La muerte de Anthony da Silva, tras un enfrentamiento con guardias de seguridad en el Costa Urbana

POR EL CORAZÓN O POR LA FUERZA

Durante la manifestación en el Juzgado. Foto: Espacio Antirrepresivo

Al tercer intento, el guardia logró hacerle una llave a Anthony y después lo tiró al piso. El vigilante presionó su rodilla entre las costillas y el pecho, mientras sostenía con fuerza el “mataleón”, uno de los tipos de estrangulación sanguínea más utilizado en las artes marciales y el preferido por las fuerzas de seguridad. El cardiodesfibrilador que Anthony llevaba conectado a su corazón descargó varios shocks eléctricos para estabilizarlo. Mateo los escuchó y lo ayudó a zafar de la sumisión del guardia. Pero, tan rápido como se puso de pie, Anthony se desplomó.

Habían salido hacia el shopping Costa Urbana desde la casa de Mateo, de 17 años, junto a Yeremi, de 14, “Chucho”, de 12, y otros dos amigos. Mateo acompañó al baño a Anthony para que tomara la medicación, mientras “Chucho” y Yeremi, hermano de Anthony, esperaban afuera del shopping, sentados en la entrada del Ta-Ta mientras fumaban un cigarro. Un guardia de seguridad se acercó de manera poco amigable y les pidió que se retiraran porque ahí no se podía fumar.

Discutieron, el guardia tomó del cuello a “Chucho”, que se soltó y se fue con Yeremi a la plaza que queda del otro lado de Avenida Giannattasio. “Chucho” era el único que tenía la entrada prohibida al shopping, ya desde hacía dos años, por supuestas molestias a los clientes. Al rato, enojado, volvió y entró por una puerta lateral. Se sentó solo en la plaza de comidas ubicada en el piso superior y cuando el guardia de Securitas con el que había discutido lo vio, la situación se salió de control.

Eran las 4 de la tarde y ese domingo se festejaba el día del padre. Familias enteras con niños chicos miraban cómo un pibe, que no pesa más de 40 quilos, era expulsado del shopping de forma violenta por un seguridad que lo triplicaba en edad y en tamaño. Anthony y los otros pibes miraban atentamente lo que ocurría y fue Yeremi el primero en actuar. Increpó al guardia al ver a su amigo sometido a un procedimiento similar al que utilizarían después para neutralizar a Anthony.

Yeremi se acercó, esquivó una piña del guardia y le metió una trompada para liberar a “Chucho”. El guardia reaccionó, lo derribó y le conectó varias piñas en la cara. El caos aumentó cuando Anthony saltó por su hermano, y llegaron dos guardias más en apoyo. Uno de ellos lo tomó por la espalda con una llave y lo redujo contra el piso. Anthony -inmovilizado- y sus amigos gritaron varias veces al guardia que lo soltara, que tenía un problema cardíaco, pero sordo a los avisos siguió presionando la llave y la rodilla contra el pecho. Mateo escuchó las señales del cardiodesfribilador y con un casco de moto golpeó al guardia. Anthony pudo soltarse, pero se desvaneció apenas se paró y cayó sobre las escaleras.

Afuera, desde uno de los ómnibus que estaba parado a pocos metros de los hechos, Florencia quedó impresionada por “la diferencia del físico de un guardia que peleaba con un botija con aspecto de niño, mientras un muchacho estaba tirado en la escalera rodeado de gente”. Uno de los pasajeros de ese transporte suburbano interrumpió su pasaje para separarlos y dos señoras también bajaron de su auto para intervenir y defender a los pibes. Pero poco pudieron hacer para frenar la situación, que se descontroló aún más cuando Anthony perdió el conocimiento sobre las escaleras.

El rol de los guardias privados y su relación con los pibes

La seguridad privada es una actividad que está regulada y controlada por el Ministerio del Interior a través de la Dirección General de Fiscalización de Empresas (Digefe). Si bien el Parlamento está estudiando un nuevo proyecto de ley que daría a la seguridad privada potestades similares a las policiales, la ley vigente comprende solo medidas preventivas complementarias a la seguridad pública, para proteger bienes y personas, en un espacio físico concreto.

Fuentes de Digefe manifestaron a SdR que solo regulan y fiscalizan la actividad de las empresas en los aspectos administrativos, y que cada empresa tiene su propio protocolo sancionatorio para los guardias que cometen algún tipo de infracción o abuso, siempre y cuando no intervenga la justicia penal. Los tres guardias de Securitas fueron liberados después de declarar durante 4 horas ante la jueza del caso, Elena Iriarte, aunque quedaron en calidad de emplazados. La empresa los trasladó por algunos días a otros puestos de trabajo pero actualmente siguen cumpliendo funciones en el mismo shopping.

