Una nueva herramienta para la autonomía

INCLUSIÓN EDUCATIVA

Se dio un gran paso para la inclusión educativa, se lanzó la primera Biblioteca Digital Accesible (BIDYA) de Uruguay con el fin de facilitar el acceso de material educativo a personas con discapacidad visual.

De acuerdo con el informe mundial sobre la discapacidad de la Organización Mundial de la Salud y el Grupo del Banco Mundial, 200 millones de personas aproximadamente tienen dificultades en su funcionamiento como consecuencia de las barreras que obstruyen el acceso de las personas con discapacidades a servicios como la educación.

Un trabajo final de grado, ”¿Dónde y cómo aprenden hoy los niños con discapacidad? El lento proceso de transformación del sistema educativo”, de Lucía Hernández publicado en 2016, dice que “en Uruguay, viven aproximadamente 50.000 niños y adolescentes con discapacidad, la gran mayoría son y han sido víctimas de la exclusión social”.

Dicha exclusión se debe a la falta de herramientas y estrategias que brinden igualdad de oportunidades para todos. Además, eso provocó la “naturalización de los obstáculos y exclusión” que obstruye el camino de las personas con discapacidad en el día a día como en el ámbito educativo.

A pesar de los avances en reformas educativas, Uruguay aún tiene carencias que afectan a la población con discapacidad  “y les significa un gran desafío formar parte de este sistema”.

Sala de Redacción habló con Gabriel Soto, presidente de la Unión Nacional de Ciegos del Uruguay (UNCU),  quien contó que BIDYA fue una idea que nació en conjunto entre UNCU y el núcleo Recursos Educativos Accesible (REA) de la Universidad de la República (UdelaR).

Surgió con “la idea de que los materiales de estudio básicos, de primaria y secundaria, estuvieran a disposición en formato accesible para los  alumnos que estén cursando estos ciclos y puedan terminar, así puedan llegar más personas a la universidad”, agregó Soto.

En este marco, que los estudiantes tengan a disposición los materiales en cualquier momento,  hizo que UdelaR se interesara por la propuesta y  comenzó a presentarse en varios lugares. El año pasado el proyecto fue aceptado por el programa Fondo Regional para la Innovación Digital en América Latina y el Caribe (FRIDA)  y se logró materializar la biblioteca.

Manifestó Soto que el proyecto se ganó el año pasado pero  se culminó en agosto de este año con los materiales que ya  estaban subidos. “Ahora solamente falta la ratificación de la excepción de pago de derechos de autor por parte del  Poder Ejecutivo para que esos materiales puedan ser descargados sin ningún problema por la persona con discapacidad visual”.

UNCU trabajaba generalmente por la demanda, pero con la BIDYA se están adelantando a ella. “Los estudiantes se acercan y se trabaja para  accesibilizar la información; ahora se apuesta a que ese material se encuentre disponible en la biblioteca digital”, explicó Soto.

Actualmente la biblioteca cuenta con 520 materiales, aproximadamente, y no todos están disponibles por los derechos de autor. Se está esperando por la reglamentación de la excepción. Soto mencionó que el decreto se encuentra pronto pero el Consejo de Ministros tiene que aprobarlo.

El diseño de la biblioteca digital estuvo a cargo de UNCU, Red Mate, la Facultad de Ingeniería de UdelaR y personas del Núcleo REA.

Para acceder a BIDYA es necesario registrarse con usuario y contraseña. Esto se debe a que está enmarcado en el Tratado de Marrakech, que “es el primer tratado de excepciones de la propiedad intelectual, en donde establece disipaciones específicas  para personas que tenga dificultad para acceder a textos impresos”.

Van a tener usuario y contraseña aquellas personas que demuestren que no pueden acceder a un texto impreso, por ceguera, baja visión u otra dificultad. Es necesario que se certifique a través de recibo de pensión, certificado médico u otro documento. “La intención no es complicar, pero es necesaria una documentación que certifique que las personas realmente están comprendidaas dentro de la excepción”.

No es necesario presentarse en UNCU: la información se puede enviar por correo electrónico o incluso mediante llamada telefónica. “Se puede mandar por otras vías, no vamos a ser tan cerrados. Tenemos que tener un control de que realmente la persona lo necesita”, aclaró Soto.

El nivel de respuesta que se ha tenido es bueno, de a poco la gente se está acercando y haciendo consultas.

