La juventud del Partido Colorado

LA RE-GENERACIÓN DEL CAMBIO

Imagen de la campaña en las elecciones juveniles del Partido Colorado.

Los resultados de la elección de convencionales juveniles del Partido Colorado (PC), realizada el pasado 4 de noviembre, sorprendieron hasta al más optimista. En un momento en el que al partido se le exige renovación, con una interna agitada en busca de un líder y con un magro 13 por ciento de adhesión en la última elección presidencial, los 30 mil jóvenes que fueron a votar son como un salvavidas para un partido que se ahoga en su propio vaso de agua.

El Prosecretario Nacional de Jóvenes del PC, Maximiliano Campos, explicó a SdR que en estas elecciones juveniles se apuntaba a la búsqueda de calidad y no de cantidad, “donde los jóvenes que voten se queden en el partido”. Al respecto de ese apuntalamiento, resulta interesante y casi inevitable preguntarse: ¿quiénes son esos jóvenes adherentes al PC que permiten unas elecciones “de calidad”?

Federico Mazzuchelli tiene 21 años y es de Sauce, Canelones. Candidato a convencional nacional por la lista 506, bajo el sublema “Espíritu Nuevo”, se presentó como candidato porque “quería tener un rol en la convención y sentí la responsabilidad de armar grupos por el partido”. Fue convencional suplente en las elecciones juveniles anteriores y prosecretario de la juventud del Partido Colorado en su departamento.

Su primera militancia fue en las elecciones juveniles de 2010. Un año antes, en las presidenciales, ya se “moría” por militar pero su abuelo no lo llevaba. Su familia paterna es colorada, la materna blanca y frenteamplista. Esta última -mucho más incisiva en la militancia- generó cierto rechazo en él.

“Me sentí colorado toda la vida, después empecé a leer cosas sobre el batllismo cuando estaba en el liceo y me di cuenta que coincidía con lo que yo pensaba”. En Federico tuvo una gran influencia la lectura del “Pepe” Batlle. Sin embargo, en lo económico, se considera un liberal progresista. Tiene afinidad con Jorge Batlle.

Estudiante de Derecho en la Universidad de la República, tomó ese camino porque le “encantaba aprender sobre el funcionamiento del estado y la política”. Junto a otros compañeros creó un nuevo gremio dentro de la facultad llamado Brum (Bloque Reformista Universitario en Marcha), porque no se sentían identificados con ninguno de los dos gremios existentes: “están muy politizados”.

“A medida que te vas metiendo en la política se vuelve como un vicio, estás todo el tiempo pensando en eso”, explica. Dice no tener ninguna pretensión inmediata en la ocupación de cargos políticos, aunque supone que todo el que milita “tiene aspiraciones de que sus ideas y su gente logren una representación”.

Para Gabriel Machenaud, el que milita lo hace de corazón “porque cree en lo que lucha”. Al igual que Mazzuchelli tiene 21 años y estudia Derecho en Montevideo, aunque vivió casi toda su vida en Lagomar. Sin embargo, su entrada a la política se dio porque encontró el lugar y el espacio en el partido, “sino se hubiera demorado o no hubiera sucedido”.

“Políticamente me considero batllista, de izquierda, creo en el estado, en el sistema y en la república. Soy liberal en lo político, no así en lo económico”, afirma Gabriel. Ocupó el segundo lugar como candidato a convencional nacional en la lista 339 bajo el sublema “Ahora Si” y encabezó la lista para la Convención Departamental de Montevideo.

Su elección por militar en el PC tuvo diferentes motivos. En un sentido, producto de su tradición familiar, “no como una imposición sino lo contrario, al ser colorados me permiten ver el partido sin el cuco con que lo ven otros”, afirma. En otro, por las ideas: “creo que el batllismo es parte del ADN de los uruguayos”. Finalmente, porque considera que el partido está en su peor momento y “está todo por hacer”.

Dice que su objetivo personal es aportar desde su lugar, sus ideas y su conocimiento: “como estudiante universitario considero que he aprendido cosas que puedo aportar, el partido colorado es la herramienta para lograrlo”. Asegura no buscar ningún cargo político, sino que va a estar en donde su grupo -el movimiento Alba Roballo-, considere que es útil.

