Artesanos reclaman espacios para trabajar y un mejor trato de la IM

PAÑOS SOBRE LA MESA

Peatonal Sarandí - Foto: Victoria de la Llana

Si hay algo que caracteriza (o caracterizaba) a Montevideo, es la presencia de artesanos en las calles, sobre todo en la Peatonal Sarandí, zona turística a donde se dirigen quienes quieren llevarse algún recuerdo hecho a mano. Poco a poco los artesanos van desapareciendo de las calles. La peatonal ya no es punto de encuentro de estos artistas. Un día se encuentra repleta de artesanos y otro día totalmente vacía.

SdR se dirigió a varios puntos y ferias de Montevideo donde se pueden encontrar algunos artesanos junto a sus paños. Todos ellos coincidieron sobre las dificultades a la hora de trabajar. Pedidos que no se escuchan, intercambios con funcionarios de la Intendencia de Montevideo (IM) que quieren sacarles sus cosas y desalojarlos, permisos para trabajar ganados en base de súplicas, sorteos para conseguir un lugar en un sistema al que algunos no se quieren acoplar.

Carné para artesanos y artesanas

Sin embargo, desde el año 2011 entre marzo y setiembre la IM abrió un llamado para que artesanos interesados soliciten el carné. Contar con él, además de ser un reconocimiento, habilita a participar del Circuito Artesanal Turístico Yacaré e integrar el Registro departamental de artesanas y artesanos. Actualmente hay alrededor de 1.500 artesanos con carné.

Fernando, uno de los artesanos con los dialogó SdR, adquirió su carné hace dos años cuando fueron al taller de su casa a evaluarlo. Piensa que esta constancia fue propuesta como un filtro, “porque realmente todo lo que se comercializa no es artesanía”. Además muestra disconformidad con aquellos que revenden artesanías que son realizadas por otros, “lo compran en el barrio de los judíos y revenden eso. Hacen cosas propias, pero no es con lo que se presentaron en la inscripción para solicitar el carné”.

Por su parte, Ana María, artesana que adquirió su carné hace 5 años, explica que el que revende, lo único que hace es tomar el producto terminado y comercializarlo. “Él (refiriéndose a Fernando) tiene que realizar el trabajo y además vender”. “Hay mucha gente que no debería estar acá”, manifiesta la artesana, que cree que es fundamental el orden en las ferias.

Otra cuestión

Pero además, muchos sostienen que el carné no sirve. Manuel, artesano de la zona de Tres Cruces, manifiesta que es un método de control social. “El carné va contra la conciencia de muchos de nosotros, estamos poniendo nuestro trabajo a disposición de gente que no se lo merece. Y con respecto a los permisos para trabajar, no queremos el de ellos, queremos el permiso del pueblo, de la gente, y ese lo tenemos”.

También, afirman que no se les permite trabajar. En primer lugar, explican que el Circuito Artesanal Turístico Yacaré dura solo algunos meses y que no les permite subsistir el resto del año. Otros en cambio se enteraron por SdR de la existencia del circuito porque al momento de solicitar el carné no fueron informados.

Pablo Balea, responsable de la Unidad de Medianas y Pequeñas Empresas (Unidad Mypes), explica que este circuito comienza a funcionar en noviembre y finaliza en abril. Se trabaja fines de semana y días que bajan cruceros, “hay gente que trabaja solo en Yacaré y puede vivir todo el año. Es una feria privilegiada”. Para poder trabajar en este circuito se debe pagar monotributo y poseer el carné. Luego todos los inscriptos entran a sorteo para obtener un lugar.

Una de las artesanas, quien prefirió no dar su nombre, unifica las voces de los reclamos de muchos artesanos con los que se dialogó: “La situación actual de los artesanos es tétrica, nos han echado de todos lados. Cuando yo empecé, la calle era una opción para trabajar”, explica. La artesana cuenta cómo poco a poco los fueron corriendo de distintos lugares. Comenzó en Tres Cruces pero luego tuvo que irse porque eran muchos y el espacio era escaso. Estuvo en la explanada de la Universidad de la República y de allí fue hacia la Plaza Libertad, donde trabajaba sin inconvenientes hasta que “comenzó a ir la policía a sacarnos las cosas. A algunas personas les pegaban y las trataban muy mal”, manifiesta.

Algo que llamó la atención de muchos artesanos fue que luego de correrlos de Plaza Libertad se mantuvo a un artista. “Él estaba con nosotros y solo a él le dieron lugar para que esté en la plaza con toda su exposición, nadie más. Raro, agresivo y violento para todos nosotros”. Al consultarle al responsable de Mypes sobre esta decisión, afirmó que depende de Inspección General e invita a tener una mirada más colectiva respecto a este tema.

