Con el astrónomo e investigador uruguayo Julio Ángel Fernández

MIRANDO AL CIELO

El premiado docente Julio Ángel Fernández. Foto: Sitio Web de la Udelar

Recibió de la Sociedad Astronómica de Estados Unidos el premio Kuiper 2018 por haber inspirado, a través de su trabajo “Sobre la Existencia de un Cinturón de Cometas más allá de Neptuno”, el descubrimiento del Cinturón de Kuiper. Además, sus investigaciones han aportado información sobre el origen del sistema solar y hasta bautizaron a un asteroide en su honor. Mientras se prepara para recibir el título de Doctor Honoris Causa de la UdelaR, SdR se acercó al despacho de Fernández para conocer más sobre su trabajo.

Levantar la cabeza y mirar hacia el cielo es equivalente a formularse preguntas. Desde la pantalla celeste hasta la oscuridad moteada de luces, esta bóveda ha inspirado la imaginación humana desde el primer registro de su historia. Las estrellas han sido el caldo de cultivo de dioses y mitologías multiculturales, han fomentado sueños y sembrado pesadillescas dudas acerca de la existencia. Nuestros ancestros han observado atentamente los cuerpos celestes en busca de respuestas y el estudio de su comportamiento ha arrojado luz sobre el espacio oscuro dominado por el vacío y sobre el origen de sus componentes (nosotros incluidos).

Un grupo de estos componentes que ha llamado la atención de los astrónomos por sus características es el de los cometas. Estos cuerpos subliman sus componentes al acercarse su órbita al sol generando una estela o “cola” de gases y polvo que han deleitado los ojos de observadores alrededor de la superficie terrestre. Los cometas de “período largo” provienen principalmente de la Nube de Oort, mientras que los de período corto provienen del “Cinturón de Kuiper” situado más allá de la órbita de Neptuno, cinturón que lleva el nombre de quien predijo su existencia en 1951: Gerard P. Kuiper. Pero este nombre también lo lleva emparejado el premio otorgado el pasado 14 de mayo por la División de Ciencias Planetarias de la Sociedad Astronómica de Estados Unidos al investigador uruguayo Julio Ángel Fernández. Este docente de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República (UdelaR) y miembro de la National Academy of Sciences (NAS), inspiró el descubrimiento efectivo del Cinturón de Kuiper con su trabajo publicado en 1980 y titulado “Sobre la Existencia de un Cinturón de Cometas más allá de Neptuno”, además de demostrar que los cometas presentes en la Nube de Oort provienen de una región situada entre Neptuno y Urano. El uruguayo también contribuyó a la comunidad astronómica internacional estudiando las migraciones tempranas planetarias y así aportando información sobre el origen de la estructura actual del sistema solar.

Además de proponer una nueva definición de planeta hoy aceptada por la Unión Astronómica Internacional (UAI), ésta misma entidad nombró en su honor a un asteroide “Julioangel”. En vista de su próxima recepción del título de Doctor Honoris Causa de la Universidad de la República, SdR se acercó al despacho de Julio Fernández para que nos contara más sobre su trabajo.

-En vista de que ha recibido recientemente un premio que lleva su nombre, ¿podría contarnos quién fue Gérard Kuiper y qué es el cinturón que fue nombrado en su honor?

-Gérard Kuiper fue un astrónomo de origen holandés que desarrolló su carrera en Estados Unidos y que podríamos decir fue un pionero de las ciencias planetarias. Emigró al final de la Segunda Guerra Mundial a Estados Unidos. Era a su vez teórico y observador; hizo trabajos observacionales de planetas, desarrolló teorías, y entre ellas discutió la posible existencia de un cinturón de objetos más allá de Neptuno. Es lo que nosotros llamaríamos “cinturón transneptuniano”.

-¿Cuáles se creen que fueron los orígenes de su formación? ¿De qué forma se procedió para investigar estos orígenes y cómo las innovaciones tecnológicas intervienen en esta investigación?

