Estudio de la OIT establece que 40,3 millones de personas han estado sometidas a la esclavitud moderna en 2016

TIEMPOS MODERNOS

Lech Walesa y Guillermo Whpei / Foto: Voy por la paz

Joanna Demafelis era una joven de 29 años que trabajaba como empleada doméstica en una casa de Kuwait. Había viajado desde Filipinas con la esperanza de progresar en un país rico en petróleo y cuyo nombre proviene de la palabra “fortaleza”, al igual que miles de ciudadanos filipinos que se ven obligados a dejar su país por las condiciones de vida que les tocan. La historia de Demafelis tomó un giro inesperado en 2016, ya que no se supo más nada de ella, luego de que despareciera el matrimonio para el que trabajaba, compuesto por un libanés y una siria. Su cuerpo fue encontrado descuartizado dentro del congelador de sus empleadores este febrero.

El caso de la mujer fue relatado por la abogada iraní y Premio Nobel de Paz en 2003, Shirin Ebadi, como un ejemplo de la violencia a la que se ven sometidos los migrantes filipinos y miles de trabajadores explotados en el mundo. Lo hizo durante el panel Personas como máquinas: el mundo del trabajo, la esclavitud invisible y el nuevo orden mundial, en la jornada de debates de Voy por la paz que se realizó en Montevideo la semana pasada.

“Desgraciadamente, en muchísimos países del mundo hay muchos trabajadores que están trabajando y viviendo en una situación bastante precaria. Kuwait es un país muy rico, tiene mucho petróleo. Cuenta con muchos trabajadores que llegan al país desde el extranjero. Hay cerca de 260.000 trabajadores filipinos. Dos tercios de esa cantidad trabajan en hogares de kuwaitinos. El trato que reciben es realmente inhumano”, dijo la abogada iraní. Al ingresar en Kuwait, los pasaportes de los migrantes son retenidos, lo que significa que no pueden dejar el país por su propia voluntad, es necesario el permiso de sus jefes. Además, un porcentaje de su sueldo es retenido por los empleadores. Son insultados, amonestados y algunas mujeres han presentado denuncias de abuso sexual.

¿Esclavos invisibles?

Detrás de las elecciones de vida más básicas y cotidianas está el trabajo de las personas explotadas. Hay esclavos detrás de la producción de vestimenta, calzado, alimentación y bebida, al igual que ocurre con el armado de celulares y computadoras. Múltiples industrias alrededor del mundo contribuyen a la explotación de personas: la industria de la pesca en Tailandia, el algodón en Uzbekistán y Turkmenistán, la industria de la construcción en Qatar, la cosecha de la caña de azúcar en Guatemala o de la cebolla, o el ajo y el arándano en Argentina.

Según un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) publicado en 2017 bajo el título Estimación mundial sobre la esclavitud moderna: Trabajo forzoso y matrimonio forzoso, se estima que alrededor de 40,3 millones de personas han estado sometidas a la esclavitud moderna en 2016. Esta cifra incluye a 24,9 millones de individuos en trabajo forzoso y a 15,4 millones que fueron obligados a contraer matrimonio. Las mujeres y niñas son la población más afectada (71%) y 1 de cada 4 víctimas de explotación son niños. La Fundación para la Democracia Internacional calcula que actualmente 46 millones de hombres, mujeres y niños viven en situación de esclavitud.

Una persona se encuentra en situación de esclavitud cuando es “obligada a trabajar a través del abuso u amenaza de abuso físico o psicológico contra ella o sus seres. Apropiada o controlada por otro a través del engaño y coerción. Deshumanizada, comprada o vendida como un objeto”, se explica en un video publicado por la organización en su página web.

“Esclavos sexuales, esclavos agrarios, textiles, etc. Todos desplazados, todos pobres y todos vulnerables. Porque la pobreza es la madre de todas las miserias; un mundo pobre roba en sueños”, expresó en la conferencia Guillermo Whpei, presidente de la organización. Por su parte, la falta de educación y la pobreza fueron resaltadas por Ebadi como los motivos por los que las personas se ven arrastradas a estos tipos de explotación. “Algunos gobiernos prefieren tener un presupuesto elevado para comprar armas y contar con un mínimo para la educación”, comentó.

El mundial en que nadie va a ganar”

Poco se sabe en occidente sobre la geografía y la vida en Qatar, pero como sede de la Copa del Mundo 2022, seguramente múltiples informes y programas especiales mostrarán un poco más sobre este pequeño país ubicado en el Golfo Pérsico. Qatar tiene el mayor ingreso per cápita del mundo y posee la tercera reserva de gas del planeta. Se trata de una monarquía absoluta con modernos edificios construidos por manos migrantes.

