Un espacio cultural en la ex Cárcel de Miguelete

DE RECLUSIÓN A RECREACIÓN

Foto: Noelia Benítez.

Lo que supo ser un lugar carcelario se conjuga como el punto de encuentro de artistas y su público. La Cárcel de Miguelete funcionó durante 100 años, y el patio que a fines del siglo XIX y principios del XX sirvió de escenario para fusilamientos, hoy es un espacio de integración que fomenta instancias de expresión artística.

En una época de militarismo y bajo las órdenes de Máximo Santos, en 1880 comienza a construirse la Cárcel de Miguelete por el arquitecto Juan Alberto Capurro. Hasta esa fecha la ciudad era precaria en lo que a infraestructura penitenciaria refiere. Comprendida entre las calles República, Miguelete, Arenal Grande y Estrella del Norte, es la primera edificación carcelaria que se construía en Uruguay.
También hasta esa fecha los fusilamientos se realizaban en la Plaza del Paseo Artola (Plaza de los Bomberos), pero luego de inaugurada la prisión en 1888 comienzan a hacer las ejecuciones en el patio del correccional a la vista del público y los reclusos.

Con una superficie de 10.000 metros cuadrados y un estilo de estructura único en el país, el edificio tiene un modelo panóptico, un concepto de arquitectura carcelaria desarrollada en el siglo XVIII por el filósofo Jeremy Bentham.

Foto: Noelia Benítez.

“Existieron tres edificios anteriores construidos según el modelo de panóptico en América Latina (en Lima, Bogotá y Buenos Aires) pero la ex cárcel de Miguelete es el más antiguo que se conserva casi en su formato original”, según puede leerse en el Portal del Estado Uruguayo. El modelo permite que desde la torre se pueda observar a todos los prisioneros recluidos en las celdas individuales: se pasa de calabozos aislados a celdas en observación constante.
Desde la torre panóptica se puede vigilar y observar a los prisioneros de manera permanente, sin que el prisionero sepa con exactitud cuándo se lo vigila, es decir, un control omnipresente. La visibilidad del guardia, por lo tanto, lleva al funcionamiento efectivo del poder y de forma económica, ya que un vigilante es suficiente para controlar las casi 400 celdas.

Cien años después la Cárcel de Miguelete deja de operar y uno de sus pabellones pasa a ser el predio del Instituto Nacional del Menor (INAME, hoy INAU) y se convierte en el albergue de unos 20 internos de entre 15 y 18 años hasta 1996. Luego se ubica allí la sede del Centro de Diseño Industrial que funciona allí hasta 2011, hasta que por el mal estado del edificio se traslada provisionalmente a la Facultad de Arquitectura de la Udelar.

Por la calle Arenal Grande actualmente funciona el Espacio de Arte Contemporáneo (EAC), institución dependiente del Ministerio de Educación y Cultura (MEC) inaugurado en 2010. Se estima que a partir del año 2020 comparta área con el Museo Nacional de Historia Natural (MNHN) que también depende del MEC.
En su sitio web, el EAC se define como “un espacio dedicado a la producción y exhibición de obras y proyectos de arte contemporáneo, a la reflexión sobre su contexto y a la investigación”.  Su política es de “de Acción Cultural y Educativa”

Este espacio se apoderó de las antiguas celdas de la cárcel, con su enfoque en producir proyectos, exhibir arte y crear un lugar de encuentro entre artistas y de intercambio con el público. Es la única institución pública nacional que se dedicada en exclusiva al arte contemporáneo, se presenta “como instancia favorecedora de nuevas producciones y generadora de pensamiento crítico, con el objetivo de contribuir a un mayor conocimiento y apreciación en torno a las prácticas contemporáneas”.

Vista desde el ventanal, zona no habilitada de la ex cárcel. Foto Noelia Benítez.

Algunos eventos que se ofrecen en el EAC son obras de teatro, proyección de cine, eventos musicales, ferias gastronómicas, seminarios y talleres. Hasta el 24 de agosto en cada celda de un pabellón del subsuelo, se exhibe una obra artística distinta. Entre las intervenciones que se pueden disfrutar están “Break” de Diego Focaccio, “La meditación” de Fernando Foglino, “Me caí sobre un diente flojo y perdí una baldosa” de Nepheli Barbas, y “Pulsión” de Guillermo Zabaleta.
Durante el mes de junio, los días viernes y sábados se presenta la obra de teatro “Los de al lado”, dirigida por Yamandú Fumero. Para las vacaciones de invierno el sitio ofrecerá distintas actividades y talleres para niños y adolescentes, además de las visitas guiadas que brinda todos los fines de semana del año. Actualmente se está reciclando el sitio con el propósito de ampliarlo para más fines culturales.

Al final del pasillo del museo un ventanal permite apreciar paredes, escaleras y ventanas originales, rejas oxidadas, muros perimetrales en mal estado que pertenecieron a la ex cárcel.  En el recorrido por las instalaciones habilitadas del viejo edificio se conjugan zonas originales destruidas y en abandono, con áreas recientes y paredes inmaculadas.  Contraste de un pasado deteriorado y un presente moderno.

Noelia Benítez