Con respecto a otras dificultades de accesibilidad en las facultades, Soto dijo que “el sistema educativo tiene que ser abierto en entender la situación de la persona y qué es lo que realmente necesita. No quiere decir que se van hacer menos materias, si que se les ponga otras materias a las personas con discapacidad visual.”

Además agregó que si una persona utiliza la biblioteca, cumplió su objetivo. Cuanto más personas la utilice “va a ser más enriquecedora y va a permitir acceder a más auspicios porque esto se mantiene con plata no por amor al arte”.

En cuanto a la cantidad de personas con discapacidad visual que ingresan al ámbito educativo, dijo que no se cuenta con datos certeros. Lo que se tiene son datos obtenidos del censo realizado en el año 2011 que arrojan números muy elevados, pero son los que más se acercan a la realidad.

“Hay dos formas de mirar: si se toma la pregunta, como se hace en el censo, ‘si se tiene dificultad para ver, escuchar o caminar’, pasó que se mostraban personas que tenían alguna dificultad para ver porque usaban lentes. Eso dio un número elevadísimo de personas con discapacidad visual, un 10% de la población del país, unas 300 mil que es mucho, no es real”, explicó.

Después agregó que si se tomaba el otro aspecto de la misma pregunta, “si se tiene mucha dificultad para ver, o no ve nada”, se acerca más a la realidad y aparece otro número, unas 62 mil personas tienen dificultad de visión seria o ceguera.

Mencionó que a partir del censo del año 2011 se hicieron otros estudios que buscaron otra información, y lograron extraer que en la parte estudiantil había unas 23 mil personas jóvenes con dificultades severas de visión en edad de estudiar. “Es  un número bastante interesante pero siguen siendo elevados, por eso digo que datos certeros no tenemos”.

Por otro lado SdR también habló con la profesora Beatriz Santiago, coordinadora del Centro de recursos para alumnos ciegos y con baja visión (CeR); dijo que el trabajo con personas con discapacidad visual es un trabajo  que se va construyendo día a día, “cuando comenzamos contábamos con 8 estudiantes y ahora tenemos alrededor de 250”.

A los alumnos que ingresan se les va haciendo  un seguimiento y explicó que un alto porcentaje sigue su trayecto educativo. “Algunos por distintas razones abandonan por un año y después vuelven a recursar, pero no por un tema de discapacidad visual sino por un tema de salud o familiar”.

El CeR tiene alumnos distribuidos por todo el país. Los estudiantes concurren a un centro común y son recibidos por un profesor común. Lo que se hace por parte del centro es ir al interior y realizar una evaluación funcional. En base a eso se preparan los materiales. ”Nosotros no apoyamos solo a los alumnos, sino también a los docentes. No tiene porque saber agrandar un material, eso lo hace el servicio del centro de recursos”, contó Santiago.

Además explicó que enseñar a estudiantes ciegos o con baja visión es como tener otro alumno más, siempre que se cuente con el material adaptado. “Lo que hay que lograr es que la información les llegue por otro canal. Muchos docentes se sorprenden porque hay estudiantes que andan volando y de antemano parece que no. Me pasó a mí personalmente, cuando uno no sabe aparece un poco de miedo, después te enseñan ellos. No hay dificultad agregada”.

CeR abarca a los estudiantes de Educación Media. Consultado,  Santiago dijo que sí hay un seguimiento una vez que egresan los alumnos a terciaria. Dijo que el seguimiento se hace en caso particulares, si el alumno o la comunidad educativa lo piden. Lo que se busca una vez que egresan de bachillerato es que sean autónomos, que sean capaces de generar sus propios materiales.

Uno de los motivos de que no haya seguimiento  es porque no se cuenta con personal ni infraestructura; actualmente el centro cuenta con diez personas. “No hay la capacidad de hacer seguimiento a todos, casos puntuales sí porque son nuestros alumnos  que vemos progresar y es lo que queremos”, explicó.

Con respecto a BIDYA mencionó que es un gran paso, “todo lo que venga a contribuir a la independencia es muy positivo”. Destacó que se necesita más para Educación Terciaria, “hay muchos manuales que el centro no tiene la capacidad de producción. Va a ser una gran cosa cuando se logre para Educación Terciaria”.

Aclaró que digitalizar no es la única solución, hay que usar todas las herramientas. “Abrió un gran espectro la digitalización, pero las imágenes no se leen”.

Bettina Araújo