Gabriel Delacoste explica lo que involucra la apertura de la embajada estadounidense en Jerusalén, que aumentó exponencialmente las tensiones israelí-palestinas

LA CAPITAL DE LA DISCORDIA

“Israel está yendo en una dirección de racionalización ultraderechista fanática religiosa” y eso le trae problemas, incluso, dentro del país, explicó a SDR el politólogo Gabriel Delacoste. Lejos de pensar que Israel se fortalece con la decisión de Estados Unidos -seguida luego por otros países- de trasladar su embajada de Tel Aviv a Jerusalén, Delacoste considera que “a Israel le está saliendo el tiro por la culata en términos de la opinión pública internacional”. Según el politólogo, el traslado de la embajada estadounidense es consecuencia de una administración israelí equiparable al Apartheid y de un movimiento estratégico de Donald Trump quien, entre otras cosas, puede estar preparando en esa zona “una guerra tan fea como la guerra de Irak”.

En 1980 Israel proclamó oficial y unilateralmente a Jerusalén como “capital eterna e indivisible de Israel y el pueblo judío”. Poco después, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) condenó esa ley, y Estados Unidos fue el único miembro que se abstuvo de votar esa declaración. Treinta y ocho años más tarde, fue el primer país en instalar la primera embajada en Jerusalén. Dicho movimiento implicó el reconocimiento público por parte de Estados Unidos de la totalidad de Jerusalén como capital de Israel, lo que contraviene la posición declarada de la ONU, que propone la repartición de Jerusalén entre Israel y un futuro Estado de Palestina[1]. En las antípodas está la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) -que representa al “pueblo palestino” ante la comunidad internacional-, que considera que Jerusalén Este es su capital por derecho. La OLP reclama los territorios parcialmente habitados por los israelitas después de la Guerra de los Seis Días, en 1967, cuando Israel derrotó a los ejércitos de Egipto, Siria y Jordania.

-El 14 de mayo, cuando Estados Unidos inauguró su embajada en Jerusalén, hubo grandes protestas que terminaron con cerca de 60 muertos y 2.700 heridos del lado palestino. ¿Era previsible tal escalada de tensiones?

-Era totalmente predecible, diría que este conflicto es parte de la escalada. Desde que [Benjamín] Netanyahu es primer ministro en Israel [ocupó ese puesto de 1996 a 1999 y ahora, desde 2009], la política de ese país dio un fuerte giro hacia la derecha.  Al principio del 2000 comenzó la segunda intifada, que fue un levantamiento palestino contra la ocupación israelí en su territorio. En ese levantamiento los palestinos usaron tácticas contra los civiles israelíes que hicieron que la política israelí se moviera fuertemente hacia la derecha y lo militar cobrara cada vez más relevancia.

Después ocurrió la llamada “guerra contra el terror”, disparada por el atentado contra las Torres Gemelas [en 2001], en la que Estados Unidos intervino en Medio Oriente, con Israel como aliado. Ahí se desestabilizaron varios países e Israel asumió una política de gradual colonización de los territorios palestinos, comenzando por Cisjordania. En la actualidad, cada vez hay más colonos [asentamientos judíos en territorios palestinos] y cada vez el autogobierno palestino se hace más improbable. Esto es causa directa de las políticas israelíes en los últimos años, donde Netanyahu llegó a decir que para él nunca iba a existir un Estado Palestino. Esa es la política actual de Israel. Jerusalén fue capital de los viejos estados bíblicos, no es algo menor para el pueblo judío, pero es una ciudad que está dividida: una parte poblada está por árabes y la otra por judíos. Esa división ha sido uno de los grandes puntos de conflicto en el 48´ [cuando se creó el Estado de Israel], en el 67´, y ahora. Además, está anexándose el este de Jerusalén y echando a los palestinos del lugar en el que siempre vivieron. Jerusalén también iba a ser la capital del Estado Palestino. De alguna manera, el gobierno de Netanyahu da un mensaje que dice que eso no va a suceder; es una forma de decir “Jerusalén es nuestra capital y vamos a actuar unilateralmente. Vamos a recibir embajadas antes de que el estatus de la ciudad sea definido y vamos a tener la ocupación, de facto, del territorio”.

