Las respuestas institucionales ante una amenaza de masacre en la FIC

ANTES, AHORA Y DESPUÉS

Facultad de Información y Comunicación / Foto: Presidencia de la República

“Quién será el primero al que le volaré la cabeza?”, se preguntaba en las redes sociales un estudiante de la Facultad de Información y Comunicación (FIC) que durante la noche del jueves, y luego de haber amenazado a varios compañeros e insinuado tener voluntad de suicidarse, publicó en Instagram mensajes de apoyo a los perpetradores de la masacre sucedida en una escuela secundaria de Columbine el 20 de abril de 1999. Entre sus posteos, el joven estudiante escribió “Teen suicide. Sos mi inspiración”, junto a una foto de Taylor Jo Doherty, una chica estadounidense que en agosto del 2007 decidió quitarse la vida luego de haberle confesado a sus padres ser bisexual y de sufrir bullying por parte de sus compañeros de clase.

Luego de ser alertadas por otros estudiantes, las autoridades de la institución terciaria que el joven frecuenta, inicialmente optaron por suspender las actividades académicas, de cogobierno y de gestión por razones de seguridad, al tiempo que “contactaron a especialistas en el manejo de estos casos”, informó esa mañana la FIC a través de un comunicado. “La organización que se contactó con el estudiante fue Último Recurso. Posteriormente, se intensificó la circulación de capturas de pantalla de las redes sociales del mismo estudiante donde se daba a entender que podría haber un ataque en la Facultad, generándose una situación de inseguridad en la comunidad de estudiantes”, según señala el comunicado. Sobre las 9.30 de la mañana del viernes, en su cuenta de Twitter, la Unidad de Comunicación del Ministerio del Interior, informó que el estudiante fue detenido por Inteligencia, por lo que las actividades en la FIC retomaron su funcionamiento habitual.

¿Bullying?

Según dijo a SdR Verónica Pellejero, consejera de la Facultad por el Centro de Estudiantes de Información y Comunicación (CEICO), la situación del joven estudiante era monitoreada ya hacía un tiempo porque “en las redes sociales ponía fotos y hashtags que evidenciaban que tenía algo de depresión, pero jamás había puesto cosas tan violentas” como las del jueves a la noche. Además, dejó entrever incomodidad en su grupo de compañeros con los que habría tenido choques: “Se había peleado con todos en el whatsapp y había dicho que tenía una lista negra”. De todas formas, no se informó oficialmente si se trataba de un caso de bullying.

“El bullying es una categoría diagnóstica que hoy tiene un uso y abuso en algunas circunstancias. Lo que estamos viendo son algunas manifestaciones de personas, en este caso de jóvenes, que pueden estar pidiendo ayuda o están mostrándole al mundo adulto algunas cosas que porque andamos corriendo por la vida, parece que nosotros no podemos entender o comprender”, comentó a SdR la docente de la FIC y psicóloga Lis Pérez, quien está trabajando sobre la convivencia y los conflictos en instituciones educativas desde hace más de 20 años.

Sobre la misma línea que Pérez, Gladys Ceretta, decana de la FIC, dijo: “yo no tengo elementos como para poder afirmar que este sea un caso de bullying porque no se trató en esa línea. La investigación está en manos de la Justicia y yo no he tenido ningún informe al respecto”.

La pregunta es mucho más compleja de lo que parece y esconde detalles que a simple vista son imperceptibles, pero puede responderse con un adecuado tratamiento desde el principio y un espacio para que quien lo esté necesitando pueda ser contenido. Pellejero comentó que “es una situación triste y compleja” a la cual no se puede ser omisos. Para Pérez, “es más fácil categorizar y ahí todos nos quedamos tranquilos de que es un bullying, entonces se le da el tratamiento que le corresponde y nos desentendemos de la situación. Yo creo que es mucho más complejo que eso y requiere, como parte de la institución, otro tipo de respuestas y otro tipo de cuidados que hoy no estamos teniendo”.

Una mirada profesional

Si bien a nivel de la FIC aún no hay herramientas para contener este tipo de situación ni se ha ideado un plan al respecto, Pérez comentó: “yo que soy psicóloga, en mi clase, siempre tengo un espacio para éste y todos los temas que surjan, independientemente de la asignatura o del curso que esté dando. Si surge algo de eso lo incorporo”.

- ¿Éste era un caso previsible?

