Anna Surinyach presentó la muestra Éxodos: historias de refugiados, migrantes y desplazados


A LA DERIVA

 

Sara Traoré, una niña de Costa de Marfil de dos años cuya madre y hermano murieron tras sufrir quemaduras causadas por un derrame de gasolina en el barco en el que cruzaban el Mar Mediterráneo, es cargada en brazos por una enfermera española luego de ser rescatada por Médicos Sin Fronteras. Foto: Anna Surinyach/MSF

Cargan con el recuerdo de un hogar destruido, con el dolor de las heridas abiertas y con la vidriosa mirada de sus hijos. Así, cientos, miles, depositan en una embarcación abarrotada de gente su último puñado de esperanza y emprenden una cruzada a la deriva. Esta es la realidad que viven hombres, mujeres y niños de distintas nacionalidades al intentar atravesar el Mar Mediterráneo hacia Europa,  que cada vez con más frecuencia deben huir de sus países por causa de una guerra, un conflicto o un contexto de violencia.

Pero este es sólo uno de los frentes de batalla abarcado en Éxodos, exposición fotográfica con la que Médicos Sin Fronteras (MSF) y la fotoperiodista española Anna Surinyach buscan “poner un rostro humano” a la dura realidad de los migrantes, refugiados y desplazados. Más allá de la denominada “crisis del Mediterráneo”, quizás la más conocida por su presencia en los medios, en países como Sudán del Sur y México existen situaciones similares en torno a movimientos de población. En esos casos ya no se trata estrictamente de quienes buscan ser acogidos como refugiados sino también de los que son desplazados quedando “atrapados” en un país en conflicto o de los que migran en busca de mejores condiciones de vida.

Para Surinyach es importante que se conozca la “visión global” del tema, ya que existe “una cierta confusión entre qué es un refugiado, qué es un desplazado y qué es un migrante”, como lo expresó durante la presentación de la exposición en el Centro de Formación para la Cooperación Española en Montevideo, muestra que estará hasta fin de año. Para la fotoperiodista, estos términos se mezclan en los medios de comunicación y no están claros en la opinión pública, y a través de estos fotorreportajes en contexto se puede lograr dar a conocer la realidad y transmitir el impacto que se siente.

“A mí una de las cosas que más me impactó en el Mediterráneo fue la primera vez que vi un barco de los que íbamos a rescatar, esos que van a la deriva totalmente abarrotados de gente, con dos capas de personas. Cuando nos acercamos con la lancha de rescate había mujeres histéricas llorando, embarazadas de nueve meses, niños gritando, hombres peleando entre ellos. El agobio y la incertidumbre de esta gente era tal que me quedé totalmente bloqueada. Llevaba la cámara y no saqué ni una foto, no pude”, narró Surinyach durante la charla sobre la muestra.

“En el Mediterráneo hoy podemos decir que no existen vías legales y seguras para llegar a Europa y eso quiere decir que el concepto de refugiado en sí se está poniendo en tela de juicio y podría dejar de existir”, denunció en la oratoria de la muestra David Cantero, director general de MSF para los países de América del Sur de habla hispana. Además, señaló que tras el acuerdo que la Unión Europea (UE) firmó con Turquía para evitar que los refugiados lleguen a Europa, la vía de acceso principal al continente es por Libia, donde un conflicto interno causa que un gran número de personas sean asesinadas, torturadas o violadas. El activista de MSF subrayó también que si bien la tarea prioritaria de la organización es asistir a las personas, el otro “pilar” se encuentra en el testimonio periodístico que pone un “rostro” a la crisis.

El Mar Mediterráneo es una de las rutas migratorias más peligrosas del mundo: en 2016 murieron ahogadas más de 5 mil personas. Quienes se echan al mar en botes precarios huyen del conflicto, la persecución y la miseria en sus países de origen. Ante la pasividad de la UE, MSF decidió iniciar acciones de búsqueda y rescate en el mar, salvando la vida de más de 60.800 personas entre 2015 y 2017.

Imágenes que llaman

Surinyach, que trabajó durante ocho años junto a MSF retratando crisis humanitarias en países como el Congo, Etiopía, Marruecos y Siria, relató a SdR su experiencia.

-¿Cómo surgió tu interés por los movimientos de población?