-¿Cómo te parece que afecta la apertura de esta embajada a Palestina? ¿Es solamente negativo para ellos?

-Creo que a Israel le está saliendo un poco el tiro por la culata en términos de la opinión pública internacional. En particular, en Estados Unidos se está politizando su vínculo con este aliado. También es muy importante escuchar las voces que dentro de Israel critican las políticas de su Estado: tanto la izquierda israelí como el partido árabe denuncian esto. Los israelíes están robando las as mejores tierras, lo que implica una ocupación en toda su violencia, mientras Gaza está sitiada y con todo tipo de problemas. Es una situación donde hay mucha empatía global hacia los palestinos. Tal como yo lo veo, lo que está sucediendo es que la famosa solución de los dos Estados [israelíes y palestinos sentados en una mesa para definir las fronteras de dos Estados que quizá convivan con una capital única, Jerusalén] está desapareciendo.

-¿Podrían llegar a una solución pacífica en poco tiempo?

-Es lo que siempre espero. Es un conflicto muy grande que no depende del todo de estos dos implicados, sino que es un problema geopolíticamente más grande. Lamentablemente, Israel está yendo en una dirección de racionalización ultraderechista fanática religiosa que tiene que ver con su política interna. Hay un movimiento internacional liderado por los palestinos que se llama Boicot, Desinversiones, Sanciones (BDS), que pretende aislar internacionalmente a Israel como en su momento se hizo en Sudáfrica con el Apartheid. Este boicot es una forma de presionar a Israel para que se siente a negociar, ya que tiene una superioridad militar absoluta. Además, Egipto, que es aliado histórico de los palestinos, está muy cerca de Israel como consecuencia del conflicto con Irán. Una de las posibilidades que ahora se está empezando a hablar es lo que se llama la solución de un Estado. Con la conformación de un Estado se aspira a que los palestinos puedan participar con derechos democráticos. El problema para Israel es que en el caso de que se formara un solo Estado entre ambos pueblos, los palestinos estarían cerca de ser la mayoría, dejando de ser un Estado judío. Esto lo hace elegir entre ser un Estado democrático y secular o uno autoritario-judío y con un Apartheid.

-¿A qué te referís con un Estado israelí con un Apartheid?

-Esto es algo que se está discutiendo en los sectores intelectuales y políticos desde hace muchos años. El Apartheid era un estado racial en el cual una minoría blanca vivía en una sociedad democrática moderna, separada y sin darle los mismos derechos a la población negra mayoritaria. La expresión política de eso era el Estado de Sudáfrica, donde por dentro existían pseudo estados que eran como las patrias de los negros en su país. La metáfora no es perfecta, pero tiene algunas cosas parecidas. Con la excusa de la solución de dos Estados, lo que hay de verdad es un Estado israelí con una población mayormente judía que gobierna sobre pueblos que no considera pertenecientes al Estado de Israel, pero que tampoco considera que sean extranjeros e independientes. Esa ambigüedad genera, por esencia, una antidemocracia donde hay gente que dice que hay que apostar por la institucionalidad del Estado palestino. No quiere decir que Israel no sea en algunos aspectos moderno y liberal; hay diversidad sexual, por ejemplo, aunque es super perverso cómo se usa eso para defender a Israel como la “única democracia de la región”, cuando es una etnocracia.

-¿Por qué otros gobiernos estadounidenses no trasladaron antes su Embajada a Jerusalén?

-Sospecho que la postura oficial de Estados Unidos fue la solución de los dos Estados. Lo que hace Trump al moverla es eliminar la posibilidad de negociación para futuros gobiernos estadounidenses. Trump está muy metido en la extrema derecha de su país, que está conformada por evangélicos fanáticos religiosos que tienen un vínculo muy profundo con Israel. Ese vínculo se da por una razón muy extraña: hay algunos evangélicos fanáticos religiosos de Estados Unidos que piensan que el Estado de Israel tiene algo que ver con la profecía bíblica del Apocalipsis. Tampoco hay que ser ingenuos: hay motivaciones relacionadas a los beneficios económicos y el lobby de las armas. Israel es un gran cliente y productor de armas. Antes había una especie de consenso entre demócratas y republicanos en que la solución era la de dos Estados, y para lograr eso se intentaba de mantener bajo presión a Israel, lo cual ahora se polarizó. En este momento Estados Unidos le va a bancar cualquier cosa a Israel. Además, Trump y Netanyahu son muy cercanos. Netanyahu es el gran denunciador de Irán en Oriente Medio lo que concuerda con la política de Trump, que se la quiere dar a Irán.

