La precariedad del trabajo rural y la indefensión del trabajador

EL URUGUAY DE HACE 200 AÑOS

Rémoras de antaño.

Dos casos recientes de trabajadores rurales agredidos por capataces confirman las denuncias sobre la precariedad del trabajo asalariado en el medio rural.. Uno de ellos, Hugo Leites, trabajaba en una estancia de Salto dedicada a la ganadería y fue azotado con un rebenque por el capataz tras, según indican las fuentes, reclamar que se cumplan la ley de ocho horas. Otro, Ayrton de Ávila, fue agredido en el Arrozal Treinta y Tres con nueve puñaladas en manos de un funcionario que residía en el predio de la empresa. El autor de las agresiones fue procesado y el trabajador despedido.

En este sentido, fuentes sindicales indicaron a Sala de Redacción que estos casos no son aislados y que, si bien se ha mejorado en distintos aspectos en las relaciones laborales del campo en los últimos años, los trabajadores rurales son de los más débiles en el mercado laboral y el campo se presta para que se vulneren sus derechos.

César Rodríguez, delegado del sindicato de peones de estancia (Sipes) en la Unatra (Unión Nacional de Asalariados, Trabajadores Rurales y Afines) dijo que los polos de poder son claramente visibles en estos casos. Los dueños de estancias no solamente tienen un mayor poder económico, sino que esto deviene en un poder político en la medida en que habitualmente ganan los procesos que se inician en la Justicia por estos casos, por ejemplo los de violencia, y además sustentan las administraciones municipales. “Es un tema de intereses de clase, expresó.

En el ámbito académico existe material que trata precisamente este tema: el libro “El trabajo precario en el campo uruguayo”, del sociólogo Diego Piñeiro, publicado en el año 2008, es un ejemplo de ello. El investigador indica que los mercados de trabajo están determinados por relaciones de poder y esto en el campo se puede visualizar de la misma manera en que lo indica Rodríguez. Las organizaciones patronales son amplias, fuertes, históricas, con años de trayectoria, cercanas al poder, ya que sus hombres suelen ocupar sillones ministeriales, o tienen un contacto fluido con quienes detentan el gobierno. Las organizaciones sindicales, son escasas, existen listas negras y represión a los militantes, que desalientan la organización, generalmente no tienen suficientes recursos como para que la organización se extienda en el territorio y la dispersión de los trabajadores rurales impide o dificulta la organización”, sostiene Piñeiro.

No es un hecho esporádico, fortuito, no es un hecho excepcional, es un hecho que capaz que no con esta gravedad pero se vienen reiterando desde siempre, continuó Rodríguez. “Este caso fue tan público por el grado de las lesiones y porque el trabajador tomó la actitud de que este hecho sirva para que otros trabajadores no tengan que afrontar las mismas situaciones. Él tomó la decisión y la actitud de denunciarlo para que otros trabajadores no tengan que afrontarse a situaciones similares. no lo hace solo por el, lo hace por los demás, agregó sobre el caso de Leites.

Por otra parte, dijo que uno de las áreas que tiene más incidentes entre trabajadores y altos cargos de la estancia es el rubro arrocero, precisamente en donde trabajaba de Ávila. Sobre este caso habló Fernando Pereira, presidente de la central sindical PIT-CNT, e hizo hincapié en la necesidad de tener sindicatos más fuertes en el campo. “El caso había sido denunciado en la comisaría y de hecho la justicia había procesado sin prisión a la persona que hirió al trabajador. Pero lo cierto es que el trabajador se queda sin empleo y es por notoria mala conducta, es decir, fíjese lo ridículo de la situación, aquella persona que fue de alguna manera lastimada, lesionada con un arma blanca, con varios cortes, y varios puntos, termina perdiendo su trabajo”, indicó y destacó que, para estos casos, no hay control más efectivo que un sindicato en el lugar de trabajo.

