Se multiplica la presencia de niños inmigrantes en escuelas públicas

BANDERAS LLENAS DE COLORES

Foto: Sitio web del CEIP

Como dice el cantautor Jorge Drexler en su nueva canción llamada “Movimiento”, “somos una especie en viaje”. Uruguay hoy está recibiendo inmigrantes de muchas partes del mundo y Venezuela, Cuba y  República Dominicana son las nacionalidades que predominan. Son alrededor de mil los niños que, a pesar del cambio radical en sus vidas, disfrutan entre sonrisas de construir su futuro educándose en las escuelas públicas de nuestro país.

La escuela Nº 269 Maestro Julio Castro representa un lugar lleno de distintas nacionalidades, acentos y costumbres pero con un solo fin en común: garantizar la educación formal de niños y niñas y, por qué no, asegurar la diversión e integración. En un recorrido por esta institución ubicada en el centro de Montevideo es posible ver cuántos niños provienen del extranjero. En ese viaje es placentero escuchar tonadas cubanas, venezolanas, dominicanas y peruanas en una perfecta sintonía con el acento uruguayo. En cada clase, te reciben entre risas, caras de asombro y alguna que otra cara de pillo.

La directora de esa escuela, Daniela Apela, explicó que hay un fuerte impacto de niños que vienen desde Venezuela y de Cuba fundamentalmente, pero también de República Dominicana. “La  escuela siempre tuvo ingresos de niños peruanos y paraguayos, aunque este año se dio una corriente migratoria fuerte. Para ilustrar: en una clase donde hay 20 alumnos, siete provienen de Cuba”, resumió. Además la directora del lugar destacó que las familias son muy colaboradoras, preguntan por sus hijos y están al tanto de lo que necesitan.

María* arribó a Uruguay con su familia, son provenientes de Cuba y llegaron a nuestro país en diciembre del año pasado. El matrimonio tiene un hijo de seis años que ya va a la escuela y se muestran muy conformes con el sistema educativo uruguayo, a pesar de que tuvieron inconvenientes para inscribir al niño: “cuando uno llega acá a Uruguay se presenta en Migración, te dan una cita y ahí recién te dan la cédula. Después fuimos a varias escuelas pero no había lugar para él y finalmente lo pudimos inscribir en ésta”. Felizmente, su hijo pudo incorporarse en marzo a dar sus primeros pasos en construir su futuro en tierras uruguayas.

Jorge también vino desde Cuba -donde se desempeñaba como maestro- junto a su familia. Destacó que la educación allí es muy buena y reconoce que también hay un buen nivel educativo en Uruguay. “La escuela la veo bien. Al niño lo veo bien, está conforme y yo como padre también lo estoy”, comenta Jorge. “No veo errores, todavía no conozco bien la base de los estudios aquí en Uruguay. Sí veo que tiene buen nivel”. A ellos se les presenta la necesidad de que su hijo concurra a una escuela de tiempo completo, ya que trabajan en horario de clase, y para eso encontraron una solución en un Centro de Atención a la Infancia y la Familia (CAIF) donde el niño comparte cuatro horas más con otros compañeros.

Para este año, la escuela Julio Castro planea realizar una exposición para ilustrar las costumbres, comidas, bailes y música típica de cada país. Las familias participarán con el objetivo de generar una jornada de integración a nivel institucional.

Ya sobre final de la jornada, los niños se ven salir en grupos de diferentes edades donde los más grandes cuidan de los más pequeños. Mientras, juegan con globos de colores en el camino.

Siempre la misma historia

Por otra parte, la escuela Nº 65 República de Portugal de tiempo completo siempre tuvo presencia de niños inmigrantes dada su proximidad al Puerto de Montevideo. Allí abundan los niños argentinos, peruanos, angoleños, dominicanos, colombianos, venezolanos, cubanos y españoles. De un total de 238 alumnos, 12 por ciento son inmigrantes.

Natalia Núñez, directora del la escuela, considera que también es importante visualizar la migración de niños que vienen desde el interior del país: en ocasiones “no se le da mucha importancia” y son chicos que vienen de una dinámica de escuela rural, con maestro único, a convivir con  250 chiquilines y salones más grandes. “No es sólo cambiar de lugar, sino también la estructura, la forma de ser y de estar”, dice Núñez.