“El movimiento Alba Roballo surgió como una necesidad de reivindicar un espacio propio, de embanderarnos y tener parámetros claros”, explica a SdR su creadora, Patricia Soria. “Si bien integramos el sector nacional de Fernando Amado, ese sector se define de centro izquierda y nosotros no dudamos en definirnos de izquierda a secas”.

Ahora, con 29 años y siendo Prosecretaria de Género y Diversidad del PC, Patricia cuenta lo que motivó sus inicios en la militancia: “me sentía inútil viendo las noticias desde mi casa sin hacer nada y después quejándome”.

Asumida como ciudadana y batllista, entiende que lo que caracteriza hoy a los jóvenes del PC es que “somos una generación que se sumó al partido cuando no quedaba nada”. En ese sentido, “se milita por amor a la camiseta porque el panorama es absolutamente negro”.

La militancia joven desde la academia

“Los jóvenes militantes de los partidos tradicionales reproducen una identidad de la militancia política entendida como un paso necesario para la política profesional”, desarrolló Mathias Llabrés en su tesis de grado para la Facultad de Ciencias Sociales titulada “La política como vocación desde la perspectiva de los jóvenes militantes uruguayos”. Esta concepción más instrumental de la militancia política se reproduce paradójicamente en el período donde los partidos tradicionales más lejos han estado del control de los recursos del estado, considera Llabrés.

Su investigación buscó estudiar las significaciones que los jóvenes militantes pertenecientes a los partidos políticos les adjudican a la actividad política profesional, las motivaciones que los condujeron a la militancia y los objetivos que se marcaron cuando empezaron.

De acuerdo a la resultados del trabajo, se reconocen fuertes diferencias en la concepción de la política entre los jóvenes de los distintos partidos: “en los militantes del Frente Amplio (FA) se resalta el vivir para la política entendida en los aspectos solidarios, altruistas e ideológicos y por poner los valores por encima de los intereses particulares; mientras que en los militantes de los partidos tradicionales sobresale el vivir de la política en relación con el peso y el sentido que le adjudican a la vocación política”.

Además existen importantes diferencias respecto a las metas propuestas y a la percepción de la carrera política: para los jóvenes del FA la militancia es un fin en sí mismo, mientras que para los militantes de los partidos tradicionales se piensa en función de la expectativa de una política profesional posterior.

Por último, la investigación destaca que las motivaciones que los conducen a participar son compartidas, en general, por militantes de todos los partidos políticos así como los objetivos de por qué militan.

Militancia general, juventud particular

La socióloga Verónica Filardo explicó a SdR que, en base a constataciones históricas, los partidos tradicionales son más permeables a la renovación generacional: “la juventud partidaria tiene otra movilidad en el organigrama del partido y en la capacidad de influir en la dirigencia”. Sin embargo, aseguró que aunque exista una mayor influencia en la estructura partidaria, no se puede decir que haya una mayor equidad en la capacidad de poner temas en agenda y de negociar espacios en las listas.

Sostuvo que el lugar de los jóvenes en la política creció y que no se puede mantener la hipótesis de que los jóvenes no tienen lugar y que son hostigados. Y agregó que de todas formas, “se tiene que pensar cuál es el ejercicio que pueden hacer los jóvenes en los lugares que les tocan”. En ese sentido, manifestó que hay reconocimiento, “pero también puede ser una cosa meramente formal”.

Por último, observó que a nivel internacional se asiste a un proceso de repolitización juvenil de las generaciones del ‘80 y del ‘90 consideradas apolíticas y apáticas con respecto a la política, incluso creídas como generaciones perdidas. “Hoy sucede lo contrario en todo el mundo, la generación de jóvenes tiene una vuelta al sistema político y a la política como interés”, concluyó.

Luciano Costabel

Los números primarios
30.306 jóvenes votaron en las pasadas elecciones del 4 de noviembre, según los datos primarios a los que accedió SdR, cifra que se encuentra muy lejos de los 50.000 votos de las últimas elecciones realizadas en 2012.
En los recuentos se destacan como más votados los departamentos de Salto con 6.072 votos, Canelones con 5.810, Montevideo con 5.779 y Rivera con 5.400. La menor participación se dio en los departamentos de San José (149 votos), Río negro (203) y Treinta y Tres (207).
Los electores -entre 14 y 30 años- votaron a sus representantes en la Convención Nacional del Partido y a los convencionales correspondientes a cada departamento, y más de 5000 fueron los candidatos presentados a ocupar un cargo.