Algunos buscan prohibir y otros regular las carreras de galgos en Uruguay

EL PERRO DE LA DISCORDIA

Perro de carreras - Foto: cazaworld.com

Tras la prohibición de las carreras de galgos en Argentina, varias personas llegan a Uruguay  para desarrollar esta actividad. De los dos lados del río hay opiniones encontradas sobre el tema y lo que para unos es maltrato animal, para otros es un deporte.

Gastón Cossia, diputado del Partido Nacional, presentó un proyecto en junio de 2016 para que las carreras de galgos sean consideradas ilegales. Sin embargo, la Comisión de Tenencia Responsable y Bienestar Animal (Cotryba) respondió un mes después con una negativa al proyecto, ya que se consideró que no había elementos para intervenir. Desde la comisión plantearon que podrían regular la actividad, pero esto tampoco sucedió.

Cossia asegura que las carreras de galgos en Uruguay se desarrollaban de manera amateur y que ahora, producto de la creciente inversión de capitales argentinos, se han creado canódromos de tipo profesional. “En Fray Bentos hay tres canódromos y su objetivo es atraer a los competidores argentinos. La Intendencia de Río Negro tiene un pronunciamiento a favor de estas actividades, las autoriza y las avala, en cambio el Municipio de Carmelo denegó una autorización y declaró por unanimidad que está en contra de las carreras“, afirma el diputado nacionalista.

Río Negro es el lugar que más galgueros argentinos recibe. En consecuencia, animalistas realizaron el 15 de abril una concentración en la Intendencia de Río Negro en repudio a las carreras de galgos.

Al proyecto de Cossia se le suma también uno presentado por el diputado Walter Verri en 2017 y otro de similares características presentado en 2018 por el senador José Carlos Cardozo. Del lado argentino hay un gran interés en frenar esta actividad: allí la actividad es penada con cuatro años de cárcel, y quieren evitar que se traslade a Uruguay.

Para Cossia, las carreras de galgos deben prohibirse porque no son un deporte, ya que no hay interacción entre el humano y el animal como en las actividades hípicas. Tampoco son una tradición en Uruguay ni en Latinoamérica, debido a que comenzó en 1920 en Estados Unidos y se extendió luego a países anglosajones para finalmente llegar a Uruguay y países de la región. Según el diputado, es una disciplina que incluye maltrato, abandono y juego clandestino de azar que fomenta la ludopatía. “El perro es un animal de compañía, un animal que vive en nuestras casas y pertenece a nuestro círculo íntimo. No es un animal de producción ni un animal deportivo”, dijo Cossia a SdR.

El diputado nacionalista considera que esta actividad no colabora ni contribuye en el proceso moral de la sociedad y que de hecho implica un retroceso, ya que desde hace años se intenta eliminar el maltrato animal. En 1918 se aprobó la ley 5.657 de juegos prohibidos y protección a los animales, impulsada por José Batlle y Ordóñez. La ley establecía que se prohibían las riñas de gallo, las corridas de toros y el tiro a la paloma, entre algunos otros.

Distintas organizaciones animalistas están en contra de las carreras porque aseguran que sólo contribuyen a más sufrimiento para los animales y más trabajo para las protectoras. En Uruguay es muy alta la relación de perros por habitantes y los refugios están saturados de animales que fueron rescatados de la calle.

En la vereda de enfrente

Otra perspectiva tienen los galgueros, quienes aseguran que no hay maltrato animal en las actividades que realizan ni tampoco un fin de lucro. Para Leonardo del Río, presidente de la Asociación de Galgueros del Uruguay, los galgos vienen con genética predestinada como otras razas. En este caso, el instinto es correr, ya sea una bolsa, una pelota o lo que sea que se les tire. Se los prepara mientras son cachorros y al llegar a la adultez, a los siete u ocho meses, se les hace correr atrás de un señuelo artificial. Recién al año debutan como profesionales con otros perros. Y si bien la ley dice que pueden correr hasta los ocho años, el presidente de la asociación asegura que ninguno llega a correr tanto, sino que lo hacen hasta los cinco o seis años.

Lejos de aquellos que piensan que los tenemos para competir y no le brindamos cariño, a los perros uno los adora. Uno los cría de la mejor manera, se encariña con ellos y ellos con uno. Es como cualquier otra mascota pero es un atleta, un competidor, nace con esa característica, como otros que nacen para el trabajo en el campo y no por eso no se les quiere, otros están para los desfiles de razas, otros están para eventos de salto y equilibrio en las barras. El perro es uno de los animales más rápidos en el mundo, corre 60 quilómetros por hora aproximadamente”, explicó.

