El rito de la ayahuasca y la búsqueda de lo ancestral

PRÓFUGOS DE LA MODERNIDAD

 

Durante una ceremonia en Cundinamarca, departamento de Colombia. AFP PHOTO / EITAN ABRAMOVICH

Carlos, de 29 años, hizo unas seis veces el rito de la ayahuasca. Una de ellas, incluso, tuvo que comer arroz integral durante diez días antes de la ceremonia. Según relatan, hay que llegar al momento de la toma lo más libre de “tóxicos” posible.

Las reglas varían según quién esté a cargo del ritual, pero el común denominador es evitar la ingesta de todas aquellas sustancias que pueden ser consideradas dañinas para el cuerpo. Tomar el brebaje, hecho fundamentalmente con dos plantas de la selva Amazónica de más de 4 mil años de historia, purga el cuerpo y el alma. Ese es su efecto clave: mediante el llanto, el vómito, la defecación, todo lo que implique expulsar o liberar, el cuerpo comienza a sanar.

Para Carlos nada fue lo mismo desde que la experimentó. “Cada vez que entro a los lugares, siento directamente la energía que hay en el ambiente, sea mala o buena”, dice. También asegura que “entrás en contacto con una parte dormida de vos mismo”.

Mateo tiene 28 años y comparte esa idea. Las circunstancias de la vida le permitieron pasar una sola vez por el rito, pero colmó sus expectativas y no duda de que en cuanto pueda lo volverá a realizar. Al igual que la mayoría de las personas consultadas, poner en palabras lo que sintió no le resulta una tarea sencilla, pero sostiene que descubrió cosas sobre su identidad, su destino, y que se sintió un guerrero.

Cuenta que cuando realizó el rito fue con unos amigos que “habían armado un porro para después”. Mientras relata la anécdota ríe por la ingenuidad de la inexperiencia, ya que “cuando la sesión terminó estaban tan desarmados, que ni se les ocurrió prenderlo”.

Lo curioso si se quiere es que la bebida no se hace con una planta o una sustancia determinada, sino que se trata de dos plantas diferentes, generalmente liana y chacruna. Al inhibir una enzima presente en el estómago llamada monoamino oxidasa, la liana permite que el compuesto psicodélico Dimetiltriptamina, presente en la chacruna, produzca efecto.

Julia tiene 56 años y es de esas personas que parecen estar impregnadas de cierta espiritualidad. Ella no solo participó de rituales de ayahuasca, también de temazcal, antigua práctica indígena mesoamericana que consiste en baños de vapor con hierbas, actualmente utilizada por la medicina alternativa con el propósito de la desintoxicación. Además formó parte de múltiples ceremonias del tabaco, planta que es considerada la más sagrada de América Latina por diferentes grupos de aborígenes ancestrales, particularmente de la Amazonia.

Para Julia las experiencias con ayahuasca fueron simplemente hermosas, la conectaron con un mundo desconocido, hicieron vibrar su cuerpo y su alma con el mismo estrépito con el que cantaba, mientras iba sumergiéndose en ese mundo que es purificador y sanador. De todas formas acota que una de las veces un chamán no paraba de predicar, la desconcentraba y terminó por hacerla pasar un mal viaje. Para ella el rol del chamán es acompañar y potenciar la experiencia, no predicar.

Franco, de 23 años, cree injusto que los chamanes tengan el monopolio de la ayahuasca y considera que no tiene por qué estar enmarcada necesariamente en un rito con reglas pautadas. Siente que no disfrutó tanto de la experiencia, porque las reglas eran muy rígidas y no lo dejaban moverse con libertad. Comenta que en un momento se quiso fumar un cigarro o tocar un instrumento y no se lo permitieron.

El chamán es nombrado por la comunidad espiritual como “Hombre Medicina” (HM). Ser HM “es ayudar a que las personas se reencuentren con su espíritu y el sentido de su encarnación como seres humanos”, explicó Alejandro Corch a Sala de Redacción, HM de “El Camino de los Hijos de la Tierra” y es hijo de desaparecidos en la última dictadura militar uruguaya. Corch asegura que ellos no son propietarios sino fundadores de un servicio psicoespiritual, una asociación civil sin fines de lucro. “Nosotros somos un apoyo para que las personas descubran el sentido detrás del dolor, sanen sus heridas y aprendan a vivir en paz integrando al espíritu a su vida cotidiana”.

El hombre medicina afirma haber sido testigo de milagros gracias a estas experiencias, aunque aclara que “nada debe presentarse como la panacea”. En el servicio, realizan entrevistas de evaluación previas y trabajos de elaboración posteriores a la experiencia. “Si la persona tiene una personalidad estructurada y la humildad de cuestionarse a sí misma, además del entorno adecuado y los cuidados adecuados, la experiencia no tendrá contraindicación”.

***

Si bien las ideas y la cultura aborígenes han tenido una amplia propagación, en otro momento fueron reprimidas brutalmente para imponer la fé cristiana y la configuración de la Nación occidental.

¿Cuál será entonces la razón de que se haya “resignificado” la cultura indígena? Las lingüistas uruguayas Virginia Bertolotti y Magdalena Coll constataron, por ejemplo, que actualmente existe una tendencia a utilizar nombres indígenas para nombrar a los hijos. “El mundo de la modernidad, de la racionalidad, quiso diferenciarse del mundo de lo mágico, de lo místico, de todas las cosas que forman parte de la cultura originaria de la humanidad, a cuenta del progreso de la racionalidad de la civilización”, opina el sociólogo Rafael Bayce.

Según este sociólogo, las ideas de la modernidad tuvieron su momento pico en la historia y su momento de decadencia. La mentalidad de la gente dio un giro en la concepción hegemónica, y algunas cuestiones que estaban mal vistas comenzaron a tener otro valor. “Las personas empiezan a probar con hechiceros, con homeopatía, con religiones de otros países y otros continentes. Intentan rescatar lo que fue dejado de lado, por el mundo dominante de la conquista y de la civilización europea”, plantea Bayce.

Para el sociólogo existen dos tipos de personas: unas que buscan lo raro, por una cuestión de esnobismo, y quienes se acercan a ellas porque el mundo moderno no les ha brindado lo que buscaban. De cualquier manera, la revalorización que existe hoy del mundo psicoespiritual es innegable. Los diversos motores que empujan a las personas a realizar este y otros ritos antiguos transversaliza clases sociales, edades y procedencias.

En Quechua, Aya es espíritu y waska es cuerda. La Ayahuasca es la soga que permite abandonar el cuerpo sin morir para conocer la otra cara del mundo, ese que se encuentra escondido en todas las cosas.

Verónica Pellejero