Ruben Grassi y Angel Díaz, delegados del Sindicato Único de Trabajadores de Securitas (Sutrase), explicaron a SdR que no existe un protocolo específico sobre los límites de acción de los guardias en los grandes establecimientos. Si bien recalcaron que la empresa es de las mejores en el mercado uruguayo, son un problema la escasa capacitación previa, la constante rotación de los trabajadores y la urgencia del cliente, situaciones que dificultan el desarrollo correcto del servicio de las empresas del rubro. Agregaron además que la instrucción de los guardias en primeros auxilios es básica o nula, debido a las pocas horas que se le dedica a esa capacitación.

Los pibes eran conocidos por los empleados y guardias de seguridad del Costa Urbana. También conocían la situación coronaria de Anthony, al que reconocían fácilmente por la diferencia de altura con sus amigos y porque entraba varias veces al baño o pedía un vaso de agua para tomar sus medicamentos. La mayoría andaba en skate y paraban en la placita o en el estacionamiento del shopping.

Nunca habían tenido grandes problemas con ellos, pero a “Chucho” lo tenían fichado por “molestar a los clientes” y no lo dejaban entrar. El día anterior, uno de los tres guardias privados involucrados discutió y corrió de las instalaciones a “Chucho”, Yeremi y otros pibes entre insultos y amenazas, manifestó a SdR un funcionario del shopping.

Represión policial y omisión de asistencia

A pesar de que el 911 trabaja en coordinación con el 105 (ASSE-SAME), la ambulancia, que varias personas habían pedido a la central de emergencias, nunca llegó. En cambio, sí se hicieron presentes dos patrulleros de la seccional 18 de Lagomar y dos motos del Programa de Alta Dedicación Operativa (PADO), que apenas arribaron al lugar despejaron la zona a palazos, según comentaron a SdR testigos que estaban en el shopping.

Después de reprimir, los funcionarios policiales se ocuparon de observar las cámaras de seguridad y de esposar a los adolescentes involucrados en la pelea. Algunos pudieron escapar, pero “Chucho” y Yeremi no corrieron con la misma suerte. A Anthony, que yacía inconsciente en las escaleras desde hacía varios minutos, lo levantó un policía y lo tiró en la cabina trasera de un patrullero “como a una bolsa de papas”, recuerda uno de los testigos.

Sobre la falta de asistencia médica, los abogados de la familia da Silva señalan que el shopping no posee un servicio de emergencia médica permanente. Si bien existe un Casmu en el interior del shopping, funciona de lunes a viernes de 8 a 20 horas y los sábados de 8 a 14. Consultado por SdR, el cardiólogo Roberto Canessa dijo que hubiese sido importante que se le realizaran masajes cardíacos de inmediato para estabilizarlo, mientras se esperaba a la ambulancia. “Se salvan muchas vida por los masajes”, dijo Canessa, que impulsa una campaña que pretende terminar con el popular “no lo toquen”, y promueve concientizar y educar a la población en técnicas de reanimación cardiopulmonar para evitar muertes por infartos.

El aparato que llevaba instalado Anthony, según Canessa, no deja de funcionar fácilmente, ya que se conecta al corazón por medio de dos cables. Sin embargo, no aseguró que siga funcionado correctamente si el pecho es presionado o golpeado con fuerza,  “cada caso es distinto”, matizó el cardiólogo.

Cámaras, peritos y testigos

Según confirmó a SdR Stella González, encargada de Asuntos Internos de la Policía, las cámaras del shopping registraron las imágenes de todo lo ocurrido. Las grabaciones fueron obtenidas en primera instancia por funcionarios de la Seccional 18, que inició la investigación, y posteriormente enviadas a la Policía Técnica. Tras una preparación específica, fueron entregadas a la jueza que investiga el caso.

No está claro si el fallecimiento ocurrió en el Centro de Salud Ciudad de la Costa de ASSE -conocido como Hospitalito- o durante el traslado que estaba coordinado con el Hospital Pasteur. La doctora Núñez que lo atendió en el Hospitalito informó a la jueza que la muerte del joven se produjo a las 18:45 del domingo 16 de julio de 2017.

Gustavo, el padre, pudo ver a su hijo recién dos días después de la muerte y advirtió varios moretones en el cuello y en la cara. Por este motivo los abogados de la familia da Silva solicitaron a la magistrada que intervenga un perito grado 5 en medicina forense, para estudiar y ampliar, si fuera necesario, el informe realizado en primera instancia por el médico forense Miguel Cabrera, que menciona únicamente “fallecimiento por insuficiencia cardíaca”.

El caso se encuentra en etapa de presumario y la jueza, además de esperar el nuevo informe forense, analiza las imágenes y sigue recabando testimonios para determinar si hubo algún tipo de abuso de los guardias y una eventual responsabilidad en la muerte de Anthony da Silva.

Justicia por Anthony

Testimonios que recabó la organización Espacio Antirrepresivo también confirmaron la golpiza que, mediante una crónica publicada en Facebook, confrontó las versiones que circularon en primera instancia por medio de Teledoce. El informe televisivo retrató una versión emparentada con la del shopping y la policía: “El joven cayó solo, cuando vio a su hermano pelear con los guardias de seguridad”. Gracias al contrarrelato aparecieron varios testigos que se sumaron a contradecir la versión oficial y dieron testimonio ante la jueza de la causa, según aseguraron a SdR integrantes del Espacio.

