Periodistas de Argentina, México y Uruguay debatieron sobre igualdad y libertad de expresión en el continente

LIBERTÉ, ÉGALITÉ Y OTRAS AUSENCIAS

Foto: SdR

El merecido homenaje a las y los periodistas mexicanos por su defensa de la libertad de expresión, en el que se reconoció como visitante ilustre a la periodista mexicana Marcela Turati, ya finalizó. La cara maquillada del Intendente de Montevideo, Daniel Martínez, las cámaras y los tipos de “seguridad” que lo siguen abandonan la sala. Entre alguna silla vacía y un molesto abrir y cerrar del ascensor, el 20 de octubre en la Intendencia de Montevideo se llevó a cabo el debate “Igualdad y libertad de expresión: interpretaciones y controversias”.

La primera panelista, Mariana Carbajal, periodista de Página 12 y activista por los derechos de las mujeres y colectivos LGTB desde hace más de 20 años, explicó que en su país existe una ley de protección integral contra la violencia hacia las mujeres, en la que se define la violencia mediática como “aquella publicación en los medios que promueva la explotación de mujeres o sus imágenes, injurie, difame, discrimine, deshonre, humille o atente contra la dignidad de las mujeres (…)”. Puntualizó que dicha ley “se cruza” con la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA) y ambas generan “una herramienta constituida”. Sin embargo, afirmó que “no es fácil enfrentar los contenidos que atentan contra la dignidad de las mujeres y otros colectivos en los medios de comunicación, aunque exista esta definición”.

Por otra parte, Carbajal dijo que a partir de la LSCA y con la creación de la Defensoría del Público, se generó “un organismo que desarrolló una política pública contra la violencia mediática y un mecanismo de denuncia muy interesante, porque trata la mediación entre las partes a través de la reparación”.

Reflexionó finalmente: “hoy en Argentina estamos en un contexto de audiencia más crítica frente a esta movilización social. Pensemos qué tipo de camino o herramientas tenemos para construir una sociedad más igualitaria desde los medios. Entre las acciones directas, la vía penal y las políticas públicas, yo soy partidaria de las políticas públicas”, concluyó.

En tanto, su colega argentina Sandra Chaher, coordinadora para América Latina de la Alianza Global de Medios y Género (GAMAG), directora de Comunicar Igualdad e integrante de la RED PAR, centró su participación en la “libertad de expresión en el contexto del ejercicio de la misma, sin riesgo para la vida de las periodistas”.

La periodista planteó un dilema al público: “¿qué pasa cuando los derechos de las personas son vulnerados por los medios de comunicación, y en esa vulneración se argumenta que se está haciendo uso de la libertad de expresión?”. Aseguró que cada vez que hay violencia mediática y se busca discutir los contenidos con los medios, “las empresas y muchos periodistas alegan que los están censurando”. “Hay tratados legales que comprometen a los medios a determinadas conductas respecto de sus contenidos, y los medios argumentan que no los cumplen porque tienen derecho a decir lo que quieran”, aseveró.

Al igual que Carbajal, se refirió a la definición de violencia mediática y afirmó que “estas normas, que están alterando al empresariado de toda la región están acordes a la normativa regional e internacional, y no atentan contra el derecho a la libertad de expresión, porque ninguna de estas normas plantea censura previa, sino responsabilidad interior”.

Chaher también planteó la existencia de dos conceptos sobre la libertad de expresión, “una concepción individual y otra vinculada a una concepción más colectiva y social”, y entendió a la segunda como la libertad de quien escucha a tener acceso a una diversidad de voces. Agregó que, justamente, para fortalecer el sistema democrático es necesario esa diversidad. Y que, desde esa perspectiva, “sería muy importante que las voces que han sido dejadas de lado en los medios de comunicación -mujeres, colectivos trans y otros colectivos- sí tengamos acceso”. Señaló como importante el rol del Estado, ya que dentro de la concepción colectiva, “es el encargado de distribuir las voces”.

Por último, en busca de combatir las problemáticas manifestadas, la integrante de la RED PAR propuso la generación de organismos de políticas blandas para trabajar los contenidos, en vez de organismos sancionatorios. También propuso la idea de generar sistemas de cuotas para la participación y los liderazgos en organismos vinculados a la comunicación y a empresas de medios; cupos en los medios para que produzcan contenidos los colectivos acallados y discriminados; publicidad oficial a modo de subsidios para las temáticas de género u otros colectivos; producción de datos sobre los temas vinculados a comunicación y género, así como la inclusión del tema género en la formación de quienes comunican.

