Falleció el domingo ocho a los 77 años

AHARONIÁN Y LA MÚSICA POPULAR

 

Junto con su esposa. Foto: Escuela Universitaria de Mùsica

Una faceta poco conocida del compositor y docente Coriún Aharonián, fallecido el domingo ocho, es su incursión  en arreglos para música popular. Colaboró en discos de Los Olimareños, Ruben Olivera y Daniel Viglietti. Uno de sus primeros trabajos como arreglista para este género fue en Canciones chuecas, el quinto álbum solista de Daniel Viglietti. Publicado en 1971, este fue uno de sus trabajos con contenido ideológico más marcado y que incluye una apertura musical del trabajo de Viglietti, que agregó elementos del pop y del rock en su música. El ejemplo más claro es “El chueco Maciel”, con la batería de Enrique Roizner.

Canciones chuecas también incluye canciones que mezclan folklore con elementos de música culta. Para hacerlo, Aharonián, con el seudónimo de Leonel Haintintz, compuso los arreglos de tres canciones de las doce del álbum. “Cantaliso en un bar”, basado en el poema “José Ramón Cantaliso” del poeta, periodista y activista cubano Nicolás Guillén, tiene la participación de una batería, bajo, fagot, oboe, trombón y percusión que fue compuesto por Aharonián. La letra muestra al personaje como Cantaliso, un cantante en un bar de Cuba, cambia las canciones alegres para los turistas estadounidenses por críticas explícitas: “Todos estos yanquis rojos / son hijos de un camarón, / y los parió una botella, / una botella de ron. / ¿Quién los llamó? / Ustedes viven, / me muero yo, / comen y beben, / pero yo no”. A pesar de la letra con una crítica dura, la delicadeza de los arreglos de música culta le dan una sutileza, que, con una ironía buscada, hace de la crítica todavía más aguda.

La segunda canción en la que Aharonián participó fue “Muchacha”. En esta ocasión, a esta canción con contenido fuertemente ideológico, los arreglos musicales le brindan un sonido que se puede relacionar con la balada. Dedicada a una estudiante que se puede deducir que participaba del movimiento tupamaro y que fue asesinada en lucha, Viglietti le canta: “La muchacha de mirada clara, cabello corto / la que salió en los diarios / no sé su nombre, no sé su nombre / Pero la nombro: primavera / Pero la veo: compañera / Pero yo digo: mujer entera / Pero yo grito: guerrillera”.

En “Sólo digo compañeros”, que cierra el álbum con una especie de himno dedicado a “aquellos que cayeron”, no sólo en el movimiento tupamaro, sino que también en toda Latinoamérica luchando por la democracia. Esta podría ser la canción más sombría del disco, ya que el trombón arreglado por Aharonián le da un ambiente casi fúnebre al sonido, que se mezcla con la letra que incita a la lucha: “Papel contra balas / no puede servir, / canción desarmada / no enfrenta a un fusil”. Más adelante, Viglietti canta: “Mira la patria que nace / entre todos repartida / la sangre libre se acerca / ya nos trae la nueva vida”. Finalmente, la canción, al igual que el álbum cierra con la frase “liberate, hermano”.

Esta colaboración con Viglietti reafirma algo que Aharonián estuvo desarrollando durante toda su trayectoria musical: para él no existía una división entre el terreno artístico y el compromiso ético en otros campos, por lo que siempre utilizó la música como una herramienta de resistencia cultural. Esta idea también se puede apreciar en composiciones de Aharonián como “Que” (1969), donde  mezcla elementos de la música electroacústica con una voz humana que dice un verso de un poema de Mario Benedetti, también intenta mostrar la contradictoria realidad que se vive en América Latina. Esto se puede evidenciar en la frase “Qué bueno que respiras, que conspiras”, que es interrumpida por pausas, creando un juego de palabras que juega con los sonidos electrónicos, mostrando la dificultad de la expresión en esa época.

Rodrigo Guerra

TRAYECTORIA

A los 70 años me resulta un poco incómodo explicar qué he estado haciendo. Creo haber aportado a la discusión de los problemas culturales del Uruguay y de América Latina, enfatizando lo musical e incluyendo lo educativo”. Así se describió Coriún siete años atrás en su currículum de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) con respecto a su producción científica/tecnológica.

Fue compositor, musicólogo y docente uruguayo, autor de obras de cámara, orquestales y piezas de música electroacústica estrenadas en más de 30 países. Además se destacó como  ensayista e investigador, trabajo que en 2014 fue destacado por el Sistema Nacional de Investigadores del Uruguay con el reconocimiento “Investigador Emérito”. Esta trayectoria lo coloca como un ícono importante para la música uruguaya de los últimos cincuenta años.

Aharonián nació en 1940 en Montevideo y es hijo de padres inmigrantes que sobrevivieron al genocidio armenio (1915-1923). Comenzó a estudiar desde los cinco años con diferentes maestros, tomó cursos de piano y se interesó en la dirección de coros. También recibió clases de composición con Héctor Tosar y Luigi Nono y de musicología con Lauro Ayestarán.

Se destacó como cofundador de instituciones como el Núcleo Música Nueva de Montevideo (1966),  Ediciones Disgográficas Ayuí y Tacuabé en el año 1971 y de los Cursos Latinoamericanos de Música Contemporánea. Además ejerció como  director honorario del Centro Nacional de Documentación Musical Lauro Ayestarán del Ministerio de Educación y Cultura.

Entre sus obras musicales se destacan “Que” (electroacústico,1969), donde se mezclan elementos electroacústicos con la voz humana y muestra las contradicciones de la realidad que se vive en América Latina, y “Homenaje a la flecha clavada en el pecho de Don Juan Díaz de Solís” (1974), un retrato de las raíces sonoras latinoamericanas.

Bettina Araújo