En el marco del evento Voy por la Paz, dos mujeres ganadoras de Premios Nobel expusieron sobre desigualdad y violencia de género

EL CUERPO APODERADO

Lanzamiento del evento Voy por la paz 2018 / Foto: Intendencia de Montevideo

La discriminación y la violencia basada en género son un hecho. Conocer las condiciones de vida de las mujeres alrededor del mundo aporta insumos para cuestionar y analizar las distintas realidades nacionales. Si bien en ningún país se puede decir que exista la verdadera igualdad entre hombres y mujeres, los niveles de desigualdad varían. En muchos lugares del mundo la discriminación a la mujer está sostenida por la tradición y la cultura; en otros, la propia legislación es la que perjudica su desarrollo. Así lo explicó el viernes la abogada iraní y Premio Nobel de Paz en 2003, Shirin Ebadi, en la apertura del panel Mujer y género: ellas, nosotros y el sentido de una lucha necesaria, durante el desarrollo de Voy por la Paz, en Auditorio Nacional del Sodre.

En sus viajes por el mundo, Ebadi conoció múltiples situaciones que atraviesan las mujeres y con sus relatos dibujó imágenes de esas realidades. Una de esas historias tuvo lugar en Benarés, India, una ciudad situada a orillas del Río Ganges y considerada sagrada, a la que todos los indios tienen la obligación de ir una vez para realizar un acto de espiritualidad. Allí se encontró con un grupo de mujeres vestidas de blanco y con la cabeza rapada, que diariamente se acercaban al río. Pasaban el día allí y por la noche se iban a sus dormitorios. Esas mujeres eran viudas. Cuando pierden a sus maridos y no tienen hijos pequeños, su propia familia las envía en exilio a aquel lugar, donde deben permanecer hasta su muerte.

En la mayoría de los países islámicos, la ley se convierte en una de las principales enemigas de la igualdad entre hombres y mujeres. La abogada iraní contó que, en su país, luego de la revolución islámica de 1979 se aprobaron una serie de normas que limitan y violentan los derechos de las mujeres. Por ejemplo, las que establecen que un hombre puede tener cuatro esposas, o que el testimonio de dos mujeres equivale al de un hombre en un juzgado. En Irán la mujer cuenta con la mitad de derechos en comparación con el hombre, lo que quiere decir, por ejemplo, que ante un caso de indemnización, la mujer recibe la mitad de la compensación que recibe el hombre. “Pero en otros países, como Italia, donde las leyes sí son iguales para hombres y mujeres, somos testigos de todo tipo de violencia de género. Se estima que diariamente tres mujeres son asesinadas por parte de sus maridos o ex parejas”, dijo Ebadi.

“¿De dónde viene ese pensamiento o esa idea que hace que un hombre piense que él es el propietario del cuerpo de la mujer? El origen de todos esos elementos de discriminación hacia la mujer es la cultura patriarcal”, preguntó y respondió la ganadora del galardón por la paz. Según explicó, una cultura patriarcal es la que no cree en la igualdad entre los géneros, una cultura escasa de argumentos que, entre otras cosas, se vale de fundamentos religiosos o principios de la psicología que catalogan a la mujer como un género más sentimental y, por lo tanto, no apta para el desempeño de determinados trabajos. La propia Ebadi era jueza en su país y producto de la revolución islámica perdió su puesto por el simple hecho de ser mujer.

“Cuando hablamos de igualdad no estamos hablando de la igualdad formal, fría y de la norma. Estamos reclamando igualdad sustantiva, cotidiana, que da cuenta del respeto, de la promoción y la garantía de los derechos humanos de las mujeres en todos los planos”, comentó otra de las integrantes del panel, la abogada uruguaya Flor de María Meza. Según consideró, el reto mayor es conciliar discurso con realidad: “Una cosa es tener normas muy lindas y otra cosa es la realidad, tenemos que acortar esa brecha entre la norma y la realidad”, agregó.

