El periodista brasileño Leandro Fortes visitó Sala de Redacción

UN OFICIO SOLIDARIO

Leandro Fortes. Foto: SdR

“Nuestro trabajo debe tener una visión muy comprometida con la sociedad. El periodismo es un oficio solidario”, fue una de las reflexiones que marcó el discurso que Leandro Fortes dio en la Sala de Redacción de la Facultad de Información y Comunicación.

Brasileño, nacido en 1966, Fortes es periodista, escritor y profesor. Además de escribir una basta obra literaria de investigación sobre distintos contextos históricos, ejerció el periodismo en una cantidad de medios de comunicación brasileños, incluyendo a los más poderosos, que hoy critica.

Fortes sostiene que la situación política y económica que Brasil atraviesa desde los últimos años es un caos absoluto en el que incluye la mídia. “Los medios hegemónicos de derecha y la malformación de sus periodistas hizo que se perdiera la conexión con la sociedad, con el pueblo, con la tarea de transformar la comunicación en un bien público, en un derecho. Mejorar la sociedad, ese debe ser el gran desafío de las y los periodistas. La solidaridad debe ser la bandera de este oficio. Sin embargo, en Brasil, esta concepción está perdida”, afirmó.

Explicó que si bien los comunicadores deben estudiar, la experiencia social es fundamental. “Los periodistas no deben permanecer frente a una computadora sin salir a las calles, necesitan empaparse de la vivencia social, hablar con la gente, percibir sus necesidades hasta sentir las propias. Porque son parte de la misma sociedad”, expresó, y agregó que es esta experiencia la que forma verdaderamente a un periodista.

Por otro lado, Fortes sostuvo que Brasil está sumergido en una guerra de clases que se torna cada vez más violenta, sin una lectura de medios que dispongan una dimensión fiel de los hechos. Considera que la clase media es una clase de consumo, conservadora e iletrada, que tiene dinero pero no tiene educación. “La clase media no se ha politizado, solo crea ciudadanos de consumo”, dijo, y sostuvo que se trata de una clase extremadamente ligada a movimientos religiosos, con poca formación intelectual. Según Fortes, a la clase media no le interesa tener conexión con la población que más necesita de las políticas sociales. “Para peor, sólo un bando tiene fuerza y voz; no hay medios de izquierda que puedan ayudar”, sentenció.

El profesor explicó cómo la prensa en Brasil es dominada por tan sólo seis familias, apoderadas de los canales de tevé, las emisoras radio, los periódicos y los grandes portales de Internet. Es decir, toda la comunicación es manipulada por unas pocas familias muy poderosas que comparten los mismos intereses de poder. “Es una situación que estrangula la comunicación del pueblo. Esto genera una manipulación absoluta de la información y la comunicación, que en definitiva fue la semilla para el golpe que hoy vivimos en Brasil”, declaró Fortes, a la vez que presentaba a la familia Marinho, propietaria de la red Globo y del 38 por ciento de los servicios de comunicación a lo largo y ancho de Brasil. “Todos estos son medios de derecha y con capacidad de manipular las situaciones electorales”, que además generan ganancias desmedidas, números que representan la facturación más alta de toda la economía brasileña.

Durante la charla. Foto: SdR

Los medios de la segunda familia más poderosa pertenecen a un grupo evangélico. El periodista manifestó que “la derecha en Brasil es religiosa. Hay un movimiento conservador muy grande, comandado por los evangélicos que están llevando al país de vuelta a la edad media”. Además señaló que los grupos de izquierda brasileños son amenazados permanentemente en las calles por esta corriente, que también ataca a homosexuales, negros e indígenas. Además, los medios religiosos están exonerados de pagar impuestos, por lo que tienen aún más facilidad para extender su negocio.

Fortes ilustró una conexión muy clara entre el poder y el control de la mídia, la religión y los políticos del Parlamento. El 30 por ciento de los medios brasileños son de políticos del Congreso Nacional: 27 senadores (de 81) y 53 diputados (de 500) son socios directos y parientes de quienes controlan los medios en Brasil. “Hace muchas décadas atrás que los medios hacen lo que quieren, siendo responsable el Congreso. La tradición de la prensa brasileña es golpista. Los golpes de Estado en Brasil son configurados por la prensa”, sostuvo Fortes, que narró la historia de la prensa a través de las portadas de los principales diarios, desde 1964 hasta los comienzos del siglo XXI.

Cuando el Partido de los Trabajadores (PT) alcanzó en 2005 la Presidencia por primera vez, “la mídia intentó derribarlo al producir una serie de escándalos, pero no lo logró”, sostuvo. Sin embargo, se trató de un proceso que se extendió hasta 2016, durante la presidencia de Dilma Rousseff, que desembocó en el impeachment.

Según el comunicador bahiano, la prensa brasileña ha construido una agenda proimpeachment capaz de envenenar a la opinión pública. La construcción de una narrativa manipulada en favor de un golpe de Estado fue replicada en la tevé, en la radio y en los periódicos, explicó Fortes, quien denomina este ataque al poder político como “periodismo de guerra”. Un bombardeo de informaciones contra el PT y el gobierno consiguió crear el clima para que el Congreso Nacional dispusiera el impeachment.

“Esta narrativa de la mídia fue un plan perfecto para lograr la votación del impeachment, que obviamente fue transmitida por TV Globo, y consistió en la base de la destrucción del gobierno de izquierda, transformando la criminalización de todas las políticas sociales implementadas para alcanzar a la construcción del nuevo gobierno golpista, que ahora tiene la intención de vender los patrimonios brasileños en un proceso muy violento de privatización y persecución a los movimientos sociales”, sentenció Fortes.

Consultado por un estudiante, Fortes planteó que se trató de un golpe de Estado porque la Constitución dice que el impeachment sólo es posible si el o la presidenta comete un crimen de irresponsabilidad. Sin embargo, según explicó el periodista, Rousseff no cometió tal crimen: hizo una transferencia de finanzas de un banco público para suplementar una política social que respalda a la familia brasileña. Pero eso no es un crimen, sino una infracción fiscal instalada de antaño por los gobiernos brasileños, conocida como “pedaleada fiscal”. “Es una transposición de fondos irregular implementada por todos los presidentes a lo largo de nuestra historia. A Dilma se lo adjudicaron como irresponsabilidad, por eso es un golpe y no un impeachment, contestó.

Álvaro Delgado Vivas

UN OFICIO PELIGROSO

Fortes concluyó que la sociedad no debería tener una visión del periodista como colaborador de los intereses de los más poderosos, ni el periodismo debería venderse a ellos. Sin embargo, también advirtió la peligrosa situación que viven los periodistas en Brasil, que históricamente han sido amenazados. Por su parte, Fortes fue procesado 28 veces por difamación e injurias y seis veces amenazado de muerte. “En el siglo XXI el procesamiento es la manera más fácil de intimidar a los periodistas, por los costos que conllevan los abogados y el tiempo que uno gasta en las audiencias, además de la estigmatización de ser escoltado por la policía, cual si fuera un criminal. Para los periodistas de izquierda cada reportaje suele ser un proceso. Muchas veces la Justicia elimina nuestras notas periodísticas de Internet”, dijo.