. Incluso ahora tengo tanta suerte que esta novela el año que viene va a salir en Cuba. Los libros míos siempre se publican primero en Anagrama, en España, y a partir de ahí se van publicando en otros idiomas.

-¿Has tenido problemas con tus libros en Cuba?

-Sí, cuando salió Trilogía sucia de La Habana yo era periodista y me echaron a la calle sin explicaciones. Lo cual a la larga fue bueno porque dedicaba entonces todo mi tiempo a la escritura. El periodismo me entretenía mucho y cuando estás escribiendo tienes que tener tiempo completo para escribir un libro, no puedes estar dividiéndote entre una cosa y la otra. Así que a la larga agradezco que me hayan echado del periodismo. Hace ya 20 años de eso. Hay que ver el lado positivo de todo.

-Fabián y el caos trata en gran medida de la homofobia en la sociedad cubana en las primeras décadas de la revolución. ¿Aún quedan resquicios de ello?

-En la sociedad sí. Cuba es una sociedad muy machista. El gobierno trata por todos los medios de que no pase. Incluso hay un centro de salud sexual que atiende sobre todo a los travestis, a los gays que tienen ya problemas psicológicos. Hay gays que empiezan a travestirse y llega un momento que se vuelven un poco locos. Entonces tienen psiquiatras, tienen psicólogos que los atienden, a los que tienen Sida también los atienden gratuitamente. Ese centro funciona muy bien desde ya hace algunos años. Pero en la sociedad es normal que la gente se burle de ellos, es normal en una sociedad machista.

-En tu último libro me pareció que te mostrás mucho más crítico que en tus libros anteriores respecto al papel que tenía la mujer en la sociedad. ¿Cambió tu visión sobre este tema?

-Yo creo que sí, que estos libros me han ayudado a madurar. Yo también era producto de una sociedad machista, no era un ángel que cayó del cielo. Todos estos libros transparentan una sociedad machista, racista, con fuertes problemas de violencia sobre las personas, y sobre las mujeres también, tienen que estar sumisas. Creo que he ido madurando y que voy viendo las cosas de otra manera. La escritura me ha ayudado a cambiar.

-Las mujeres querían domesticar a Pedro Juan, casarlo, tener hijos con él. Pero él solo quería templar y tomar ron. ¿Te hubiera gustado tener una vida menos caótica?

-Bueno, Pedro Juan Gutiérrez siempre es un poquito más moderado que el personaje Pedro Juan. Yo creo que el personaje y el escritor se contaminan en los dos sentidos. En Diálogo con mi sombra hablo sobre el oficio de escritor, con Pedro Juan personaje preguntando y Pedro Juan Gutiérrez contestando.

-Muchos escritores escriben a partir del dolor y de experiencias negativas. ¿Te parece que la apertura cubana y la búsqueda de un Estado de bienestar puede afectar negativamente a la cultura?

-Un Estado de bienestar a Cuba no va a llegar hasta dentro de por lo menos 20 años. La pregunta es un poco utópica, pero lo cierto es que la literatura necesita de la contradicción, del antagonismo. Una sociedad que sea demasiado blanda, suave, que facilite todo, pues evidentemente te da una buena vida, pero yo creo que no te ayuda a hacer una buena literatura. La literatura es problema, es colocar a personas en situaciones límite; si las personas no están en situación límite no producen una buena historia. En mi caso, mis libros se basan en personas que están en situaciones límite debido a la pobreza.

-Tus libros generan imágenes crudas. En El Rey de la Habana, me quedó marcada una imagen del protagonista implantándose dos bolitas de metal en el pene. ¿La literatura tiene que ser así, cruda y directa?

-Yo creo que la literatura tiene que impactarte. El Rey de la Habana surge básicamente porque siendo periodista de un semanario fui dos o tres veces a una cárcel de menores que hay en las afueras de La Habana y hablé con los educadores y las madres de los muchachos que están retenidos ahí. Si a los 18 años no han mejorado su actitud frente a la sociedad pasan a las cárceles de adultos. Entonces me enteré de muchas cosas. Me enteré de que se ponen estas bolitas en el pene y se les infecta y en la enfermería de allí tienen que sacárselas, me enteré de cosas que en la revista no pude escribir: en la revista tuve que hacer un reportaje normal, yo no podía escribir cosas así. Todo eso se me quedó en la cabeza, y después, cuando estaba escribiendo Trilogía sucia de La Habana tenía dos personajes a los que conocía del barrio, de Centro Habana, y me daba cuenta de que eran dos personajes para un relato largo. Entonces incorporé cosas. Tienes que buscar e incorporar lo que la gente no conoce, lo que normalmente no se habla.

-¿En qué formas se manifiesta la violencia en tus libros?

-La violencia en mis libros es una constante. Aparece como un leit motiv. La miseria material genera miseria moral, y dentro de ella está toda esa cosa de la violencia, de humillar al otro, machacar al que está a tu lado para preponderar. Cuando tienes que vivir como un sobreviviente, día por día, tratando de poder llegar al siguiente, tienes que utilizar todos los medios a tu alcance. Por lo general, los medios a tu alcance son la agresividad, la violencia, la furia, marcar tu territorio. La ley de la selva.

-¿Cómo ves a la juventud cubana?

-Hay cambios. La mayoría lo que quiere es resolver su vida, lo normal en todas partes del mundo. Muchos se quieren ir, rehacer sus vidas en otros lugares. Es lamentable que esto suceda cada vez más. A veces son jóvenes que están estudiando alguna profesión. Cuando hablas con más detalle te dicen que se quieren ir. Hay unos pocos que quieren quedarse, si les dejan montar un pequeño negocio. Creo que hay una transición. Pero esto no es nuevo, llevamos así unos cuantos años.

-¿Qué problemas tendrías para retratar esa juventud actual?

-Yo hago literatura, no periodismo: no me interesa, no puedo trabajar con inmediatez. Conocer un contexto, una situación, personas, y al año siguiente escribir una novela… yo no puedo trabajar así.  Hay un proceso de alimentación que es lento.

-¿Podrías escribir sobre algo que no conocés?

-No, para poder escribir hay que estar muy metido dentro de un contexto. Desde afuera yo no puedo escribir nada; sería incapaz de escribir una novela que se desarrolle en Nueva York. La puedo escribir pero sería una bazofia. En Animal Tropical hay un capítulo entero en Suecia. Pero ese capítulo lo escribí allí cuando pasé tres meses, con una sueca, por supuesto, porque solo en Suecia, qué aburrimiento. Llegó un momento que me aburría mucho, cogí una libreta y empecé a escribir las cosas que me pasaban. Hay que conocer lo que uno escribe.

-¿Qué otros proyectos tenés?

Estoy trabajando en dos novelas de espionaje, muy lentamente, no tengo prisa. Como Nuestro GG en La Habana. Se me quedaron algunos personajes y puede ser muy interesante, vamos a ver qué sale.

Joaquín Di Lorenzi