- No se puede hacer una prevención de situaciones de violencia porque la violencia está instalada en la situación. Lo que sí se puede prever y hacer es mejorar los lazos de convivencia, porque si a algún chico le invaden pensamientos de frustración, de enojo y de ira, y hay alguien que lo pueda escuchar, se trabaja desde una promoción del buen vivir o de la buena convivencia. Eso es lo que deberíamos estar instalando en nuestras instituciones, no un sistema de prevención para quienes son posibles suicidas. Generar instituciones como la nuestra, que además es de información y comunicación, que permitan establecer más diálogo donde estas cosas se puedan visualizar y canalizar de otra manera. El asunto es cómo no pasar al acto, poder traducir en palabras el enojo y la frustración.

- ¿La facultad está preparada para este tipo de situaciones?

- Esa es una muy buena pregunta para hacernos todos quienes la integramos: qué estamos haciendo nosotros para cuidarnos y cuidar a los que ingresan a ella. Un mal momento lo podemos tener todos. Inclusive hay personas con tratamientos; todos sabemos que en la sociedad entera hay una sobredemanda de psicofármacos y hay una industria atrás de eso muy lucrativa. Tenemos indicadores muy embromados en cuanto a suicidios y patologías como depresión, entonces nuestra institución educativa, ya que su cometido es educar, debería poder trabajar un poco más el diálogo entre nosotros mismos para que cuando haya un evento como éste, que se pueda canalizar adecuadamente. Si es un problema personal que además trasciende y debe ser abordado desde la salud, podemos hablar con el joven, derivarlo, aconsejarlo, sostenerlo y siempre cuidarlo para que él siga educándose, porque nuestro cometido es educar a todos y todos tienen derecho de entrada.

Desde la institución

Ceretta comentó que “la universidad en sí misma no tiene una infraestructura para este tipo de situaciones. En las Unidades de Apoyo a la Enseñanza, cuando hay que apoyar situaciones de estudiantes, necesariamente se necesita contar con especialistas, con psicólogos, por ejemplo, para apoyar determinados casos, con gente que tenga formación en aspectos educativos concretos. A diario, de repente nos enfrentamos con estudiantes con problemas de autismo, con problemas de comprensión y los docentes no estamos preparados para ese tipo de cosas, por lo que sería muy bueno contar con equipos que nos ayudaran”.

- Dado este caso, ¿qué medidas tienen pensado tomar?

- Lo que estamos haciendo ahora es lo que hemos hecho desde el primer día, tratar de encaminar los carriles normales de funcionamiento de la institución y, evidentemente, si podemos implementar espacios de apoyo a los estudiantes, lo vamos a hacer.

- ¿De qué manera se abordó el lunes de mañana la situación en clase?

- El decanato tenía previsto hacer algunas actividades, pero al final en Facebook propuso dar una pequeña instancia de reflexión, que se realizó sobre todo con estudiantes del primer año, en la que participaron profesores, estuvo AFFUR [la Agremiación de Funcionarios Federados de la Udelar] y hubo representantes de la Licenciatura en Comunicación. Lo que se hizo fue conversar con los estudiantes, no sobre el hecho concreto, sino sobre lo que implica la responsabilidad del manejo de las redes sociales, más que nada para dejarles abierto el espacio y también decirles que si hay situaciones en las que ellos necesitan ayuda o ven que alguien la necesita, lo hagan saber, porque a veces estas cosas llegan y uno desconoce lo que pasó. De todas formas, a nivel de decanato, se van a hacer reuniones con la Unidad de Apoyo a la Enseñanza y con los docentes. Eso va a ser en el correr de esta semana, ante esta situación, pero sobre todo para proyectarnos al futuro.

¿Y ahora qué?

Inicialmente, desde CEICO se ideó hacer una jornada de reflexión, con fecha a confirmar, que se llevaría a cabo en el Aula Magna de la FIC, con el objetivo de apoyar a los docentes ya que “es algo muy fuerte que el docente tenga que encarar toda esta situación solo. Es una situación que nos interpela como estudiantes de comunicación porque además fue algo que desde el principio se desarrolló en las redes”, comentó Pellejero.

“¡Es facultad de Información y Comunicación, señores! Algo tenemos que hacer”, insistió Pérez, y agregó que al momento no hay nada instalado para hacer frente a este tipo de situaciones “porque es una facultad nueva y porque las instituciones no están pensadas para estas cosas que están pasando ahora”. Sin embargo, consideró que ésta debería ser una oportunidad para reflexionar, pensar en el día después y para crear “una respuesta inmediata, una respuesta a mediano y otra a largo plazo para los estudiantes y profesores”. Para esto sería necesario, según Pérez, “generar un espacio de diálogo con aquellos que quieran dialogar pero pensando bien, con gente que entienda que hay que hablar sobre estos fenómenos, darle un significado y un sentido, y aprender de esta situación”.

“Sería muy importante que ésta fuera una oportunidad para hacer un espacio de diálogo y ver cómo se está transitando esta situación en la institución. Sería ideal”, dijo Pérez.

Romina Lettieri