Una mirada a la realidad en Guantánamo, la región cubana en la que funciona una base militar estadounidense

835 KILÓMETROS

Cárcel de Estados Unidos en Guantánamo / Foto: Thomas Watkins, AFP

835 kilómetros es la distancia que separa a Estados Unidos de Guantánamo, una región cubana que queda en el sureste de la isla y es habitada por 200.000 personas, lo que la convierte en la quinta población más grande del país. El viaje en tren desde la ciudad hasta La Habana, capital cubana, dura más de 13 horas y lleva un recorrido de 900 kilómetros. A solo 28 kilómetros de la ciudad de Guantánamo, Estados Unidos instaló una base militar en una bahía privilegiada, que desde principios del siglo XX permanece activa y aislada de los poblados vecinos.

Con la llegada de la Revolución Cubana, de la mano de Fidel Castro y sus aliados, el presidente estadounidense de la época, Dwight Eisenhower, decidió que la base naval se mantuviera sin cambios, lo que generó que una de las primeras medidas de Castro como gobernante fuera impedir el libre acceso de los cubanos a la base estadounidense. Técnicamente, se trata de un territorio que Estados Unidos alquila a Cuba: después de la revolución de 1959, el gobierno cubano realizó varios pedidos de desalojo, pero no tuvo éxito. Desde Washington, el gobierno estadounidense dijo que los que vivían en la base son inquilinos atrincherados detrás de un campo minado cubano y, en base a un tratado que en 1934 hizo público el presidente Franklin D. Roosvelt, se dice que todos los años Cuba recibe un cheque de alquiler por 4085 dólares.

En contexto

En la bahía conviven dos mundos distintos. Los residentes de la ciudad escuchan Radio Reloj, una estación de radio administrada por el gobierno cubano que promueve la cultura local bajo el liderazgo comunista. Los habitantes de Guantánamo no tienen ningún contacto con las más de 5000 personas que trabajan en la base naval. Antes de 1959, esta zona era de las más pudientes de Cuba, gracias a su producción agrícola, a su pujante industria azucarera, al comercio y a la cercanía de la base estadounidense que, desde su principio, fue un sitio de proveedor de trabajo y de alimento. Los alrededores de la ciudad contaban con ocho centrales azucareras de las que sólo una sobrevive en la actualidad. En 2018, s de 90% de las calles que recorren los guantanameros están en mal estado y hay una pésima calidad de terminación de gran parte de la viviendas, mayormente construidas con las manos de los ciudadanos.

En la base militar, el personal suele escuchar una estación de radio especial, Radio Gitmo, cuya programación incluye consejos de salud e información de la base militar. Todas las mañanas, a las 8 en punto, los soldados interpretan el himno nacional de Estados Unidos, mientras miran la bandera de su país, que se ve en lo más alto de la base militar.

La base naval estadounidense ocupa casi 120 kilómetros. Se construyó en 1898, durante la guerra entre Estados Unidos y España, de la que resultó la independencia de Cuba. El gobierno estadounidense obtuvo un arrendamiento perpetuo de la base que comenzó el 23 de febrero de 1903 con la firma del Tratado cubano-estadounidense por parte de Tomás Estrada Palma, primer presidente de la República de Cuba. El tratado establecía, entre otras cosas, que Estados Unidos tendría completo control y jurisdicción sobre la Bahía de Guantánamo, con el propósito de operar estaciones navales y de embarque. Al mismo tiempo, reconocía que Cuba mantenía su soberanía, lo que hace que el gobierno actualmente la considere un territorio ocupado.

El gobierno cubano prohíbe el reclutamiento de personal local en la base naval; además, ningún cubano puede disfrutar del centro comercial, los bares y restaurantes, ni tampoco curarse en el hospital o estudiar en uno de los dos colegios que hay dentro de la base estadounidense. La excepción son dos cubanos, ambos de edad avanzada, que cruzan la puerta noreste diariamente para trabajar dentro de la cárcel. Los hijos de militares nacidos dentro de la base son automáticamente ciudadanos estadounidenses, sin embargo, eso no funciona de la misma manera para los extranjeros que trabajan como mozos o limpian las barracas de los oficiales. Según la Oficina de Asuntos Consulares del Departamento de Estado de Estados Unidos, Guantánamo no es como Puerto Rico; es una extensión del territorio estadounidense y quienes nacen en las embajadas tampoco tienen derecho de nacionalidad.

El Estado cubano dejó de proveer agua a la base, lo que generó que el edificio tenga que ser auto suficiente, o sea, produce su propia electricidad y agua de consumo. Además, la base naval cuenta con una piscina pública y dos cines al aire libre. Mientras tanto, la calidad del agua en la ciudad deja mucho que desear; según aseguran los medios cubanos, carece de las plantas potabilizadoras y de alcantarillados modernos y eficaces. Por lo tanto, el agua llega a los ciudadanos mediante “camionetas cisternas” que reciben el agua directamente de los ríos que circundan la ciudad, que tienen un alto nivel de contaminación.

