Los migrantes y refugiados en Uruguay

LEJOS DE CASA

AFP PHOTO/Pablo PORCIUNCULA

Querer otra cosa a la que te tocó. Una vida más sencilla y prometedora. Salir y dejar todo atrás, la familia, los afectos, el lugar donde creciste hasta ser quien sos. Volar hacia un lugar desconocido, con otros aromas, otras personas, otras vidas. Llegar y encontrarte solo, rodeado por los problemas de ser un extraño en suelo ajeno. Extrañar, conseguir ayuda, querer lucharla para seguir. Y, eventualmente, lograrlo.

Como muchos migrantes que salen de su país con un puñado de expectativas y buscando encontrar en una tierra extranjera la manera de “remarla”, conseguir trabajo y llevar una vida mejor, Aura Mercado dejó República Dominicana con la meta de poder organizarse y “algún día” traer a sus tres hijos para volver a vivir con ellos.

“Nosotros no nos habíamos separado nunca hasta que yo vine para acá, así que volver a estar juntos los cuatro es lo más importante que me ha pasado en mi vida desde que me separé de ellos”, relató la dominicana a SdR, que finalmente logró este setiembre reunirse con su familia en Montevideo. “Mis hijos están felices y ya les voy a sacar la cédula para que estudien cerca de donde yo vivo. Estoy realmente feliz de haber podido lograr esto”, soltó con alivio.

Conseguir esa meta “no fue fácil”. Mercado recuerda que en esa época estaba estudiando y tuvo que dejar para ponerse “a mil”: reunir la plata para pagar los pasajes y conseguir una vivienda adecuada para recibir a sus hijos. A pesar de lo tedioso y costoso de los trámites y permisos, ella concentró sus fuerzas en lograrlo, ya que reunirse con ellos luego de tres años era “tan importante como poder respirar”.

Mercado explicó que esa situación es difícil para todos los migrantes, sobre todo los que provienen de países que no son del Mercosur, porque el visado para los niños es igual al de los adultos y exige comprar pasajes de ida y vuelta, razón por la que sigue luchando desde su rol de activista y referente de la comunidad dominicana.

Llegando al país

Si bien la gran mayoría de dominicanos que llegó en 2014 ya está regularizada, uno de los principales obstáculos para que accedan al mercado laboral es obtener puestos de trabajo calificados y relacionados con el oficio que ejercían en su país, contó Mercado.

Al no poder validar sus títulos académicos, ya sea porque no existen las carreras o por lo engorroso del trámite, los migrantes quedan relegados a tomar empleos para los que están sobrecalificados, como lo demuestra la última Encuesta Continua de Hogares.

“Son muy pocos los que han podido acceder a un empleo que vaya de la mano con lo que estudiaron”, señaló Mercado, por lo que muchos profesionales trabajan como guardias de seguridad, personal de limpieza o en la construcción. Además no es menor el número de dominicanos que ha sido rechazado en entrevistas de trabajo por su nacionalidad o sus características étnico-raciales.

“Han habido casos de personas que los llaman de la empresa y cuando le dicen que son dominicanos los rechazan”, apuntó Mercado, a lo que agregó que se registran también casos de migrantes que son discriminados en el ámbito laboral o por la población uruguaya en general.

He tenido consultas por casos de jóvenes que han sido hasta golpeados en los trabajos y conozco también mujeres que han ido a trabajar en servicios de acompañantes y los clientes les han dicho que por ser negras solo sirven para limpiar el piso”. Para Mercado, todas las formas de discriminación están basadas en prejuicios que la sociedad tiene sobre los migrantes, como el planteo de que vienen a “sacarle el trabajo” a los uruguayos, un argumento falaz según estudios académicos sobre el acceso y la calidad del empleo en la inmigración uruguaya reciente.

Como lo indica el informe “Caracterización de las nuevas corrientes migratorias en Uruguay” del Ministerio de Desarrollo Social (Mides), las características fenotípicas juegan un papel preponderante en la discriminación, algo que puede ser producto de la “falta de convergencia” en la integración social entre los recién llegados, los que llevan más tiempo y los uruguayos. Pero también se señala como un factor muy preocupante que existan “mecanismos de bloqueo” a nivel de los organismos del Estado, como las demoras y la alta burocracia institucional.

Por esta razón, otro de los mayores obstáculos para los migrantes, especialmente para los que llevan menos tiempo en Uruguay, es acceder a servicios esenciales como la vivienda y la salud.