Todas las escuelas públicas del país inscriben a los alumnos aún cuando les falta la documentación correspondiente (cédula, carné de salud, vacunas, escolaridad de la escuela anterior), porque es pertinente que comiencen su educación formal cuanto antes. Al niño extranjero se lo inscribe igual con el pasaporte y se lo deriva con el Servicio de Orientación, Consulta y Articulación Territorial (SOCAT) que funciona dentro del Ministerio de Desarrollo Social (Mides), explica Núñez: “a esta mamá que vino hoy, el grupo del Socat le dice ‘la cédula la sacás en tal lado, el carnet de salud en tal otro’. Entonces se abren enseguida las redes y la persona sale como del ahogo, de llegar a un lugar nuevo y no saber”. También se le conecta con Idas y Vueltas (una ONG especializada en trabajar con gente migrante), con el Museo de las Migraciones o con grupos de padres, como por ejemplo el de las familias venezolanas. “La persona no se siente sola. De la escuela nadie se va a ir con la respuesta de ‘yo no sé y haga lo que pueda’. De acá no se van a ir con la solución, pero sí con un montón de posibilidades”. Por otra parte, en la escuela Nº 65 funciona un servicio a la comunidad que depende del Mides junto con el SOCAT, allí se reúnen todos los lunes para solucionarle el problema o darle una alternativa a los que necesitan ayuda.

Lo que tiene de particular este centro educativo es su forma de trabajar, dice Núñez sobre su escuela: se trabaja sobre el reconocimiento de cada nacionalidad y el respeto mutuo de las diferentes identidades. A la escuela concurre un niño de Angola. Cuando el año pasado, el profesor de antropología empezó a trabajar sobre las distintas escuelas en el mundo y llegó al sistema educativo de África, el niño se sintió identificado. En la educación africana no existe una tiza para poder escribir en el pizarrón, no utilizan cuadernos ni lápices, si quieren sentarse es el alumno quien se lleva su silla porque de lo contrario estudia sentado en la tierra, explicó la directora.

Durante las ocho horas que los niños pasan allí cuentan con profesores de inglés, portugués, natación, educación física, danza, música. “Hay mucha actividad donde integrarse. El formato ya no es tan cuadradito como cuando yo iba a la escuela, donde nos sentábamos, sonaba el timbre, salíamos al recreo, volvíamos y hasta que nos íbamos, no nos movíamos de ese lugar”, dice Núñez.

La directora entiende que “el encuentro es en el aquí y el ahora”, y “es en ese encuentro que me modifico yo que llego y vos que me recibís”. Lo resume así: “para ellos no hay un choque sino un ‘bueno, este el momento de solución y de encuentro’. Vos tenés tu historia como uruguayo o como institución educativa, y los niños extranjeros vienen de muchas situaciones como pasar hambre, ser exiliados políticos o los corrieron por motivos religiosos. El que viene no elige venir, viene obligado y más los niños. El que se tiene que abrir es el que viene pero el que recibe también y esa concepción está en todos”.

 

Sadia Baudino y Javier Revetria

*Los nombres de los entrevistados extranjeros fueron modificados con el fin de proteger su identidad.

De todas partes vienen
Según los datos brindados a SdR, la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) aún no cuenta con cifras a nivel nacional sobre la cantidad de estudiantes migrantes en primaria. Sí cuenta con un relevamiento a nivel capitalino con los números de las escuelas del centro y oeste de Montevideo, las que totalizan alrededor de mil estudiantes extranjeros.
Entre las nacionalidades que se destacan, se encuentra en primer lugar los venezolanos con alrededor de 150 niños en escuelas públicas. Este año aparece la novedad de los cubanos con 40 niños, quienes en su mayoría arribaron desde noviembre de 2017 hasta hoy. Le siguen dominicanos y peruanos, y en menor cantidad argentinos, españoles y chilenos. También se encuentra la presencia de orígenes más lejanos como Pakistán, Siria o Angola. Estos datos se mantienen en constante cambio porque, si bien ya pasó el periodo de inscripciones, siguen llegando extranjeros al país.
Según informó ANEP en su página web a propósito de la creciente ola migratoria, “el aumento de alumnos extranjeros en las aulas ha supuesto una instancia de cooperación e integración en la que todos los actores involucrados constituyen una parte fundamental para el enriquecimiento de la multiculturalidad e interculturalidad.”