Con el ex presidente de FUCVAM, Gustavo González, sobre la visita de ex guerrilleros de las FARC a Uruguay

PAZ SIN PAZ

Las FARC construyen una nueva tienda en la Serrania del Perija, departamento de La Guajira, Colombia. AFP PHOTO / JOAQUIN SARMIENTO

Ex guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) visitaron Uruguay con el objetivo de conocer y aprender sobre el trabajo que desarrolla la Federación Uruguaya de Cooperativas de Vivienda por Ayuda Mutua (FUCVAM).

A un año de firmados los Acuerdos de Paz con el gobierno colombiano, las FARC se consagraron como partido político bajo el nombre de Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común. También formaron la cooperativa Economía Solidaria del Común (ECOMUN), abierta a todos los ciudadanos colombianos. Actualmente se encuentran en un proceso de reinserción en la sociedad y la vivienda es una necesidad básica para los ex combatientes que aún viven en campamentos.

Gustavo González fue varias veces secretario general y presidente de FUCVAM durante las décadas del 80, 90 y principios de los años 2000. En 2003 el centro cooperativo sueco We Effect lo contrató como coordinador del programa de Vivienda y Hábitat de América Latina. Esta organización nació hace 50 años con el objetivo de juntar fondos de ayuda para los países del tercer mundo. La ONG de Suecia fue el nexo entre las FARC y FUCVAM, y González quien los acompañó durante toda su estadía. SdR conversó con él para conocer más sobre la visita y la realidad que viven los ex guerrilleros en Colombia, luego de haber optado por la paz.

-¿Cuál fue el objetivo de la visita de los ex guerrilleros?

-Primero yo fui a Colombia y les di varias charlas sobre el modelo de vivienda popular, pero no hay nada como ver el modelo in situ. Por eso, les plantee la posibilidad de que vinieran a conocerlo para que no se quedaran solamente con mis palabras.

-¿En qué consistió?

-La visita tuvo una serie de capacitaciones sobre cómo nació nuestro modelo, la legislación vigente, la forma de financiación y el trabajo sociopolítico que desarrollamos. Luego hubo otra parte en la que se trató la expansión del modelo en otros países: Honduras, Guatemala, Nicaragua, El Salvador, Bolivia, Paraguay. También visitaron todas las tardes distintas cooperativas de vivienda.

-¿Y qué se llevaron?

-Quedaron muy contentos, a ellos les interesó mucho el tema de la propiedad colectiva, el desarrollo social de los barrios, el empoderamiento de nuestra gente con los procesos. La idea es implementarlo, yo pienso ir a fin de año nuevamente porque estamos elaborando un proyecto para dar una mano fuerte.

-¿Por qué FUCVAM es un ejemplo para el resto de los países?

-FUCVAM ganó el primer premio otorgado por la ONU (a través de la Building and Social Housing Foundation) en el año 2012, cosa que en este país pasó desapercibida. En primer lugar, es un modelo que empodera mucho a la gente, además no existe en el movimiento popular latinoamericano alguna organización similar en cuanto a la calidad de vivienda que se construye. Me animo a decir que tampoco existe en África ni en Asia. No solo desde el punto de vista de la construcción, sino también desde lo social. Las cooperativas cuentan con salones comunales, gimnasio, policlínica, biblioteca, guardería. Llama mucho la atención que todo esto lo hayan podido construir los trabajadores de nuestro país.

-¿Qué significó para la Federación que desde las FARC los vean como un modelo a seguir?

-Para la Federación ha sido muy importante. FUCVAM siempre recibe a una cantidad de delegaciones. Yo trabajo en los países, capacito tanto a técnicos como a pobladores y luego, en general, vienen aquí para conocer el modelo. Pero el caso de las FARC es muy importante por varios motivos. Primero, por lo que implica el momento político que vive Colombia hoy con los Acuerdos de Paz que son muy relativos porque han dejado a los ex combatientes prácticamente con una mano atrás y otra adelante. Los ex guerrilleros son entre 12 y 13 mil, y actualmente están en campamentos y sin nada. El subsidio que les va a dar el gobierno es de 200 dólares por mes durante dos años y punto. Con esa plata en Colombia ni loco alquilás, comés, tenés salud y educación. Están en una situación muy compleja porque el 90 por ciento de los integrantes son campesinos. La mayoría de ellos tuvieron que cortar su carrera universitaria, su oficio, su trabajo, su familia y durante 20 años tiraron tiros. En la guerra no podía haber niños, muchas de las compañeras que quedaban embarazadas tenían que dejar a su hijo con familiares o amigos y volver a la guerra. Además del problema de inserción laboral está el de la inserción familiar. Yo estuve cerca de otros acuerdos de paz como el de Nicaragua o el de El Salvador, pero este creo que es el más complejo. Fue una guerrilla rural, hay algunos campesinos que no conocen lo que es una tarjeta de crédito o entrar a un cajero automático. Es mucho más complejo de lo que se cree. La reinserción de los ex combatientes no es solamente el Acuerdo de Paz y el silencio de las armas, implica otra cantidad de cosas que obviamente el gobierno de Colombia no tiene interés de llevarlas adelante.

-En este contexto, ¿qué tan importante es la vivienda para la reinserción?

-La vivienda para ellos es clave porque la gente no puede seguir viviendo en una carpa. Tierra, vivienda y producción son los tres elementos fundamentales, después se irán desarrollando otras cosas. Ellos quieren seguir viviendo en las zonas de influencia: actualmente están en 26 zonas del país, hay campamentos de 200 personas, otros de 400 o de mil. Las FARC han decidido que el subsidio que el gobierno le da a cada integrante forme parte de un fondo colectivo para resolver el problema de la vivienda y el problema productivo. Todos ellos saben trabajar la tierra, en la guerra había que plantar para consumir.