 

Carreras de perros - Foto: pixabay.com

Del Río asegura que no abandonan a los perros ni los sacrifican cuando se les termina “la vida útil” para correr, sino que quedan como la mascota de la casa. “Si los largáramos según tanta gente dice, estarían abundando en Uruguay, y un galgo puro de carrera es difícil que encuentres suelto. Prácticamente no existen perros de estas características sueltos porque tienen un costo, tienen una raza que se puede transmitir a través de las crías y para eso quedan los padrillos. Los campeones o los no tan campeones que tienen buena genética, quedan como padres o madres. Algunos ni siquiera se reproducen, simplemente quedan como mascota. Jamás se han largado los perros, yo eso lo puedo asegurar“.

Los galgueros están tratando de autorregularse por lo que aseguran que entre ellos mismos hacen cumplir ciertas normas para que la actividad no represente un daño para el animal. “Puede haber algún pícaro que por ahí tenga otra finalidad con estos perros. La autorregulación va a asegurar que la gente que no cumpla con ciertos requisitos se tenga que ir de esta actividad”, dijo Del Río a SdR.

La autorregulación, entre otras cosas, obliga a aquellos que participan de estas actividades a trasladar a los perros en jaulas seguras, protegidas contra las inclemencias del tiempo, que se aseguren a los vehículos para evitar lesiones producto del movimiento. “Esto se cumple en todos los términos, demás está decir que hay quienes los trasladan hasta con aire acondicionado“, asegura Leonardo Del Río. La ley prohíbe también que compitan hembras en celo o preñadas, animales enfermos o con algún defecto genético, algo que según Del Río también se está cumpliendo.

Los responsables de animales de competencia deben contar con un servicio veterinario. Antes de competir se le solicita a cada dueño un carné de salud del animal, con datos de desparasitación y las vacunas anuales al día.

En enero de este año se aprobó una ley que obliga a los dueños de perros a colocarles un chip. Afirman que quieren que lo tengan todos los greyhound (raza de carrera) para garantizar que si encuentran un perro de carrera suelto, se pueda encontrar a su dueño. Se obliga también a que en todos los canódromos haya servicio veterinario y que cada perro tenga su control: de ritmo cardíaco, de la temperatura del animal y una revisión física. Si el animal no está en condiciones para competir, no compite.

Yo tengo un curso de auxiliar veterinario y lo he hecho justamente por educar un poco más. Las perras, como otras especies, tienen su día y sus épocas de entrar en celo, sería imposible que un galguero influyera en el proceso, porque no está pronta. ¿Sabés cuál es la intencionalidad? Cuando el perro monta a la perra los galgueros sostienen al perro con la finalidad de que no se tironeen entre ellos, de que no se lastimen, y que la monta sea solamente una vez”, afirma el presidente de la Asociación de Galgueros del Uruguay.

Según los requisitos, los canódromos tienen que operar bajo cierto modo de trabajo y deben tener una cancha, baños, mangueras con agua para refrescar a los animales y sombra suficiente. En cuanto a la pista, debe tener 6 metros de ancho por 300 de largo. Después de la línea de meta, tiene que haber unos 20 o 25 metros para que los perros frenen sin problemas.

Respecto al juego clandestino, los galgueros proponen que se pague un rematador público como se hace en otras actividades. Una parte se la llevaría el profesional y también se pagaría el canon al gobierno, para evitar el juego ilegal. La asociación está trabajando en el control antidoping ya que se los acusa de proporcionarles sustancias a los animales. “He escuchado que le damos cocaína, marihuana, viagra. Esas cosas las toma la gente, no los perros. Si le damos viagra a los perros no van a poder competir por algo evidente”.

Por acá se dice que el juego es clandestino y en algún punto pueden tener razón pero para eso se está trabajando también. Hablar de los galgueros, ensuciarnos gratuitamente y difamarnos es buenísimo para aquellos que pretenden prohibir las carreras. Cotryba nos da la posibilidad de hacer una autorregulación como lo hay en otras actividades, carreras de caballos, raid hípico, polo, entre otras. Las organizaciones que hacen carreras de galgos deben pagar los permisos municipales como espectáculos públicos, mandar una firma de propietario de local, firma de veterinario, los datos de las personas encargadas. Todo ese material se muestra a Cotryba para que tenga de primera mano los datos, sobre todo para que los departamentos de higiene de las intendencias puedan hacer controles en los canódromos. Como es una actividad sumamente nueva, estamos implementándolo, algunos lo aplican y otros no. Hay mucha gente que espera que se termine de una vez por todas o se regule para poder invertir. Sería injusto que se prohíba la actividad”, asegura Del Río.

Actualmente en Uruguay no hay ninguna ley que prohíba esta actividad, por lo que en algunos puntos del país se inauguran canódromos mientras que en otros se rechazan.

Eliana Vila