-Estudié periodismo y siempre digo que soy periodista, entonces cuando acabé la carrera pensaba: quiero documentar estas situaciones. Pero ningún medio español o muy pocos están apostando a mandar a la gente a Sudán del Sur o a Libia y contar lo que está pasando; no se les da ni los recursos económicos ni la protección necesaria para hacerlo. Hay muchos periodistas freelance que se han ido a Siria y les han secuestrado porque no han tenido las condiciones mínimas de seguridad para trabajar en ambientes así.

-¿Y ahí entraste en contacto con MSF?

- Sí, yo ya conocía a MSF y dije: voy a probar con una organización humanitaria que está trabajando en estos contextos y que, además, como fue fundada por médicos y periodistas, tiene esta necesidad de documentar y contar lo que está pasando.

-¿Cómo fue esa experiencia de trabajar junto a los médicos, que están ahí cumpliendo una función humanitaria?

-Trabajando con ellos siempre está la labor humanitaria y operacional por delante de la periodística, pero ahí estaba mi lucha, en decir: “esto lo tenemos que sacar”. Entonces si la foto no afectaba las operaciones o hacía que MSF se tuviese que ir del país, normalmente ellos mismos eran los primeros en querer contarlo.

-En la charla de la presentación de Éxodos mencionaste que lo más importante para vos es dar un “contexto” sobre las crisis: ¿por qué crees que es así?

-Yo he estado mucho tiempo documentando movimientos de población porque estamos en un momento de la historia que, después de la Segunda Guerra Mundial, es en el que más gente ha tenido que huir de sus casas a causa de la violencia. Si bien se ha dicho mucho y la gente conoce lo que pasa, la visión que se tiene es un poco eurocentrista. Se habla mucho de la crisis de refugiados en Europa, de que tiene que acoger a demasiados refugiados, cuando en realidad no es así, la mayoría de la gente que huye está precisamente en los países que hacen frontera con los que están en guerra. Entonces no se puede comparar con el número de refugiados que están acogiendo Turquía y Líbano, que son países que hacen frontera con Siria o Uganda, que acoge a casi un millón y medio de sudsudaneses.

-¿Creés que tus fotos llegan más directo a la gente que otros formatos periodísticos?

-Yo creo que todo suma, que todos los formatos periodísticos tienen poder y tienes la necesidad como espectador de consumirlos todos, no solo fotografía, no solo texto. Mezclarlo está bien, pero, aparte de que mi manera de enseñar lo que pasa en el mundo es a través de la imagen, la imagen tiene el poder de vincular al espectador, ya sea con lo que está viendo, con una sonrisa o con un gesto. Yo lo que intento cuando hago estas fotografías es que el espectador sienta este tipo de vinculación, que le despierte algo dentro y quiera saber más.

-¿Qué desafíos enfrentás a la hora de retratar las historias que suceden en esos contextos?

-Es imposible que una imagen te cuente el negocio de la mafia (que implica el tráfico de personas, entre otras acciones ilícitas), con una imagen no puedes. Pero sí puedes ver el rostro de una niña en el Mediterráneo que se acaba de quedar huérfana, como el de Sara, una niña de 2 años que salió de Libia en una embarcación en la que se vertió una botella de gasolina y eso hizo que mucha gente se quemase -porque la gasolina sin refinar quema el cuerpo- y algunos de ellos murieran, entre ellos la madre y el hermano de esta niña. Yo hice una foto que creo que es muy simbólica de la niña mirándote directamente con parte del ojo quemado. Creo que hacer fotografías de esto y contar las historias que hay detrás de estas imágenes ayuda.

-¿Cuál es tu plan de trabajo de acá al futuro?

-Ahora yo ya he dejado la organización (MSF), sigo colaborando con ellos pero ya no formo parte del equipo, precisamente porque siendo periodista si solo miras la parte humanitaria a veces el reportaje te queda un poco cojo. Entonces ahora, junto a otros ocho periodistas, nos hemos embarcado en una iniciativa de una revista de información internacional en Barcelona (Revista 5W) y lo que intentamos es precisamente encontrar fondos para seguir contando estas historias desde una vertiente cien por cien periodística. En esa lucha estamos.

Alejandro Prieto