La organización, que procura desnaturalizar la violencia institucional y luchar contra la estigmatización, discriminación y criminalización de los jóvenes, convocó a una manifestación frente al juzgado el miércoles 20 de setiembre para pedir justicia por Anthony. Al encuentro concurrieron unas 25 personas; entre ellos, integrantes de esta agrupación y del Colectivo Catalejo -quienes se pusieron a disposición de la familia-, periodistas, vecinos, amigos y familiares del fallecido.

Gustavo no ocultaba su enojo con la seccional 18, donde no le tomaron la denuncia por el homicidio de su hijo y en cambio iniciaron una causa por disturbios en el Costa Urbana contra Anthony, Yeremi y “Chucho”. También estaba indignado por cómo procedieron los policías con Yeremi y “Chucho”, que estuvieron 24 horas incomunicados de sus familias, desobedeciendo lo establecido por el artículo 74 del Código de la Niñez. Ambos fueron llevados de la comisaria al Hospital Pereira Rossell. La doctora que los atendió pidió que interviniera un médico forense para revisar las heridas que tenían los menores, a pesar del disgusto de los policías que los estaban custodiando.

Luego, funcionarios del INAU se hicieron presentes en el hospital y por intermedio de un juez de menores, fueron finalmente entregados a sus padres el lunes por la noche en el Juzgado de la Costa, donde también fueron informados de la muerte de Anthony, minutos antes de dar testimonio ante la jueza.

Los gastos del sepelio fueron pagados por Securitas, según confirmó el padre de Anthony, pero desde la empresa evitaron dar declaraciones. SdR intentó comunicarse en varias oportunidades pero las llamadas siempre fueron transferidas, puestas en espera, y las respuestas nulas.

Pasaron tres meses desde esa tarde y el shopping sigue igual, con los tres guardias en su lugar habitual. Los pibes no se juntaron nunca más en el Costa Urbana; pero lejos de quedarse en silencio, piden que se haga justicia por “su hermano, su amigo y su ángel”, como lo recuerda “Chucho” en su perfil de Facebook.

Simón López Ortega

19 rounds de vida

Hasta los 8 años fue medicado como epiléptico, pero su padre sostenía que ese no era su problema. No aguantó más, y una tarde increpó a un cardiólogo del Hospital Pereira Rossell y le exigió que lo estudiaran bien o lo derivaran a otro médico.

Mecánico de camiones, Gustavo utilizó una analogía de su profesión: que el corazón de su hijo al igual que un motor no estaba funcionando bien, porque las válvulas cardíacas bombeaban de tal manera que no permitían distribuir bien el combustible -o la sangre- al cerebro y su organismo; por esa razón convulsionaba. Tras darle pase al Hospital Italiano, fue el doctor Roberto Canessa quien detectó lo que el padre sospechaba desde hacía años.

Anthony sufría una cardiopatía congénita, una insuficiencia cardíaca que lo acompañaría toda su vida. Con un tratamiento adecuado podría vivir por lo menos hasta los 30 años, y fue así que empezó con el Eco Estrés, con el médico Alejandro Cuesta como supervisor. Este tratamiento de evaluación coronaria fue fundamental para monitorear y controlar el ritmo cardíaco de Anthony, que padecía una patología valvular desde su nacimiento.

El Eco Estrés es un procedimiento que consiste en tomar imágenes del corazón en movimiento y en reposo para observar cómo se contrae en cada situación. Se somete al paciente a un ejercicio físico en una camilla con una bicicleta, donde se aumenta la frecuencia cardíaca y la presión arterial. Luego se realiza un estudio comparativo entre las imágenes tomadas en reposo y las tomadas en esfuerzo.

A pesar del correcto diagnóstico y un adecuado tratamiento, hasta los 14 años Anthony no tuvo autonomía y debió pasar mucho tiempo en el hospital. Después de 48 días de internación en una enorme sala del Pereira Rossell, finalmente llegó desde Estados Unidos el tan ansiado cardiodesfibrilador implantable, gestionado a través del Fondo Nacional de Recursos. Paradójicamente, fue en 1960, en el Casmu, donde dos médicos uruguayos implantaron por primera vez en el mundo un aparato de estas características.

El cardiodesfibrilador es un artefacto que emite un shock eléctrico cuando la frecuencia cardíaca del usuario supera determinado umbral. Esta descarga permite restaurar el ritmo normal del corazón y evita que el paciente arrítmico sufra un paro cardiorrespiratorio por una taquicardia o una fibrilación ventricular.

Anthony tenía 19 años y vivía solo en un pequeño apartamento que alquilaba. Cobraba una pensión del BPS desde los 18 por su problema cardíaco y hacía algunas “changas” de vez en cuando. Si bien podía hacer deportes de forma moderada, era consciente de su limitación física y muy responsable con su tratamiento: retiraba los calmantes y los suplementos potásicos y se preocupaba de tomarlos diariamente. También concurría a las consultas mensuales con el cardiólogo en el Hospitalito de Ciudad de la Costa.