-¿Todos están de acuerdo en formar un fondo común?

-Sí, ellos además ya han formado un nuevo partido político. No hay que olvidar que fueron un ejército, eso marca un alto grado de organización, de disciplina, hay gente que estaba en eso y no se lo quita de un día para el otro. Siguen teniendo una estructura militar sin armas. Por eso es que les ha sido fácil colectivizar todo ese subsidio que les van a dar. Independientemente de ello van a tener que hacer incidencia política porque un plan de vivienda no se resuelve solo con ahorros de la gente.

-¿A qué te referís con incidencia política?

-A que el gobierno va a tener que poner más plata. (El presidente de Colombia Juan Manuel) Santos no puede seguir figurando como el bueno de la película cuando fue el ministro de Defensa de (Álvaro) Uribe. Acá hay mucha amnesia política. Yo no sé hasta qué grado las FARC estaban convencidas de dejar las armas. El problema que ellos planteaban también es que con la nueva tecnología era mucho más fácil encontralos en la selva que hace siete años. En definitiva, hace 50 y pico de años salieron a la guerra por determinadas conquistas que todavía no se han logrado. Colombia es el país más desigual de América Latina, la reforma agraria por la que salió a pelear (Manuel) Marulanda y conformó las FARC no existe. Es un Acuerdo de Paz al que estuvieron obligados.

-¿No estaban convencidos de dejar las armas?

-Convencidos no sé si están. La verdad es que las dejaron pero están en una situación de temor porque ya mataron a ocho ex guerrilleros desde que se firmaron los Acuerdos de Paz. La idea era que se desarmaran todos los sectores. Ahora, el paramilitarismo en Colombia es un elemento que existe desde hace más de 50 años. Acá se ha marcado que luchaban contra las FARC. Eso no es cierto, los paramilitares nunca lucharon tiro a tiro con las FARC. Los paramilitares están hechos para asesinar a líderes sociales y además están sumamente ligados al narcotráfico. Entonces acá se contó una película que no es la realidad, las FARC peleaban contra el Ejército, no contra los paramilitares, que son una suerte de mercenarios al servicio de matar gente desarmada.

-¿La muerte de estos ocho ex guerrilleros puede provocar que las FARC se vuelvan a armar?

-Yo ese pronóstico no lo puedo adelantar. Lo que puedo decir es que vi un sentimiento de temor a lo que puede pasar. Si esto sigue avanzando no sé, yo por lo menos me iría de vuelta a la selva, trataría de escapar de eso. Es fundamental que se consoliden los Acuerdos de Paz definitivamente y en forma correcta.

-¿Creés que es posible que el gobierno ayude económicamente a las FARC?

-Dependerá de la presión popular y de la presión internacional. Pero que no vayan de visita 24 horas a saludar a la gente como el papa sino a meterse en lo que es el problema y resolver. No alcanza un saludo a la bandera. La comunidad internacional tendría que estar presionando para que efectivamente se cumplan los Acuerdos de Paz.

-¿La sociedad de Colombia está a favor de los Acuerdos de Paz?

-Hubo un plebiscito que salió en contra aunque fue por un margen muy corto. Si tú vas a la zona de influencia de las FARC -a las zonas campesinas-, ahí ellos tienen apoyo real, yo lo pude comprobar. Pero si tú vas a la ciudad, ahí sí están en contra. Por ejemplo en Bogotá o en Medellín, donde han escuchado hasta el día de hoy una sola campana. Además la propaganda de la derecha ha sido que son narcotraficantes, que son asesinos. Eso pesa en la gente, obviamente. Pero yo estuve en el acto que hicieron del lanzamiento del nuevo partido político y era en la plaza Bolívar de Bogotá, que es un poco más grande que la plaza Independencia de Montevideo, y estaba abarrotada de gente.

-¿Creés que la gente llegará a escuchar la otra campana?

-Yo creo que sí. Es más, yo creo que la preocupación que tiene la derecha colombiana es que ahora las FARC pueden hablar. Hay radios y canales de televisión que les hacen notas y ellos pueden explicar su realidad. Yo creo que esto no va a ser fácil, porque nadie sale de una guerra feliz, ni un bando ni el otro. No hay que olvidar que se calculan 7 millones de muertos y que en una guerra de tantos años se cometen errores. Eso es inevitable. En ese marco yo creo que va a llevar un largo tiempo, sobre todo para los desplazados. Son personas que nada tienen que ver con el conflicto pero que se tuvieron que ir de sus casas porque la guerra estaba en ese territorio. Nadie se va a ir feliz. Hoy los desplazados son un tema muy delicado.

-Hay ex guerrilleros que siguen presos sólo por haber pertenecido a las FARC.

-Hay más de mil que todavía no han salido.

-¿Hay alguna respuesta por parte del gobierno?

-Dicen que están procesando los archivos judiciales pero la realidad es que esa es otra parte de los acuerdos que no se cumplió. Se firmó una amnistía general irrestricta y sin embargo están saliendo en cuenta gotas. Inclusive el gobierno tiene detenidos de las FARC en Estados Unidos. A estas personas las detenía INTERPOL o quien fuera en el exterior y las mandaban a Estados Unidos como narcotraficantes. Entonces ellos también están pidiendo por la libertad de esa gente. Hay que seguir trabajando mucho para que se cumplan realmente los acuerdos.

Anaclara Trengone