95 % de la fuerza de trabajo del país está constituida por los casi dos millones de migrantes que viven allí. De ese total de personas, 40% trabaja en el sector de la construcción. Las condiciones de trabajo de los migrantes son denunciadas por numerosas organizaciones de derechos humanos y sindicales, que han hablado de situaciones de tortura y trabajo forzoso.

Durante el desarrollo del panel, Whpei manifestó su preocupación por la situación de los trabajadores nepalíes en Qatar encargados de construir los estadios en los que se disputará la Copa del Mundo 2022. “Más de dos mil trabajadores nepalíes ya han muerto en la construcción de los estadios donde pretenden que festejemos los goles”, comentó. Kafala es el sistema de leyes que rige allí y concede todo el poder a los empleadores. No hay salario mínimo y no hay ningún sistema de control efectivo para garantizar el cumplimiento de las normas laborales; tampoco existe libertad sindical. No se permite, entre otras cosas, que los trabajadores abandonen el país.

“Son esclavos como ustedes se los imaginan”, dijo el presidente de la Fundación, y aseguró que sus derechos son totalmente vulnerados. “Le hemos comunicado a Qatar, le hemos comunicado al Santo Padre y tuvo la gentileza de mandarle una carta a [Gianni] Infantino, presidente de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) para que se esclarezca la situación y podamos tener control sobre la construcción de los estadios”, agregó.

La FIFA también ha sido denunciada, según informó la organización en su página web. “Amnistía Internacional señaló que ‘cuando la FIFA adjudicó a Qatar la Copa del Mundo 2022 sabía, o debería haber sabido, que la mayoría de las obras en construcción en ese país emplean a trabajadores migrantes y que éstos están sometidos a una explotación laboral grave y sistemática. Sin embargo, no adoptó ninguna medida para garantizar que los hombres que construirían las infraestructuras del Mundial no fueran explotados’”. Por el momento la FIFA no sugirió que fuera a tomar alguna medida al respecto.

Estamos preparados

Otro de los temas abordados en la conferencia fue el avance de la tecnología y el establecimiento de un nuevo orden mundial. “La humanidad ya pasó por grandes desafíos que era impensado poder resolverlos y sin embargo se resolvieron”, sostuvo Whpei. Luego de un breve repaso por el crecimiento de la población mundial desde 1800, llegó la Revolución Industrial y el cambio que este acontecimiento produjo en el mundo laboral. “Una máquina empezó a hacer el trabajo de 30 personas y se decía: ¿cómo vamos a hacer? ¡Va a haber una crisis mundial! ¡No vamos a sobrevivir! Lo cierto es que se superó”, reflexionó, y agregó que para el empresario, con la tecnología sucede lo mismo. “El gran problema no se habla. El gran problema no es la tecnología, al contrario. El gran problema es la extrema pobreza.”, opinó.

Hoy vemos un gran desafío que es cómo hacemos para que la tecnología no atente contra nosotros mismos, que somos sus creadores. Es un desafío mundial y la humanidad también está preparada para esto”, señaló. Whpei sostuvo que este es un reto que deben tomar en sus manos los jefes de Estado y el pueblo que los eligió. Se debe exigir que se enciendan los motores de la tecnología y la educación que son “el sustento de los pueblos”. Un país que no apueste al desarrollo tecnológico y refuerce la educación es un país sin futuro, sentenció.

Sobre la situación de América Latina respecto al avance de la tecnología en el mundo del empleo, Whpei apuntó que es “una asignatura pendiente” y agregó que no hemos podido superar esta dificultad y ni siquiera creo que esté en la agenda. Tenemos una sociedad dormida, desorientada, anémica que mendiga y no existe”. Para el líder de la organización, los pueblos deben educarse porque un pueblo educado es en definitiva un pueblo exigente y si sabemos exigir una democracia pura que tenga como primer objetivo el beneficio de los pueblos, vamos seguramente a tener un mundo mucho mejor”.

Deshaciendo fronteras

Lech Walesa,  político y sindicalista polaco ganador del Premio Nobel de Paz en 1983, abrió la mesa y abogó por la unificación económica y política de Europa. “Durante nuestra vida hemos realizado desde Europa muchas divisiones, había fronteras impenetrables y por esas fronteras dejamos una gran desproporción en el desarrollo de cada país”, subrayó, y agregó que es necesario “arreglar a Europa” y “limpiar las cosas”, además de buscar la existencia de un fundamento único y, a través consenso, llegar al establecimiento de un solo país”.

Si pudiéramos llegar a ese consenso, seguirá otra pregunta importante: ¿Cuál debe de ser el sistema económico para esa Europa integrada y después para el mundo globalizado? Seguro que no es el comunismo, pero tampoco el capitalismo que observamos en el mundo de hoy”, dijo. Señaló, además, la importancia de la unión entre Europa y Estados Unidos para enfrentar el reto que representa el crecimiento de China.

Lucía Gandioli