El caso uruguayo

En su exposición, la periodista uruguaya Pilar Teijeiro, integrante de Tevé Ciudad, evidenció las condiciones laborales de las mujeres periodistas en el país: “sufrimos las mismas discriminaciones que sufre cualquier mujer, se generan los mismos estereotipos, los mismos problemas  y los medios de comunicación reflejan eso. Esto es lo que estamos tratando de pelear”, manifestó .

Teijeiro explicó que a partir de una encuesta realizada en 2012 sobre las condiciones laborales en los medios de comunicación, se observó que la mitad de las mujeres que trabajan en los medios tienen terminada su carrera universitaria en periodismo o en comunicación, “contra sólo el 15 por ciento de los hombres”, mantuvo.

Además, afirmó que en cuanto a la participación, las mujeres representan la mitad de las personas que trabajan en los medios y la mayoría son bastante más jóvenes que los varones. Sobre el nivel salarial, agregó que no hay grandes diferencias, sin embargo, dijo que “los hombres tienen más trabajo que las mujeres, pueden hacer más horas extras o pueden tener dos o tres trabajos al mismo tiempo”.

Por otra parte, advirtió que “aunque las mujeres somos las mitad de la fuerza de trabajo en los medios, no jugamos un papel igualitario en el proceso de construcción de la información que damos, y eso repercute en los medios. Somos casi la mitad, pero somos muy pocas las directoras de medios o las coordinadoras”. Para la periodista, ese aspecto incide en la libertad de expresión, porque “esas personas son las que definen la agenda, qué coberturas se hacen, a quién entrevistar, qué titulo poner”.

¿Qué pasa en la interna del medio? En este sentido, Teijeiro desarrolló que en los espacios laborales en general no se contemplan los roles de cuidado, y ejemplificó con las salas de lactancia: “sólo en dos o tres medios hay”. Por otra parte, agregó que 6 de cada 10 encuestados no percibe discriminación en sus lugares de trabajo.

“Hay un tema que me gustaría plantear y es el de la invisibilización de las situaciones de violencia”, sostuvo cerca del final de su exposición. Sobre este punto, agregó que las periodistas se enfrentan a retos adicionales a la hora de ejercer el periodismo, como los “ataques sexuales que pueden ocurrir cuando se cubre una noticia”. Teijeiro planteó que muchos casos no son denunciados por temor a señalamientos, y por eso “estos temas generan censura y ponen en riesgo el derecho a la libertad de expresión”, concluyó.

Otra realidad

Para finalizar, la periodista mexicana y fundadora de la Red de Periodistas de a pie, Marcela Turati, habló de las temáticas que se abordan en México y al contexto al que se enfrentan las periodistas en su país. Según explicó, hay tanta violencia por el narcotráfico que otros tipos de violencia se han dejado de lado periodísticamente: “durante años dejamos de cubrir los feminicidios, la violencia doméstica, la violencia sexual y la trata”, dijo.

Turati manifestó que las periodistas mexicanas viven todas las precarizaciones, el acoso sexual, la discriminación y además perciben un salario peor al de los hombres. Y agregó que con la maternidad no hay derechos: “generalmente tienes que optar por ser madre o seguir siendo periodista”.

Sostuvo que dentro de la violencia hacia sus colegas se generan “patrones interesantes”: “cuando las periodistas son amenazadas y lo denuncian, la reacción general es creer que está loca, que es una histérica o que quiere publicidad para su libro. No se les cree cuando hacen una denuncia”. Además, explicó que lo que ocurre generalmente es que la amenaza va hacia el espacio de lo íntimo, “hacia los hijos”. Por último, explicó que “es muy común ver una reivindicación pública cuando un periodista hombre es asesinado, pero a las periodistas asesinadas muchas veces no le conocemos ni sus nombres, no tienen a nadie que marchen por ellas. No es la misma intensidad”.

Sin embargo, dentro del contexto en el que viven, “las mujeres igual salen a la cancha en la lucha de la libertad de expresión”, concluyó.

Luciano Costabel