“Lideresas”

“Las mujeres no solamente son víctimas de esta cultura inapropiada, sino que también son las que transmiten esa cultura de una generación a otra. No debemos olvidar que los hombres que piensan de esa manera, discriminando a otros, han sido educados por una mujer, por una madre. Para poder luchar contra esta cultura inapropiada la única solución está en la educación. Tenemos que enseñar a las mujeres de qué manera pueden luchar contra las manifestaciones de esta cultura”, expresó Ebadi, y agregó que se debe enseñar a la mujer en la autonomía de sus cuerpos y en la posibilidad de elegir ser madres.

“Quiero rendir homenaje a las lideresas, que son muchas y en América Latina debemos congratularnos de nuestras luchas, de ver que tenemos logros y que sentamos un precedente”, dijo otra de las panelistas, la guatemalteca Rigoberta Menchú, ganadora del Premio Nobel de la Paz en 1992. Señaló que en Latinoamérica son numerosas las mujeres que han llevado la voz de otras compañeras y que han luchado contra diversos tipos de violencia. Mujeres que con su lucha alcanzaron el establecimiento de la figura jurídica del femicidio y obtuvieron la participación igualitaria en política. Menchú las felicitó a todas ellas, una y otra vez. “Todas hemos jugado un papel emblemático”, dijo, y agregó que “muchas veces las mujeres que luchan por sus derechos se quedan solas y cuando están solas es porque se encuentra un espacio para que continúen las violencias”. Es por eso que las mujeres deben acompañarse entre ellas, apoyarse y escucharse, consideró.

La defensora de los derechos de comunidades indígenas expresó que la lucha debe continuar, con prioridad de combatir la violencia contra las mujeres: “La violencia intrafamiliar en primer lugar, [y continuar con] violencia social, política, prejuicios y estereotipos”.

Hay que educar

Blanca Rodríguez, periodista uruguaya, hizo un repaso de la situación del país durante su intervención en el panel. Otorgó una lista de logros que ubican a Uruguay como pionero en la región y a nivel mundial en materia de legislación de género. En 1907 se aprobó la Ley del Divorcio y seis años después se habilitó el divorcio por la sola voluntad de la mujer. En 1938 las mujeres alcanzaron el voto y, a mediados de la década del 40, cuatro mujeres fueron las primeras senadoras uruguayas. “Después hubo una especie de suerte de estancamiento en esa evolución de la participación de la mujer en la política y de hecho hoy es escasa”, dijo Rodríguez.

La periodista opinó que Uruguay continúa siendo “faro” a nivel continental por una serie de leyes aprobadas. Entre ellas, nombró a la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, la Ley de Reproducción Médicamente Asistida, leyes respecto al acoso sexual y laboral, y la Ley de violencia hacia las mujeres basada de género. Además, destacó la creación del Sistema Nacional Integrado de Cuidados, “que permite que las mujeres poco a poco puedan liberarse de esa tarea para la cual parecía que estábamos predestinadas: cuidar a los mayores y menores de la familia”, según valoró.

La periodista señaló que los movimientos de mujeres han sido claves para consagrar estos logros legislativos, pero advirtió que el país sigue teniendo varios problemas: la brecha salarial, el acceso a cargos jerárquicos, la participación política de las mujeres, que actualmente se ubica en 16% en el Parlamento y después de la aplicación de una ley de cuotas. Además, planteó que en Uruguay se produce una denuncia por violencia de género cada 14 minutos y que en los cuatro primeros meses del año 31 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas.

“Aquí tenemos las leyes, no conspira la religión, tenemos movimientos fuertes, tenemos un Estado con institucionalidad muy fuerte. No tenemos analfabetismo, no tenemos problemas de distintos grupos sociales que no puedan integrarse y, sin embargo, no logramos trabajar, terminar, atacar este flagelo que es la violencia de género”, dijo la periodista, y agregó: “Tenemos un problema grave con la educación, tenemos un problema grave con cómo llegamos a estas mujeres para que recurran a la protección y a la denuncia, y cómo educamos a esos varones, a esos niños y niñas para que se posicionen en lugar de igualdad”.

Lucía Gandioli