Mejor salud, peor vivienda

Con respecto a la salud, Mercado aseguró que el sistema sanitario público uruguayo es uno de los que presenta más garantías de acceso a los migrantes. Si bien es necesario tener cédula para tener cobertura, sin ella las personas son igualmente atendidas “de maravilla”.

En cuanto al acceso a la vivienda, señalada en el informe del Mides como la principal dificultad para estas poblaciones, la activista explicó que al momento de su llegada, el migrante queda prácticamente relegado a las pensiones, que son muy costosas y “de muy mala calidad o inhabitables”, ya que, describió, “tienen cucarachas, los baños son malos y los colchones tienen chinches”. “A parte de eso, muchas veces tienen que verse sometidos al maltrato de los dueños o administradores”, agregó la activista.

Las pensiones son la primera opción ya que alguien que no es ciudadano legal o no tiene tres recibos de sueldo no puede acceder a los programas de alquiler del Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente. Una vez regularizada esa situación se pueden solicitar garantías de alquiler para salir de las pensiones.

Refugiados

El Estado uruguayo siempre ha sido abierto a recibir personas de otros orígenes, lo que se refleja en el flujo de inmigrantes europeos que pobló el país a lo largo de su historia, desde la llegada de españoles e italianos en los siglos XVI y XIX.

Pero es de carácter más reciente que Uruguay recibe refugiados. Como Estado parte de la Convención de 1951 sobre el Estatuto de los Refugiados y su Protocolo de 1967, el país adoptó por primera vez en el año 2006 una ley que regula todo lo concerniente a los refugiados y creó a la Comisión de Refugiados (CORE), encargada de decidir sobre las solicitudes de asilo en el país.

Según datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), se calcula que más de 65 millones de personas en el mundo han sido desplazadas de sus países y una de cada 113 personas fueron desplazadas a la fuerza de sus hogares, lo que significa que “nunca antes habían existido tantas personas huyendo de la guerra, de la persecución y de las violaciones a los derechos humanos”.

A raíz de esto, el máster en Ciencia Política y actual nexo entre los refugiados de Guantánamo en Uruguay y el Estado, Christian Mirza, dijo a SdR que hay una “actitud muy positiva” del gobierno en cuanto a aceptar la llegada de refugiados de Europa, Asia o África. Mirza destacó que ha crecido el número de personas que solicitan asilo en el país y puntualizó que si bien tuvo una especial repercusión mediática el caso de los ex presos de Guantánamo —que llegaron en 2014 tras un acuerdo entre los gobiernos de Uruguay y Estados Unidos— hay “más de 350” refugiados provenientes de distintos países, como los latinoamericanos El Salvador, Colombia y Paraguay.

Si bien apuntó que la decisión política que implicó una mayor recepción de solicitudes de asilo en el país “corresponde a la rica tradición que tiene Uruguay en materia de inmigración”, Mirza objetó que hay un “aspecto deficitario” en la implementación práctica de los programas del gobierno. “Sin duda” el caso de los ex presos de Guantánamo no fue igual al de los migrantes de República Dominicana o El Salvador —porque el programa para los ex presos implicó una retribución económica para su sustento—, pero Mirza apuntó que tras su llegada los ex presos sufrieron las mismas dificultades de inserción social.

“La inserción en el mercado de trabajo de los refugiados de Guantánamo por mecanismos comunes, ya sea por currículum o por cursos, hasta ahora no ha dado resultados positivos”, dijo, y agregó que uno de ellos se postuló a tres llamados y fue rechazado porque lo reconocieron, razón por la cual se propuso al Ministerio de Relaciones Exteriores extender el programa, que finaliza en diciembre de este año.

El intermediario indicó que al igual que con los migrantes “hay un estigma” que está basado en “prejuicios de la sociedad” hacia personas de origen sirio o provenientes del Medio Oriente. A su vez, manifestó que el caso particular de Jihad Diyab “influye y hace ruido en la proyección de una imagen determinada”. A esto se le suma el hecho de que un número importante de las familias sirias que fueron acogidas por Uruguay en 2014 también se mostraron descontentas con la manera en la que el Estado manejó su inserción social y laboral en el país.

Haciendo un balance, el académico reconoció que “hay un esfuerzo importante en los últimos tiempos y en el último año y medio de parte del gobierno para mejorar la manera en la que se administran estos temas”, pero matizó que “todavía falta mucho y hay que trabajar”.

Alejandro Prieto