Historia reciente

Corría 2002 y luego de los atentados terroristas del 11 de setiembre del año anterior, el entonces presidente de Estados Unidos, George Bush, impulsó una “guerra contra el terrorismo”. Dentro de la campaña, se tomó una medida polémica: la apertura de una cárcel en la base de Guantánamo para prisioneros acusados de terrorismo. La decisión ha generado conflictos legales dentro de EEUU, además de críticas de organizaciones internacionales de derechos humanos.

Cuatro meses después ingresaron los primeros 156 detenidos, un promedio de 39 por mes, y varios de ellos eran miembros del grupo terrorista Al Qaeda. Desde la apertura de la cárcel, la nacionalidad imperante de los detenidos es la afgana, con 220 presos. Le siguen Arabia Saudita (135), Yemen (115), Pakistán (72) y Argelia (26).

Muchos prisioneros dieron testimonio de las torturas que recibieron dentro de la prisión militar, por ejemplo, denunciaron que eran privados del sueño y que recibieron golpizas, que eran algunos de los métodos utilizados por los interrogadores estadounidenses. Otra técnica de tortura de las tropas estadounidenses es forzar el alimento: los presos son esposados a una silla y les insertan un tubo nasal de 60 centímetros de longitud, que suministra un suplemento nutricional. Luego son trasladados a una celda que carece de agua corriente, donde son sometidos a una vigilancia extrema para evitar que vomiten. Si el recluso vomita, se repite el proceso.

En febrero de este año, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) expresó su preocupación por las garantías del debido proceso para los detenidos de Guantánamo. La CIDH también rechazó que se niegue a los detenidos el acceso a una adecuada atención médica, psicológica, y psiquiátrica para abordar los impactos duraderos de los actos de tortura que sufren en la cárcel.

Los últimos en salir de la cárcel fueron cuatro presos yemeníes, transferidos a Arabia Saudita el 5 de enero de 2017, dos semanas antes del inicio del mandato presidencial de Donald Trump. Un caso más reciente es el de Ahmed Mohamed Ahmed Haza al Darbi, quien fue condenado a 13 años de cárcel en 2017. Su salida luego de un año se debió a su colaboración con las autoridades estadounidenses desde que se declaró culpable. Haza al Darbi participó en 2002 del ataque a un buque petrolero fránces en Yemen, que dejó un marino búlgaro muerto y 12 personas heridas.

Argumentos

Cuando se creó la cárcel, el gobierno estadounidense argumentó que, por estar en territorio cubano, los presos de Guantánamo no tendrían los derechos constitucionales estadounidenses. En 2004, la Corte Suprema de Estados Unidos rechazó el argumento y estableció que los prisioneros deberían tener acceso a cortes en ese país.

Las críticas a la cárcel no cesaron debido al aumento de presos, sus procesamientos y las reiteradas denuncias de torturas, que se aplicaban para tener información confidencial. La CIDH instó a Estados Unidos a cerrar el centro de detención en la Bahía de Guantánamo lo antes posible, en base a lo establecido en el derecho internacional.

Sin embargo, el 2 de mayo, Jim Mattis, secretario de Defensa de Estados Unidos, envió a la Casa Blanca una renovada guía sobre cómo los militares estadounidenses pueden considerar a los presos con miras a una posible transferencia a la prisión de Guantánamo. En enero, Trump había dado un plazo de 90 días para que Mattis y a los jefes de las agencias de inteligencia le hicieran recomendaciones políticas sobre los detenidos durante tiempos de guerra y si deberían o no ser enviados a Guantánamo.

Sólo un intento, Donald

El ex presidente estadounidense, Barack Obama, prometió el cierre de la prisión durante la campaña electoral previa a ser electo. Sin embargo, ello terminó siendo una expresión de deseo, y sólo pudo lograr un dismunición de la población del penal: de los 684 presos de 2005, en mayo de 2018 sólo quedan 40, según El País de España.

En cambio, Trump se ha propuesto revertir las políticas de apertura de Obama hacia Cuba, y ha confirmado que la cárcel seguirá abierta para llenarla de “tipos malos”, según dijo en el discurso que anualmente da a modo de informe de gestión para el Congreso. En suma, el mandatario encargó al Pentágono que defina qué tipo de prisioneros de guerra pueden ser enviados a Guantánamo.

El actual presidente de Estados Unidos atacó a su antecesor a través de un mensaje de Twitter, en el que lo acusó de haber liberado “122 sanguinarios prisioneros” de la base naval de Guantánamo que, según Trump, “se han reincorporado al campo de batalla”. El presidente calificó como una “decisión terrible” la salida a libertad de los detenidos, en base a información de la Oficina del Director Nacional de Inteligencia, que en setiembre informó que 122 de los 693 prisioneros liberados habían vuelto a realizar actividades terroristas.

Branden Luis Figarola