Eso está vinculado a las teorías de la formación del Sistema Solar. Se supone que éste se formó a partir de una nube de gas y polvo que condensó, digamos se contrajo gravitacionalmente y al contraerse formó en la parte central lo que es el Sol, y alrededor un disco de materia donde el polvo que había dentro del disco se aglomeró en los planetas que conocemos. Ahora, no hay por qué pensar que ese disco terminó a la distancia de Neptuno, sino que pudo continuar mucho más allá. El material a esta distancia era menos denso porque estaba más lejos, entonces no llegó a formar un solo planeta y quedó disgregado en un montón de pequeños objetos. Esos pequeños objetos reciben el nombre de “planetesimales”, osea que serían como los ladrillos de materia con los cuales se formaron los planetas. Entonces cuando uno habla del “origen del Sistema Solar”, hay dos palabras que son muy comunes: “planetesimal”, como los primeros objetos sólidos que se formaron, y “acreción”, que es técnicamente la acumulación de materia para formar un planeta. Entonces la idea es que quedó un disco remanente transneptuniano que no llegó a consolidarse en un solo planeta ya que sus propios materiales estaban mucho más diluidos. Esta es una idea así enramada a la teoría de la formación del Sistema Solar. Cuando yo hice el trabajo de investigación sobre este disco hace cuarenta años, era un trabajo mayoritariamente teórico y con algo del soporte computacional de aquella época. Las computadoras eran grandes pero poco eficientes en comparación con las actuales, pero daban para hacer algunos cálculos. Así que bueno, mis trabajos en esa época fueron esencialmente teóricos. Me basé en los modelos que había antes sobre la formación del Sistema Solar, y la originalidad de mi aporte fue que vinculé ese cinturón transneptuniano con un tipo de cometa que nosotros observamos: los llamados cometas de la familia de Júpiter. Trabajé estudiando las propiedades de esos planetas tomando datos ya presentes en la literatura.

-¿Qué motivó su investigación?

-La motivación fue más general, en ese momento no era tan específica, sino que era estudiar la formación del Sistema Solar y analizar más en detalle el proceso de formación de los planetas. Como siempre me interesó la astronomía, me fui inclinando cada vez más hacia la parte de las ciencias planetarias ya que veía que allí habían problemas interesantes. Además las ciencias planetarias están vinculadas a algunas preguntas muy interesantes como el desarrollo de la vida fuera de la Tierra. De hecho las investigaciones que se hacen ahora con las sondas que se envían a Marte o a algunos satélites de Júpiter o Saturno tienen como objeto el buscar rastros de vida presente o pasada, o buscar si existen condiciones prebióticas en esos ambientes en los cuales la vida pudiese aparecer. Aunque no se han encontrado rastros de vida presente o fósil fuera de la Tierra, sí se han encontrado condiciones prebióticas compatibles con la vida. Por ejemplo hay evidencia que demuestra que hay satélites de Júpiter y Saturno que presentan océanos subterráneos, y particularmente la atmósfera del satélite Titán posee muchos hidrocarburos como nitrógeno y metano. Lo más difícil de encontrar es agua en estado líquido, ya que ésto se piensa es un requisito para que se forme la vida. Sería un medio como el agua líquida el que permitiría la disolución de la materia orgánica para formar una química compleja. Lo que sucede es que en la mayoría de los asteroides el agua está en estado sólido.

-¿Qué características cree que deben de tener los cuerpos para ser considerados “planetas”?

-Hubo una definición que se votó en la Asamblea General de la Unión Astronómica Internacional en Praga en 2006 que considera que un planeta es un objeto que tiene suficiente masa como para haber alcanzado el equilibrio hidrostático y haber adquirido así su forma esférica. El segundo criterio para considerar a un cuerpo un planeta es que su formación tiene que haber sido lo suficientemente masiva como para limpiar todos los alrededores de su trayectoria entorno al Sol de otros objetos digamos “rivales”. Los otros objetos que circulaban por ahí o bien fueron acumulados por el planeta en formación, o bien el planeta los perturbó y los mandó fuera del Sistema Solar o a otra órbita. Los objetos remanentes del cinturón de Kuiper permanecieron allí a causa de una ausencia de planetas demasiado grandes como para que los perturben. La llamada “Nube de Oort” se produjo a posteriori de la formación del Sistema Solar, justamente a través de objetos que fueron perturbados por la formación de los planetas y enviados a grandes distancias con respecto al Sol. Es de esta Nube de Oort que vienen los cometas dichos de “período largo”.

-¿En qué consiste la migración de órbitas que sufren los planetas durante su formación temprana?

El cinturón de Kuiper.

-Eso también es uno de los trabajos que desarrollé en colaboración con un colega en Alemania. Y bueno, la migración planetaria surgió como un resultado original del estudio de la acreción de los planetas; es decir que cuando los planetas van creciendo, o bien acumulando planetesimales o eyectándolos, hay un intercambio de energía y de momento angular, y ese intercambio hace que las órbitas de los planetas también cambien. Capaz que lo de momento angular es demasiado técnico (se ríe).