-¿Qué otros beneficios tiene Estados Unidos instalando su Embajada en Jerusalén?

-Hay una forma más fina y más gruesa de ver esto. La forma más fina es la que tiene que ver con la importancia que se le da a Israel en la política interna estadounidense. Además de ser una gran potencia económica a causa de su industria, la política delicada del país norteamericano hacia los países de Medio Oriente con los que todavía está en conflicto, necesita de un gran aliado allí. De alguna manera, Israel se está normalizando como país en la política de Oriente Medio. Aunque suena muy extraño, Israel siempre fue concebido como intruso en algunos países de su región, pero ahora que Egipto también tiene a Irán como enemigo, le está dando la bienvenida a Israel. La forma gruesa de ver esto es que Estados Unidos pueda estar planeando iniciar una de esas guerras, grandes, feas, como la guerra de Irak. No tengo elementos muy científicos para argumentar esta suposición, pero sí veo que Trump tiene niveles de popularidad muy bajos, un discurso muy belicista y, además, cambió su gabinete. Designó a una directora en la CIA [ahora es la ex espía Gina Haspel] y puso a John Bolton como asesor de Seguridad Nacional, un tipo de ultraderecha que está en contra de las Naciones Unidas, y fue uno de arquitectos de la guerra de Irak, cuando integró el gabinete de [George] Bush. Para esta guerra Estados Unidos va a necesitar a Israel. Israel tiene un gran ejército que le ha ganado muchas veces a países musulmanes. No sé muy bien por qué, pero una razón que se me ocurre es la política doméstica norteamericana. Los presidentes de Estados Unidos, cuando tienen problemas domésticos, hacen guerras, para unificar. Bush lo hizo en su momento y ganó la reelección. Es muy triste y muy peligroso, pero creo que tiene que ver con eso. Irán ganó mucho terreno los últimos años, ha participado muy activamente en las guerras, ha peleado contra el Estado Islámico, ha apoyado el gobierno sirio, de alguna manera también a Qatar, y está participando en la guerra de Yemen. Me da la sensación de que se están afirmando grandes posturas en Medio Oriente. Van como un choque de trenes hacia una guerra, que quizás es imperialista, por petróleo o por cosas más mundanas que la religión. Puede ser que tenga que ver con el ascenso de China. Me cuesta pensar en beneficios más inmediatos, pero veo que Estados Unidos está poniendo mucho énfasis en la cuestión militar.

Ernesto Morales

[1] En este momento la mayoría de los países lo considera como “Estado de Palestina” mientras que una minoría, entre la que se encuentra Estados Unidos, lo consideran como un “Protoestado”.

Reacciones
El mismo día del conflicto del 14 de mayo, el secretario general de la ONU hizo un llamamiento a una “necesaria contención” de la violencia. Al día siguiente, el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos expresó que estaba “bastante claro” que Israel estaba matando de “forma indiscriminada”.
Además, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU envió a un grupo independiente de expertos a la Franja de Gaza con el objetivo de investigar “los abusos a los derechos humanos y violaciones a las leyes de guerra en el contexto de los ataques militares a las protestas civiles a gran escala que comenzaron el 30 de marzo de 2018”. Ese día se inició la Gran Marcha del Retorno, manifestación palestina en reclamo de su territorio, que fue reprimida por Israel, que provocó la muerte de 17 palestinos.
Ante la resolución del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, el Ministerio de Relaciones Exteriores israelí expresó en un comunicado que “una y otra vez el Consejo ignora las verdaderas violaciones a los derechos humanos en el mundo” y agregó que “en cambio, elige atacar a la única democracia en el Cercano Oriente”.