En este sentido, Pereira señaló la mayor dificultad para organizar a los trabajadores rurales: el aislamiento entre unos y otros. Aquí no hay una unión de trabajadores suficientemente fuerte como para conocer cada caso de antemano, como sí lo hay en otras ramas de actividades, pero eso lo reconocen los propios trabajadores rurales. Esa es una autocrítica nuestra, nosotros tenemos que colocar recursos para poder potenciar cada una de las ramas de actividades del sector rural que es muy disperso, que es muy abarcativo”, señaló. Piñeiro coincide con este discurso argumentando que es la propia desarticulación de las agrupaciones de trabajadores rurales la que le permite a los patrones seguir imponiendo sus condiciones ya que no encuentran oposición alguna.

Sin embargo, ambos sindicalistas destacaron mejoras en algunos aspectos referentes a las normas laborales de los trabajadores rurales. Tampoco podemos pensar que nada ha evolucionado. A mi no me gustaría dejar la síntesis de que a partir de estos casos podríamos decir que las cosas están mucho peor. Alguna de las legislaciones, la ley de ocho horas, la propias organizaciones sindicales, han mejorado las condiciones de trabajo en el campo, pero estamos muy lejos de lograr el objetivo”, dijo Pereira.

El presidente de la central sindical resaltó además que estas “prácticas medievales” en donde un funcionario de alto cargo golpea a un peón no son generalizadas pero que, sin embargo, existen elementos que ayudan a entender la situación por la que transitan diariamente los trabajadores rurales como, por ejemplo, el léxico que utilizan los patrones. Así como se los escucha decir “mi campo”, “mis caballos” o “mi ganado”, también se los escucha decir “mis trabajadores”, tratando al peón como parte de las pertenencias.

En la misma línea también se encuentra el tema de los salarios. Los trabajadores rurales “están entre los peores pagos” de la sociedad uruguaya, indica Pereira. “Cuando se fundó el sindicato (Sipes, octubre de 2013) no alcanzaba los 9.000 pesos. Hoy el peón común está a más del doble de ese valor”, dice Rodríguez sobre el salario de los trabajadores; pero por otro lado Pereira subraya la cantidad de trabajo en negro que hay en esta área. “La informalidad del agro en referencia a otros actividades productivas uruguayas es bastante elevada, este es un tema que hay que mirar con muchísima atención. Se está investigando el tema. Todavía se esconden relaciones que no son adecuadas para un mundo civilizado”, lanzó Pereira.

También se señala la participación, en algunos casos, de todo el núcleo familiar a cambio del sueldo de uno solo de sus integrantes. Eso ocurre principalmente en las familias que viven dentro del predio agropecuario y ocurre a menudo que la esposa y los hijos de un peón deban sumarse a las actividades para producir lo necesario. “Ahí hay opresores y oprimidos. Los más débiles en este caso son los trabajadores rurales”, sostuvo el presidente del PIT-CNT.

Piñeiro destaca en su libro que el sistema más utilizado para la remuneración de los trabajadores temporarios es el pago a destajo. El autor indica que este sistema de pago contribuye a hacer la relación laboral más precaria. “Esto es así, no solo porque el trabajador tiende a exigirse a sí mismo más de lo normal, sino porque este sistema implica que cuando el trabajador se enferma o no puede asistir a trabajar tampoco tiene ingresos”, señala. “En algunos casos, esta forma de contratación estimula el empleo de mano de obra familiar y aún de trabajo infantil. El trabajador, impulsado por la necesidad de mejorar sus ingresos, lleva consigo a su familia. Mujer e hijos de diversas edades, trabajan a la par del jefe de familia aportando a la tarea del mismo. El empleador trata solamente con el jefe de familia, pero todos los integrantes de la familia contribuyen con la tarea. De esta manera, el jefe de familia se convierte en el capataz de su propia familia”, continúa.

En el mismo sentido Pereira describe al tema de los salarios como un problema en el trabajo rural ya que los empresarios “juegan con reglas de juego muy complejas”. Otra de estas reglas es la zafra, ya que ocurre en algunos casos que personas que son contratadas para realizar un trabajo durante una temporada específica no son llamados para la siguiente y dejan de tener esa fuente de trabajo.

El sindicalismo, de esta manera, puso en evidencia la precariedad del trabajo en el campo, descripta cual película que representa otros siglos, tras los hechos que se hicieron públicos de dos trabajadores que, a manos de altos cargos de estancia, fueron brutalmente agredidos.

Federico Laitano