-Usted ha sido seleccionado para recibir el título de Doctor Honoris Causa de la UdelaR, título que recientemente ha recibido también la profesora Lisa Block de Behar en el aula magna de la Facultad de Información y Comunicación, ¿qué cualidades cree debe poseer un investigador para recibir tal reconocimiento?

-Capaz que eso no me corresponde responderlo a mí por una cuestión de que estoy involucrado en eso (sonríe). En particular quiero decir que me siento honrado y agradecido con la Universidad, pienso que de su parte es un gesto conmigo y se lo valora. Aparte sé que la Universidad es rigurosa porque hay pocos “honoris causa”, y muy pocos de gente del país, nacionales, ¿no?

Yo creo que las distinciones tienen que tener en cuenta un compromiso general, el grado de involucramiento que hace a la parte social y al apoyo a la gestión universitaria. Yo creo que eso va surgiendo en uno naturalmente. Nosotros como investigadores siempre tenemos que tener la preocupación de difundir hacia la comunidad lo que hacemos, sino la gente no sabe lo que hacemos, y como no sabe no le interesa y hay indiferencia. En esas condiciones uno no está en condiciones de reclamar nada. Uno tiene que estar en sociedad y fomentar el trabajo que hace, tratar de difundirlo lo más que se pueda. Es una preocupación generalizada: el trabajo del científico hay que difundirlo hacia afuera.

-Usted quiso promover la creación de un museo nacional de ciencia y tecnología, cosa que es una realidad en muchos países, ¿en qué culminó esa propuesta?

-Fa, qué buena pregunta… En nada (se ríe). Tristemente hay que decir que no hay nada, ¿no? Sí, me quedé muy apenado. Pienso que sí… está enrabado con todo lo que hablábamos antes, que la ciencia se conecte más con el público. Los museos son bárbaros para eso. Uno ve el planetario por ejemplo al que siempre va gente. Y bueno, fue un lindo proyecto. En su momento pareció que recogía muchas adhesiones, pero después, como muchas otras cosas del país, se fue diluyendo y diluyendo hasta desaparecer.

Se tendría que hacer un museo ubicado en una zona accesible, no como el Espacio Ciencia del LATU, por ejemplo. Los buenos museos para ser visitados tienen que estar en lugares emblemáticos de la ciudad, donde la gente vaya a pasear. Se habían pensado varios lugares como ubicación, por ejemplo lo que era el edificio del Mercado Central, atrás de la Plaza Independencia. Tiene que ser un lugar al que la gente va naturalmente, como la zona donde está el Museo Nacional de Artes Visuales. Que sea accesible, que se den contra la ciencia.

-¿Cree que en nuestro país aún falta madurar el interés por el conocimiento científico?

-Sí, debería haber más… indudablemente están faltando recursos. En números, el gobierno había prometido llegar al uno por ciento de inversión en ciencia y tecnología, y andamos por el 0,35 por ciento del PBI, así que seguimos quedándonos muy cortos. Supongo que el gobierno tendrá otras prioridades. No quiere hacer una apuesta por el desarrollo científico. También hay falta de recursos humanos… Uno puede elegir ciertas áreas para invertir un poco más, pero sin olvidarse de que la ciencia tiene que avanzar como un todo ya que se nutre de diferentes disciplinas. Si uno no tiene buenos equipos multidisciplinarios formados en las más variadas disciplinas, la ciencia muere.

-Hablábamos recién de la importancia de la divulgación científica. En este sentido, ¿qué opinión tiene acerca del trabajo de Carl Sagan, quien recibió el mismo premio que usted?

-Bueno, Carl Sagan además de ser un buen científico que hizo un trabajo riguroso, se preocupó por la divulgación y para eso contó con medios que acá no contamos. Los documentales que hizo obviamente necesitaban los recursos económicos y técnicos para hacerlos. Desde ese punto de vista le fue muy bien.

-¿Qué opina de la conjunción del arte y la ciencia con este cometido?

-Está bueno que la ciencia se vincule con otras disciplinas. Lo apoyo. A veces hay que ver hasta qué punto el arte se nutre de la ciencia ¿no? A veces la veo más clara… por ejemplo entre la ciencia y la literatura. Algunas obras se inspiraron en avances científicos del momento. Ciencia y cine también, con todas las distorsiones que puede aportar el cine, ¿no?  Hay dos tipos de literatura en su vinculación con la ciencia en realidad: la ciencia ficción y la literatura fantástica. La ciencia ficción es una literatura en la que la ciencia se trata de interpretar de forma más fiel. En la literatura fantástica el autor tiene más libertad, o libertad total, para imaginarse cosas imposibles o improbables.

Bruno Gariazzo