Balea manifiesta: “todos nos empoderamos de algún lugar. Yo siempre hago el mismo ejercicio, ¿de quién es la vía pública?, es del que la transita, del que quiere comercializar ¿O es del vecino que vive ahí?”. Hay lugares en los que se privilegia el espacio público y otros la comercialización. Además afirma que lo ideal sería tener otro tipo de espacio ya que entiende que trabajar en la intemperie tiene una serie de dificultades.

Pablo Balea explica que Inspección General controla todo Montevideo, por lo que a veces se hace hincapié en controlar algunas zonas, como la Peatonal Sarandí, y en otras oportunidades, otras no tan transitadas. “Montevideo es grande para este tipo de cosas. En ocasiones hay que hacer la vista gorda para poder dejar vivir, pero por momentos hay cosas que exceden”, concluye.

Con respecto a los lugares en los que sí se les permite trabajar, Balea cuenta que hay colectivos de artesanos que trabajan en Plaza Matriz y en calle Yacaré. Con el permiso (que la IM ya no está otorgando desde hace algún tiempo), se puede trabajar en Villa Biarritz y Parque Rodó, donde se dan solo algunos pocos lugares adjudicados por sorteo. Balea explica que además la Unidad Mypes ofrece garantías para alquiler de locales, “hay alternativas, no solo la calle”.

El principal pedido de los artesanos es que los dejen trabajar en la calle. Muchos explican que es difícil mantener un local. Manuel manifiesta: “No puede morir la autogestión y la libertad de expresión y en el único lugar en el que está garantizado es en la calle, donde todos somos iguales. Ellos tienen que entender que no nos gusta su manera de manejar las cosas, a nosotros nunca nadie nos vino a preguntar nada, ellos deciden, vienen y te lo imponen”.

Cada paño habla de nosotros, yo soy eso, la gente me conoce por lo que hago, me siento bien así, nunca voy a intentar sacarle ventaja a otra persona”, expresa Manuel, quien cree que el permiso para trabajar en ferias como también los sorteos generan competencia entre ellos y por esa misma razón prefiere este camino que transita hoy. “Yo no quiero ir a un lugar donde haya un compañero que queda afuera  porque no salió en el sorteo”, afirma.

Una artesana con la que SdR dialogó paga un permiso para trabajar en una de las ferias y cuenta que tuvo que pelear contra viento y marea, esperar días enteros, hablar con muchas personas, para finalmente obtenerlo. “Hay artesanos que por una cuestión de cabeza no quieren  pasar por eso. Soy mamá y lo terminé haciendo porque era la opción que me quedaba”, sentencia.

Por su parte, Pablo Balea entiende la mentalidad del artesano de no querer acoplarse al sistema pero explica que este no fue creado por la IM y que está por encima de la institución, “es un sistema, da obligaciones para otorgar derechos y de alguna forma también nos iguala”, afirma.

Manuel menciona que se refieren a ellos como “vendedores ambulantes” para “disfrazar” el tema y que la población piense que son “garroneros” que ocupan el espacio público. “Nos tildan como un parásito social que no paga impuestos, cuando en realidad la materia prima que usamos es la más cara de la región y el IVA va para el Estado”, comenta.

Otro problema que compartieron los artesanos es sobre el material que se les quita cuando están en la calle. “Hace muy poco le robaron un paño a un amigo que estaba sentado, ni siquiera estaba trabajando, lo agarraron de atrás y le sacaron las cosas”, expresa Manuel con enfado y reclama la devolución del material. Al consultarle a Pablo Balea qué ocurría con lo que se les quitaba a los artesanos, afirmó que lo donaban.

La historia para los medios

En enero de este año los artesanos que se encontraban en la Peatonal Sarandí se manifestaron para no ser desalojados por la IM. Fue así que decidieron poner sus paños sobre la calle como lo solían hacer, pero esta vez los paños se encontraban vacíos. Manuel se refiere a este episodio y cuenta que “me fui indignado porque se eligió como vocero a un revendedor y los medios de comunicación buscaban otra historia, al lado de los camarógrafos había un diputado del Frente Amplio tirando líneas a los periodistas”. Por su parte, Balea cuenta que la solución que se les dio luego de aquel hecho fue ir a trabajar a la calle Yacaré, “muchos no quisieron ir y otros sí y les fue muy bien”.

Manuel manifiesta que es fundamental que las personas comiencen a pronunciarse un poco más, “que no nos arrebaten la identidad cultural, porque un pueblo sin identidad es un pueblo que no se defiende y eso es ideal para cualquier gobierno”, sentencia. Por último exige que se liberen los espacios, que los artesanos no sean echados ni se les quiten sus artesanías. “¿Por qué no liberar el Parque Rodó los domingos para todos los artesanos? Hacer talleres, enseñar lo que sabemos hacerLos artesanos no tenemos intención de riqueza, la intención es trascender y aportar algo positivo a la sociedad”, finaliza.

Victoria de la Llana